George Packer "EE.UU. ya es algo parecido al purgatorio”

El título de su libro lo dice todo: 'El desmoronamiento'. George Packer ha recorrido América de cabo a rabo y ha retratado un país que se queda sin sueño: su política y su jerarquía mundial se resienten por las riñas de Washington, su economía balbucea y su clase media está en declive.

Cuando George Packer le tomó el pulso a Estados Unidos, sus cejas se arquearon sin cesar. Tras un largo periplo por su territorio, sus instituciones de poder y algunos de sus personajes (famosos o anónimos, todos reales), el escritor de 54 años descubrió que las constantes vitales de la primera potencia mundial no son las de un país ni tan sano, ni tan pujante. Sus grietas sociales son evidentes, la clase media del país está decaída, su política está bloqueada “desde hace 20 años” y la distancia entre los pobres y los ricos se ha agrandado aún más en un panorama en el que los grandes bancos fueron rescatados y las familias afectadas por ellos, no. Con la aparición en castellano de su obra, El desmoronamiento (Debate), Packer pone en cuestión la vigencia del sueño americano, eso sí, sin perder la esperanza.

Es impactante ver cómo describe el declive americano. ¿Se ha agravado desde que salió el libro?
Al menos en lo económico ha mejorado. Hay menos desempleo, han subido los sueldos bajos. Walmart anunció que los subiría un dólar la hora. Otras empresas van a hacer lo mismo.

¿Y políticamente?
En eso estamos igual: el Gobierno está paralizado por una facción extremista republicana. Los problemas de desigualdad y las disensiones en política y economía, que se refuerzan, permanecen hasta el punto de que la gente ya ni siquiera se da cuenta de ellas. Oiremos mucho en los próximos meses con la campaña presidencial que Obama tenía que acabar con esa desigualdad y no lo ha conseguido. Hay una cierta decepción.

¿Obama lucha en vano?
No, ha conseguido cosas. El sistema de salud ha sido la ley promulgada a favor de la igualdad más importante de los últimos cuarenta o cincuenta años, y eso es mucho. La ley está en peligro, porque los republicanos harán lo que sea para destruirla, pero es un gran logro. En general, muchas promesas de Obama no se han cumplido. A veces por su culpa, a veces por las instituciones de gobierno.

Los engranajes políticos de Washington.
Sí, las estructuras de poder que están atascads y no funcionan desde hace veinte años. En Europa, los partidos se bloquean las iniciativas. Aquí, además, hay un partido tremendamente hostil al Gobierno. En Europa se ha extendido el populismo en muchos países, Francia, Italia, Grecia, pero no existe, creo, la determinación que tienen los republicanos de hacer caer a Obama y mostrar que sólo la economía privada y el individuo pueden tener éxito.

Algo de eso hay también en Europa, pero no al mismo nivel.
Esa es una idea muy americana, pero a la vez muy destructiva, especialmente en las últimas tres o cuatro décadas, toda mi vida adulta. Tenemos división de poderes, equilibrios, un Congreso muy poderoso, y así no es tan difícil hacer caer a un gobierno. Hace poco hubo un intento de eliminar el Departamento de Interior para forzar a Obama a cambiar su política de inmigración. Puedes hacer daño con relativamente pocos votos.

Tanto en Europa como en Estados Unidos se ha rescatado a los bancos, eran “demasiado grandes para caer”. A la vez, desde Europa se tiene esa misma idea de Estados Unidos.
Es cierto que Estados Unidos conserva un poder enorme económico, militar, político y cultural y que no suele haber progreso si Estados Unidos no está involucrado. Cuando el Estado Islámico emerge en Oriente Medio, Oriente Medio pide ayuda a Estados Unidos para organizar una coalición. Todavía somos la primera potencia y al resto del mundo le molesta depender de nosotros. Dicho esto, las grandes potencias tienen una tendencia a expandirse en el exterior y debilitarse en su estructura interna, y así van perdiendo gradualmente su influencia y alcance en el resto del globo. Sucede que hemos dejado demasiados cabos por atar, problemas sin resolver como la desaparición de la clase media, desigualdad económica, la educación, falta de infraestructuras… Estamos pagando un precio, no podemos dejar que el país decaiga durante años y al momento querer que se recupere. Es como el cuerpo de uno, si cuando envejeces no te cuidas durante años, cuando te pones a hacer ejercicio ves que has perdido algo.

