Marc Gasol “La segregación persiste, pero el deporte une”

Marc Gasol disfruta del mejor momento de su carrera en una ciudad que lo idolatra hasta el punto de nombrarle “Memphian of the year”. Familiar, alejado del marketing y con inquietudes más allá de la canasta, el catalán analiza el ascenso de Donald Trump y fantasea con cruzar el Atlántico en un velero cuando se retire.

Marc Gasol, estrella de la NBA, atiende a unos fans de los Grizzlies en el FedEx Forum. El de Sant Boi levanta pasiones en Memphis 

Jason tiene treinta y largos. Va vestido de negro. Luce con orgullo un tupé inspirado en los años cincuenta y esconde los ojos detrás de unas gafas de sol Ray-Ban. Jason pretende hacer creer a los visitantes que está entusiasmado con su trabajo, pero como protege su mirada no es fácil averiguar si es cierto o no. “¡Aquí nació el rock & roll!”, proclama a todo volumen. Jason hace de guía en los legendarios Sun Studio de avenida Union, en Memphis, conservados hoy tal como eran. Aquí grabó sus primeras canciones Elvis Presley. Al final del recorrido, Jason se gana unos dólares más de propina. A Jason le gusta Marc Gasol.

En el club B.B. King de la mítica Beale Street, Kerry, camarera de gesto melancólico en sintonía con la ciudad, sirve una cerveza. También va de negro. Es martes por la tarde, de modo que hay poca clientela. La carta está llena de platos hipercalóricos. Sandwiches de hamburguesa, pollo, ensaladas XL con todo tipo de salsas y siempre todo acompañado de una generosa ración de patatas fritas que pide a gritos un chorro de ketchup. Afuera se mezclan las notas de soul, blues, rock y jazz escupidas desde los estómagos de los distintos clubs, bares y restaurantes que compiten para atraer a nuevos parroquianos. A Kerry le encanta Marc Gasol.

“De niño no era muy soñador, pero sí recuerdo que el baloncesto era mi sitio, donde me sentía mucho más cómodo que en la clase. En el colegio no era popular, era el niño que jugaba a basket”

Craig Brewer es director de cine. En el 2015 elaboró un emotivo vídeo con el que trataba de convencer a Marc Gasol para que no abandonara los Grizzlies. En él aparecían hombres, mujeres, niños, ancianos, blancos y negros, ricos y pobres, todos habitantes de Memphis, rindiéndole tributo. No les traicionó. “Elvis no nació en Memphis, pero a ver quién es capaz de decir que no es de allí. Lo mismo pasa con Marc, que no naciera aquí no significa que no sea de aquí”. La frase es del cantante Justin Timberlake, natural de la capital de Tennessee.

Marc Gasol cita a Magazine en el café Bluff de Main Street. Su imponente figura (2,16 metros) sale del interior de un Tesla deportivo, cien por cien eléctrico. Entra en el local, y varios clientes le saludan cariñosamente. Antes de mudarse a los suburbios con su mujer y su hija, vivió unos años en un apartamento cercano. Gasol forma parte del paisaje. Llegó aquí por primera vez acompañando a su hermano Pau en el año 2001. Era un adolescente. Le impresionaron los camiones y las autopistas de siete carriles. Media vida después (tiene 32) él es quien ha acabado impresionando. Su compañero Tony Allen lo bautizó Big Spain. Participará de nuevo esta semana en el All Star. Se lo ha ganado. Es uno de los mejores jugadores de la NBA.

Hay una jugada suya reciente en la que anota un triple complicadísimo en los últimos segundos y lo celebra bailando sobre la pista. Su imagen es la de un tipo que ha logrado su objetivo: trabajar en lo que le gusta y, además de eso, disfrutar.
Fue todo muy espontáneo. Dos días antes en el hotel habíamos visto por televisión con los compañeros pelear a Conor McGregor, un luchador un poco estrafalario, y me salió imitar su baile. A los 20 años no me hubiera atrevido a hacerlo. Quizás, en algún extraño sentido, es una prueba de madurez.

Los periodistas lo llamaron el “Spanish McGregor walk”. Su integración en el mundo de la NBA es absoluta.
Me siento parte de la familia NBA. Son nueve años aquí y notas el respeto de los compañeros, de los árbitros, de las franquicias, de la liga…

Su inglés parece nativo…
Si me escuchara ahora mi profesora de inglés cuando iba al colegio, en Sant Boi... Se llamaba Loli. Yo era muy malo para el inglés. Cuando llegué a Memphis por primera vez con Pau y la familia apenas era capaz de decir dos palabras.

¿Le gusta reflexionar sobre lo que ha conse­guido desde que era un niño al que simplemente le gustaba el baloncesto hasta convertirse en una estrella de la NBA?
Reflexiono mucho, pero no me voy tan lejos. De hecho, no era muy soñador de niño. Me gustaba mucho el basket, eso sí, y recuerdo que el sitio donde me sentía cómodo, mucho más que en la clase, era jugando en la pista, allí podía sentirme realmente yo. No era ni mucho menos alguien popular en el colegio. Era el chico que jugaba a basket.

