Leticia Dolera “...Pero el presidente sigue siendo hombre”

El éxito de su ensayo contra el machismo ha convertido a la actriz, guionista y directora Leticia Dolera en una de las caras visibles del movimiento de las mujeres en España. Compagina el activismo con el cine y no piensa dar un paso atrás en ninguno de los dos ámbitos.

 

La primera sorprendida es ella. Leticia Dolera (Barcelona, 1981), mirada siempre alerta, verbo fácil, ha vendido más de 50.000 ejemplares de su ensayo Morder la manzana. La revolución será feminista o no lo será. Ello ha convertido a la hasta ahora actriz y cineasta en uno de los rostros y voces más destacados de la lucha por los derechos de las mujeres, a los que volverá a referirse, sin duda, en septiembre, cuando ejerza como pregonera de las fiestas de la Mercè de Barcelona.

Criada por su madre en un entorno no especialmente feminista, “donde lo importante era llegar a final de mes”, dice, inició su carrera en la serie televisiva Al salir de clase. Tras diversos papeles en cine y televisión –el más importante en [Rec] 3: Génesis, a las órdenes de su marido, Paco Plaza–, ha destacado como protagonista, guionista y directora de Requisitos para ser una persona normal, que le procuró una candidatura al Goya como realizadora novel.
Estrena en otoño ¿Qué te juegas?, comedia social centrada en el mundo de los monologuistas –“que también es feudo masculino”, precisa–, siguiendo instrucciones de la primeriza Inés de León. Mientras, trabaja en su nuevo proyecto como guionista y directora, Déjate llevar, serie que narra como diversas treintañeras en crisis perciben que su vida podría ser muy distinta de la que es.


¿Se ha reflejado en ellas?
Somos muchas las mujeres que estamos en ese momento en el que la vida todavía puede dar un giro tremendo; aunque eso no significa que no pueda ocurrir con otra edad. Pero, cuando te acercas a los 40, parece que los cimientos que has plantado deben sujetarte para el resto de tu vida, y no es así. Se trata de reflexionar sobre lo que significa saber quién eres, enfrentando los cambios y siendo capaz de dejarte llevar.

“Cuando te acercas a los 40, parece que los cimientos que has plantado deben sujetarte para el resto de tu vida, y no es así”

Ese cambio, en su caso, ¿lo marca haberse convertido su primer libro en un auténtico fenómeno?
Lo ha revolucionado todo. Antes de publicarlo pensaba que no le iba a interesar a nadie. Pero el público le ha encontrado valores de los que ahora soy consciente. Lo redacté como si nadie fuera a leerlo; es la mejor manera de superar la barrera del pudor. Se dice que si cuando escribes llegas a una página en la que cuentas algo que te hace sentir muy incómodo, esa es la que no hay que tachar.

Parte de lo que cuenta en su libro quedó obsoleto tras conocerse la composición del Gobierno de Pedro Sánchez (por la presencia femenina)…
Lo valoro como un gesto muy importante, pero también se trata de conquistar el terreno legislativo: que las leyes tengan una perspectiva de género. Y el terreno educativo, que no estemos silenciadas en los libros de texto. Y también está el terreno simbólico, la cultura. Qué duda cabe de que las ministras llevarán a cabo políticas feministas, pero el terreno de lo simbólico es muy importante, y no hay que olvidar que el presidente sigue siendo un hombre.

¿Qué piensa de quienes ven en este tema mucho postureo?
Que no son conscientes de la importancia que ha tenido el clamor de la manifestación del 8-M en la historia de este país. Llamarlo postureo es simplemente tratar de quitarle valor.

“Qué duda cabe de que las ministras llevarán a cabo políticas feministas, pero el terreno de lo simbólico es muy importante, y el presidente sigue siendo un hombre”


Hace dos semanas, Carmen Maura decía al Magazine que a ella le gustaría que la eligieran para un puesto porque lo mereciera, no por ser mujer.
Ya, pero es que a currículums iguales, el nuestro se mira mucho más. Es como los que dicen que el hombre que no es machis­ta no tiene la culpa de 20 siglos de desigualdad de género. Y es cierto, como lo es que hay una discriminación negativa hacia las mujeres, pero como no lo pone en un papel… Claro que hay que creer en las capacidades personales individuales porque si no, no tendríamos mujeres que han llegado donde han llegado. Lo han hecho porque han tenido un talento extraordinario, por encima de la media. Pero el problema ­cultural sigue existien­do. Es como aceptar que si cobras menos o no llegas a cargos directivos es porque no te lo curras bien. No es un problema individual sino colectivo. Hay estudios que muestran que ante el mismo currículum, si es de una mujer, se la considera una ambiciosa, y si es de un hombre, se le percibe como preparado para el puesto. Por eso creo en la discriminación positiva.

