Pepe Viyuela “Intenten vivir sin odio”

Gran actor y mejor payaso, descubrió una profesión que define como “misteriosa” con cinco años, jugando en el pasillo de su casa. Escuchó cómo un actor describía el camerino, la sala... Luego, ya en el instituto, asistió a una representación de La Odisea. Le fascinó. Al año siguiente formó con otros compañeros de clase y el apoyo de la profesora de literatura un grupo de teatro. Estudió Filosofía, trabajó como auxiliar administrativo en el Ayuntamiento de Alcobendas, pero dejó este trabajo estable para ser actor. Pepe Viyuela (Logroño, 1963) se sube estos días al escenario del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida con la obra Metamorfosis, que nos habla de la realidad de la vida, de cómo el ser humano convive con sus deseos y miedos.
–¿Cómo es esa realidad? ¿Cuáles son nuestros deseos y miedos?
–La realidad que vivimos es cambiante, está en constante movimiento, te sorprende permanentemente. La vida es sorprendente. Creo que nuestro mayor deseo es no sufrir, por eso creo que no tenemos tanto miedo a la muerte como al tránsito hacia ella. Tenemos miedo al desengaño, a la mentira, a hacer daño a los demás; a mí, me acompañan estos miedos.
Actor, humorista, poeta. “Hay que empezar de nuevo, recoser el vientre, levantar miradas, ahuyentar alientos... Hay que levantar un circo nuevo cada día”, escribe. ¿Por qué?
–Porque los fracasos nos acompañan y no hay que rendirse; hay que aprender de ellos y reconstruirse. Si lo hacemos viviremos mejor. Yo no me he dado por vencido nunca. Es una de las cosas que más me gustan del payaso; alimenta su personaje desde el fracaso y lo convierte en alegría de los demás.
Pepe Viyuela considera que el humor es una herramienta insustituible contra la adversidad, dice que le gusta preguntar y preguntarse, pero que respuestas hay muy pocas cuando se trata de preguntas importantes. Tenía cinco años cuando falleció su hermano de quince meses, un trauma que acompaña a la familia y sigue condicionando su vida. Hay noches que despierta sobresaltado por una pesadilla, la muerte de sus hijos Camila y Samuel, también actores, como su esposa Elena. Todavía se pregunta por qué unos padres han de enterrar a sus hijos. No le hace gracia que se rompa la lógica, esa que dice que los hijos entierran a sus padres, y no al revés. Su madre, más de cincuenta años después, todavía llora la muerte de su bebé. “Ver morir a alguien que ha nacido de tí me parece un dolor insoportable”, sentencia.
No tiene miedo a su muerte y le gusta poder despedirse de los seres queridos, como hizo con su padre. “No te creas que te vas a morir tan fácil, porque vas a estar muy presente en mi vida. Al menos mientras yo viva vas a estar aquí”, le dije.
La vida, afirma, es algo que nadie ha buscado, que aparece un día sin haberla pedido. ¿Qué es la vida para Pepe Viyuela?
–Es un regalo, una fortuna. Estamos aquí por puro azar. Te ha tocado el boleto de vivir y una vez que tienes claro esto se trata de jugar lo mejor posible los días que tienes. Deberíamos tomarnos la vida como un juego, convertirla en algo divertido. El hecho de nacer es un acontecimiento mágico. La vida es el gordo de la Navidad. La vida es una lotería, te ha tocado y hay que vivirla como eso, como un gran premio.
Aprovechémonos de él.
 

  1. Si supiera que mañana es el último día de su vida, ¿qué haría? ¿Cómo lo pasaría?
    Me pillaría muy mal. Enterarte de que se te acaba el tiempo es muy duro. Haría una fiesta, invitaría a la gente que quiero, que me importa y, a lo mejor, incluso a la gente a la que tengo que pedir perdón por alguna cosa, para poder decirles adiós. Entre otras cosas, porque tuve la oportunidad de poder despedirme de mi padre cuando murió y fue muy grato, me dejó muy buen sabor de boca.
     
  2. ¿Qué le hubiera gustado hacer y ya no podrá porque no tendrá tiempo?
    Me hubiera gustado mucho ser médico, un buen médico. La medicina es una de esas profesiones que nos hacen muchísima falta. Yo la he intentado suplir después con muchísimas cosas y en aquello que puedo, haciendo teatro, que también ofrece a la gente la posibilidad de disfrutar y de curarse de ciertas cosas. Quizá me gustaría estudiar Medicina, pero ya no me da tiempo.
     
  3. ¿Qué aconsejaría a los que se quedan?
    Que intentaran vivir sin odio. El tiempo es muy limitado y la vida muy corta y no merece la pena muchas veces ser tan cruel, tan duro o guardar tantos rencores.
     
  4. ¿Cómo diría que fue su vida?
    Muy buena. He sido muy afortunado y he tenido mucha suerte. 
     
  5. ¿De qué está más orgulloso?
    Quizás no lo esté de nada. La mayor parte de las cosas buenas de mi vida me han venido casi dadas. No sé si orgulloso, pero sí estoy contento de haberme podido dedicar a algo que me gusta tanto, como es el teatro y la interpretación, una actividad que me regala cada día buenísimos momentos y que me enseña mucho.
     
  6. ¿Se arrepiente de algo?
    Propiamente no. Hay cosas que me hubiera gustado no vivir pero también es cierto que te enseñan mucho y aprendes con ellas un montón. 
     
  7. ¿El mejor recuerdo de su vida?
    Aunque sea un tópico, es el momento preciso en el que ví aparecer a mis hijos en este mundo. Era apasionante, se abría un mundo de posibilidades, de miedo, de vértigos, de responsabilidades que son insustituibles.
     
  8. ¿Cuál sería el menú de su última cena?
    Algo que me remitiera mucho a la infancia, comidas que has compartido con la gente que has querido: unos huevos fritos con patatas. Me ayudarían, a través del sabor, a volver a momentos que he vivido con mucho cariño.
     
  9. ¿Se iría a dormir?
    No. Me gustaría que la fiesta durara toda la noche. Viviría hasta el último segundo de mi vida con los ojos muy abiertos.
     
  10. ¿Cuál sería su epitafio?
    No tengáis miedo a venir, os esperamos con los brazos abiertos. No sé lo que hay después, pero realmente no debe de ser muy terrible. Nadie ha vuelto.