Gillian Anderson y David Duchovny "Siempre tuvimos química"

La verdad vuelve a estar ahí fuera. Quince años después del último episodio de ‘Expediente X’, David Duchovny y Gillian Anderson vuelven a ponerse en la piel de Mulder y Scully y a exhibir una química inigualable. Y eso que, en el pasado, confiesan, no siempre se llevaron bien.

Durante años abundaron los rumores que señalaban que se odiaban a muerte, y tampoco han faltado las sospechas de que, en realidad, había entre ellos algo más que una amistad. Pero si hay algo de cierto en su relación es que verlos actuar juntos sigue siendo un gran placer, ahora que se cumplen 23 años del primer capítulo de Expediente X que protagonizaron. La inocultable química que existe entre David Duchovny, un neoyorquino de 55 años, y Gillian Anderson (47), nacida en Chicago pero criada en Londres, es nuevamente palpable en el regreso de la exitosa serie (el próximo día 26) en un nuevo formato, que reencuentra a la escéptica Dana Scully y al creyente Fox Mulder. 

“Fue muy fácil volver a conectarme con Mulder, es un papel al que le estoy muy agradecido, creo que nunca me abandonó a pesar de que yo hubiera querido que lo hiciera” 

“Nos tenemos una enorme confianza y respeto. Eso igual es un problema:¿quién quiere ver en la pantalla a una pareja que se tiene demasiado respeto”
(David Duchovny)

 

Juntos vivirán seis nuevas aventuras en las que lo extraño y lo inusual serán otra vez moneda corriente, y eso sucede ocho años después de la segunda incursión de sus personajes en el cine. Tanto Duchovny como Anderson han demostrado en trabajos posteriores que su talento va mucho más allá de Scully y Mulder. Duchovny, con una sólida carrera en el cine, produjo y protagonizó durante siete temporadas Californication, por la que ganó su segundo Globo de Oro, mientras que Gillian obtuvo nominaciones al Globo y al Emmy por la miniserie Casa desolada y es la protagonista de la exitosa serie La caza (The Fall). Tan amigos hoy que no niegan haberse odiado a veces durante los primeros años de la serie ni que exista una atracción física entre ellos que puede ser la clave de la química, David y Gillian trataron de explicar por qué la historia entre ambos debe continuar.

¿Cómo ha sido la experiencia de volver a encarnar sus personajes?
David Duchovny:
Fue muy fácil volver a conectarme con Mulder, y yo creo que tuvo que ver con que Gillian y Chris Carter (productor y guionista) estuvieran allí conmigo. Es que yo creo que Mulder nunca me abandonó, a pesar de que yo hubiera querido que lo hiciera. Hubo un momento en el que mientras estaba en la serie temía que eso fuera lo único que iba a poder hacer en mi carrera. Pero ahora me he dado cuenta de que Mulder es uno de esos papeles que se dan solamente una vez en la vida, y le estoy tan agradecido que por eso nunca sentí que me abandonara del todo, entre otras cosas porque la gente nunca me dejó de preguntar por él. Obviamente, en un principio estábamos un poco desacostumbrados, pero en el primer día de grabación me tocó uno de esos horrendos monólogos que Chris suele escribir en el que tuve que decir cosas como “propulsión electrogravítica”. Eso me conectó mucho con el pasado, porque me acordé de que en algún punto descubrí que daba lo mismo lo que dijera porque en general era todo inventado, pero tenía que decirlo con rapidez y como si supiera de lo que hablaba para que la audiencia me creyera. 
Gillian Anderson: Para mí fue a la vez fácil y un poco más difícil de lo que imaginaba. Me llevó un par de días conectarme totalmente con Scully. Creo que me costó porque desde que terminamos con la serie trabajé muy duro en interpretar papeles que no tuvieran la más mínima conexión con ella. Además, las mujeres que he interpretado desde entonces han sido considerablemente más serias que Scully. Creo que me conecté mejor con ella a partir de las escenas que hicimos que tenían elementos de humor, y entonces pude redescubrir cierta ligereza e inocencia que la definen. 

