Luis Tosar "Me indigna la impunidad”

Carismático y todoterreno, el actor Luis Tosar (Lugo, 1971) vuelve a convencer en la piel de personajes de compleja vida interior, los protagonistas de sus dos últimos thrillers: el atracador entre corruptos de 'Cien años de perdón' y el tipo metido en conflictos con la mafia de 'Toro'. Mientras, disfruta de su reciente paternidad y sigue de cerca la imprevista realidad política del país.

En pantalla impresiona su mirada y ese halo de autenticidad con el que envuelve sus personajes, seres complejos. Fuera de ella, desprende un aire de tipo honesto, consecuente. Elegante, viste traje y camisa negra; se mueve con gestos suaves, casi felinos, y habla con tono cordial, sin prisas y sin derrochar palabras de más. El actor, productor y músico gallego recibe al Magazine en un descanso de su rodaje para la nueva campaña de Voll Damm. Se prodiga poco en publicidad, pero esta vez le ha convencido el estilo de la marca y la atmósfera cinematográfica del spot, envuelto en suspense. Que el director sea Daniel Monzón, con quién filmó las exitosas Celda 211 y El niño, ha sido “la cuadratura del círculo”.

A sus 44 años, Tosar no conoce la crisis del sector. A un ritmo de tres películas al año, se ha convertido en intérprete indispensable del cine español con sus dos décadas de profesión, desde su debut como el actor más joven del Centro Dramático Galego, en 1994. Comenzó con teatro y televisión en su tierra y de ahí dio el salto a un cine que pronto le consagró, con una cartera de personajes donde abundan los malos con carisma y los buenos con conflicto. Como los que han puesto el Goya en sus manos: la víctima del paro en la premonitoria Los lunes al sol, el maltratador de Te doy mis ojos y el impactante preso Malamadre de Celda 211. Ahora saborea la estupenda acogida de Cien años de perdón, el nuevo filme de Daniel Calparsoro que la propia realidad del país promociona, al coincidir con la corrupción que aflora en Valencia, el mismo entorno de la trama.

“Con el tiempo aprendes a poner los elogios en su sitio y a no volverte un egomaniaco. Es un entrenamiento saber gestionar esos momentos en que todo gira en torno a ti, a lo que tú haces”

No es extraño sentir empatía por esos atracadores que roban a los corruptos.
Es comprensible, con lo que ocurre en este país, que el espectador sienta una especie de justicia poética ante un atraco que acaba poniendo en jaque al poder corrupto.

Es su primer estreno desde que fue padre, en diciembre, de un niño, León, con su pareja, la actriz chilena María Luisa Mayol. ¿Qué tal la experiencia?
Aún estoy de subidón, en una nube. Y espero estarlo mucho tiempo, ja ja. Lo disfruto muchísimo. Se me da bien, la verdad.

¿Le apetece frenar un poco el ritmo? Lleva un promedio de tres películas por año.
Sí, tengo menos ganas de ajetreo. Hice un parón desde buen tiempo antes de que naciese. Me lo programé mucho para estar liberado y vivir de cerca el proceso. He estado muy proparto, ejerciendo. Ser padre es algo que siempre tuve en mente, pero nunca surgió de modo tan claro. Ahora vino como un poco más de sorpresa, pero era un deseo que ya estaba en mí. Y agradezco ser un padre tardío. A mi edad eres más consciente de todo. Estás más tranquilo, menos pendiente de ti mismo.

¿Ha aprendido a gestionar el éxito? Tanto elogio puede confundir...
Con el tiempo aprendes a relativizar y a colocar los elogios donde tienen que estar. Es un entrenamiento. Hay momentos de saturación. No es que te vuelvas un egomaniaco necesariamente, pero sí sientes que todo gira en torno a ti, sólo se habla de lo que tú haces. Y la vida tiene otras facetas.