“Hemos dejado muchos cabos por atar; la desigualdad, la educación… Estamos pagando un precio, no podemos dejar que el país decaiga durante años y al momento querer que se recupere”

Estás oxidado.
Claro, lo que pasa es que a ciertas edades, el óxido ya no se va. Con todo, creo que aunque el libro sea rotundo y a veces sus historias sean angustiosas, las andanzas de mis protagonistas, como Dean Price, Tammy Thomas o Jeff Conaughton, son un ejemplo, inspiran, porque no se rinden jamás. Continúan confiando en el país.

Dean Price falla tantas veces que como lector sólo quieres que triunfe en algún negocio.
Sí, te enganchan. Todos buscan su particular sueño americano.

Para algunos siempre parece escaparse. ¿Cómo ha ido cambiando ese concepto universal?
Hay dos versiones del sueño americano. Una es la de Jay-Z, el rapero que se hace rico, que ha sido vendedor de drogas. Ese es el éxito a cualquier precio, cuanto más grande, mejor. Es feo, pero es así: rompes cosas, dejas tirada a la gente, incumples las normas e incluso las leyes, pero todo vale porque has alcanzado el éxito. Es la idea de inventarse una nueva personalidad, en vez de tener un éxito razonable y moderado. Ese concepto de sueño americano está muy enraizado en América.

La otra es la de la gente ordinaria, la del inmigrante.
Es más modesta, se basa en el concepto de que tus hijos tengan una mejor vida que tú, y eso pasa por darles una oportunidad. Es decir, educa a tus hijos, cumple con el trabajo, decide bien las cosas y sé un buen ciudadano. Ese sueño americano está muriendo, porque la gente que sigue ese guión descubre que ha dejado de funcionar. A los hijos les va peor, hay un sentimiento de que no hay igualdad ni justicia, de que la partida de la vida está trucada por la gente que tiene dinero, poder e influencias. Con todo, yo prefiero el sueño modesto; el otro, el del rapero es como ir al casino, arriesgas mucho a la espera de la suerte.

Nunca se habla del sueño español, del francés…, el americano parece un medidor de la salud del país.
En efecto, con Estados Unidos siempre hay unas expectativas mayores y cuando no se cumplen, parece que todo el país fracase. Aunque España tenga problemas económicos, no significa que el país como tal sea un desastre. Lo que pasa en Estados Unidos es que si no funciona la clase media, si esta decae, es el corazón de todo el país lo que está fallando. Es un sentimiento que noto allá donde voy.

“Wall Street es más débil desde la crisis. El sector financiero ya no se asocia tanto a la libertad y la riqueza. Ha perdido un músculo que han ganado las empresas petroleras y gasistas”

¿Cómo era esa foto?En un momento determinado, Estados Unidos fue un paraíso político y económico, ¿podría con­vertirse en un purgatorio dantiano?
Yo creo que ya es algo parecido a un purgatorio, no un infierno, eso será demasiado extremo. Es un país al que todavía acude mucha gente para vivir y trabajar, y eso es señal de que tampoco es un desastre. Está relativamente mejor que la mayoría de los países europeos, eso seguro. En todo caso, la gente que rondamos los 50 años, como la mayoría de los personajes del libro, tenemos un recuerdo de cómo era el país cuando crecíamos, una imagen que es distinta de la actual.

Yo me críe en California, en lo que hoy en día es Silicon Valley y entonces era el valle de Santa Clara. Era un área de clase media, sin casas enormes ni mansiones. Todo el mundo llevaba a sus hijos a la escuela pública, y tanto estas como las universidades públicas eran buenas. Había trabajo esperando para todo el mundo que acabara el instituto. Eso valía para California y muchos otros sitios en América.

Suena más idílico que ahora.
Y no quiero decir que fuera un mundo perfecto: había pobreza, segregación y discriminación racial y muchos otros problemas, pero había un sueño que se mantenía vivo. Si regreso adonde crecí, lo que se ve es que hay mucha más gente rica y mucha más gente pobre que en aquellos años. Comprar una casa es imposible a menos que se tenga mucho dinero, y las escuelas públicas ya no son tan buenas, así que muchos niños acaban yendo a las privadas. Las públicas que todavía son buenas lo son gracias a los fondos privados que consiguen los padres. El Estado no puede hacerlo. Es evidente que el país ha sufrido un cambio tremendo y es mucho menos justo.

Sucede que la desigualdad creciente entre ricos y pobres es propia de países atrasados, en desarrollo fulgurante, o en crisis, como los europeos.
De hecho, el periodo de prosperidad del que yo hablo, desde la Segunda Guerra Mundial hasta los años setenta, es una etapa inusual en Estados Unidos. En los años veinte o en los noventa, las desigualdades, los enfrentamientos políticos, existían igual que ahora. Tal vez crecí en una época dorada.

