Penélope Cruz “Hoy no caben medias tintas”

A sus 41 años, la actriz madrileña que ha conquistado Hollywood confiesa el vértigo que le sigue provocando cada papel. Penélope Cruz vuelve al cine español con una interpretación desgarrada, en 'ma ma', de Julio Medem, y le esperan más rodajes en su tierra. Madre de dos hijos con Javier Bardem, pide más acción política ante la convulsa realidad mundial.

Todavía hay hábito de siesta veraniega en los primeros días del septiembre madrileño, pero no se aprecia en la planta del céntrico hotel en el que Penélope Cruz y el equipo de ma ma, su título de estreno, ha citado a la prensa, justo después de la hora de la comida, para que se haga eco de él. Por los pasillos nadie camina despacio. “Vamos con retraso, porque Penélope aún no ha comido”, se escucha decir en un susurro. Idas y venidas, lo habitual en estos casos, aunque cuando la actriz española y estrella internacional está en el foco, su presencia lo multiplica todo por dos. Dejando el barullo atrás, la actriz recibe a Magazine sola, en una amplia habitación donde reina el silencio. Espera en el centro de la estancia, vestida con un traje negro y la larga melena acercándosele a la cintura, y saluda con firme apretón de manos y cálida mirada.

“Acabo de perder a mi padre, y el trabajo alivia, pero el auténtico refugio está con mi gente. Al interpretar veo más sano emplear la imaginación que las propias vivencias”

“Admiro el optimismo; no está valorado como merece y se malinterpreta, y en estos momentos en que parece quae hemos tocado fondo, creo que es la opción más valiente”

“Sí, hay revuelo –explica–, pero lo único que ocurre en realidad es que hacía tiempo que no presentaba una película como protagonista aquí, aunque estoy en España largas temporadas. Y si estoy lejos, nunca pierdo la visión de mi país. No vivo la realidad de aquí desde fuera. Mi familia, mi gente está aquí. En Los Ángeles me levanto con un periódico español en la mano y, si tengo tiempo, varios, para contrastar informaciones”.

Y ¿cómo ve el país?
Pues no sabría por dónde empezar. ¡Se han cometido tantos errores garrafales! Pero, claro, ahora el interés lo pongo en los refugiados, un tema que conozco hace tiempo gracias a Javier y su trabajo para ayudar al pueblo saharaui. ¡Qué tristeza tan grande que esta humanidad tan adelantada para algunas cosas no haya sido capaz de salvar a ese niño sirio de la fotografía que todos conocemos y a todos los demás! Y ¡qué contrasentido que esa desgarradora imagen haya posibilitado esa oleada de solidaridad en los países europeos! Bueno, “los de siempre” a regañadientes, pero al final no han tenido más remedio que aguantarse. Porque, vamos a ver, si los gobiernos son capaces de organizarse para invertir cantidades descabelladas en cosas que sólo sirven para convertir este mundo en un lugar cada vez más inseguro, no me puedo creer que no existan estrategias para actuar frente a estas tragedias y ante todo lo que tenga que ver con la solidaridad. Y, si así fuera, ¿se puede saber a qué están esperando?

Precisamente la solidaridad, la generosidad y la esperanza son los rasgos que definen a Marga, su nueva piel, nacida en territorio dramático. Una mujer a la que el cáncer coloca en una situación límite, al tiempo que espera la llegada de su segundo hijo, lo que hace que plante cara a la enfermedad con una increíble fortaleza. “Es un buen momento para hablar de esto. Y era preciso hacerlo a través de un personaje en un situación extrema, porque en el día a día que vivimos no caben medias tintas. Las desgracias nos tocan a cada uno de manera diferente. Lo importante, lo que puede hacer que caigamos en un pozo aparentemente sin fondo o comencemos poco a poco a sanar nuestro ánimo, es la actitud: cómo nos enfrentamos a las cosas. Mi personaje es un ejemplo de lucha maravilloso, y eso es lo que llega al corazón de la gente. Eso era lo que buscábamos. Me conforta pensar que al espectador le gustaría conocer a esta mujer, ser su amigo…”.

¿Representar lo trágico en la ficción ayuda a enfrentarse con los dramas de la vida real?
Interpretar, casi sin quererlo, tiene algo de terapéutico, pero a la hora de la verdad las cosas son como son. Yo acabo de perder a mi padre y eso es así. El trabajo alivia, pero el auténtico refugio se halla en otros lugares; con mi gente y mi familia. En lo profesional creo que es más sano y más valiente enfrentarte a la interpretación como un juego de imaginar que tratar de esforzarte en utilizar de un modo consciente tus propias vivencias y recuerdos. Cuando es forzado es una trampa. Creo que incluso tiene más que ver con el ego que con otra cosa, y me ha provocado rechazo cuando lo he hecho o lo he visto en otros. Ahora bien, si eso aparece solo, porque es parte de quien eres y de lo que has vivido, entonces sí resulta enriquecedor porque además varía con el tiempo; es diferente a los veinte que a los cuarenta. Le doy mucho valor a la imaginación a la hora de encarar un personaje.