Eso, si se tiene la sensatez de detectarlo...
Yo he tenido suerte en eso. La fama ha ido surgiendo de un modo natural, gradual. No tuve un desembarco fulgurante que no pudiera digerir. Cuando empecé a ser cono­cido ya llevaba tiempo trabajando en esto. Lo que sí es cierto es que el éxito de Mareas vivas en la televisión gallega fue una locura para Luis (Zahera, mi colega) y para mí. Veníamos de hacer televisión, sketches, desembarcamos en la serie y de la noche a la mañana, literalmente, en el pri­mer episodio, nos convertimos en los tipos más famosos de Galicia. Eso sí fue muy raro.

“Es apasionante la situación política actual. Un proceso inédito y creo que positivo, siempre que no se prolongue. Hasta ahora los políticos no habían tenido que esforzarse, todo era sota, caballo y rey”

¿Venía de una juventud tranquila?
Bueno, era un chaval muy inquieto, no gamberro ni rebelde pero sí andaba metido en algún liete, algo inevitable porque entonces se andaba mucho en la calle, más que ahora, y todo era más caótico, más descontrolado. Me gustaba el breakdance, teníamos una banda y bailábamos con esos pantalones de camuflaje. Íbamos a fábricas abandonadas… De repente aparecía la policía, pero vaya, no era delincuencia, éramos buena gente. Y yo era buen estudiante.

Ya le gustaba la acción, como en sus últimos filmes....
Iba buscando mi lugar, era inquietud juvenil. Me gustaba mucho la música. Hasta que Mavisa, mi profesora de literatura, me enfiló hacia el teatro. Era un instituto femenino y nosotros, la primera generación de chavales. Fue fantástico. Ahí ya tuve claro que iba a probar en serio lo del teatro. Seguía con la música, tenía una banda, pero vi que se me daba mejor lo de actuar.

Optó por la interpretación, en teatro y cine, y fue encadenando trabajos y premios. Pero no aparcó la música, con su banda de rock, Di Elas, y editó disco en el 2011. Por eso sus amigos le llaman “doña Perfecta”…
¡Ja, ja! Eso es cosa de este cabrón de Luis y de Antón Reixa, se juntan los dos y me llaman así, con cachondeito. Pero yo sólo hago dos cosas más o menos bien, me defiendo actuando, cantando y tocando la guitarra. Luego, ¡del resto no tengo ni idea! Si me preguntan ¿cómo dibujas? Pues fatal…Ni soy muy deportista tampoco…

¿Ni aficionado al fútbol?
No soy futbolero, a veces veo partidos pero me interesa más como fenómeno social, seguirlo a través de los medios. Me fascina el mundo de la comunicación, sigo el día a día de los medios, los diarios (aún en papel), los informativos, me gusta ver cómo la gente se maneja, especialmente en política.

Estará disfrutando con la actualidad…
Sí, ahora es una gozada.

¿La nueva política? ¿Qué va a pasar?
¡Ese es el problema! Ja, ja... ¿Quién lo sabe? Es muy difícil saberlo. Es una situación muy inédita, imprevisible, y que está bien que pase por fin. Es un proceso que había que vivir. Hasta ahora siempre había sido un sota, caballo y rey. No se tenían que esforzar. Ves estos días los debates en el congreso y jamás habían estado tan nerviosos, defendiendo posiciones de una manera tan fuerte. Deben ganarse más a la gente. Es la era de la comunicación total y eso se nota en los que se han quedado un poquito atrás y los que vienen ya sobrados.

Tiene cosas de vieja política también. Al final acabará pasando lo de siempre, deberán moverse dentro de unos parámetros. Sí creo que hay un aspecto chulo en el mundo de Podemos. Veo una cierta recuperación de ideología, algo que a algunos les parece trasnochado. Pero creo que es interesante. Lo otro, lo de siempre, es pura gestión, neoliberalismo, una cosa ya plegada a unas normas que ni siquiera dictan los políticos de aquí, son dictadas a nivel universal. Está bien que haya cierta rebeldía, cierta defensa. Sin olvidar que también hay mucho ego por ahí suelto, también entre los nuevos.

