Guillermo del Toro "No dependo de la realidad”

Siempre dispuesto a echar una mano a quienes han llegado a Hollywood detrás de él, el director mexicano Guillermo del Toro disfruta hoy de la fama, el éxito y la atención del mundo, más aún estas semanas tras ganar el Globo de Oro. No se cansa de hablar, sonreír y dar abrazos, pero sueña con volver pronto a lo que más le gusta: imaginar historias que luego plasmará en una pantalla.

Aunque hoy sea muy famoso y millonario, tenga unos cuantos kilos de más, lleve barba y se le note que ya ha cruzado la barrera del medio siglo de vida, en esencia, Guillermo del Toro sigue siendo el mismo que este periodista conoció 25 años atrás, cuando llegó a Estados Unidos para presentar su primera película, Cronos, en la que ya trabajaba uno de sus actores fetiche, Ron Perlman. Un soñador, un hombre afectuoso y tan diestro en el uso de las palabras como en el manejo de la cámara, Del Toro ha logrado concretar lo que muy pocos pueden, siguiendo su propio ritmo, creando sus mundos únicos y luchando con sus demonios en una carrera vasta y exitosa que ha alcanzado su punto máximo con La forma del agua, el filme que acaba de dejarle el Globo de Oro al mejor director y se ha convertido en una de las grandes fuerzas en la actual carrera por el Oscar. 

“Las nueve películas que hice previamente reciclaron mi mitología infantil, pero en ‘La forma del agua’ hablo 
por  primera vez como un adulto”

¿La forma del agua es un nuevo comienzo para usted?
No sé muy bien qué es, pero es algo nuevo. A mis 52 años me detuve y me propuse hacer cosas en esta película que no hubiera hecho antes. Mi intención, absolutamente deliberada, fue tratar de crear algo diferente, y me parece que eso se ve en la película. Puede parecer que es algo que logré naturalmente, pero La forma del agua es mucho más precisa que mis otras películas. Concretarla como yo quería fue algo muy difícil, porque es a la vez un musical, un thriller, una comedia, una carta de amor al cine y, sin embargo, cuando la ves, parece una sola pieza. Es una síntesis de todo lo que he hecho antes, pero es nuevo. Las nueve películas que hice previamente reciclaron mi mitología infantil, pero esta es la primera vez que hablo como un adulto. 

¿O sea que ha sido el resultado de una evolución?
Sí. Todo empezó cuando yo era un niño, pero se ha ido transformando con el tiempo. Cuando tenía seis años vi La mujer y el monstruo y me quedé muy impactado con la imagen de Julia Adams nadando por encima de donde estaba la criatura. Tanta belleza me sacudió, y recuerdo que pensé en ese momento que ansiaba que se quedaran juntos. Pero claro que en el filme eso no ocurre, y de la forma en la que entendí yo aquella película, la criatura terminaba convirtiéndose en la víctima. A medida que fui creciendo vi a las criaturas como símbolos, como figuras espirituales, casi sagradas por su perfección. Y eso es lo que he estado haciendo en mis películas. Yo suelo decir que no hago horror, que hago un género muy extraño que me pertenece. Tomo imágenes de otros géneros y las uso para construir fábulas. Esta misma historia podría haber sido contada de una manera tradicional, desde la perspectiva del héroe, el hombre con el arma que captura a la criatura y salva a la chica de sus garras. Pero yo elegí contar lo mismo entrando por la puerta de servicio, desde la mirada de la gente que limpia los lavabos y saca la basura, que son los que pueden sentir simpatía por esta criatura. Y cuando lleva a la chica en sus brazos es una imagen hermosa. Toda mi carrera ha consistido en tomar iconos y transformarlos. Yo estoy convencido de que es posible contar de otra manera la historia de Napoleón y la batalla de Waterloo, haciéndolo desde la perspectiva del hombre que plancha los pantalones de Napoleón. Si fuera así, me interesaría intentarlo. 

