Jacques Attali “Tuve más poder que todos los ministros”

Ha sido consejero de tres presidentes de Francia. Ahora, Jacques Attali –economista, novelista, inversor y publicista– asume el papel de gurú con el título 'Convertirse en uno mismo' (Libros de Vanguardia).

Foto de Julien Lienard/Getty Images

En Francia no hay dos como Jacques Attali. Un hombre orquesta que ha hecho prácticamente de todo: futurólogo, novelista, dramaturgo, economista, publicista, autor de 67 libros, exdirector del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo, ingeniero de empresas e inversiones, promotor de oenegés... Con el libro Convertirse en uno mismo, que lleva por subtítulo Cómo tomar las riendas de tu propia vida, editado por Libros de Vanguardia y ya a la venta, Attali se interna en un nuevo ámbito: el de algo parecido a un papel de gurú.

En lugar de los gráficos del economista, ofrece los ejemplos que seguir de vidas exitosas y un vocabulario lleno de conceptos morales y alegóricos capaces de llevarte a dejar de beber, a salir del armario o a perder peso. Habla de “tomar las riendas de tu propia vida”, “convertirse en uno mismo”, “escalada del mal”, el “acontecimiento”, la “pausa”, el “camino”… Sin duda, un nuevo Attali.

“No somos marionetas, sino actores libres, y uno de los actos de la libertad es la revuelta, la revolución: el ser uno mismo puede ser revolucionario”,
señala Attali

La tradición literaria rusa describe a los tipos como Jacques Attali (Argel, 1943) como el “umny evrei pri gubernatore” (el judío listo adjunto al gobernador), una figura inteligente en la sombra que aconseja y resuelve los fregados del gobernador, que es quien da la cara si el asunto sale bien. Quien fue consejero de tres presidentes de Francia, Mitterrand, Sarkozy y Hollande, dice haber influido más que si hubiera sido político.

“Nunca quise ser político porque siempre he tenido más influencia como intelectual y mundialista”, explica. “Como el más próximo consejero del presidente de la República durante diez años tuve más poder que todos los ministros, además los políticos, sea en España o en Francia, cada vez tienen menos poder”, agrega.

Convertirse en uno mismo es una mezcla de prédica, loa al espíritu de iniciativa y economía de mercado. En la sede de Attali & Associés en París, entre una entrevista con una televisión china y otra francesa, concede un hueco a Magazine. Attali es un hombre afable y estresado; dicen que duerme cuatro horas. Tiene 72 años, juega bien al ajedrez, toca el piano y tiene en su oficina las memorias de Lee Kuan Yew (quien fue primer jefe de gobierno de Singapur). Sale continuamente por la tele y sabe masajear el ego de los periodistas: “Sus preguntas son buenas, llámeme por teléfono y continuamos hablando”, dice después de haberle disparado más de una pregunta por minuto.

Confirma que el libro es resultado de un viaje a India y de cierta excursión al budismo, pero también en esto es original: los hijos de la burguesía solían irse a India muy jovencitos, se imbuían de espiritualidad y por el camino se fumaban unos canutos en Afganistán. Luego regresaban, se ponían la corbata y entraban a trabajar en Attali & Associés. Jacques Attali se fue allá con casi 70 años desde Attali & Associés y aquí ha vuelto. “No es que tuviera una revelación en India, es más bien el fruto de una larga evolución personal”, dice con sorna.

Attali fue uno de los que empujó a François Mitterrand a abandonar el programa de izquierdas en marzo de 1983 en beneficio de las políticas de rigor europeas. Después de 30 años de degradación neoliberal, cuando los franceses comienzan a enloquecer, Attali les dice en su libro cosas como “no seáis resignados mendigantes”, “tened el valor de apañároslas por vuestra cuenta”, “no esperéis nada de nadie”, “uberizaros” (por Uber, el taxi autogestionado), “ha llegado la hora de que cada uno se haga cargo de su vida”…

El autor desmiente que esta loa al individualismo creativo sea una provocación contra una Europa social pasada de moda, ni un manifiesto cargado de valores conservadores en la línea del Peter Sloterdijk de "Du musst dein Leben ändern" (tienes que cambiar tu vida) o del alegato libertario-neocon contra el Estado del bienestar Die Revolution der gebenden Hand (La revolución de la dadivosa mano), con sus ciudadanos esclavos de la política fiscal, del mismo filósofo alemán. “Al contrario –dice Attali–, mi libro afirma que la mejor manera de tomar las riendas de tu vida es ayudar a los otros, es una loa al militantismo asociativo y político, que es una de las dimensiones del éxito”.