“A 20 metros de esta cafetería asesinaron a Martin Luther King. Ahora es la sede del museo de derechos civiles. Memphis representa más la América real que Nueva York”

¿Siente todavía esa misma devoción primigenia por el baloncesto?
Sí. En verano con los amigos me lo paso bien jugándolo. El baloncesto ha sido y sigue siendo un juego para mí.

Tiene usted a la ciudad de Memphis enamorada. Le han elegido “Memphian of the year” sin haber nacido en la ciudad. Lo justificaron así: “Marc Gasol no es de Memphis, es Memphis”.
Eso fue un poco exagerado, pero realmente me siento muy identificado. Aquí no hay muchas luces de neón ni glamur como en otras ciudades americanas, aquí vive gente trabajadora, es una ciudad de mucha segre­gación, y el baloncesto sirve para unir. Si miras nuestro equipo, todos venimos de lugares muy distintos y luchamos por un objetivo común, y a nuestros fans les pasa igual. Aquí ves el poder real del deporte.

Memphis tiene sombras…
A 20 metros de esta cafetería donde estamos mataron a Martin Luther King. Ahora es la sede del museo de los derechos civiles. Es un hecho de una gran carga simbólica. La segregación persiste.

Participa usted en servicios comunitarios.
Este mes fuimos a repartir comida a gente que no tiene hogar.

¿Por qué lo hace, porque se lo piden, por contrato, porque le sale de dentro?
Lo hacemos como equipo. Porque nos gusta y porque llevamos muchos años en Memphis. También hemos ido a construir casas de bajo coste para personas que no pueden permitirse una inversión así.

¿De qué fue usted responsable?
De los tablones exteriores para cubrir las paredes y de levantar una columna. A otros les tocó instalar ventanas… Ese día pasamos mucho calor, pero fue lo de menos. Fue muy gratificante. Mire, en Memphis no pasan muchas cosas, y nosotros intentamos estar a la altura.

Es como si se sintiera en deuda con esta ciudad.
Me dio la oportunidad, fueron los primeros que mostraron interés por mí cuando no tenían por qué y ha funcionado. Siento que les debo algo, sí.

“Los principios de Donald Trump no encajan con los de la NBA ni con el mundo actual, pero ha sido el más votado. Hay que mostrar respeto y tolerancia. Vamos a ver qué pasa”

Guardando las distancias, ¿su debilidad por Girona también va por ahí?
Es la ciudad que me dio la primera oportunidad de jugar a baloncesto. Tanto en Girona como en Memphis he tenido experiencias fuera de lo profesional, he entablado relaciones con personas e instituciones, es un vínculo que me hace sentir especial dentro de la comunidad. Empecé allí y se lo debo.

Tiene usted un elevado sentido del compromiso.
Sí, lo vivo así. Trato de ser una persona muy leal. Voy a muerte con quienes confían en mí.

Tienen algo de romántico, incluso de ­pasados de moda, ese tipo de principios morales en el deporte de élite actual.
No le veo mérito a eso. Lo hago por corazón. Vivo bastante alejado del marketing. No me siento explotado en ese sentido, llevo yo mismo mis redes sociales, aunque he tenido miles de ofertas para delegarlas. Soy muy libre en ese aspecto.

Pero da la impresión de que la NBA necesita estrellas que actúen como tales…
Si te dejas. Hay un producto luminoso que hay que vender, pero, diseccionado desde dentro, la verdad es que mi trabajo es más sencillo de lo que puede parecer. Hay alguna obligación, el resto depende de ti.

Hablando de redes sociales, usted en un tuit hizo referencia a Johnny Cash, también muy presente en Memphis.
Hay un bar cerca de aquí donde acostumbraba a ir, muy auténtico, un antiguo burdel. Me encanta su canción Hurt.

Elvis, B.B. King, Cash… Memphis tiene una tradición musical muy profunda. ¿Le inspira de alguna forma?
He conocido mucha gente involucrada en este mundo y te enriquece. Memphis resume más el pensamiento americano real que una ciudad como Nueva York. Esto es América. Puedes ver actuar un cantante de jazz dos horas, y después tomarte unas cervezas con él. Después, ver una actuación de country y alucinar igual. Tienen maneras diferentes de entender la vida a muchos niveles, pero los dos tienen un sentido. Yo he seguido a los Grizzlies desde la grada, de pequeño siguiendo a Pau. He pasado de la grada a la pista, he ido a sus colegios. Tengo un sentimiento muy fuerte.

Sigamos con Twitter. Sorprende que haya seguido tanto la Vendée Globe, la vuelta al mundo en solitario de vela.
Me gusta muchísimo el mar y también la aventura. Tengo el sueño de cruzar el ­Atlántico.

¿Solo?
Me encantaría. Tengo el título de patrón y me sacaré el de capitán. Es un reto.

¿Puede practicar?
He navegado por el Misisipi. Es espectacular. Se crean unos remolinos brutales. La fuerza del agua te impulsa.