“Estoy convencido de que es posible contar de otra manera la historia de Napoleón y Waterloo, desde la perspectiva del hombre que plancha sus pantalones”

¿Qué fue lo que vio en Sally Hawkins para que fuera la protagonista de su película?
Más allá de las dimensiones de la película que esté filmando, yo siempre me veo a mí mismo como un realizador independiente, porque no dependo de la realidad. Existo en mi propio mundo. Y allí, Sally Hawkins es una gran estrella. Nunca presto atención a las carreras de los actores ni al aspecto comercial del cine. Sólo hago caso a lo que veo en la gente. Vi a Sally por primera vez en una serie de la BBC, Fingersmith, en la que ella se enamoraba de otra mujer en la época victoriana. Me impactó su conexión romántica en esa historia, porque fue absolutamente natural. El error es pensar que los grandes actores son los que brillan al decir sus diálogos, pero los buenos de verdad saben escuchar y también mirar. Encontrar a una actriz que pueda mirar y escuchar es difícil. Yo sabía que el papel no iba a tener diálogos porque lo primero que hace el amor es dejarte sin palabras. No quería que fuese una película que hablara sobre el amor. Quería que tratara sobre aquello que comparten el amor y el cine. Como cuando ella dice, a través de signos: “Cada vez que él me ve, no se da cuenta de que no estoy completa”. Eso es el amor. Algunos actores tienen oficio y otros tienen energía. Sally es de estas últimas. Ella es muy tímida en la vida real. Nunca participa en actos y muy raramente habla con la gente. ¿Sabes por qué? Porque cobra vida frente a la cámara. Y eso es algo que me fascina...

¿Cree que si alguien que no le conoce ve La forma del agua se dará cuenta de que el director es latino?
Absolutamente. Simplemente la coexistencia de lo extraordinario con lo ordinario de manera completamente cotidiana, eso exclusivamente puede venir de una cultura como la latina. O sea, la existencia, una cosa al lado de la otra, de un dios acuático del Amazonas y que lo mantienen en una tina en un apartamento es completamente de la imaginación latinoamericana. La idea de que vas a discutir cómo fue tu contacto físico con esa criatura con una amiga en medio del pasillo, eso sólo puede suceder en una película creada por un latino. Y los dioses. Es curiosísimo, porque la Criatura del Lago Negro en su origen fue inspirada por Gabriel Figueroa, el fotógrafo mexicano, contándole a un productor norteamericano que en el Amazonas hay una leyenda sobre un hombre pez. Ese es el origen de la película de Universal. 

“Para bien o para mal, la patria del cine como espectáculo, como gran ensoñación, será siempre Hollywood. No es el único cine que se hace ni el único que hay que ver, pero es la fábrica de mitos”

¿Haciendo La forma del agua descubrió territorios nuevos que le gustaría explorar aún más? Por ejemplo, hacer una historia de amor donde no haya un elemento fantástico. 
Mire, puede ser que sí. La verdad es que no hay una agenda cuando te asomas a una historia, no hay una agenda específica. Haces lo que quieres hacer. Si tú consideras por un momento que en mi filmografía existen películas de cámara tan pequeñas como El espinazo del diablo o películas tan espectaculares como Pacific Rim, ahí mismo, en esas 10 películas hay ya un rango enorme. Pero el rango no te lo planteas como una meta sino que surge del proceso que tienes con cada proyecto. Ahora, ¿es posible que haga una película sin elementos fantásticos? Puede ser, pero aún ahí habría algunos elementos de diseño, de imagen, de tono, que tendrían que ver con las otras películas. 

En el Globo de Oro ha ganado a Steven Spielberg, a Ridley Scott... ¿Cómo le hace sentir lo de triunfar por encima de sus ídolos de toda la vida?
Bueno, eso es un poco surrealista, porque sigo siendo alguien que nació en una provincia de México, que creció viendo cine en una sala de provincias, y eso nunca se pierde de alguna manera. También tengo claro que todos ellos vienen de lugares que no eran la patria del cine, que para bien o para mal, como espectáculo, como gran ensoñación, será siempre Hollywood. No es el único cine que se hace ni es el único cine que hay que ver, pero es el cine que consideramos con mayúsculas. Es la fábrica de mitos. 

