Rafa Nadal "Uno es la ilusión que uno tiene”

El rey de la tierra ha vivido su travesía del desierto, pero pese a las lesiones y la ansiedad mental, está resurgiendo día a día. Rafa Nadal entiende a los que dicen que está en declive, aunque su plan es muy distinto: “He estado peor que otros años, pero ya hace tiempo que decidí seguir luchando y compitiendo. Si lo lograré o no, no lo sé. Uno es la ilusión que uno tiene”, certifica.

Nadal baja las escaleras de la platea del Auditori de Palma, donde hace unas semanas presentó un anuncio de Banc Sabadell grabado junto a su tío 

El modesto camerino que espera al artista tiene un espejo rectangular y una luz tenue y blanda. No hay rastro de la icónica hilera de bombillas de filamento que todo el mundo idealiza. El artista se llama Rafa Nadal, y su luz refulge centelleante si se compara con el resto de la temporada que acabó ya hace días en Londres y en las que, mostrando su mejoría, alcanzó las semifinales en un torneo que se le resiste. A ratos, el tenis del campeón de cuyo palmarés no hace falta acordarse ha brillado como el espejo del camerino, tenue y blando, nada que ver con la seguridad y el vigor cegadores marca de la casa. En ocasiones apenas ha dado un haz de luz, sucumbiendo a rivales muy inferiores en el ranking. A veces incluso ha tenido apagones y cortocircuitos. Al final de año, sin embargo, ha irradiado esperanza con un juego robusto y lúcido incluso en pista dura, la que más le cuesta y la que más le castiga físicamente.

“El deporte y la vida van pasando, la rueda va pasando, y cuando estás un tiempo sin destacar lo que habías estado destacando, es lógico que la gente piense: ‘Este está acabado’”


“Soy una persona que ha aceptado bien los contratiempos, 
que no era suficientemente bueno en aspectos de mi juego y que tenía que mejorar; se trata de hacer autocrítica y tener humildad”

“No sería capaz de sentirme tan arrogante como para creerme ‘barómetro anímico de España’. No soy barómetro de nada, si he alegrado alguna tarde a alguien, yo, satisfecho”
 

El tenista mallorquín, que justo antes de la entrevista ha presentado en el Auditori de Palma un anuncio publicitario de Banc Sabadell que protagoniza junto a su tío Miquel Àngel y al que han asistido centenares de personas (incluida casi toda su familia), confiesa, sin embargo, que la peor lesión que ha tenido este año es la “mental”. Habla de la “ansiedad”, de no controlar el cuerpo como hubiera querido, de la cansina “lucha contra uno mismo”. “Por primera vez en mi carrera –reconoce– no he sido dueño de mis emociones”, reconoce. Ahora ha vuelto a tomar las riendas y a empuñar la raqueta como siempre, con miras a una nueva temporada en la que intentará seguir llegando a semifinales y finales y a volver a morder los trofeos. El mismo año en que verá inaugurada la academia que lleva su nombre (Rafanadalacademy.com). Nadal lucha, luego existe; tiene una meta, luego existe. Él lo dice lanzando una frase que puede ser un lema o un winner sobre la línea: “Uno es la ilusión que uno tiene”.

Usted dice: “He vuelto a luchar”. Durante estos meses se esforzaba, pero no le salían las cosas.
No salían porque luchaba contra mí mismo. He estado meses luchando contra mí mismo, y en las últimas semanas he vuelto a competir, pero contra los rivales, que es mucho más la idea del tenis. Al final, uno no puede perder tiempo bregando contra uno mismo. En los partidos tienes que medirte con el que está en frente, si no es el caso, si lo que haces es enfrentarte a ti mismo, evidentemente, pierdes mucho camino.

¿Y en ese laberinto ha sido muy largo y difícil encontrar la ­salida?
Corto o largo es una apreciación del tiempo, para uno podrá ser largo, para otros corto. ¿Complicado? No, complicadas son otras cosas en la vida. A veces se quiere dramatizar las cosas, y drama, ninguno. En el 2015 no he tenido el control que tuve otros años y se acabó, ni dramas ni más problemas de la cuenta. Lo único es que uno quiere solucionar sus problemas y que las cosas salgan bien porque es a lo que uno se dedica. Cuando uno se centra en su trabajo, aunque yo no lo considero tal, quiere que toda vaya bien. Que este año he estado peor que otros y que no tenido el control de mis emociones, totalmente, pero he trabajado y trabajo mucho para solventarlo.

Es cierto que su carrera se define en función de los rivales…
…Bueno, la carrera de cada uno tampoco es cuando ganas o pierdes, también consiste en superarte a ti mismo. Al final ganar a otros es una consecuencia de superarte año tras año, es el producto de la evolución, de ir creciendo. Los rivales te marcan una exigencia, y eso es importante, pero a partir de ahí, uno es la ilusión que uno tiene y uno es el espíritu de sacrificio y las ganas de superarse.

