Kenzo Takada "La moda está en todas partes pero todo es igual”

Sacudió de tal modo la industria de la moda en los sesenta y setenta que aún se nota su influencia. Hoy, Kenzo Takada, tras años de retiro, regresa a los tejidos, pero esta vez pensados para vestir la casa. Y aunque se muestra crítico con algunos aspectos de la moda, reconoce que echa de menos la energía de las pasarelas.

A sus 78 años, Kenzo Takada conserva un aspecto juvenil y una agilidad envidiable, como cuando desde París revolucionó la moda de los años setenta y ochenta con llamativos colores y estampados florales, siluetas voluminosas y mezcla de tejidos. Subió Japón por primera vez a las pasarelas y en 1977 presentó uno de los desfiles más recordados de aquella época, en la discoteca neoyorquina Studio 54, con impactantes modelos, entre ellas Jerry Hall, que desfilaban cigarrillo en mano sobre una pasarela cubierta de globos, con una espectacular Grace Jones como maestra de ceremonias. Porque Takada fue uno de los primeros diseñadores en celebrar la diversidad cultural, mucho antes de las famosas campañas publicitarias de Benetton. También fue pionero en el ready-to-wear y en el diseño para el consumo masivo, aunque ahora opine que se ha llegado demasiado lejos en este aspecto. 

“Todo lo que hacíamos tenía un punto de novedad, era genial, no había reglas. Ahora hay demasiadas cosas, demasiados productos. Demasiado de todo”

Cuarenta años más tarde, Takada se muestra extremadamente tímido y reservado, recostado sobre el también icónico sofá Mae Jong en la tienda insignia de Roche Bobois en el barrio parisino de Marais. “Sólo quería hacer algo diferente de todos los demás”, explica de aquellos años de exceso y diversión, para muchos una de las mejores épocas para la moda, el arte y la música, y lo hace en un francés titubeante, porque aunque vive en París desde hace 52 años, reconoce, sonriendo, que “mi francés aún no es lo bastante bueno”. 

Tras varios años poniendo patas arriba las pasarelas, en 1993 el grupo LVMH adquirió la firma y seis años después Kenzo Takada anunció su retiro de la moda. Ya no puede utilizar su nombre propio para sus colecciones, y sus asistentes insisten en que los periodistas sean muy cuidadosos en este aspecto. Pintó cuadros, colaboró en la creación de perfumes, fue nombrado caballero de la Legión de Honor francesa y hoy reaparece volcado en la creación de diseños para interiores, como la colección textil que ha realizado para Roche Bobois. 

¿No le resulta extraño que su nombre, como marca, ya no le pertenezca? 
Con las grandes casas de moda que tienen detrás un legado, te das cuenta de que triunfaron porque el diseñador que las creó vivía en su momento. Si tú eres la persona que estás a cargo ahora, es importante de que te asegures de que vives en tu momento y pensar en el futuro, no en el pasado. 

Cuando un conglomerado adquiere una marca emblemática, ¿hasta qué punto la personalidad de su fundador permanece?
Creo que Humberto Leon y Carol Lim (los actuales diseñadores de Kenzo) le han dado un nuevo dinamismo, aportan novedad y juventud y está bien. Me gustan especialmente las camisetas con las polaroids de Antonio López estampadas. Y por otro lado investigan en los archivos de la marca que yo creé.

¿Qué elementos hacen que una marca sobreviva en el competitivo mundo de la moda? 
Debe tener sobre todo identidad. Hay altibajos en este proceso: unas veces tienes éxito, otras veces estás en espera. Pero lo fundamental es eso. Claro que se deben seguir las tendencias y estar atento a ellas, pero si no conservas tu identidad, las cosas no prosperan.