“Cuando me hablaron de volver a hacer de Scully, mi respuesta fue un no rotundo, tengo tres hijos y no dispongo del tiempo; todo cambió cuando decidieron hacer una temporada corta”

“Creo que nuestra química es todavía más profunda por el paso de los años”
(Gillian Anderson)

Gillian, a usted le iba muy, muy bien con La caza. ¿Les costó a David y Chris convencerla para que regresara?
G.A.:
No, no tuvieron que convencerme. Vamos, La caza es una de mis experiencias favoritas. Pero en este regreso a Expediente X hubo una diferencia muy grande con la época anterior y es que antaño solíamos hacer entre 22 y 24 episodios por temporada. En realidad, cuando me hablaron de la idea por primera vez, mi respuesta fue un rotundo no, porque tengo tres hijos y no dispongo del tiempo que se requiere. Además, sentía que estaba haciendo demasiada televisión entre La caza y Hannibal. Prefería usar el resto de mi tiempo trabajando en el teatro, rodando películas o con mis hijos. Pero todo cambió cuando me dijeron que Fox aceptaba hacer una temporada mucho más corta. 
D.D.: La verdad es que cuando estábamos terminando con la serie ya hablábamos de que nos gustaría continuar la historia con una franquicia cinematográfica. La idea era volver cada cuatro o cinco años con una película como las de Bond o como Star Trek. Pero por alguna razón el estudio nunca apostó fuerte a esa franquicia. La segunda película no tuvo tanta suerte como la primera, probablemente porque no era lo suficientemente grande como para justificar las expectativas de la audiencia. La rodaron por 30 millones de dólares y la estrenaron en el verano. Y yo ciertamente esperaba que ya que tenían esta franquicia con tantos seguidores, iban a intentar hacer algo asombroso con ella, e invertir el dinero necesario para que luciera como una gran superproducción veraniega. No lo hicieron, y con los resultados que tuvo en la taquilla, pensé que ese era el fin de Expediente X. Pero la pantalla chica ha cambiado mucho gracias a los programas de la televisión de pago, y comenzaron a aparecer estas miniseries, que tenían mucho éxito, lo cual abrió mucho el panorama. La realidad es que no sólo Gillian, sino ninguno de nosotros tenía ningún interés en volver a hacer 22 o 25 episodios por temporada. Yo tampoco creo que pudiera sobrevivir a eso en este momento de mi vida, pero siempre supe que podíamos hacer 10 episodios, ocho o seis. Por eso propuse que teníamos que concentrarnos en pensar en una miniserie televisiva en lugar de seguir llorando porque el segundo filme no funcionó. 

¿Mulder y Scully han cambiado desde que les vimos por última vez?
D.D.:
No, Mulder sigue siendo la misma persona. Está un poco mayor. Han pasado algunas cosas en su vida. O sea, él ha cambiado un poco, pero su personalidad no. Y yo soy de los que creen que los personajes no cambian nunca. Uno tiene una responsabilidad hacia los fans que están esperando al mismo individuo que les ha gustado tanto en el pasado. De todos modos, cuando nos pusimos a hablar con Chris sobre la posibilidad de hacer una nueva etapa de Expediente X, pensamos que podía ser interesante que no fuese exactamente igual, que debíamos incorporar a la historia los 23 años que pasaron desde la primera temporada. Es que creo que si algo ha cambiado en la historia es la energía. Si miro la primera temporada, hasta me parece que el tono de mi voz es más alto. Y como actor, es muy interesante volver a interpretar a un personaje después de 23 años. No es exactamente lo mismo que volver a hacer una obra de teatro 23 años después de la primera función porque el material es diferente, pero surgen ciertos desafíos que pueden ser muy interesantes desde un punto de vista profesional.

