Rafael Matezanz Salvar vidas desde un despacho

Que España sea un referente mundial en donación de órganos y trasplantes es en gran medida gracias a Rafael Matesanz, quien impulsó la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), un sistema público y universal, gratuito para el usuario, que es “bolsa común” de todas las autonomías y que ha permitido multiplicar el número de operaciones.

Hablar con Rafael Matesanz (Madrid, 1949), responsable de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) desde 1989, es todo un privilegio. No sólo es la persona que ha conseguido que España sea líder mundial en el campo de las donaciones y trasplantes desde hace 23 años; también es un profesional respetado por unos y otros, independientemente del color político del gobierno de turno. Y quizá, uno de los aspectos más valorados en los tiempos que corren, es el responsable de una institución, premio Príncipe de Asturias de la Cooperación Internacional, que nunca ha estado salpicada por escándalo alguno. A punto de jubilarse y de empezar a disfrutar de su nueva etapa como abuelo (“es un sentimiento increíble”), este nefrólogo tímido, culto e intuitivo da un repaso a su obra (“en absoluto es mía, esto es la suma de mucha gente”, corrige), mientras ensalza la sanidad pública española como garante de la equidad y ejemplo de calidad. Eso sí, advierte, este sector ya no puede soportar más recortes.

“Mi mayor orgullo es que estamos en el país en el que un ciudadano tiene más posibilidades de tener un trasplante dentro de un sistema público y universal, sin posibilidad de discriminación en ningún sentido”

Matesanz cree que ha escogido “el mejor momento” para dejar la ONT –“si es que algún día hay nuevo gobierno”, bromea, pues dijo que se iría cuando lo hubiera–. La organización tiene unas cifras que baten récords de actividad y está “en manos de gente muy profesional, que sabe mucho más que yo”, asegura. Su temor, sin embargo, es que “alguien” tenga la tentación de “fagocitar a la ONT para uso político o personal”. “Eso sería un desastre e indecente para la población”, afirma. 

Para comprender la ONT basta dar algunas cifras, aunque desvelan tímidamente lo que significa esta actividad, que no es otra que dar vida a quienes están casi desahuciados: España ha superado los 100.000 trasplantes, de los que 62.967 son renales, 23.881 hepáticos, 7.616 cardiacos y 3.824 pulmonares (más otros menores). A ellos, se suman los más de 400.000 trasplantes de tejidos y de células realizados, actividad que eleva a más de medio millón las personas que se han beneficiado del sistema español de trasplantes. Con una tasa de 39,7 donantes de órganos por millón de población, España es el país del mundo donde los ciudadanos tienen más posibilidades de acceder a este tipo de terapias.

“Para mí ese es mi mayor orgullo –dice Rafael Matesanz–, saber que estamos en el país en el que un ciudadano tiene más posibilidades de tener un trasplante dentro de un sistema público y universal, sin posibilidad de discriminación en ningún sentido. ¡Por esto ha valido todo!”

¡Y eso que al principio nadie apostaba por la ONT!
No, la verdad es que no nos lo pusieron nada fácil. A finales de los años ochenta, la situación de los trasplantes era caótica con 14 donantes por millón de habitantes y muy restringidos a determinadas comunidades, como Madrid, Catalunya, País Vasco y alguna otra del norte. Todo era un caos por falta de organización y los nuevos trasplantes necesitaban una estructura mucho más grande, organizar los transportes, aumentar las donaciones… Me llamaron a mí, pero creo que sin esperanza de que pudiera hacer nada.

¿Cómo surge la ONT? 
Porque los enfermos renales, que son los que más sufren la situación que he descrito, se movilizan y el entonces ministro Julián García Vargas (PSOE) pensó que había que hacer algo, aunque no sabía el qué. En ese momento dio la casualidad que el director provincial del Insalud de Madrid, Francisco Ortega, era nefrólogo y había hecho la residencia conmigo. Me conocía y sabía que había organizado varias cosas en mi hospital, el Ramón y Cajal, como el programa de diálisis en casa o la revista de la Sociedad de Nefrología. ¡Vamos, que organizaba cosas! y pensó que quizá podría poner orden en esto. Fue el impulso de los pacientes y de los propios sanitarios, no del Estado, que no hizo nada salvo un decreto que seguía a la ley de 1979 y que establecía la ONT. 

