Leonard Kleinrock "Ya no tenemos privacidad, ni la habrá”

En 1969, un grupo de informáticos dirigidos por Leonard Kleinrock conectó dos ordenadores en la distancia para compartir datos. Era el inicio de la primera red, como la que ahora es internet, aunque tardaría años en salir del entorno científico. Ahora, el profesor analiza los progresos de ese hijo, que ve un poco díscolo.

El profesor junto a un ordenador idéntico a los que se conectaron por primera vez en 1969 y el teclado original que se utilizó

Esta es una entrevista realizada de pie. El profesor Leonard Kleinrock se encuentra en su despacho, en ese lugar que culmina el laberinto que representa para un desconocido dar con él en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA). Seguir las instrucciones recibidas por correo electrónico significa atravesar un campus cargado de energía a esa hora de la mañana en que tanta gente joven se despereza, en una jornada más de sequía californiana, del eterno verano, aunque el pasto luce verde y los árboles frondosos. Dan ganas de ir en busca del tiempo perdido, a lo Marcel Proust, y volver a ser estudiante.

Metido en estas nostalgias anda el periodista cuando se encuentra por fin frente a Kleinrock. Acaba de cumplir los 81, pero tal vez por la asimilación en este ambiente, luce como la imagen de la eterna juventud. Fresco como una rosa.

Antes de tomar asiento, de sacar la grabadora y extender en la mesa los papeles o de que la fotógrafa se haga una composición del escenario, Kleinrock, neoyorquino de nacimiento, pide: “Venid conmigo”.

Abre la puerta de otra habitación. Es como entrar en otra época. Unos armarios enormes son en realidad unas computadoras de aquel tiempo pasado.

Hay fotografías de los colegas y alumnos y cacharros, entre los que destaca el que sirvió como teclado de esos ordenadores prehistóricos.

Ya no hay ni mesa, ni papeles: de pie y con la grabadora en la mano. “La cuestión es –pregunta a los que han venido a preguntarle–, ¿cuántas revoluciones conocéis en las que podáis decir exactamente el minuto en que empezó, el lugar exacto en que se produjo? ¿La revolución industrial, la agrícola? No”.

Pero aquí, entre estas cuatro paredes, Kleinrock, doctorado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en 1963 y fichado luego por UCLA, dirigió el equipo que el 29 de octubre de 1969, “a las 10.30 de la noche”, repite en varias ocasiones, se produjo la primera conexión y transmisión entre dos ordenadores en la distancia.

Se creó una red. La red.

“¿Cuántas revoluciones conocéis en las que podáis decir el minuto en que empezó, el lugar exacto?”. La revolución tecnológica empezó en esta sala de la universidad 

“Internet todavía 
es demasiado complicado, necesitas un teclado, instalar una aplicación... aún no es invisible. He de ser capaz de decirle a internet: ‘¿Cuál es mi nombre, que lo he olvidado?’, de hablar y disponer. En cualquier lugar”

“Internet está en sus años juveniles, es como un adolescente, no respeta las normas, es desobediente, y estamos tratando de decirle cómo ha de hacer las cosas”

Uno era un ordenador SDS Sigma 7, idéntico pero no el mismo que los ahora ubicados en esta sala –conservada como era salvo un pequeño recorte para ganar otro despacho–. El segundo estaba en el Stanford Research Institute, a unos cientos de kilómetros al norte, en el área de la bahía de San Francisco. Querían enviar la palabra “login”. L-O y el sistema cayó. El programador Charly Kline accionó este teclado, que se asemeja a un mueble.

Así arrancó Arpanet, la precursora de internet. Aquí empezó la actual revolución tecnológica. Kleinrock recogerá el martes en Madrid el premio Fronteras del Conocimiento, en la modalidad de tecnologías de la información y comunicación, que otorga la Fundación BBVA.

Ese 29 de octubre de 1969 hoy es una fecha determinante, entonces no parece…
Conectamos por teléfono para ver si funcionaba el sistema. Utilizamos un medio para verificar una nueva tecnología que iba a desplazar a la telefonía.

¿Sus compañeros eran ya conscientes de lo que ocurría?
Vieron que algo se avecinaba. Cada departamento tenía su computadora, ocupada todo el tiempo al 100% ¿Quieres poner esto en una red para que otros lo usen? No querían saber nada. Se resistían. Finalmente descubrieron el valor de que unos encontrasen a los otros. Fue emocionante. Creamos una red a la que era fácil unirse, no había restricciones, sin seguridad, sin barreras, sin credenciales.