¿La química entre ustedes sigue siendo la misma?
D.D.:
Yo creo que es todavía más profunda, por el paso de los años. Nos tenemos gran confianza y por supuesto mucho respeto. Pensándolo bien, eso puede ser un problema. ¿Quién quiere ver en la pantalla de su televisor a un hombre y una mujer que confían el uno en el otro y se tienen demasiado respeto?
G.A.: Siempre hemos tenido una gran química entre nosotros, aun en los años en los que no nos tolerábamos demasiado y pasábamos largos periodos de tiempo sin hablarnos entre toma y toma. Pero lo cierto es que cada vez que tenemos una cámara delante la química es palpable; sin embargo, ahora supongo que nos divertimos más, porque estamos mayores y reconocemos la importancia de la camaradería, de la amistad que tenemos, y además sabemos que somos las dos únicas personas que hemos tenido esta experiencia. Yo creo que nos hubiera ido mejor si nos hubiésemos dado cuenta de esto antes, pero está bien así, y estoy segura que se nota que nos llevamos muy bien. 

En un plano personal, ¿se dejan llevar por las teorías conspirativas?
D.D.:
No. Yo siempre he sido un escéptico. Mi padre escribió una obra titulada La pista de Lee Harvey Oswald que se montó en Broadway en 1967, y que fue una de las primeras que explotaron la obsesión con el asesinato de Kennedy. De niño seguí muy de cerca esa teoría conspirativa porque mi padre me interesó en el tema y yo leí mucho sobre ello. Esa fue la primera y la única teoría conspirativa a la que presté atención. Me resulta difícil creer en esas teorías porque yo no conozco a nadie que sea capaz de guardar un secreto, aunque se trate de uno ridículo. Si hubiera un secreto que conocen unas veinte personas, estoy seguro de que alguno de ellos no se lo llevaría a la tumba. Creo que los seres humanos no son capaces de ocultar secretos como para desarrollar conspiraciones como las que tocamos en Expediente X. Lo que ocurre es que en un plano dramático, las conspiraciones funcionan muy bien, entre otras cosas porque en los dramas los villanos suelen funcionar a la perfección para mantener el interés en la historia. Yo creo que en la vida real hay más actos viles cometidos por buena gente que villanos que disfrutan haciendo el mal. Lo cierto es que soy muy escéptico, aunque tengo que admitir que antes jamás hubiera creído que podía haber vida en otros planetas, y ahora, mirándolo como el científico que no soy, me parece mucho más probable que no seamos las únicas formas de vida en el universo. 
G.A.: Yo no puedo decir que crea en las teorías conspirativas, pero suelo tener más sospechas que David. En cambio, soy una persona muy espiritual y me apasiona la ciencia. Me fascina la idea de que pueda haber otras dimensiones, me gustan la metafísica y la teoría de cuerdas. Creo que tiendo más a creer en esas cosas que él, y es algo que ha ido a más con la edad, porque me he permitido mirarlo todo con más tranquilidad. De todos modos, nada de esto ha tenido que ver con mi participación en la serie. No me parece que haya empezado a creer en esas cosas por influencia de Scully. 

En la serie tienen que enfrentarse a todo tipo de seres extraños. ¿Cuál ha sido el encuentro más insólito que han tenido en la vida real?
D.D.:
Yo una vez vi un platillo volante cuando estaba en la universidad. Estaba en la playa en Maryland. Era invierno y disfrutaba de un fin de semana lejos de las clases. Caminaba solo por la playa y entonces lo vi. Tengo un recuerdo muy vívido de haber visto una especie de nave en el cielo, pero nunca me ocupé de investigar de qué se trataba. Y otra vez me pareció ver a alguien exactamente igual a mí. Yo tendría unos 17 años y estaba en una discoteca. Vi alguien que era idéntico a mí del otro lado de la pista de baile y me saludó. Me acerqué para verle de cerca, pero nunca llegué a hablar con él. Fue algo muy extraño. Ahora que lo pienso, tal vez se trataba de un espejo, y además, probablemente en ambos casos habría bebido algunos tragos...
G.A.: En mi caso por suerte nunca me tocó toparme con un monstruo. Pero he tenido situaciones extrañas, particularmente algunas en las que pensé que si los fans de la serie supieran lo que me estaba pasando, no lo iban a poder creer. Es que la vida te va presentando desafíos aún más raros que cualquier otra cosa con la que me haya topado en Expediente X.