Macarena Gómez “Soy una chica intensa”

Lejos de la vis cómica que le ha dado popularidad, la actriz cordobesa Macarena Gómez exprime su talento dramático en su último filme, Musarañas. Un thriller de encierro y desequilibrio, con tintes gore, al estilo de su productor, Álex de la Iglesia.

Vestido M de Missoni. Diadema Isidoro Hernández. Sortija con ónix Pesavento y En oro blanco, Carrera y Carrera. Colgantes Daniel Espinosa

Tiene la mirada más hipnótica del actual cine español. Unos enormes y ojerosos ojos verdes capaces de transmitir una profunda indefensión y, sólo un instante después, convertirla en un ser trastornado y aterrador. Macarena Gómez (Córdoba, 1978) se define como una chica intensa, amante del riesgo y los retos, volcada en cuerpo y alma a su carrera e inescrutable a la hora de definirse en cuestiones políticas o religiosas. De padres médicos, se formó como actriz en Londres y desde que Benito Zambrano la descubrió en Padre Coraje, no ha parado. Su alocada Lola de La que se avecina la ha hecho popular, pero la desquiciada Montse, el papel que borda en su nuevo filme, Musarañas, dará que hablar. En esta historia asfixiante, situada en la España de los años cincuenta y dirigida por los debutantes Juanfer Andrés y Esteban Roel, la actriz cordobesa reina a sus anchas, dominando cada secuencia.

Lo hace dando vida a una enferma de agorafobia que vive recluida con su hermana, a la que cuida (Nadia de Santiago) hasta que la aparición de un hombre (Hugo Silva) en su madriguera la desestabiliza por completo. Su presencia, estremecedora, en la estela de Bette Davis en Qué fue de Baby Jane o el filme Misery, confirma el talento de esta menuda y resuelta cordobesa de 36 años.

Las críticas elogian su trabajo. ¿Da el salto con este papel?
Es el personaje más maravilloso que he tenido, creo que lo he hecho muy bien, pero debo reconocer que el papel estaba muy bien definido en el guión. Un actor mediocre con un buen guión y una dirección cuidada puede brillar. Me ilusionan los elogios. Sin embargo, he hecho otros papeles que para mí han sido grandes pero la gente no se ha quedado con ellos. Cuando vi la película montada me sorprendí, ¿tanto salgo yo? No tenía esa conciencia al rodar. Y eso que estoy en pantalla en el 80% del metraje. Es mi papel con más presencia, pero soy prudente.

Prudente y entregada a la causa, a juzgar por su productividad. En 13 años, ha trabajado en 26 filmes, 7 series, 22 cortos y 2 obras teatrales, la última una tragicomedia de Lope de Vega que “me imponía mucho” y que compaginó con el rodaje de la octava temporada de la exitosa teleserie.

“Mi carrera es el motor de mi vida. Me da felicidad y eso hace que reparta amor entre mi gente. Yo creo que el trabajo es lo prioritario para el ser humano, para su autoestima”

No le afecta la crisis.
Soy muy afortunada, por ahora. Pero también muy trabajadora. En épocas de parón acepto todos los cortos habidos y por haber, algunos no remunerados. Este trabajo me apasiona y si puedo hacer algo, lo hago. Conoces gente, aprendes y nunca se sabe...

Una puerta abre otra.
Así es. Álex de la Iglesia, por ejemplo, me ofreció Las brujas de Zurragamurdi tras verme en un corto de Zoe Berriatúa.

Una vez dijo que es actriz para jugar. ¿Lo sigue sintiendo así?
Me sigue divirtiendo, sí. El proceso cuesta, a veces es difícil, pero sigo jugando.

¿Cuándo despertó ese deseo?
A los 4 años mi madre me apuntó a ballet, y ese fue el primer impulso que me llevaría a ser actriz. Porque al bailar expresaba mis emociones. Mi profesora decía que interpretaba. La gota que colmó el vaso fue ver El último mohicano. Me quedé prendada de Daniel Day Lewis y me dije: quiero ser como él.

Y se puso manos a la obra…
Querer es poder. Puedes conseguir lo que te propongas, con ganas y trabajando mucho. Mi carrera es el motor de mi vida.

¿Prioriza el trabajo ante todo?
Me da felicidad, y eso hace que reparta amor entre mi gente. Yo creo que el trabajo es lo más importante en el ser humano, aumenta la autoestima y hace que la gente sea feliz.