“El principal problema era la falta de donantes. Sin donantes no había trasplantes. Entendí que todo dependía de la persona que se acercaba a la familia, de su empatía, de su buen hacer...”

¿Con qué medios?
(Risas) ¿Medios? Un pabelloncito, dos secretarias, una plantilla teórica de seis enfermeras y nada más. De hecho, en ese sitio no había ni teléfono. Fíjate como era la cosa que para la inauguración a la que asistían los responsables del Ministerio de Sanidad, muy interesados en demostrar que se hacía algo, y como no había ni muebles me dejaron unos del Instituto Carlos III... que al día siguiente se llevaron (más risas). ¡Aquello no podía ser más patético! Uno de los trasplantadores de Madrid que asistió al acto dijo que ­aquello era un fiasco y que habían colocado al frente a alguien que no tenía ni idea. La verdad es que era una situación prebélica.

Pero funcionó…
Sí, funcionó por una razón, porque en el campo de la donación de órganos, que ha sido lo más sano que hemos tenido en este país, había gente muy buena, joven, con ganas de innovar, que estaban haciendo cosas muy interesantes, sobre todo en el País Vasco. Y lo que hicimos fue coger un poco de cada sitio. El grupo era limitado, no más de 15 o 20 personas, a los que nos unían las ganas. Ellos estaban en sus hospitales y yo aquí, con una base común, la coordinación.

Hablamos de 1989 y tres años después España ascendía al primer puesto en trasplantes y donaciones. ¿Cómo fue posible esa proeza? 
Cuando llegué analicé la situación y pensé que el principal problema que teníamos era la falta de donantes. Sin donantes no había trasplantes. Estudié todas las estadísticas que pude y comprobé que en el Ramón y Cajal y en la Fundación Jiménez Díaz, las cifras eran buenas. Yo venía del primer hospital y había hecho la residencia en el segundo y conocía perfectamente cómo pedían los profesionales los órganos a los familiares de los fallecidos. Entendí que todo dependía de la persona que se acercaba a esa familia, de su empatía, de su buen hacer, de su forma de comunicar… Estudié también hospitales de Barcelona y del País Vasco, que también funcionaban bien y extendimos esa manera de actuar a todos los centros de España.

Aquello empezó a florecer.
¡Sí! Luego vinieron otros problemas que fuimos solucionando, pero lo primero era la donación. En pocos meses, empezamos a funcionar las 24 horas, la coordinación del transporte… y sobre todo, se produjo el gran cambio, la confianza de los ciudadanos y de los profesionales. Dicen que lo que más ayuda a triunfar es el éxito y efectivamente fue así. Cuando las cosas empezaron a marchar todos se quisieron subir al carro.

Un éxito que, sin embargo, ha sido reiteradamente ninguneado por los sucesivos ministros y secretarios generales del Ministerio de Sanidad.
El respaldo por el ministerio dejó mucho de ser óptimo durante muchos años. ¡Pero si no tuvimos presupuesto propio hasta el siglo XXI! La ONT ha existido como una subdirección desde las transferencias sanitarias y porque ya no les quedaba más remedio… Otro ejemplo: cuando me voy al Insalud en 1996, le pido al subsecretario del ministerio que me dé un papel que diga que yo he dirigido esto durante estos años, la ONT, porque no tenía nada que así lo indicara, salvo los artículos de los medios de comunicación. ¡Yo seguía adscrito a mi hospital y cobraba de él como si hubiera estado allí trabajando en vez de en la ONT!

“Todos (los gobiernos) han entendido que no soy de los suyos y eso ha tenido un precio exitoso para la institución, pero para mí ha sido muy duro (...) Si alguien tiene la tentación de fagocitar la ONT para uso político o personal, puede ser un desastre”

¡Todo irregular!
En muchos aspectos era un amateur. Hoy probablemente no hubiera hecho esto. ¿Se imagina el lío en el que me hubiera metido si alguien me hubiera denunciado?

Cuando regresa a la ONT tras su periplo en el Insalud, ¿es reconocido como director de la organización?
(Risas) Noooo… eso no ocurrió hasta que llegó la ministra Trinidad Jimenéz, en el 2009. ¡Veinte años después!