Parece que en estos días en algunas empresas no se contratan becarias para evitar “que nos compliquen la vida”. ¿No se ha producido el efecto contrario al pretendido?
La mejor manera de que nada se complique es no acosando a nadie. Me pregunto qué habría pasado si quien seleccionara a los becarios fuera mujer. Me parece escandaloso y habría que denunciarlo. Además, se da por hecho que los futuros compañeros de esa trabajadora son unos acosadores o que ellas van a mentir, cuando la realidad es que la mayoría no denuncia por miedo a perder el trabajo o por temor a que no las crean. No conozco a ninguna actriz que por denunciar una situación de acoso le hayan regalado una película; más bien al contrario. Basta de decir que nos inventamos cosas para conseguir algo porque lo que ocurre es que, al final, desconfían de nosotras. Es muy fuerte que en el imaginario colectivo prevalezca esta idea. Por eso es importante que los jueces tengan formación en temas de género; que conozcan cómo funciona el patriarcado.

Aun así, ¿no se les supone a los jueces unos saberes para analizar la sociedad por encima de la media de los ciudadanos? 
Creo que no es del todo culpa suya. Lo fuerte es que puedan juzgar casos de supuesta violación –creo que en el caso de La Manada, esto era así– sin que el sistema te obligue a tener una formación de género. Si has sido educado en la cultura machista, todos esos estereotipos los arrastras culturalmente. Deberían saber que, ante una violación, el primer consejo es no resistirse porque tu vida puede estar en juego. Por eso no te defiendes.

¿Se ha preguntado cómo se forma una “manada”?
No lo sé ni lo quiero saber. Pero ahora se está perdiendo el miedo a denunciar cosas que antes estaban debajo de la alfombra. 

“No conozco a ninguna actriz que por denunciar una situación de acoso le hayan regalado una película; mas bien 
al contrario. Basta de decir que nos inventamos cosas para conseguir algo” 


¿Imagina la vergüenza que esto produce a muchos hombres?
Si sirve para que, cada vez que uno entre en un chat o una web donde se cosifica a la mujer, esté concienciado y actúe contra ello, bienvenida la vergüenza. Ha habido cambios muy positivos, en varios sentidos, sobre todo en la crianza. Hay una mayor implicación de los hombres, aunque los datos insisten en que más del 95% de las personas que piden reducción de jornada para cuidar a sus hijos son mujeres. Es claramente insuficiente. Y a muchas de nosotras, no a las actrices, claro, nos siguen preguntando en una entrevista de trabajo si tenemos previsto tener hijos. Hay una diferencia clara, marcada por el parto. El resto del proceso puede y debe compartirse sin problemas.

¿Qué le impulsó a poner por escrito sus pensamientos?
Una noche salí con amigas y todas, antes de irnos a dormir, intercambiamos mensajes diciendo que habíamos llegado bien y si una no lo enviaba, nos rayábamos, temerosas de que le hubiera ocurrido algo. Pensé que esto los hombres no lo hacen. Eso, unido a artículos confusos aparecidos en prensa y comentarios en redes sociales que me dejaron claro lo poco que se sabe en realidad de la teoría feminista, que es un ámbito de pensamiento social y político complejo y serio. Pensé que todas estas cosas que estaba aprendiendo las iba a hacer llegar a la gente de manera sencilla para visibilizar nuestra lucha; para que todos sepamos cómo hemos llegado hasta aquí. 

Es escalofriante comprobar en su libro lo machistas que eran los grandes pensadores.
No se libra ni uno de los padres del pensamiento moderno. Ni Platón, ni Aristóteles. Cada uno tiene su pildorita machista. Esto es muy grave.

Y cuántos artistas (Bertolucci, Polanski, Allen...) se han visto envueltos en escándalos sobre abusos. ¿Ve su obra de otra manera desde que se han hecho públicas estas actuaciones?
Es complejo. Crear lleva implícito un punto de vista sobre las cosas. Tus principios morales, tu visión del mundo y de la vida van a empapar esa obra que después va a promover una reflexión en la sociedad. Los cuentos, películas, obras de arte construyen el imaginario colectivo de una sociedad. Pero, al final, siendo este tema muy importante, creo que el foco no hay que ponerlo en si vemos o no la obra de Woody Allen sino en por qué no sabemos cómo ve la vida la mitad de la población formada por las mujeres, y por qué cuesta tanto trabajo que su visión de cuanto nos rodea llegue a las pantallas. Lo verdaderamente importante es construir un relato cultural diverso como lo es la sociedad.
 

“El foco no hay que ponerlo en si vemos o no la obra de Woody Allen, sino en por qué cuesta tanto que la visión de las mujeres de cuanto nos rodea llegue a las pantallas”


Pero ¿vería un filme de Bertolucci sabiendo lo que sabe?
En una conversación entre usted y yo que no fuera una entrevista hablaría más en profundidad sobre este tema, pero insisto en que no hay que poner el foco en estos autores, de éxito, millonarios, sino en qué hacemos ahora para que las mujeres también contemos nuestra visión del mundo que es lo que enriquecería nuestra cultura.