Regresemos a tierra. ¿Cómo es un día con su familia en Memphis?
Siempre que puedo voy a la guardería a buscar a mi hija Júlia. Me hace mucha ilusión. Y a ella también. En casa no se habla de trabajo. Con la niña no me sale. Tiene otros intereses, vestir a la muñeca siete veces, por ejemplo (risas)… me aporta mucho más eso que si hemos perdido el partido o si me duelen las piernas.

¿Está conectado con su país?
Mucho. Informativamente sigo el 3/24 de TV3. Desayuno con las noticias. El mundo asusta a veces, por eso refugiarse en la pureza de los niños va bien, da esperanza.

¿Ya le ha explicado a su hija quién ese hombre al que han elegido presidente?
Aún no. Gracias a Dios está en una edad en que todavía no le importa. De todas formas, ahora mismo es la persona que ha sido votada. Ha ganado las elecciones y no hay vuelta de hoja. Hay que creer que lo hará bien aunque eso sea compatible con expresar cierta sorpresa.

En la NBA se han alzado voces contrarias a Donald Trump por su xenofobia.
Sus principios no encajan con las características de la NBA ni con el mundo actual, pero es obvio que hay una corriente emergente no sólo aquí sino en muchos países europeos donde estos movimientos son tendencia. Por miedo, por inseguridad, están creciendo posiciones más extremas.

¿Su mirada a la hora de analizar la irrupción de Trump es más americana que europea?
Estoy a la espera. En todos los aspectos de la vida hay que mostrar respeto y tolerancia, y no se puede opinar en contra de la intolerancia si tú no se los ofreces a él. ­Vamos a partir de esa base. Vamos a ver qué pasa.

Venimos de Obama…
Su figura ha sido tan diferente... A escala local e internacional todos estábamos impresionados por cómo actuaba, cómo era, es por eso que hay cierto miedo. Ya veremos.

¿Encaja al 100% en el estilo americano?
Te adaptas y tratas de ser feliz en el país en el que te ha tocado vivir. Y yo lo soy. Es una actitud. Y si no fuera feliz jugando a baloncesto, en la NBA, con salud, con tu mujer embarazada, con una niña pequeña… Si no eres feliz así, tío, háztelo mirar.

¿Cómo va su alimentación?
Pues hace unas cuatro semanas he iniciado una dieta parecida a la paleo. Quitas el grano, consumes mucha verdura, verde sobre todo, poco carbohidrato, mucha fruta…

¿Lo hace para mejorar su rendimiento deportivo o va más allá?
Es por salud y estilo de vida. De joven tuve muchos problemas de peso. Me gusta investigar. Me preocupa la longevidad. Quiero vivir mucho tiempo y lo mejor posible.

No habla sólo de su carrera.
Hablo del principio y del final en el sentido amplio. El baloncesto acabará siendo una porción pequeña de mi vida. Tengo la necesidad de sentirme estable. Me ayudan este tipo de cosas y, obviamente, la familia por encima de todo.

¿No se permite caprichos?
Hay productos que no son muy paleo, como el vino o la cerveza (risas). Nací en el país tercer productor del vino del mundo. Se tiene que notar.

¿Hasta cuándo se ve jugando?
Hasta que la cabeza o el cuerpo me digan basta. Haré caso al primero que me envíe señales.

¿Se ve viviendo en Memphis ya retirado?
No lo sé. Dependerá del trabajo que tenga después.

¿Y Girona?
Tengo un club allí y lo que sí quiero es jugar un año al menos. Montar un equipo profesional y acabar allí mi carrera. Lo único que pido de forma egoísta al baloncesto es tener salud para hacerlo.

Ha acabado usted siendo más seguidor del Barça de fútbol que del de baloncesto.
Tengo muchos amigos y cariño a la sección de basket. A Juanqui (Navarro), al personal médico… Pero me he hecho muy futbolero, sobre todo desde que vine. Es una pasión que me ayuda a sentirme más cerca de casa. Veo todos los partidos. Me desperté para ver el Eibar-Barça, con una camiseta de Suárez puesta.

¿Se ha parado a pensar qué sería de su vida si su padre no hubiera medido 1,97 m y su madre 1,87 m? ¿Qué sería Marc Gasol con 1,75m?
Con 18 años, más allá del baloncesto, no tenía una vocación clara. Era inconsistente como estudiante. De intereses dispersos y con la brújula estropeada.

¿Y ahora, con 31 años y la brújula reparada?
Pues mire, agente rural o salvamento marítimo. Como mi vida laboral ha sido muy intensa, me inclino por trabajos que estén alejados de lo que he hecho.

¿Necesita evadirse de vez en cuando?
Necesito coger aire. Por eso me encanta Menorca en verano. O Girona, su casco antiguo, sus alrededores.

Regresemos a Memphis. ¿Es posible ganar el anillo de campeón con los Grizzlies?
Trabajamos para eso. Este equipo tiene jugadores que llevan mucho tiempo jugando juntos, y la idea es lograrlo, por qué no. Además, somos más competitivos contra equipos grandes, y eso es bueno si llegamos a los playoff.

¿Se imagina ganándolo?
Si los Grizzlies ganan el anillo, Elvis vuelve y cerramos la persiana.