Un espacio de libertad…
Eso era importante. Que fuera un entorno libre, de confianza. Nos conocíamos todos. La idea era conectarse los unos con los otros, y nadie tenía intenciones financieras o de negocio.

Y el resto del mundo no sabía nada.
Mucha gente, en especial los jóvenes, piensa que internet empezó en los noventa con la world wide web, la www, y eso no es internet, es una aplicación.

Su trabajo estuvo propiciado por el Sputnik, el primer satélite artificial lanzado por los soviéticos en 1957…
Sí, al principio sólo éramos unos científicos apoyados por la Advanced Research Projects Agency (ARPA), dentro del Departamento de Defensa. Esta agencia la fundó el presidente Eisenhower. Pensó que Estados Unidos no podía quedarse atrás en tecnología. Uno de los grupos que subvencionó fue el de los científicos informáticos. Nos subvencionó a partir de 1963.

La red informática era el territorio de unos pocos…
La utilizábamos por diferentes razones. Una de las principales era el e-mail, que nació en 1971 e introdujo Ray Tomlinson.

¡Qué idea!
El e-mail fue una gran aplicación. En primer lugar porque era muy seductor. Pero sobre todo facilitó la conexión en un tiempo en que era difícil el uso de la información que había en otros ordenadores porque, por ejemplo, había que saber el lenguaje que utilizaba cada uno.

No había mucho correo…
El uso era limitado, hasta que, a principios de los ochenta, la National Science Foundation (NSF) desplegó supercomputadores por todo el país. Querían que todas las máquinas se hablaran unas con otras. Se expandió la red, entonces ya llamada internet, por la interconexión de redes. La NSF amplió la comunidad, la constituyó.

El exvicepresidente Al Gore, cuando era senador, impulsó su desarrollo.
Me pidió que compareciera en el subcomité del Senado para que este mecanismo se conociera en el Congreso. De todo eso resultó que el primer presidente Bush firmó la ley de Comunicación, que se convirtió en la espinal dorsal, y dio paso a la industria. De esta manera llegó internet al ciudadano.

La gran expansión.
Y el problema. Porque al crecer tanto el grupo, aparecieron los malos usos, el lado oscuro, con la pornografía, la pedofilia, los hackers… La pornografía llegó temprano. Antes debías ir a buscarla, ahora te llega sin pedirla.

¿Podía imaginarse todo esto aquel día de octubre de 1969?
Sí y no. Esta es la nota de prensa del 3 de julio de 1969, tres meses antes de aquella noche. Ahí está mi visión de futuro.

La nota, que conserva enmarcada en una de las paredes, concluye con este párrafo, dictado por el profesor Kleinrock: “La red de computadores está todavía en su infancia, pero a medida que crezca y se haga más sofisticada, veremos la propagación de los servicios informáticos como los actuales del teléfono, que ofrecerán servicios individuales en casa y en la oficina, por todo el país”.

Lo tenía claro…
No del todo, no tuve en cuenta las redes sociales. No las intuí. Y lo que todavía no sucede es la invisibilidad.

¿Cómo?
¿Dónde está la electricidad? Es invisible. Tú no sabes donde se produce, le das al interruptor y ya está. ¿Es internet como esto? No, todavía es demasiado complicado entrar en un territorio en el que eres un extraño y quieres ser aceptado amigablemente. Todavía necesitas un teclado, instalar una aplicación, el protocolo. Es más sencillo de lo que era, pero aún no es invisible. Esto no es invisible (exhibe su teléfono inteligente), es muy complicado. He de ser capaz de decirle a internet: “¿Cuál es mi nombre, que lo he olvidado?”. Simplemente hablar y disponer. En cualquier lugar.

¿Habrá que tener un chip en la cabeza?
Algo de esto. Hay quien lleva un dispensador de insulina o un controlador de colesterol.

Uff…
¿Asusta, verdad?

Si ya nos quejamos y tememos que nos están vigilando…
Sí, ellos saben que estás aquí.

El caso Snowden, el exanalista que filtró el espionaje masivo al que Estados Unidos somete a los ciudadanos…
Piensa sobre esto. Tu privacidad ha desaparecido. Se la hemos dado hace tiempo. Pones tu nombre en la guía telefónica, usas tarjetas de crédito, móvil, y saben que estás aquí, cuándo has llegado. Tal vez te escuchan. De forma voluntaria les hemos entregado nuestra privacidad. No digo que sea bueno, pero la hemos entregado, poco a poco, para ganar otras cosas. Pero el punto primordial es que lo que nos gusta ha desaparecido, ya no tenemos privacidad.