En los últimos meses dice que se ha esforzado aún más si cabe.
Sí, he trabajado más porque el físico me lo ha permitido, no porque durante un tiempo no haya querido trabajar. He tenido problemas con las lesiones y he tenido que ir midiendo los esfuerzos, siempre he padecido de algo. Físicamente estoy bien, eso te permite entrenar, y si uno puede hacer lo que cree, todo tiene más sentido.

Su desafío, incluso con jugadores que no están muy altos en el ranking, siempre tiene que ser al límite. Suena todo a McGiver, pero es un poco así.
Al límite va todo el mundo, la lógica es esa: cada jugador lo intenta porque a un cierto nivel uno quiere imponer esas pequeñas diferencias que te hacen ganar, y más en el tenis, donde los partidos se deciden por pequeñas cosas. Dependiendo de la pista son tres o cuatro pelotas las que deciden un resultado.

En una rueda de prensa en Wimbledon, usted amonestó a los periodistas diciendo: “No enterréis aún a Federer, que lo habéis enterrado ya muchas veces y todavía está vivo”. ¿Ha sentido esta temporada ese rumor de que usted ya no volvería a ser el que ha sido?
Sí he recibido ese mensaje, pero sinceramente no es un tema por el que me sienta ofendido ni tampoco digo ‘no lo comprendo’. Yo entiendo totalmente las cosas. Al final, chas, chas, chas (chasquea los dedos tres veces), el deporte y la vida van pasando y la rueda va pasando, y cuando estás un tiempo sin destacar lo que habías estado destacando, es lógico que la gente piense: ‘Este está acabado’, pero eso no... Uno sabe lo que hace, lo que necesita para estar ahí, uno sigue su camino y sólo hay dos: o te superas y te reinventas y tienes la ilusión de ir hacia adelante o, por el contrario, te dejas ir por todo lo que has conseguido, que es mucho, y lo disfrutas y pasas a otra cosa. Yo ya hace tiempo que decidí seguir luchando y tener la ilusión de competir y de lo que me motiva. Si lo conseguiré o no, no lo sé. De momento estoy en ello.

Lo que sí es cierto, en todo caso, es que su carrera, en sí, ya supone una adaptación, a jugar en hierba, en superficie dura... y últimamente ha tenido que amoldarse a unas cuantas y diferentes lesiones.
Creo que soy una persona que ha aceptado bien las cosas, los contratiempos. He aceptado que no era lo suficientemente bueno en algunos aspectos de mi juego y que tenía que mejorar, y al final todo se trata de hacer crítica personal y de tener humildad. Intento no dejarme llevar por las críticas personales cuando las cosas van mal, ni tampoco por los grandes halagos cuando sí van bien. Normalmente no es ni tanto ni tan poco. Cuando recibes tantos halagos, dices: ‘Sí, muy bien, has ganado’, pero para seguir ganando no me vale qué he conseguido, más bien tengo que ver qué tengo que hacer para volver a ganar.

[Primer inciso: con el tiempo, Nadal ha aceptado que su servicio no es tan bueno como otros aspectos de su juego, el poder de reacción, el golpeo, la capacidad de recuperación... “Es complicado tenerlo todo, tienen razón los que dicen que no tengo un servicio a la altura de mi juego, pero tengo la motivación de ser mejor. Desde el 2005 (año que ganó su primer Roland Garros) hasta ahora mi saque ha mantenido una mejora y una evolución, no me conformé con lo que tenía”.]

¿Tiene un tope cuando recibe tantas muestras de admiración?
La verdad es que nunca me ha importado... ni me he creído nunca todo lo que me han dicho, ni para bien ni para mal. Yo he hecho mi camino, y siempre ha tenido una línea estable. Diría que ha estado más aquí (pone la mano por debajo de su cara) que no aquí (por encima de su cabeza). Nunca me he considerado alguien especial. Evidentemente no soy tan estúpido como para no saber lo que he hecho y lo que he conseguido. No quiero dar idea de una falsa humildad, porque sé lo difícil que es lograr lo que he logrado y de qué manera. Toda mi vida he sabido que para intentar seguir logrando objetivos tenía que seguir trabajando, y es lo que he conseguido.

A su entrenador sí que lo han querido retirar. ¿Usted es su equipo, son un mismo cuerpo?
No, no, no. En mi equipo todo el mundo es independiente, y muchas veces, la verdad, tampoco hemos funcionado como equipo. Cada uno tiene su parcela y cada uno ha ido haciendo lo que ha creído. No hemos hecho un gran trabajo como equipo. No es que el entrenador y el preparador físico hayan trabajado juntos, no. Cada uno ha hecho lo que creía. Somos un equipo, creo en todos ellos, y el nexo del equipo soy yo. No me parece que la solución sea cambiar el entrenador. Puedes pensar que un nuevo equipo te puede aportar cosas...

...Que igual no te aporta el anterior.
Al final es hallar un punto en el que te encuentras cómodo, y yo lo estoy. Buscar otro equipo sería una excusa fácil, el problema que he tenido es mío. Yo lo tengo que solventar.