“Trato de seguir la moda tanto como puedo. Hay una cierta energía y una adrenalina que, de algún modo, me faltan. Pero hoy me encanta trabajar en el campo del hogar”

¿Quién le ha dado la mejor lección?
Empecé a estudiar literatura con 18 años, como querían mis padres, pero mi hermana, que trabajaba en una escuela de moda, me descubrió este mundo. Me fascinó y dejé la literatura. Después los compañeros de la escuela de moda me ayudaron mucho hace más de 60 años y aún somos amigos. Siempre con rivalidad, pero ellos me animaron a ir París. También tuve la suerte de tener amigos como Andy Warhol, Antonio López (el ilustrador puertorriqueño que conquistó con su cámara y convirtió en musas a las más bellas de Studio 54) y muchos otros artistas…

Cuando un Takada adolescente quiso inscribirse en diferentes escuelas de moda, lo rechazaron por ser hombre. “Me decían que era para las mujeres, que necesitan aprender a hacer ropa antes de casarse”. Pero consiguió entrar en la prestigiosa Bunka, en Tokio. En 1965 salió de Japón hacia Europa en barco en un largo periplo con escalas en Saigón, Hong Kong, Singapur, Bombay y Yibuti; los colores y texturas de esos lugares a la postre inspirarían sus creaciones. Se estableció en París sin un duro y empezó a crear prendas, con una máquina de coser alquilada, aprovechando kimonos y retales que encontraba en el mercado de las pulgas. Resultaban tan coloristas y diferentes que triunfaron en el exigente París.

¿Cómo ve la moda hoy alguien que rompió moldes?
En los setenta todo era libre. Todo lo que hacíamos tenía un punto de novedad, era genial, no había reglas. Ahora hay demasiadas cosas, demasiados productos. Demasiado de todo. Como consumidor creo que hay demasiadas propuestas, todo se ha complicado. 

Sus modelos bailaban e interactuaban con el público. Era diversión combinada con la alta costura. Ahora lo normal es que parezcan incluso enfadadas…
El tiempo ha cambiado y es cierto que es un poco más estricto y en cierto modo más serio. En aquel entonces yo no tenía una línea de conducta en concreto, y encontraba que si las modelos se divertían durante el desfile este sería más exitoso. No sé si hoy me plegaría a esta ­tendencia actual, pero en cualquier caso, con mis desfiles quería transmitir la alegría de vivir.

La frase que usted más repite es “el mundo es bello”, pero ahora en todas las ciudades hay las mismas tiendas de moda. ¿Es el mundo más aburrido hoy?
Sí, es una pena. La moda está en todas partes, pero antes en cada país había productos diferentes, y ahora son las mismas tiendas y las mismas prendas en Teherán que en Hong Kong… una lástima. Está bien la globalización pero eso resta personalidad. Hay demasiados grupos grandes que fabrican en los mismos sitios de la misma manera. Lamento que ya no se encuentre el estilo que marcaban ciertas culturas locales en todo el mundo.

¿Y en Japón?, en occidente tenemos la idea de que es un país tremendamente original…
En los años setenta y ochenta, diseñadores como Rei Kawakubo, Yohji Yamamoto y Comme des Garçons causaron un gran impacto. Fueron icónicos y siguen influyendo. Ahora tenemos que reconocer que existe la globalización y que hay un estilo de creadores japoneses que permanece, pero ya no es como antes. La moda, también en Japón, ha ido ganando importancia y ahora es un elemento más de la cotidianidad. A todo el mundo le interesa la moda. 

¿Por qué cree que ese impacto ya no existe? 
Ahora se vende moda para todo el mundo y la tecnología ha cambiado el negocio, se ve en cómo se comparten las imágenes de las colecciones. Antes, esperabas uno o dos meses para ver si el desfile había tenido éxito. Ahora todo es inmediato.

¿Cuál es el secreto para que un diseño perdure?
Creo que se necesita que sea algo único, original, que no necesariamente siga una tendencia actual. El trabajo tiene que ser concebido sin la idea de tiempo o de época. 