¿Se puede dar marcha atrás?
No lo creo posible. La capacidad tecnológica está ahí, y las organizaciones quieren explotarla. Es como intentar parar el ciberterrorismo. Sólo tenemos noticias cuando se produce el daño. Pero ellos siempre van un paso por delante. Demasiado tarde para regresar a aquellos tiempos iniciales, cuando pedíamos a la gente que se uniera y se resistía. Lo hicimos muy fácil, pero todo el mundo se comportaba correctamente en aquellos días.

¿A Snowden lo ve como traidor o como un defensor de las libertades?
Es una sensación mixta. Me congratulo de lo que hizo porque esto nos ha permitido ser conscientes de lo que hace el gobierno, pero, tomando el punto de vista de los conservadores, no me gusta porque ahora tenemos la defensa más baja. Los militares siempre han de tener sus secretos.

Sí, y gracias a internet, incluso se lanzan los ataques con drones o aviones no tripulados.
Exacto. Creo que internet está en sus años juveniles, es como un adolescente, no respeta las normas, es desobediente, y estamos tratando de decirle cómo ha de hacer las cosas. Los adolescentes crecen y maduran, a veces mal, otras bien. No sabemos adónde va internet, se halla en un estado en que experimenta con todas estas flexibilidades.

¿Y cómo ve a ese adolescente?
Estoy muy afligido por ese lado oscuro, pero, por encima de todo, muy satisfecho de los que fuimos capaces de producir. Del hecho de que suponga una democratización porque todo el mundo tiene voz, consigue información, encuentra a gente, estimula el avance tecnológico en medicina o el terreno que sea. Es muy efectivo. Estoy satisfecho de estas cosas, de poder saber dónde está mi nieta todo el tiempo.

Mucho control en el espacio de la libertad.
Es una mezcla de sentimientos. Internet puede ser un elemento multitarea. Pero también es cierto que la interacción social se ha perdido.

En los restaurantes, los que comparten mesa están conectados a las pantallas, no hablan...
Cierto, no puedo creerlo.

¿Se siente culpable?
Cada tecnología tiene otra cara.

En su momento, hicieron su nota de prensa. Sin embargo, no se les dio a conocer…
No tengo reproches. La cultura de internet era compartir, pero no había dinero, no había negocio. Tuvieron que pasar más de 20 años para que se conociera. Tuvimos la gratificación de solucionar un buen problema de ingeniería y creamos algo que luego ha sido muy utilizado. Estas son las gratificaciones.

¿Se le puede llamar el padre de internet?
Nunca me he visto como el padre de internet. No hay padre, somos unos cuantos. Hay que entender que si yo no hubiera nacido, si ninguno de nuestro grupo hubiese nacido, se habría producido igual. Lo que iba a suceder estaba en al aire.

¿Pero…?
¿Fui yo quien tuvo esa visión en 1969? Te voy a leer una cita: “Será posible que un hombre de negocios de Nueva York se comunique instantáneamente con un colega de Londres y, usando un aparato no más grande que un reloj, le envíe textos, diagramas, fotos, mensajes, de una manera muy sencilla…”. Está describiendo internet.

¿De cuándo y de quién es?
Es de 1908, y el autor es Nikola Tesla. Fue mi referencia, un hombre brillante. Es uno de los inventores de la radio. Dicen que fue Marconi, yo creo que Tesla fue el primero. Aunque Tesla no se refirió al vídeo, la tecnología estaba lista. Se continuó hablando en los años posteriores. Habría sucedido. Ocurrió que nosotros estábamos aquí, con suficiente inteligencia para seguir el camino correcto.

Ha llegado hasta esto gracias a Superman..., que le descubrió su afición a la ingeniería.
Ja,ja, era un gran fan. Me gustaban los libros de cómics, y los que más, los de Superman. En uno de sus volúmenes se explicaba cómo construir una radio de galena. Me dije que la quería hacer. Y no suponía un gran coste, las piezas las podía encontrar en casa o en las calles de Nueva York. Tendría seis o siete años.

¿Funcionó?
Sin pilas, sin electricidad. Lo conecté todo y pude escuchar música. Fue mágico, todavía lo es. La radio es magia.

¿Internet es mágico?
Todo lo que se acciona en la distancia siempre es mágico. Por eso supe que quería ser ingeniero.

Un recorrido a pie por la ­his­toria.