Elisa Mouliaá "Piensen menos y sientan más"

Era una niña tímida y su padre, inspector de hacienda, pero “un actor de los pies a la cabeza, aunque aficionado”, la apuntó con ocho años en la compañía de teatro del barrio, en la que él colaboraba. En ella debutó en obras como La rosa tatuada, de Tennessee Williams, o La vida en un hilo, de Edgar Neville. Luego compaginó sus estudios de interpretación con los de psicología. También estudió cuatro años de piano y aprendió a tocar la guitarra. Elisa Mouliaá (Madrid, 1989) saltó a la fama en el 2010 interpretando a Irene en la serie Águila Roja de TVE, de máxima audiencia. Con Irene aprendió muchas cosas. Elisa, una joven rebelde, tuvo que interpretar un personaje sumiso, solitario. “Y me costó. También tenía muchas escenas de bañera, y tuve que luchar para que se me considerara como actriz más que como objeto sexual”. Con Irene aprendió el sentido de la justicia, la bondad, “cosas bonitas; y me las llevé”. Y encaró la muerte como actriz. Irene era una joven que está muerta en vida y acaba suicidándose. Lo que el mundo necesita son personas vivas, sentencia. No tiene miedo a la muerte, pero no quiere ser como una muerta en la vida. 
Un día sintió que podía morir. Le atropelló un taxi cuando circulaba con su moto por la Castellana a la altura de la plaza de la Cibeles. Era hora punta, el taxista se dio a la fuga, sufrió un esguince pero temió que la atropellaran los coches “que venían detrás, a toda leche. Me sentí muy pequeñita y que en unos segundos se me podía ir todo”. Desde entonces padece amaxofobia; un temor obsesivo a conducir un vehículo. 

–¿Cómo imagina la muerte?
–Es la nada, el vacío, el descanso, la carencia de impulso y de intención.
Colabora con oenegés que ayudan a mujeres que son víctimas de la violencia de género. Y, con su interpretación de la inspectora Lola Ramos en la serie de televisión Servir y Proteger, ha ayudado a que muchas denunciaran su situación. Ella misma fue una víctima cuando tenía 20 años. Sus amigos lo detectaron y la salvaron. Por eso cree que hay que hablar de ello públicamente, concienciar a todo el mundo y luchar para cambiar estas situaciones que nos destrozan y destruyen a la sociedad. 
Se llama Elisa porque a su madre, que es profesora de Historia pero trabaja en el plan de fomento de la lectura del Ministerio de Cultura, le encanta el poema de Garcilaso de la Vega Elisa, vida mía. 
–¿Qué es la vida para usted?
–Un frenesí. La vida es soñar, desear, caerte y volverte a levantar, es afrontar  tus miedos y ilusionarte una y otra vez.
Ahora presenta Tvemos en TVE, que muestra cada día las imágenes más sorprendentes y divertidas de la actualidad. Necesitamos, explica, una mirada amable de las cosas. “Quejarse no sirve de nada, hay que dar opciones, proponer, crear, aprender”, dice.
–¿Cómo hay que vivir la vida?
–Alocadamente, apasionadamente. No tener pasiones ni deseos es morir de alguna manera.
La vida, pues, no ha de ser  pesada ni enojosa, como dice Garcilaso en Elisa, vida mía.

 

1. Si supiera que mañana es el último día de su vida, ¿qué haría? ¿Cómo lo pasaría?
Lo pasaría con mi familia, mi pareja, mis amigos, con la gente que me quiere. Haría un fiestón a la luz de la luna, en el bosque y con música.

2. ¿Qué le hubiera gustado hacer y ya no podrá porque no tendrá tiempo?
Ser patinadora sobre hielo, estrella del rock punk, psicóloga, neuróloga...
 
3. ¿Qué aconsejaría a los que se quedan?
Que disfruten hasta el último minuto de lo que tienen a su alrededor. Que se centren en lo positivo y, sobre todo, que piensen menos y sientan más. Que busquen qué es lo que les hace sentir vivos y lo hagan.

4. ¿Cómo diría que fue su vida?
Muy plena, llena de errores con los que he aprendido y me he hecho mujer. Estoy muy agradecida por las cosas tan buenas que he tenido.

5. ¿De qué está más orgullosa?
Del esfuerzo que han hecho mis padres por nosotros y la educación tan buena que nos han dado.

6. ¿Se arrepiente de algo?
En realidad no me arrepiento de nada. He seguido siempre mis impulsos. Creo que es muy bueno seguir tus impulsos ya sea para aprender o por equivocarte o acertar. Al final creo que todo sirve para algo.

7. ¿El mejor recuerdo de su vida?
Tengo muchos. Uno con mi madre en Santorini, hace unos años, donde ella me contaba cosas de la mitología clásica, porque ella es historiadora. Me emocionaba a medida que íbamos pasando por el anfiteatro y por las ruinas y me iba contando.

8. ¿Cuál sería el menú de su última cena?
Tortilla de patatas hecha por mi madre, muy jugosa. Está buenísima.

9. ¿Se iría a dormir?
No. Ni loca. Ya dormiré cuando muramos todos. Yo hasta el último minuto lo estrujo y exprimo al máximo.

10. ¿Cuál sería su epitafio?
Un ganador es solamente un perdedor que lo intentó una vez más. Esa loca lo intentó hasta el final, por ejemplo.