Hace un par de años parecía que por fin las directoras se estaban haciendo espacio en el cine español…
Porque había dos mujeres nominadas a dirección y una a dirección novel. ¡Y decían que era el año de las mujeres! 

Cuenta en su libro que unas directoras de casting en Hollywood le preguntaron su edad y recomendaron que no la revelara ya que no la aparentaba...
Quiero pensar que a ellas no les gustaba lo que hacían, pero que trabajan en un sistema, que es lo que me estaban haciendo ver: cómo funciona. O no, porque ser mujer no te hace feminista. La cultura también nos hace machistas a muchas.

La directora Mar Coll, en la serie Matar al padre, cuenta la frustración y el estrés de un hombre al que se ha enseñado a proteger y cuidar de su familia por encima de todo, cuando no lo consigue. Tampoco esto es habitual en la pantalla. 
La directora y creadora es una mujer. Esto no es casual. Te lleva a tener otra mirada. Como nos educan distinto, también vivimos experiencias distintas.

Sin establecer comparaciones, ¿no cree que ese tipo de herencias culturales no le vienen bien a nadie, al margen del género?
Es imposible no hacerlo. Nosotras cobramos menos por el mismo trabajo, somos víctimas de agresiones y acoso, nos asesinan. Hay más de 100.000 denuncias de violencia machista al mes...

¿Alguna vez ha tenido que interpretar a una mujer florero?
Estoy segura de que no; ni una ama de casa tampoco. Sufridora, papel también generalmente adjudicado a la mujer, alguna vez, pero ahí hay dolor y, por tanto, cosas que contar y comunicar. Supongo que lo haría si no me quedara más remedio porque una cosa son las decisiones que tomas desde el privilegio y otras desde la necesidad. Esas no son libres. Es lo que ocurre con las prostitutas. Eso no se decide. A eso se obliga.

Ahora, al parecer, el mayor instrumento para la crítica son las redes. ¿Qué papel tienen en la desigualdad de género? 
En este momento de ola feminista histórica, las redes sociales están siendo muy importantes porque nos permiten comunicarnos entre nosotras, conocer los testimonios de otras mujeres y decir “no estoy loca, no es una cosa mía”. Y ver que las cosas no le ocurren sólo a tu vecina sino que en Rusia si pegas a tu mujer un día al año solamente no pasa nada. Nos sirven para empoderarnos y ver que están pasando las mismas cosas en todas partes. Esto te refuerza.

“Interpretaría a una ‘mujer florero’ si no me quedara más remedio, porque una cosa son las decisiones que tomas desde 
el privilegio y otra desde la necesidad”


Si supiera que una compañera actriz ha sufrido un caso de acoso sexual, como el de Salma Hayek, por ejemplo, ¿lo denunciaría?
No; no puedo denunciar algo que no me ha pasado a mí, por respeto a la otra persona. Si hay casos aquí como los de Salma los desconozco. Casos de abuso de poder con una actriz, sí. Es como pensar que como somos progres no va a pasar. El machismo es transversal, de izquierdas, derechas y de arriba abajo.

Narra en el libro las trabas cuando llamas al teléfono de asistencia contra malos tratos. Es muy preocupante.
Es muy difícil, por eso es una vergüenza que se use a la ligera el argumento de las denuncias falsas. Acusar implica un acto de valentía brutal, luego, te sometes a pruebas, interrogatorios, tienes que llevar testigos. No acaba alguien acusado con sentencia en firme por maltrato de una forma sencilla. Cuesta muchísimo demostrarlo. Y luego está el gran tema importante de la independencia económica. Si dejas la vida profesional para dedicarte a tu casa y luego te quieres separar, ¿de qué vives? No puedes decirle a una mujer que denuncie, que no está sola y luego no acompañarla en todo el proceso. 

Faltan herramientas, a su entender…
O las tenemos, pero no las sabemos utilizar. Ocurre en muchos ámbitos; en el tema catalán sin ir más lejos. Aunque estoy esperanzada con esta fase de diálogo que se ha abierto y que no debe plantearse como un tema de vencedores y vencidos. Como en las relaciones entre géneros, en esto también estamos destinados a convivir quienes pensamos distinto. No estamos en guerra. Pero se ha llevado al terreno de la emoción y creo que no nos escuchamos; que está siempre presente ese “no eres de los míos”. Si una mitad piensa una cosa y la otra mitad otra, habrá que llegar a un acuerdo. Pero soy optimista. En esto, al menos.

Dolera en la película [Rec] 3: Génesis y en Requisitos para ser una persona normal, de la que también hizo el guion y por la que fue candidata a un Goya como realizadora