Jodie Foster “Lo más interesante se hace en TV”

Su trabajo como actriz y su paciente carrera como directora le han valido el aplauso de Hollywood. Siempre muy reservada con su vida privada, Jodie Foster estrena película y comparte sus inquietudes literarias y cinematográficas.

Jodie Foster es un personaje singular en Holly­wood. Poseedora de un rostro y una mirada afilados en un cuerpo escaso, su carrera, desarrollada con paciencia de amanuense, la ha llevado a crear personajes que son todo determinación, mujeres que se baten con coraje en universos masculinos, a veces violentos, otras sólo hostiles. Muy reservada sobre su vida privada –nunca ha contado quién es el padre de sus dos hijos–, su orientación sexual siempre ha sido objeto de especulación, pero ella ha convertido esa reserva en un derecho a no informar sobre una cuestión que considera que pertenece a su vida íntima.

A la vez, y mientras medía con tiento los papeles que esporádicamente aceptaba, como directora ha ido tejiendo una trayectoria muy interesante y nada apresurada que le ha valido el respeto de la profesión. En los últimos años se ha dedicado a dirigir televisión –ha trabajado para las series Orange is the New Black y House of Cards– y ahora estrena Money Monster, una fábula sobre la crisis financiera con George Clooney y Julia Roberts como cabezas de cartel. El filme narra el secuestro en vivo de un presentador de televisión que opera como gurú de las finanzas, un sacerdote de la inversión bursátil que tiene maneras de predicador y augur, al que un joven arruinado culpa de su desgracia. La película abrió la última edición de Cannes.

“Ha sido muy útil tener a George Clooney representando a un cretino, egocéntrico, vano, que en el fondo es un fracasado, pero que transmite humanidad”

¿Cómo se interesó por esta fábula sobre la crisis finan­ciera?
Leí el guión y me encantó. Me interesaba mucho, así que estuve dos años y medio trabajándolo, aportando esa perspectiva global de la historia y volcando en la historia mi experiencia y mis ideas. Quería que fuera una película sobre los personajes y sus relaciones. En torno a su fragilidad, su intimidad, y que como telón de fondo operasen el mundo financiero, la tecnología y el periodismo, y esa mezcla extraña y peligrosa que conforman hoy. Pero sobre todo me interesaban esos personajes colocados en esa situación ­límite.

Es un asunto que parece interesar mucho a Hollywood, estamos asistiendo los últimos seis años a mucho cine sobre la crisis. Y curiosamente, mucho de él, en forma de thriller.
Es cierto que ha habido muchas películas y muy diferentes. La gran apuesta me gustó mucho, me pareció diferente y valiente, también El lobo de Wall Street y Margin Call me han gustado… y cada una aporta una perspectiva diferente, un punto de vista sobre lo ocurrido. A mí me interesaba tener la crisis financiera como marco, pero no demasiado en primer plano. Me gustaba que funcionara como motor de la evolución de los personajes, para ver cómo cambian ante esos desafíos. En ese sentido, los mensajes sociopolíticos que se desprenden de ese entorno financiero son los que amplifican esas historias personales.

Uno puede reconocer en cada personaje a distintos actores sociales del momento político, del periodismo al hombre de la calle, los grandes evangelizadores de la economía neoliberal, o esa distancia extraña de la televisión respecto a las cosas, por las que muestra un interés genuino y que a la vez convierte en circo. Aunque la película tiene algo de comedia bufa, hay un eco desasosegante en ese retrato del presente.
Sí, y creo que todas las películas de algún modo son fábulas, son ensayos. Y es cierto que hay momentos cínicos en la película, pero también pienso que, desde cierto punto de vista, lo relevante es la pregunta final: “¿Qué programa vamos a hacer la semana que viene?”, lo que Julia le dice a George. Y es una gran pregunta para el presente: ¿qué vamos a hacer ahora? Como periodistas o como ciudadanos, ¿vamos simplemente a cambiar de canal y hacer lo que hicimos la semana pasada? ¿O acaso hemos aprendido algo de lo que ha pasado? La humanidad ha vivido muchos cambios de paradigma en su historia, si hemos prestado atención lo sabemos. La pregunta es: ¿toca cambiar? Creo que es una buena pregunta y que no tiene una respuesta sencilla. Depende de cada espectador.

“Si puedo conseguir a Julia Roberts para que interprete un personaje, no lo voy a hacer yo. No se me ocurriría hacer ese papel y ya no puedo imaginar a otra persona encarnándolo”

¿Era importante contar con rostros conocidos y queridos como los de George Clooney y Julia Roberts para que el espectador no sintiera antipatía sobre los quehaceres de estos personajes?
Sí, ha sido muy útil tener a George Clooney representando a este cretino, egocéntrico, vano, superficial, engreído, al que no le importa la gente a su alrededor, y que en el fondo es un fracasado. Pero para su viaje, para su arco dramático, necesitábamos que transmitiera humanidad, y eso es lo que George aporta al personaje. Además, siendo George, sabes que te vas a enamorar de su personaje. En cuanto a Julia Roberts, sí que quería que la actriz transmitiera claramente que es alguien capaz de pelear su propia supervivencia, que fuera capaz de hacer muchas tareas a la vez, que hiciera ese papel que la policía no puede desempeñar en la trama y que lo hiciera todo por George, porque aunque sea un ególatra, ella lleva muchos años trabajando con él y le quiere. Julia aporta esa calma y esa fortaleza que es el perfecto contrapunto del personaje de George, y de algún modo, en el final, juntos componen el mismo héroe, algo que no habría sido posible sin Julia.