Era una época de expansión. ¿Ahora eso es impensable?
De los personajes conocidos que pululan por el libro, uno es Colin Powell, el general y político. Creció en el Bronx de Nueva York, después de la Segunda Guerra Mundial, fue a la universidad, luego al ejército. En aquel tiempo había un sinfín de instituciones que apoyaban a la clase media que hoy en día o bien no existen o están muy debilitadas.

“América fue un país mejor ante la amenaza soviética. Los partidos supieron cooperar juntos en vez de bloquearse como sucede hoy en día”

Usted radiografía la pérdida de valores morales y la ascensión de la avaricia, encarnada por los grupos financieros, los bancos… En paralelo, la vida se vuelve más barata, pero los salarios también bajan mucho. Viene a la mente una especie de Estados Unidos del todo a cien.
La razón por la escribo de Sam Walton y de la cadena de supermercados Walmart es porque es un ejemplo de empresario que, en vez de apostar por salarios altos, precios moderados y puestos de trabajo en la manufactura del país, acude al extranjero para lograr producciones más baratas con mano de obra que lo es aún más. Puede permitirse imponer precios a los proveedores y productores americanos, y estos no pueden competir.

Es una historia que se repite una y otra vez.
En Estados Unidos conviven dos economías, la de Walmart, con familias cuya vida gira en torno a esa cadena, trabajan allí, compran allí… y cuando se quedan sin casa viven en el coche aparcado en el parking de Walmart. Para gente como yo o por encima de mí, existe otra historia muy distinta, la de la vuelta al comercio pequeño, con productos naturales y locales, comida o ropa que son mucho más caros. De nuevo, no hay término medio, o vas al híper o a la tienda pequeña.

¿Con la perspectiva de los años, Estados Unidos ha sacado provecho de la caída de la Unión Soviética?
Hay que decir que, gracias a la guerra fría, América se vio forzada a ser un país un poquito mejor ante la amenaza soviética. Los partidos políticos aprendieron a trabajar juntos y a cooperar; republicanos y demócratas tenían un acuerdo muy amplio en muchos aspectos. No intentaban aislarse los unos a los otros, ni unos, los republicanos, invitaban a un primer ministro (como hace meses al israelí Beniamin Netanyahu) a dar un discurso en el Congreso en contra de la voluntad de demócratas y del presidente Obama. Eso no hubiese sucedido jamás en la guerra fría, jamás. Pero sin la Unión Soviética al otro lado, han emergido nombres poderosos con ideas irresponsables sobre política exterior y sobre política en general. Con la caída del mundo soviético, se pierden los valores nobles que impedían que los políticos fueran realmente estúpidos. Hay políticos estúpidos en cada generación, pero entonces había unas ciertas formas que ya no existen.

“Hay dos versiones del sueño americano: una es la del éxito a todo precio. La otra es más modesta, tratar de que tus hijos vivan mejor que tú, pero esta está muriendo”

¿Cree que esa pérdida de valores, esa decadencia, servirán para reiniciar el sistema?
Están apareciendo numerosas señales positivas, pero no en el centro del poder político de Washington, sino en comunidades más pequeñas, con emprendedores que intentan mejorar la vida de sus vecinos en aspectos muy concretos, igual que Dean Price es pionero en la recogida de aceites a restaurantes para reciclarlos como combustible. No es un movimiento uniforme ni organizado y por eso no parece grande. Con todo, y pese a que nuestra democracia no está funcionando bien, esta es tan fuerte que nos conducirá a cambios positivos, aunque estos tarden un tiempo porque las instituciones políticas están como deprimidas.

En su análisis se adivina que Wall Street gana casi siempre y no pierde casi nunca.
Aunque sigue fuerte y en la crisis del 2008 fue castigado con moderación, Wall Street es más débil. El sector financiero ya no está tan asociado a la libertad y la riqueza. Han perdido músculo, y esa fuerza, por el contrario, la han ganado las grandes empresas de la energía, las petroleras y las gasistas que se han visto beneficiadas de la eficacia de las nuevas tecnologías extractivas, como el fracking. Los hermanos Koch, al mando de petroleras, controlan el Partido Republicano mucho más de lo que podríamos pensar, más que el sector bancario. Los bancos son un gran lobby en Washington porque mucha gente va de Wall Street al Departamento del Tesoro o a la Reserva Federal, es como una puerta giratoria funcionando sin parar. Las petroleras y las gasistas son, para mí, las más peligrosas en el sentido que están haciendo todo el frente posible contra el control de las emisiones, el calentamiento global. Invierten tanto en el Partido Republicano, y ahora el Supremo les deja invertir más todavía.