Esos valores de los que habla con absoluta convicción son, además, aquellos a los que quiere dar presencia en su vida personal. Los que busca en quienes la rodean, en sus amigos. “Una de las cualidades que más admiro y respeto es el optimismo. Creo que no está suficientemente valorado y se malintepreta. A menudo se considera, erróneamente, que el optimista es un inconsciente, un irresponsable o alguien que no se atreve a llamar a las cosas por su nombre. No nos engañemos; para ser optimista en esos momentos en que parece que hemos tocado fondo, buscar y encontrar dentro de ti ese optimismo es la opción más valiente, sabiendo que desde fuera nadie lo ve así y que estamos en permanente estado de amenaza contra nuestra estabilidad. El que pasa por encima de eso y además lo hace con buen ánimo es digno de admirar. Me gusta la gente honesta, humilde, con sentido del humor. La gente que escucha…”.

 


Material sensible en manos de un tándem de éxito

Si se exceptúa su breve aparición en Los amantes pasajeros, hace casi seis años que Penélope Cruz no abría el cartel de una película española. Interesada desde hace años en trabajar con el director Julio Medem, eligió para volver una de las historias que este tenía escritas y dormían en un cajón por falta de financiación. Un problema que se resolvió cuando la actriz se avino a producirla además de protagonizarla. ma ma narra la historia de una maestra en paro a quien diagnostican un cáncer de pecho. Apoyada por su médico –Asier Etxeandía–, durante el tiempo en que lucha contra la enfermedad se enamora de un hombre que ha enviudado recientemente –Luis Tosar– y queda embarazada. “En un momento, la nueva vida y la posibilidad de la muerte coexisten en un mismo cuerpo. Esto es material sensible, e indudablemente hay algo poético en todo ello”, explica. 


 

¿De verdad hay personas así? “Con todo eso a la vez, seguramente no”, responde, con una sonrisa contagiosa. La misma que ha aparecido en tantas películas, esa sonrisa de niña que borra las sombras de la conversación y se la lleva a un lugar más plácido. “Desde que soy madre he descubierto lo importante que es escuchar a tus hijos, porque, de algún modo, también te escuchas a ti misma. Se crea otro tipo de comunicación. Esto ya lo aplico a todas las relaciones de mi vida; siempre lo he hecho, pero desde que tengo a mis niños le doy más importancia y me mantiene alerta para no perderme otros puntos de vista que me aportan muchísimo en la mayoría de los casos”.

Y recuerda cómo se emboba escuchando a Fernando Trueba contar anécdotas del cine de toda la vida, o lo divertido que era “Bigas”, o las ocurrencias de Almodóvar, lo vivido con Amenábar o sus experiencias con Johnny Depp, Tom Cruise o Ridley Scott. En el 2016 cumplirá 25 años de carrera y habrá dado vida, si todo va según sus planes, a cerca de 60 personajes.

“Me quedo de piedra cuando alguien me lo recuerda. Tengo sólo 41 años; empecé muy joven y todo se disparó muy rápido, en cuanto llegó Jamón, jamón, pero ha ido a una velocidad…

“Desde que soy madre siento miedo físico; llego a un rodaje y lo primero que pienso es que no me vaya a caer nada encima. Prefiero el riesgo emocional, es más mi territorio”

“Sigo queriendo estar en Hollywood, pero es muy importante para mí trabajar aquí, explicarme en mi idioma. Es tan grande la sensación de libertad cuando estoy en casa”

¿Cómo se hace para otorgar una personalidad a tantas mujeres diferentes siendo una?
Es lo que más me gusta de mi profesión. El poder sentirte siempre renovado, empezando desde cero. Ante un personaje te ves de nuevo en la línea de salida, te vuelves a sentir estudiante y te hace sentir joven por dentro. Como por mucho que quiera no voy a poder encarnar al ser humano completo porque para ello tendría que representar a todas las personas del mundo, sé que no se me va acabar la materia prima y dejo que lleguen los miedos y esa vieja sensación de que no tengo ni idea de lo que estoy haciendo, hasta que de pronto, intuitivamente, lo sé. Es una maravilla que sí, me produce vértigo, pero del bueno, del que engancha.