¿Hay algo de usted como directora en ese personaje de Julia Roberts, mandando en un mundo muy masculino?
Es verdad que ella es un poco la voz de la directora en la película. Es la que manda, la que desentraña el misterio, gobierna, tiene voz y voto, es la que asegura que todo siga en marcha… Pero mire, si puedo conseguir a Julia Roberts para que haga el personaje, no lo voy a hacer yo. No se me ocurriría hacer ese papel, y la verdad es que ya no me puedo imaginar a otra persona encarnándolo.

Algunas de sus recientes interpretaciones acucian ese perfil de gobierno. En su última aparición en la gran pantalla, Elysium, de Neil Blomkamp, en el 2013, una fábula futurista sobre la emigración ilegal, Jodie Foster interpretó a Delacourt, gobernadora de la elitista base orbital que da título a la película, una Esperanza Aguirre defensora de los intereses de las urbanizaciones residenciales y los privilegios de la sanidad privada, un asunto que tiene un papel trascendente en la trama. Unos años antes, en Plan oculto, de Spike Lee, Foster dio vida a Madeleine White, una agente encubierta que opera como lobbista, contratada por un banco para recuperar o mantener en secreto el contenido de una caja de seguridad durante un atraco a la entidad. Su otro gran papel de la última década fue el de Penélope Longstreet, en la adaptación firmada por Roman Polanski de la obra de Yasmina Reza Un dios salvaje, cruda encarnación de los problemas de clase en la sociedad neoyorquina y de la gestión de la violencia entre las clases formadas.

“Me encantaría volver a trabajar con Mel Gibson, ha sido sin duda el actor más llevadero y con el que ha sido más fácil trabajar; es realmente el intérprete al que más he querido”

Se prodiga poco, tanto en la dirección como en la interpretación. Se toma mucho tiempo. ¿Cómo ha conseguido manejar una carrera así en un Hollywood que funciona muy deprisa y que olvida rápido?
Bueno, es mi forma de hacer las cosas. Cuando era joven trabajé un montón, empalmaba una película con otra y no paraba. Y luego descubrí que para mí era importante vivir, aprovechar mi tiempo y, a la vez, que a la gente le emocionara verme en el cine, que no se convirtiese en una rutina. Quería que la gente supiera que cuando hago una película es porque me importa, no simplemente por trabajar. Por eso me da igual el tiempo que pase, lo que me interesa es hacer películas que lleguen a la gente, confío en que tendré algo que decir en cada momento y cuando vuelva espero que la gente me recuerde.

Presentando su anterior película como directora, El castor, usted y Mel Gibson explicaron que eran muy amigos, desde el rodaje de Maverick, en 1994. ¿Volveremos a verles trabajando juntos?
Me encantaría volver a trabajar con Mel Gibson, fue un verdadero placer trabajar con él, ha sido sin duda el actor más llevadero y con el que ha sido más fácil trabajar, y además aportó muchísimo a su personaje en El castor. Es realmente el actor al que más he querido. Pero ahora tiene cosas muy importantes entre manos. Acaba de terminar de dirigir una película, Hacksaw Ridge, y sé que está montándola ahora mismo. La verdad es que tengo muchísimas ganas de ver su nuevo trabajo porque creo sinceramente que es uno de los mejores directores de Hollywood.

Esta entrada en el cine político que es Money Monster, para alguien como usted, cuya figura también tiene una significación política en Hollywood, por no desempeñar el rol de una estrella convencional, ¿significa que va a interesarse más en el futuro por esas ­cuestiones?
No lo sé, no me considero una persona muy política, y no soy portavoz de nada, nunca lo he pretendido. Hago las películas que me interesan, las que quiero hacer, y sí es cierto que a veces eso me lleva hacia películas más intimistas, como El castor, que trata de la depresión, el suicidio, la historia de un hombre que tiene que asumir su frustración, gestionar su fracaso, pero otras veces me lleva a historias de calado más político o social, como en este caso de Elysium. Pero lo que me mueve es hacer cosas distintas cuyas historias me interesen.

“No creo en un complot en Hollywood para evitar que las mujeres o las personas negras destaquen, más bien sospecho quea los grandes estudios hacen apuestas seguras y sin riesgo”

Jodie Foster rompió su silencio sobre su condición sexual en los Globos de Oro del 2013, y en el 2014 contrajo matrimonio con la fotógrafa Alexandra Hedison. Su actitud de silencio había sido incluso criticada por organizaciones gais y lesbianas, que siempre han aplaudido las salidas del armario públicas. Todo ello, unido a su conversión precoz en controvertido icono sexual –con sólo 13 años, interpretó a una joven prostituta rodeada de la sordidez del mundo masculino en Taxi Driver, la icónica película de Martin Scorsese, y con 25 ganó su primer Oscar por dar vida a una joven violada en Acusados, de Jonathan Kaplan–, y a la confesión del magnicida John Hinckley jr., que intentó matar a Ronald Reagan para llamar su atención, ha contribuido a que desempeñe un papel heterodoxo en la constelación hollywoodiense.