Su mirada, tan expresiva, juega a su favor.
De niña, mi padre me dijo que tenía una mirada subyugadora, adhesiva y penetrante. Me quedó clavadito en la mente. Y me dije: voy a aprovecharme de ella. Es mi mejor arma, sí, mi forma más sincera de comunicar.

¿Cómo se definiría?
Muy vulnerable, susceptible, y a la vez muy extrovertida. Pero con un punto de introversión. Amigos míos me dicen que me pongo una máscara. Yo creo que me paso todo el día interpretando. Bueno, eso nos pasa a todos en el día a día. Hay cierta contradicción con mi apariencia, más fría de lo que soy. Soy, en fin, una chica intensa.

Amante del deporte de riesgo…
Es que en la vida hay que experimentar cosas nuevas. Si no…menudo rollo. Me dicen que me gustan los personajes extremos, pero es que me gustan los retos. En la vida, tirándome en paracaídas, buceando, y en el trabajo. Soy una chica intensa.

¿Drama o comedia?
No soy actriz de género. Ahora me apetece más el drama, es un reto mayor para mí. Obliga a explorar en uno mismo, indagar en tu sufrimiento. Lo que a veces se convierte en una catarsis.

¿Cómo construyó su papel de Musarañas? Una mujer atormentada, víctima y verdugo
Un psiquiatra amigo de mi padre me explicó sus trastornos,  sus reacciones. Intenté no caer en una caricatura, poner verdad y emoción. No he vivido esos síntomas, pero sé como se ama y se odia con intensidad, como le ocurre a ella. Todos conocemos esas emociones. Así que recurrí a mi memoria sensorial.

“Me ha costado mucho adaptarme a la popularidad. No me interesa la vida privada de los demás y nunca he sido fan de nadie. Siempre he sido muy discreta. Me han educado así y no comprendo lo contrario”

El objeto de su amor-odio es un Hugo Silva a lo James Stewart en La ventana indiscreta, en versión gore. Todo un tsunami para su frágil mente.
Mis escenas con él me sorprendieron a mí misma como actriz. Sus miraditas pícaras desde el lecho donde está inmóvil me ruborizaban de verdad, me sentía perdida, y lo transmito muy bien. Él estuvo muy generoso.

El filme rompe el esquema clásico del género: aquí la mujer es la fuerte, el hombre, el débil. ¿Y en la vida real?
Las mujeres somos más listas y damos mil vueltas a los hombres. Somos más inteligentes y más fuertes, pero el hombre es más bondadoso. De hecho, yo tengo más amigos que amigas.

¿Aficionada al género de terror?
Muchísimo. Empecé tarde, a los 25, antes me daba miedo. Fui con mi madre a ver Los sin nombre, de Balagueró. Me enganchó.

¿Cómo lleva la popularidad?
Al principio me impactó. No entendía que me pidieran fotos. Me ha costado mucho adaptarme, y saber que hay gente que quiere saber de mi vida. Siempre he sido muy discreta. Hasta con mis amigos. De pequeña ni se me ocurría preguntar a una amiga si tenía un ligue. Pensaba: si quiere, ya me lo contara.

Sin embargo, desde su boda con Aldo Comas –a la que llegaron en paracaídas–, y de asistir al enlace de Andrea Cashiraghi, amigo de su marido, se han convertido en pareja mediática. ¿Cómo lo lleva?
Ni se me pasó por la cabeza que los fotógrafos se plantaran en mi boda. Me quedé de piedra. Yo no hablo de mi vida privada. Sólo puedo decir que soy muy feliz con mi marido y mi familia. No me interesa la vida privada de los demás, me han educado así. Nunca he sido fan de nadie.

¿Le preocupa el mundo actual?
Yo nunca hablo de religión, de política ni de dinero.

¿Ni alguna idea sobre cómo mejoraría la sociedad?
No, eso lo hablo con mi gente…

¿Qué le falta al cine español, además de dinero?
Es que creo que sólo le falta dinero. Tenemos grandes talentos. Con más dinero se haría más, pero el 2014 ha sido un año muy bueno. Me da mucha rabia esa gente que no se fía del cine español. Estados Unidos también hace bodrios, pero muchas veces esos ya no llegan aquí.

¿Cuál será su próximo trabajo?
Hasta que firmo, no digo nada; puede ocurrir de todo. Tengo dos guiones para leer. Y alguna cosa que ya se verá.