¿Qué le parecen?
Rivera e Iglesias me parecen tipos muy interesantes a priori. Yo seguramente estoy mucho más cerca de Podemos que de Ciudadanos. Pero de Rivera me gusta que sea asequible al menos a la hora de comunicar. No sé si después todo esto tendrá una trastienda más peligrosa, pero de momento expone las cosas desde otro lugar, no hay ese “cierren filas”, esa vehemencia que ha tenido la derecha española habitualmente. Y el PSOE, que está en un lugar tan indefinido que da algo de miedo, hay barones y baronesas que ya no saben dónde están. Hay demasiado feudo ahí, y es hora de que los feudos se rompan. Los gallegos hemos estado históricamente en un feudo del PP. Y Andalucía, en el del PSOE. Eso no puede ser bueno.

O sea la situación le parece positiva.
Está bien que deban espabilarse, en general, que se muevan un poco los cimientos. La incertidumbre es buena en ese sentido, aunque no debería alargarse porque, mientras, hay demasiados asuntos sin resolver.

“Rechacé actuar en ‘Juego de Tronos’ porque no me gusta la serie y no me apetecía nada hacerla. Pero no debí explicarlo, porque sus fans me lo siguen preguntando. Es una tortura total”

En todo este embrollo, ¿qué le parece la actitud de Rajoy?
Es un superviviente nato, un tipo peligroso en ese sentido. No sería raro que saliera a flote de nuevo. Pese a lo que dicen, es un tipo listo, tiene que serlo para aguantar de ese modo. Debe tener aguante y seguridad en sí mismo para no dar la cara cuando todo el mundo lo espera, sabiendo que tu jugada está en otro lugar. Es estrategia.

Hace años fue muy activo en diversas causas. Contra la guerra de Iraq, la gestión del caso Prestige y en las listas del Bloque Nacionalista Galego en varios comicios. Luego se desencantó. ¿Por qué?
Me di cuenta de que no era lo mío, el aparato político no me interesa como individuo. Vi que ese no era mi camino, que yo no era muy útil, me sentí incómodo. Era una responsabilidad que no quería asumir, no siendo político. Al estar en un mitin y ver a gente que asiente a lo que dices, me daba la impresión de que por ser conocido arrastaba a gente hacia un lugar cuando en realidad yo no iba a estar ahí. Estaba apoyando pero no me iba a dedicar a aquello. Y me pareció poco honesto. Además, en principio parecía que aquel movimiento social, de protesta, podía quedar en nada; sin embargo acabó cuajando y materializándose en Podemos y en cambios en Izquierda Unida, con Garzón, para regenerar un partido que caía en picado.

¿Sigue siendo nacionalista?
Galicia es una nación, soy galleguista pero nunca he sido independentista, no creo que tenga sentido separar más. Sí creo que debería haber una convivencia más armónica y más evolucionada. Y que no haya manipulación política. Todo se envenena por los políticos. La gente no es muy consciente de lo que se cuece. Los ciudadanos están un poco engañados. Es peligroso porque calientas el ambiente, la gente se cree mensajes políticos que no son ciertos. Por ejemplo con el catalán. Gente que no ha estado en Cataluña se cree que sólo te hablan en ese idioma. Eso se extiende y crea malestar, irritación, un prejuicio que a priori no debería existir. Es triste ver que la convivencia es buena entre la gente y en cambio la proyección es un engaño. Y eso, bueno, a este nivel no pasará nada, pero ese mismo modo de pensar existe en otros lugares con conflictos reales. Por suerte aquí estamos con el tema de la multiculturalidad, pero si empezáramos, como en otros países, con la cuestión de la raza, eso sí sería peligroso.

¿Qué le indigna del mundo actual?
Me rebela la impunidad, que las cosas pasen y todo siga igual. Bombardean un país y no pasa nada. Nunca hay un culpable. Las cárceles están llenas de gente que no da para mucho más. Allí hay más tontos que malos. Y no hacemos nada, con todo lo que ocurre. Es una sociedad de control. Se ha logrado que estemos controlados, algo atemorizados. La gente no arriesga, porque hoy lo tiene muy jodido. Tú pierdes un puesto de trabajo que ya de por sí es una mierda pero... ¿cómo consigues otro? Hay miedo. Es la era de la comunicación total, tenemos todos los instrumentos para estar conectados y sin embargo el individualismo campa a sus anchas. Hablamos menos, sentimos menos, porque un aparato no reproduce igual los sentimientos, y la relación se empobrece.