¿Siente que compite? ¿Lo vive así?
Mire, en la mayoría de los momentos, no. Porque ya llevo en esto 25 años y creo que he tenido satisfacciones muy grandes. No tengo urgencias de nada más que la película conecte con el público y genere una conversación en esta temporada de premios. Es decir, cuando las películas se discuten, eso ya es un gran paso. Realmente es como un show de premios en el que los competidores son tan variados… es un caballo de raza hermosa que compite con un poni y con un percherón gigante; no puedes comparar. Son cosas tan diferentes entre sí que realmente si lo discutes, sí, pero aprendes a no preocuparte. 

Respecto a haberse criado en una provincia de México (nació en Guadalajara, Jalisco), ¿cree que cuando alguien nace con el espíritu creativo y con el talento, las circunstancias de dónde nace, dónde estudia y cómo llega al destino final son intrascendentes, que lo que importa es ese talento que se tiene?
Yo creo que es una combinación profundamente delicada de talento, tenacidad y suerte; y necesitas tener las tres en algún momento. Porque sería muy torpe decir que se necesita sólo una de las tres. Si tienes sólo una o dos de las tres, tienes una, dos películas, o tres; pero si tienes las tres, tienes una carrera. La carrera es lo que es un milagro en este mundo. Es insólito que las películas se hagan, porque es dificilísimo hacer una película. Pero cuando ya llevas 25 o 50 años haciéndolas, como los maestros Spielberg o Scorsese, eso es lo que es un milagro: seguir en la competición olímpica después de décadas, y sí, es una combinación de las tres. Talento y tenacidad. La tenacidad es muy importante porque es un oficio revolucionario, es darwiniano. Si te rindes, si te destruye la adversidad, no sales del mar a la tierra, te mueres en la playa, en la orilla; no evolucionas, no llegas a. Entonces, es profundamente feroz la competencia. 

“Es insólito que las películas se hagan, porque es dificilísimo hacer una. Cuando llevas 25 o 50 años haciéndolas como Spielberg o Scorsese, eso es un milagro” 

¿Y qué dice de la experiencia, no cree que también es im­portante una vez que la has obtenido?
El oficio te da un montón de herramientas, que tienes que estar actualizando todo el tiempo, por supuesto, porque tú no puedes filmar casi tres décadas sin actualizarlas. Yo no puedo filmar hoy como lo hacía en los noventa. Y lo que te da es una certeza. Es un poco una similitud que hay entre el artista y el cirujano: Mientras más operaciones tienes, menos miedo te da abrir al paciente. 

¿En qué momento de su carrera necesitó de esa tenacidad de la que habla para sobrevivir?
Diría que fue crucial el momento en que hice El espinazo del diablo, protegido por Pedro Almodóvar; el momento en que hice El laberinto del fauno contra toda corriente; el momento en que hago La forma del agua, cuando a nivel económico podría haber continuado haciendo películas enormes. O sea, es un momento de decisión, de volver a la pureza, son momentos muy personales de la biografía y películas muy personales de la filmografía. Y son momentos en que las decisiones son poco populares con quien quiera que esté a tu lado, sean tu agente, tu mánager o tu familia. Porque tú dices: “Ahora vamos todos a ir a un lugar donde no hay certezas, donde no hay cosas seguras”, y deben confiar en ti. 

Me sorprende que no haya mencionado Mimic...
Es que fue más fácil que las demás, porque lo que hacía falta era solamente instinto de supervivencia. No es un acto de voluntad, es un acto de instinto. Y eso tiene mucho de venir de Latinoamérica, porque cuando eres latino tienes que pelear equis veces más en el primer mundo, sea Europa, Japón o Estados Unidos. Cuando vienes de Latinoamérica tienes que pelear mucho más por cada recurso, entonces vas contra las instituciones, contra el gusto popular, contra un montón de cosas.