Afirma que el libro “es fruto de una evolución personal” y que predica que “la mejor manera de tomar las riendas de tu vida es ayudar a los otros, es una loa al militantismo asociativo y político”

“Si está en paro, en vez de esperar una oferta de empleo, cree su propia empresa; si realiza un trabajo remunerado pero su empleo es precario, aburrido o alienante, invéntese una forma nueva de ejercer su ocupación, más divertida y más creativa, o deje ese empleo para formarse y crear el suyo. Si dirige una empresa, no espere reducciones de impuestos para invertir o contratar personal, y si es artista, no espere recibir un encargo público o privado para crecer”, dice Attali. Pero, ¿acaso tomar las riendas de tu vida es, en el mundo real, una cuestión de opción? ¿No existen los condicionamientos sociales? “Claro que existen pero no somos marionetas, sino actores libres y uno de los actos de la libertad es la revuelta, la revolución: el ser uno mismo puede ser revolucionario”, replica.

El futurismo es un género arriesgado con mucha tradición en Francia. Visionarios para algunos, vendedores de alfombras para otros, sus practicantes suelen alcanzar una gloria más bien efímera. Acuérdense de aquel Jean-Jacques Servan-Schreiber y su Desafío americano. Luego, para el mismo autor, el peligro fueron los japoneses y ahora en cualquier librería de aeropuerto que se precie se encuentran obras que apuntan de una u otra forma al peligro chino.

Attali vislumbra un mundo “que se parecerá cada vez más a la Somalia de 1991”, un universo sin seguridades, desmoronado que obliga a la gente que no se resigna a tomar el poder sobre su vida. Hay en su libro una llamada a que todo el mundo se convierta en una especie de empresario, emprendedor, algo que recuerda por su utopismo al modelo exportador alemán: Si todo el mundo exporta, si todos somos emprendedores, ¿quién trabaja? ¿quién va a limpiar nuestra oficina? Attali replica ampliando el concepto de emprendedor más allá de lo económico. Se trata de “ser emprendedor de tu propia vida, hacer de tu vida una empresa y tener éxito de esa forma, al final todos seremos emprendedores porque el asalariado desaparecerá”.

En realidad, las investigaciones estiman que, con el aporte de China, India y el exbloque del Este, el asalariado incorporado a la economía de mercado global no ha disminuido, sino que se ha doblado aportando 1.400 millones más de proletarios. “Me refiero a los países desarrollados”, matiza, “aquí evolucionamos hacia una sociedad de emprendedores en la que la protección social sigue siendo necesaria e incluso debe ser reforzada”, puntualiza.

“Cree su empresa; invéntese una forma nueva de ejercer su ocupación; no espere reducciones de impuestos para invertir o contratar personal”, aconseja Attali

Attali habla de “políticos cobardes”, definiéndolos como “aquellos que tienen miedo de hacer “reformas impopulares”. Por lo menos desde Margaret Thatcher el concepto “reformas impopulares” suele significar fastidiar a los pobres y engordar a los ricos con privatizaciones, desregularizaciones y recortes del Estado social… “Pero hay otras reformas que son muy útiles y que son tremendamente impopulares”, explica, “por ejemplo, crear un impuesto a los ricos, aumentar los medios dedicados a las familias desfavorecidas, todo esto puede ser impopular y muy útil. No se trata necesariamente de neoliberalismo, no acepto ese proceso de intención”, protesta.

Durante la presidencia de Nicolas Sarkozy, Jacques Attali presidió la “Comisión para liberar el crecimiento en Francia”. Con François Hollande ha hecho lo mismo desde la “Comisión de la economía positiva”. El periodista Laurent Maudit, un ex peso pesado de Le Monde, explica esa continuidad diciendo que en ambas comisiones Attali “aconsejaba más o menos lo mismo”. La tesis es que Francia está presa de normas obsoletas que encadenan sus energías, algo que los medios de comunicación no cesan de repetir desde hace por lo menos 20 años. “Los franceses deben perder sus ventajas”, dice este autor. Pero ¿por qué hay que perderlas? ¿acaso el escepticismo de los franceses ante la afirmación de que para vivir mejor hay que vivir… peor, no es razonable?