Le veo poco entregado a las redes sociales.
Son una locura. Todo el mundo opina y a la hora de la verdad es difícil que te digan lo que piensan. No soy nada tecnológico. Nunca me busco. Al principio, tuve la ­tentación y lo pasé mal. Y luego nadie me ha dicho nada a la cara. Por algo será.

Dos décadas de carrera. ¿De qué se siente más orgulloso?
De todo. De cada día. Hay cosas que ahora no las haría, pero en realidad son parte del viaje y son positivas para darte cuenta de lo que no hay que repetir. Creo que he tenido mucha suerte y buen ojo.

¿Volvería a rechazar Juego de tronos?
¡Buf! Joder, no tenía que haber explicado que dije que no. Es una tortura total. Esa serie tiene fans tan entregados que me lo siguen preguntando. No me gustaba la serie y no me apetecía nada. Y eso no es una cuestión baladí, porque yo somatizo mucho.

¿Qué le ocurre?
Cuando he dicho que sí a algo y realmente no quería hacerlo lo paso muy mal, me pongo enfermo, me salen dermatitis… Recuerdo cuando empezaba, que tuve que hacer un montón de trabajos puramente alimenticios. Hubo un momento en que me dio una parálisis facial.

¿Fue cuando consultó a unas meigas?
Bueno, eso lo hizo un amigo, que les llevó una camiseta mía para que me fueran mejor las cosas. Y mejoraron. No soy muy proactivo, pero sí creo en la mala energía. Si alguien está muy empeñado en que te vaya mal, mejor no tenerlo cerca. O activar mecanismos para defenderte. Las energías fluyen, algo hay que nos alimenta.

¿Es creyente?
No, pero sí creo que hay algo inexplicable en la existencia humana. Una especie de alma, algo más allá que lo puramente físico. Si no, no ocurrirían cosas como la intuición. Eso que te hace sentir...: “Humm, esta persona no me da buena onda”. A mí eso me ocurre con gente. Y le hago mucho caso. Incluso he luchado un poco contra la educación en general, que te anima a ignorar esas cosas y seguir lo racional. Yo me he fiado de mi intuición y me ha ido bien.

Le describen como honesto, sensible, consecuente. ¿Dónde se reconoce más?
Me reconozco en todas las descripciones y en ninguna. Todos somos complejos. La gente te define en el momento en que te conoce. Y no siempre estás en el mismo lugar emocional. Según el filme y el personaje estás más chistoso o más introspectivo. Si es un drama, mientras dura el proceso te sitúas en lugares emocionales que habitualmente no visitas, rebuscas en recuerdos o te documentas viendo cosas terribles. Por mucho que hagas el ejercicio de desprenderte de eso, te afecta.

Apetece verle en un papel cómico.
Pues sí, pero es cuestión de que ofrezcan algo que me guste. Si yo no me río, no la hago. En teatro sí he hecho comedia y cabaret. En cine sólo me gustó Inconscientes y ahora tengo un proyecto que espero rodar.

¿Y Hollywood tampoco le seduce?
No especialmente. Ya curré para Michael Mann y Jim Jarmush. Es que no me convence lo que me ofrecen. Si surge, ya veremos. Yo no planifico demasiado. Lo que sí creo que no me va a apetecer es marchar, instalarme allí. Y menos ahora, con el niño.

¿Cuál es su próximo personaje?
Un militar célebre, Martín Cerezo, en Los últimos de Filipinas, de Salvador Calvo. El rodaje empieza en mayo. Es la historia del batallón de unos cincuenta tipos que resistieron, en la iglesia de Baler, en Filipinas, casi un año sin enterarse de que había acabado la guerra y que la corona española había vendido la colonia a Estados Unidos. Me hace gracia, por lo absurdo, esa cosa tan española… El aparato del poder ya está en otra y unos tipos aún siguen luchando por la patria... hasta que caen de la burra.

¿Cuándo habrá nuevo disco de Di Elas?
Cuando podamos ensayar otra vez. Hace cuatro años del disco y la gira, se acabó un ciclo y ahora necesitamos tiempo para crear material y volver. Pero pasará, seguro.