Hablando de Mimic, ahora que todo el mundo sabe con qué clase de bestia tuvo que lidiar, ¿se siente reivindicado?
Bueno, la verdad es que es tan lejano el recuerdo… Y mi interacción principal en Mimic fue con Bob Weinstein (el hermano y colaborador del todopoderoso productor Harvey Weinstein acusado de abusos sexuales por diversas actrices). Porque el sello que la hizo fue Dimension. En cualquier caso, sí hay una parte de mí que respira mejor al saber que sobrevivir es una de las medallas más bellas que te puedes colgar en el pecho. Sobrevivir a la adversidad te hace más fuerte, y ahora, en la distancia, piensas que el karma tarda, pero llega. 

¿Qué piensa de todo esto que está pasando (las acusaciones de acoso sexual)? ¿Le preocupa que la tomen con usted por abrazar a todo el mundo?
No. Yo creo que hay una diferencia muy clara, todavía, por el momento, pero es una línea que se tiene que marcar. A lo mejor, si la consecuencia de eso es que disminuyan los abrazos, es algo muy pequeño a cambio de la seguridad y el respeto. 

¿Mira de vez en cuando aquellos cinco episodios que dirigió en sus comienzos en la televisión mexicana? 
Honestamente, nunca. 

¿No tiene curiosidad de ver cómo eran? 
Un día por curiosidad vi un poquito de uno y me aterroricé de lo primitivos que me parecían mis trabajos. Agradezco a la vida que me haya dado esa experiencia, pero es como ver tus dibujos a la edad de 10 años. 

“Ahora, en la distancia, piensas que el karma tarda, pero llega”, comenta sobre el productor Harvey Weinstein

Pero tal vez puede ver en sus dibujos a los 10 años, supongo que se los haría a su abuela, el germen de lo que está haciendo hoy… ¿O no?
Por supuesto, eres la misma persona. Pero creo que aunque me preocupen las mismas historias, los mismos asuntos, me atraigan las mismas imágenes, la manera de acercarme a ellas se vuelve engañosamente más sencilla y más fluida. Para mí queda claro que es el oficio.

¿Cuánto tiempo dedica a las dos casas museo en las que guarda todas sus posesiones? 
Les presté mucha atención durante cinco o seis años. Ahora no es que haya dejado de coleccionar completamente, acabo de adquirir algunas obras hace unos meses, pero lo hago a una velocidad infinitamente menor, lo hago únicamente si sé dónde van a ir, si tengo un espacio concreto donde voy a poner la obra. Ha habido una evolución.

Con toda la atención que está recibiendo hoy en día de Hollywood, ¿habrá un regreso al cine en castellano para usted? 
Mire, la cosa es terminar de escribir una historia que sea apta para eso. Porque, por ejemplo, El laberinto del fauno, El espinazo o Cronos no podrían existir en inglés. Esa es la gran diferencia. Todavía no termino de escribir un guion en español que me satisfaga. Tengo una historia ahí atorada, desde hace años, que se llama Plata y no logro cerrarla todavía. 

¿Cuántos guiones tiene sin terminar? 
Deben de ser Plata, El retorno de los días… digamos que tres o cuatro. 

¿Y cómo es el proceso, cuándo tiene que volver a un guion? 
Es encontrarle la vuelta. Un día alguien me dio la historia de La forma del agua. La tuve décadas, pero la clave vino en el 2011, durante un desayuno con Daniel Kraus, que me dice: “Oye, tengo una historia de un empleado de limpieza que conoce a un hombre pez en una agencia de seguridad y se lo lleva a casa”. Yo dije: “Esa es la clave para contar esta historia”. No la tenía como una historia de amor, la tenía como anecdóticamente divertida, pero no de amor, Elisa no era mujer...