Ha pasado de la moda a diseñar para el hogar. ¿Se siente cómodo?
La moda me interesa y trato de seguirla tanto como puedo. Hay una cierta energía y una adrenalina que, de algún modo, me falta. Me encanta la gente de ese entorno, hay una cierta excentricidad que no se encuentra en otro lugar. Pero hoy me encanta trabajar en el campo del hogar, que guarda ciertas similitudes con la moda, como la armonía de los materiales y los colores. El trabajo es sin duda diferente y la importancia de las temporadas no es la misma, pero es un medio apasionante.

Kenzo Takada ha reinterpretado el sofá Mae Jong, un best seller, inspirándose en los elaborados y exquisitos kimonos del teatro japonés nô, y completa su propuesta con cojines, alfombras, taburetes de cerámica y jarrones. Todos con colores y texturas que se basan en tres momentos del día.

¿De dónde viene la idea de la mañana, el mediodía y la tarde?
Se inspira en los kimonos del teatro nô y en la ceremonia del té, que tratan de encontrar la belleza en la sutileza y la formalidad. Hemos hecho tres gamas diferentes de color: azul y marrón, que pueden resultar más masculinos; rosas y amarillos, muy vivos, y otra más pastel. Pero bueno, depende de las piezas. En una casa puede haber una habitación de colores vivos, otra de colores pastel... depende de cada concepto de decoración.

Y usted, ¿cuáles elegiría?
Para el día a día, mejor los azules y colores más tranquilos y en vacaciones, los colores alegres y vivos.

También ha creado perfumes, como Fleur de Kenzo, que aún hoy son iconos. Y colabora con Avon. ¿Qué es lo que descubrió del mundo de las fragancias? 
Es un medio que me gusta mucho. La perfumería es muy interesante, implica a muchas profesiones que requieren una gran cantidad de talento. En el diseño del perfume, todo tiene que ser armónico, la botella, el perfume, el empaquetado, la historia que explicas, la comercialización... es un proceso tan interesante como delicado.

Después de dejar la moda, empezó a pintar...
Pensaba que podía pasar la vida sin trabajar: viajes, pintura, amigos. Pero no fue suficiente. Necesito estar activo, si no me aburro. Adoro la pintura. Pero ahora lo he dejado. Pintaba, al óleo, con pastel, pero realmente no conocía las técnicas. Ahora, después de diez años, he empezado desde la base, desde cero. Un hijo de un amigo, que va a una escuela de arte, me invitó a conocerla. Ahora voy a la escuela de pintura, porque aunque tuve un profesor que venía a casa, me gusta pintar con mucha gente, es mucho más enriquecedor.

Kenzo vive en una casa de estilo Hausmann en Saint-Germain de Prés donde lo antiguo convive con lo moderno y oriente y occidente se mezclan. “Me gustan las cosas armónicas, alegres. Pero a la vez tengo necesidad de cosas sobrias y discretas. Amo la fiesta, pero a la vez soy tímido. Soy contradictorio”, explica Takada. En su casa
nunca faltan grandes ramos de flores frescas, igual que en sus creaciones de moda o en sus textiles, que combinan los motivos de los kimonos con exuberantes flores japonesas. “Adoro las peonías, las amapolas, las flores campestres, la flor del cerezo. Cada año voy en abril a ver las flores de cerezo en Japón. Es bellísimo y mágico. Es sencillamente increíble”. 

¿Cómo pasa su tiempo cuando no está creando?
Ahora me gusta hacer largas caminatas solo por París sin un rumbo fijo.

¿Cuál es su idea de felicidad?
Disfrutar plenamente de lo que hacemos y con lo que nos hemos comprometido y, para ello, tienes que intentar al máximo perseguir lo que deseas.

¿Ha cumplido sus sueños?
Sí, cuando abrí mi primera tienda en París pensé, bien a lo mejor puedo continuar unos años, pero me llegó un éxito totalmente inesperado. Creo que nací con buena estrella.