En el entorno de Hollywood se vive un momento singular, por una parte hablábamos antes de la valentía con la que la industria ha tratado la crisis, y por otra, los Oscar han sido polémicos por la ausencia de candidatos afroamericanos, hay una fuerte controversia por los honorarios de las mujeres…
Es un momento muy raro. La verdad es que no creo que haya un complot en Hollywood para evitar que las mujeres o las personas negras trabajen o se destaquen, no creo que sea una discriminación intencionada, sino que más bien sospecho que los grandes estudios tratan de evitar a toda costa los riesgos para sus superproducciones, quieren hacer apuestas muy seguras en la medida de lo posible, y por eso hay tantas series de superhéroes en marcha, porque se gastan 180 o 200 millones de dólares, las decisiones financieras pesan mucho, y tienden a confiar en personas que ya han tenido éxito. Por eso hoy la narrativa audiovisual más interesante no se está haciendo en el cine, sino en la televisión.

Ahora más que nunca vemos las grandes diferencias narrativas y formales entre el cine y la televisión, han tomado caminos diferentes. Se nota en la interpretación, la narrativa, el diseño de arte…, los contenidos de autor están hoy en televisión. Hace unos meses, un director estadounidense decía que la verdadera revolución televisiva ha sido para los guionistas. Que la televisión era el paraíso de los escritores, más que de los directores. ¿Está de acuerdo?
Sí, sí, es cierto. En televisión tienes que ser productor además de director si quieres tener un espacio creativo. La televisión es un territorio para los guionistas y los productores, que a menudo son guionistas, y nosotros, como directores, estamos al servicio de lo que quieren contar. Y a mí me parece bien, porque siempre es enriquecedor estar rodeado de estas personas brillantes que ahora mismo están creando un arte audiovisual magnífico. Los directores en televisión tenemos un trabajo un poco distinto, porque tienes que seguir algo predeterminado, cada serie se desarrolla con un libro de estilo propio al que tienes que ceñirte, a no ser que seas también el productor y puedas trabajar desde el principio en la creación de la serie.

“Me encantaría escribir literatura, lo confieso, me gustaría ser mejor escritora de lo que soy, perao de momento prefiero trabajar con guionistas que son mejores que yo”

¿La veremos de nuevo haciendo televisión?
Espero que sí.

¿Y escribir? Porque usted estudió Literatura.
Me encantaría, lo confieso. La verdad es que me gustaría ser mejor escritora de lo que soy, pero de momento prefiero trabajar con guionistas que son mejores que yo.

Jodie Foster se licenció en Literatura por la Universidad de Yale con nota magna cum laude y había estudiado en el liceo francés de Los Ángeles. Habla francés (y suele doblarse a ese idioma) y comprende el español y el alemán. Durante años se sugirió que pertenecía a Mensa, organización que aglutina a personas con un cociente intelectual superdotado, pero ella misma lo ha desmentido.

¿Tardaremos otro lustro en volver a verla?
Ni idea. Puede ser que tarde un tiempo o no tanto. De momento, mi hijo está tramitando la admisión en las universidades y ese es mi plan para los próximos meses, estar ahí con él. Espero que sí, que pronto me surja algo, porque me gusta la interpretación, pero de momento no hay nada a la vista.

Salvo aquel Maverick, apenas ha hecho comedia…
Ya lo sé, y el caso es que a veces me gusta dirigir comedia, no tanto interpretarla, pero me pasa que la ilusión con una comedia me dura un par de días o tres y luego se me pasa.

Quizá por eso ha representado sobre todo personajes de una gran determinación, mujeres graves.
He hecho un par de comedias, pero no han sido los mejores trabajos de mi carrera. Es complicado porque, como intérprete, al menos para mí, me resulta mucho más difícil hacer comedia, porque cada minuto tienes que crear esa energía y es agotador. El drama me resulta mucho más asequible.

¿Esos personajes tan solemnes hablan de quién es usted o más bien los elegía porque tienen algo ajeno que le aporta?
Son las dos cosas, o eso creo, porque siempre preguntas sobre tus personajes. Piensas: “¿Cómo sería yo en la circunstancia de este personaje?”, y cada uno tenemos nuestros problemas e incertidumbres que intentamos resolver en pantalla. Es algo enriquecedor, ya que son cuestiones que en nuestro día a día no tenemos que abordar, y por supuesto no tenemos que mostrar ese valor ni ese coraje. Es un compromiso psicológico porque cada personaje te cambia un poco. Por eso me atraen determinadas historias como actriz, muy distintas a las que me interesan como directora.

  

Tres fotogramas de Money Monster, una fábula sobre la crisis financiera dirigida por Jodie Foster que está protagonizada 
por Julia Roberts y George Clooney