 Los países que no quieran o no consigan cambiar de mentalidad, renunciando a “esperar lo que sea de quien sea”, “pasarán de la mengua a la decadencia y de la decadencia a la degradación, en un mundo cada vez más despiadado y competitivo”, profetiza Attali. “Tal será el caso de Francia, cuya caída que se inició hace como mínimo 20 años, se acelerará cuando la hayan abandonado todos sus residentes que hayan optado por elegir su futuro”, apunta.

“Un país está bloqueado cuando piensa que ayer era mejor”. Pero es que ayer, Francia… era verdaderamente mejor, le comenta este periodista: había más trabajo y menos paro, con De Gaulle se practicaba una política independiente en el mundo, Francia contaba, Le Monde era un diario que ofrecía una visión del mundo francesa, algo que ha desaparecido por completo, en filosofía y cultura se marchaba a todo vapor, había menos angustia, por algo se habla de los “treinta gloriosos”… Attali salta: “Hoy es mucho mejor, mire la esperanza media de vida, aumenta cada tres meses y le podría dar diez criterios”, dice. “Respecto al peso de Francia en el mundo, somos menos, pero tras el Brexit ya somos el único miembro de la UE en el Consejo de Seguridad de la ONU”, añade citando una de las más claras herencias del gaullismo.

“Un país está bloqueado cuando piensa que ayer era mejor”, asegura Attali, quien defiende “una Europa primera potencia del planeta” porque, “si no lo somos, seremos barridos”

Convencido europeísta, Attali sueña con “una Europa federal, primera potencia del planeta”. ¿Para qué hay que ser primera potencia? ¿Para hacer qué en el mundo? Francia, Inglaterra, España, Holanda ya fueron potencias en el mundo y el resultado tampoco fue para echar cohetes... Siempre guerreando. “De entrada España nunca fue gran potencia, desaprovechó sus oportunidades utilizando el oro de muy mala manera, podría haberlo sido pero no lo fue… Francia tampoco lo fue”, añade, en lo que parece un intento de amortiguar un reflejo cocoricó (nacionalista galo).

Pero ¿para qué debería ser primera potencia Europa?. “Si no lo somos, seremos barridos, destruidos, no seremos nada”, dice. ¿Espera Attali que, por ejemplo, los chinos, o cualquiera que llegue a ser grande en el mundo de mañana haga con Europa lo mismo que sus naciones hicieron con el mundo: colonialismo, imperialismo, genocidio, dominación, explotación, hegemonía…? “No creo que los chinos tengan la ambición de dominio colonial –responde–, pero si no somos una gran potencia, no estaremos protegidos contra esos peligros. Si no somos suficientemente ricos para ser potencia, seremos presa”.

Especialmente desde el atentado de enero del 2015 en París (en Charlie Hebdo), Francia está inmersa en un gran debate sobre su convivencia nacional. En ese debate se entremezclan confusamente reflejos positivos y negativos; racismo e islamofobia, espíritu republicano y laicidad, xenofobia e ingenuidad. Attali reconoce el riesgo de que la actual brecha cívica degenere en un verdadero conflicto racial a la americana, pero no cree en ello: “Somos la primera comunidad judía de Europa y la primera musulmana, así que tenemos un paroxismo, pero creo que vamos a salir de esto, tenemos procesos de integración que funcionan y soy optimista. No tenemos el riesgo de eclosión de la nación como tienen en España, ni tampoco el declive demográfico de italianos y alemanes. Somos una potencia demográfica que continúa creciendo y atrayendo inversión extranjera”.

Respecto al ultraderechista Frente Nacional de Marine Le Pen, su partido recibe muchos votos, hasta un 30%, pero también es líder en alergias: siempre hay una mayoría de los franceses que opina que es una fuerza adversa a la democracia. Teniendo en cuenta todo eso, la llegada al poder del Frente Nacional en Francia “es perfectamente posible y seguramente muy posible en el 2024”, opina Attali. “No ahora. Aunque si la clase política francesa continúa huérfana de visión y programa, Le Pen podría salirse con la suya”, advierte.

Attali es amigo de François Hollande. ¿Es un político tan rutinario como parece? El eterno consejero presidencial se sale prudentemente por la tangente: “Tiene dos cualidades fundamentales: es honesto y no se toma muy en serio”, responde. Igual de poco explícito es en otras dos cuestiones: ¿Existe todavía el eje franco-alemán en la UE? y ¿se ha acabado la hegemonía de Estados Unidos? Su respuesta a la primera pregunta es “no”; a la segunda es “sí”.°

 

Convertirse en uno mismo

Cómo tomar las riendas de tu propia vida. Jacques Attali. Libros de Vanguardia