Esa es la razón por la que, explica, se empeña en disponer de un tiempo de preparación razonable “para entender a fondo quién es ese ser al que voy a dar la vida, para después dejarle que salga desnudo al mundo”. El proceso parece fascinante y, al menos en teoría, inagotable. “Pero, claro no sé si con 80 años tendré yo ganas de empalmar un rodaje con otro; depende de la salud, que es, al final, lo que manda. Pero dudo mucho que se me pierda el entusiasmo por el camino, que el amor y el respe­to a mi profesión y cómo la disfruto disminuyan con los años”.

Sin embargo, y aunque proclame que el afán por su profesión no mermará, arruga el entrecejo intentando recordar su primer día ante una cámara; el día en que cumplió su sueño de niña. “Bailé durante 17 años y en los últimos estuve dudando entre la danza y la interpretación. Apuré para tomar la decisión hasta que el siguiente paso en la danza era ingresar en el conservatorio para ser profesional. Entonces comencé a hacer anuncios y a ponerme ante las cámaras y fue un flechazo absoluto. Por eso no sé si mi primer día fue en un spot en el que danzaba y sólo se me veían los pies o en otro donde tomaba el sol en plan adolescente estupenda. También por entonces presenté un programa juvenil en televisión, La quinta marcha. Lo tengo todo mezclado. También por aquellos días rodé algún capítulo para televisión y el videoclip de Mecano La fuerza del destino, donde me hicieron meterme en el mar en Asturias en pleno mes de enero y yo no sentía el frío porque estaba tan feliz que me daba igual todo”.

¿Sigue siendo tan valiente?
Físicamente, para nada. Yo ahora llego a un rodaje y lo primero que pienso es que no se me vaya a caer nada encima, y miro por donde piso. Hay cosas que piensas cuando eres madre que antes ni se te han pasado por la cabeza. Eso cambia radicalmente desde el minuto cero. Antes me movía por la vida sin miedos físicos. Ahora ya no. Son cosas que suelen ocurrirnos a todos.

¿Prefiere el riesgo emocional?
Sin duda. Es más mi territorio.

Lo que no ha evitado que en ocasiones esquivara algún papel que temía que pudiera dañarla interiormente. En concreto, renunció a protagonizar Melancolía, de Lars von Trier –“una película que me encanta y un director que me interesa muchísimo”–, por encontrarse embarazada. “Tenía que representar a una mujer sumida en una depresión profunda, y meterme en algo tan grave a punto de traer una vida al mundo... No me atreví. También el papel de ma ma me asustaba porque, a nivel emocional, ha exigido mucho; de los que más. Es justo lo que buscamos actores con ansiedad, diría yo. Pero en este caso he sido una persona sana que entra en esa ficción, se tira a la piscina y sale de ella cada día para irse a su casa sin llevarse el personaje con ella. Si hubiese tenido una enfermedad, el trabajo no hubiese sido lo mismo. Habría habido miedo a escarbar, habría estado en el límite del riesgo.

¿Ha estado ahí a menudo?
No. No tantas veces. Cuando hice No te muevas en Italia. Aquella mujer enferma, sucia, pobre hasta la náusea, destrozada por la crueldad de una vida desastrosa, que revive por un amor tan dificultoso… Fue uno de esos personajes que se quedan contigo para siempre. Durante un tiempo pasé ratos con él. No existía, llegó a mi vida, lo entendí y me tocó profundamente. Me daba tanta pena...También he estado en zona de riesgo algunas de las veces que he trabajado con Almodóvar. Pero no muchas más.

De que conoce al detalle el sabor del éxito no cabe duda, y si este ha restado valía a su consi­deración como actriz de talento es algo que subraya que ni siquiera se plantea, “simplemente porque no sería justo”. Es consciente de que han confiado en ella “los mejores, desde Trueba o Bigas Luna, que me regaló el papelazo de Jamón, jamón cuando no había hecho prácticamente nada. Y luego me voy a América y hago un montón de filmes que dan la vuelta al mundo y trabajo con Woody Allen y me dan un Óscar. Lo único que puedo tener es agradecimiento, que es lo que tengo”.

Reconoce, sin embargo, que en el ámbito profesional hacía tiempo que no tenía tantos proyectos interesantes para hacer aquí. Tras ma ma llegan La reina de España –secuela de La niña de tus ojos– y Escobar, de Fernando León, biografía fílmica del narcotraficante, que la emparejará con su marido, Javier Bardem. “Es algo que ha surgido y lo mismo que no vamos a forzar el trabajar juntos, tampoco vamos a perder oportunidades interesantes por el hecho de ser pareja. Pero sigo queriendo estar en Hollywood. He rodado la secuela de Zoolander, con Ben Stiller, y allí esperan diversas posibilidades, aunque es muy importante para mí trabajar aquí, explicarme en mi idioma… Es tan grande la sensación de libertad que siento cuando estoy en casa…”.