Usted es un ejemplo, como también lo es Federer. ¿Djokovic también se ha convertido en referente?
Para mí, más que ejemplos, son dos de los mejores jugadores de la historia, y tengo la suerte o la mala suerte de que he convivido con ellos. Estamos hablando de uno (Federer) que es el que, en teoría, está considerado el mejor de la historia, y el otro que va camino y que ya está entre los seis o siete mejores de todos los tiempos y que apunta a estar aún más arriba.

[Segundo inciso: Nadal, que cumplirá 30 años el 3 de junio próximo, el día de las semifinales de Roland Garros, reflexiona sobre cómo ha cambiado el retrato robot del tenista profesional y de qué manera el circuito se ha llenado “de cañoneros”. “Se juega con más agresividad que antes y se piensa menos que antes, aunque –ironiza– con la velocidad a la que va la bola, excepto en tierra batida, tampoco hay demasiado tiempo para pensar”. El mallorquín augura que con el tiempo, “se va a ir perdiendo el tema táctico y mental” en los partidos.]

¿Hasta qué punto siente que con su juego y triunfos es barómetro anímico de España?
No, no, no sería capaz de sentirme tan importante o arrogante como para pensar que soy barómetro de España. Aquí cada uno tiene sus alegrías y sus penas. No soy barómetro de nada, si he podido alegrar alguna tarde a alguien, para mí es una gran satisfacción, y sé que desde el apoyo de la mayoría de la gente, soy yo el que quiero agradecer todo lo que me han dado. Y eso me aporta mucho. Cuando uno se siente querido es porque hace las cosas bien, a nivel de comportamiento, no sólo de triunfos.

¿Está “contento sin presumir”, como decía Luis Aragonés, por el progreso de su juego en pista dura, que no es la suya natural?
Acabar bien este año ayuda a empezar el que viene. Las últimas semanas han sido una inyección de ánimo positiva. ¿Estoy contento de cómo están yendo las cosas? Sí. ¿Estoy conformado? No. Sé que he de seguir mejorando más y trabajar más para lograrlo.

¿Con la edad, hay cosas del juego que se ven con más claridad en la pista?
No, cuando eres más joven todo es más sencillo porque tienes más inconsciencia.

¿Después de usted, de Ferrer, de Feliciano y unos pocos más, qué futuro ve al tenis español?
La federación ha de ayudar a que sea deporte de referencia, cuanta más gente juega, más profesionales pueden salir. ¿La próxima generación? Evidentemente pasamos por un bache. Hace mucho que encadenamos años en los que las siguientes generaciones han sido casi mejores que las anteriores, y ahora... Hace una serie de años que no ha habido jugadores. No sé qué pasará, pero las previsiones no son increíbles.

¿En su club tiene tiempo para entrenar a los jóvenes? ¿Lo hará en la futura academia?
En el club pequeño que tenemos no tengo tiempo, estoy con lo mío, las tienen que impartir los que saben darlas. Me hace ilusión la inauguración de la academia. Cuando esté construida sí seré un punto de apoyo.

En poco tiempo se han movido muchas cosas en España, aparición de nuevos partidos, más casos de corrupción, el proceso en Catalunya, los efectos de la crisis... ¿Qué idea tiene de España a corto y medio plazo?
Al final, hay algo que está claro: como país no podemos estar dando mensajes negativos al mundo. Vivimos en un mundo en el que dependemos de la promoción, y lo que vendemos es la percepción de lo que llega a los demás. Si lo que transmitimos es inestabilidad política, si vendemos crisis todo el día, si lo que llega es que el país está separado por diferentes ideologías, son muchos los mensajes negativos que estamos dando al exterior. Todos esos mensajes contribuyen a que no haya confianza en nuestro país. No soy partidario nunca de promocionarnos mal. Luego otra cosa es lo que realmente pueda haber, pero la promoción no puede ser tan mala. Tenemos bancos y empresas que son ejemplos, en turismo somos líderes mundiales. Pero damos imagen de pesimismo. Me enfada.

¿Y los cambios políticos?
Al final esto es una democracia y cada quien tiene derecho a opinar, a presentarse, a votar, y lo que quiera el pueblo es lo que será. El país tiene que estar regido por gente preparada: las mejores empresas intentan coger a los mejores gestores, y la empresa más importante que tenemos es España. Esto es lo que tendría que pasar. Evidentemente, la corrupción es mala en todos los sentidos y también produce desconfianza, tiene que erradicarse y que haya limpieza.

¿Y el proceso en Catalunya?
Para el sentimiento nacionalista que puedan tener en algunas regiones, máximo respeto. Si me pide mi opinión como mallorquín que me siento totalmente cercano a Catalunya y más aún a España, en mi cabeza se me hace difícil una Catalunya fuera de España. No me gustaría. Ahora bien, al final hay unas leyes que hay que cumplir y también unas ideas que se tienen que respetar. El mundo tiene que ser libre de poder opinar con respeto a todo el mundo y desde las buenas maneras. Veremos cómo se desarrolla. Desde mi perspectiva, ojalá que sigamos unidos, es lo que a mí me gustaría.