En las múltiples referencias a Silicon Valley hay una frase demoledora: “El mundo virtual está sustituyendo al real”.
Creo que es Peter Thiel quien lo dice. Es un emprendedor multimillonario, un inversor muy exitoso, pero también muy crítico con Silicon Valley, porque cree que no ha cumplido con las expectativas y se ha contentado con las redes sociales y start-ups que realmente no han cambiado la vida. A su juicio, Silicon Valley es como Wall Street, demasiada gente yendo para hacerse rica muy rápido y luego marchándose sin resolver las grandes cuestiones. Silicon Valley tampoco ha cambiado la realidad económica del país. Sí ha cambiado la vida, mi vida es completamente diferente por la revolución digital, pero no la economía. Ellos creen que lo han cambiado todo. No es así.

¿Cómo les va a los personajes luchadores de su libro?
Tengo contacto regular con casi todos ellos. Dean Price todavía trabaja en la recogida del aceite en Carolina del Norte. Tammy Thomas ha dejado Ohio y está trabajando como organizadora social en Florida. Jeff Connaugh­ton todavía sigue retirado de Washington (risas) y está cuidando a sus padres en Alabama. La familia Hartfull ha vivido sin casa durante muchos meses, fueron a un refugio para familias y ahora están buscando apartamento, han tenido una época muy mala. Peter Thiel, que cree en el capitalismo libre, continúa siendo una figura pública muy controvertida y acaba de publicar un libro.

Un sainete americano


El desmoronamiento (Debate) es una novela ensayo (o viceversa) en la que pululan, triunfan y fracasan personajes tipo de todos los estratos económicos, políticos y sociales del país. Ricos, pobres, famosos, anónimos, todos persiguen su sueño.

DEAN PRICE
Hijo de granjeros del sur, que pese a sus muchos reveses persigue el sueño americano sin rendirse enfrentándose a las rígidas estructuras que marcan a los poderes fácticos energéticos y políticos de Washington.

 

SAM WALTON
Fue el patriarca de la familia más rica de EE.UU., propietaria de Walmart. Un niño de la Gran Depresión que dio valor a cada centavo, lo que le valió un imperio que se erigió a base de productos baratos y salarios bajos.

 

LOS HERMANOS KOCH
Dinastía asociada a la industria petrolera y cuya labor filantrópica es conocida en los círculos afines al Tea Party. Las Koch Industries son la segunda empresa privada más grande del país. Enorme influencia política en el Capitolio. 

 

PETER THIEL
Licenciado en Derecho en Stanford. Es el cofundador de PayPal y uno de los primeros inversores en Facebook. Es crítico con Silicon Valley. Su patrimonio ronda los 1.300 millones de dólares.

 

JEFF CONAUGHTON
Miembro del círculo demócrata de Washington afín a Joe Biden. Testigo de las luchas de poder entre la Casa Blanca, el Capitolio y Wall Street. Idealista al que le atrae el dinero tanto como le repele.

 

JAY-Z
Es el modelo del sueño americano a lo bestia, del que se cría en un entorno peligroso y que acaba triunfando y gana mucho dinero saltándose todas las reglas y leyes. El rapero de Brooklyn fue vendedor y distribuidor de drogas de muy joven. Packer dice de él: “Su sueño era ser Scarface, un tipo rico con deportivo y metralleta”. Jay-Z canta sobre él mismo: “He vendido kilos de coca, / seguro que vendo discos. / No soy un hombre de negocios, yo soy un negocio, hombre”.

 

COLIN POWELL
Un niño del Bronx, de padres inmigrantes, símbolo del querer es poder y de la meritocracia en el ejército. Veterano de Vietnam, general con cuatro estrellas, secretario de Estado y símbolo de una América que se ha ido esfumando. Fue Powell quien defendió en la ONU la “existencia” de armas de destrucción masiva en Iraq.

 

TAMMY THOMAS
Activista negra, ejemplo de madre soltera crecida en los barrios de Chicago que han ido deteriorándose con los años, igual que la clase media estadounidense y la industria pesada de Ohio. 

 

FAMILIA HARTZELL
Viven en Tampa, Florida, a veces en casas, a veces en el coche. Son el símbolo de la precariedad de la crisis inmobiliaria, de los obreros menos cualificados.