La tendrá en gran estima, al menos regularizó su situación.
Ella y Ana Pastor han sido las mejores ministras de Sanidad que hemos tenido. 

Y los peores
...

¿Por qué no le renovó Celia Villalobos?
Villalobos arrasó con todo (risas)…

¡Pero si sucedió a un compañero de partido, a Romay Becaría!
No dejar piedra sobre piedra es algo que hacen muchos políticos cuando llegan, aunque sean del mismo partido. Lo he visto en el Gobierno central y en las comunidades una y mil veces, con gobiernos del PP como del PSOE. Son personas que creen que para reforzar su autoridad, lo primero que hay que hacer es arrasar con lo anterior…Villalobos no me dejó volver a la ONT y aunque conservaba la presidencia de la Comisión Europea, esta mujer no me nominó y España perdió la presidencia.

¿Habló alguna vez con ella de esto?
Ni de esto ni de nada.

¿Y con Bernat Soria, el ministro investigador?
Esa es otra historia. Mientras que creo que Villalobos no tenía nada personal contra mí, Soria sí. Ana Pastor me colocó para coordinar el tema de las células embrionarias en un momento en el que la bandera de las células embrionarias del PSOE era Bernat Soria y él me vio, opino que sin razón, como un enemigo desde el minuto cero. Me consta que intentó sustituirme pero no encontró a nadie. Intentó por todos los medios que me fuera, pero no me fui. Fue desastroso, un auténtico mobbing.

¡Ufff! Vamos, que desde el PSOE hasta el PP, siempre ha habido quien ha querido quitarle de en medio. 
Mi actitud independiente ha hecho a muchos equipos ministeriales darse cuenta de que ninguno puede vanagloriarse de la ONT. Uno puede tener la ideología que tenga, pero no puede ser que una estructura que depende de las 17 comunidades, sean rojas o azules, nacionalistas o no, la quieras colonizar o darle un tinte interesado. Creo que todos han entendido que no soy de los suyos, de ninguno, y eso ha tenido un precio exitoso para la institución pero para mí en muchos momentos ha sido muy duro. En muchas ocasiones he bordeado eso de “sólo ante el peligro”. Ha sido muy complicado mantener la independencia en estos 27 años, con 13 ministros y no sé cuántos secretarios generales, que a veces eran peor que los ministros.

¿Mantendrá la ONT esa neutralidad tras su marcha?
Mire, desde el punto de vista técnico, no hay riesgo. La ONT tiene en estos momentos el mejor equipo de su historia. La gente que entró hace diez años conoce el sistema, son personas muy profesionales que están en lo mejor de su vida y, por supuesto, cada uno de ellos sabe de lo suyo más que yo, que es como debe ser en una organización. Si el nuevo director de la ONT surge de la propia institución no habrá problemas…Pero estos vendrán si alguien tiene la tentación de fagocitar la ONT para uso político o personal. Eso puede ser un desastre. Si alguien se aparta y crea conflicto con las comunidades…ya veremos.

¿Enfrentamiento de las comunidades autónomas?
El sistema de trasplantes funciona con el consenso de las 17 autonomías, con los equipos, con los coordinadores, con todo el mundo. Es un modelo de organización horizontal, que es la más difícil de implantar pero la más eficaz. Todo funciona porque en el Consejo Interterritorial tomamos una decisión y luego las 17 comunidades las defienden a muerte. La ONT no ordena a nadie. El problema es que alguien se crea que la ONT ordena.

“Cuando hay recortes en sanidad, se paga en listas de espera. Ese es el copago de la población. Seguirla exprimiendo sería indecente”

¿Podría ocurrírsele a alguien la participación privada en el sistema de trasplantes?
No creo. Yo concibo el sistema de donación y trasplante como algo muy serio para no depender del Estado y de las comunidades. Por supuesto un 100% público. Porque una vez que interfiere la iniciativa privada ya no te puedes fiar. 

¿Lo piensa sólo para el sistema de trasplantes o sobre la sanidad en general?
No soy ningún talibán en contra de la iniciativa privada pero algunos ejemplos que da la medicina privada no son gratificantes. Creo que uno debe garantizar para el 100% de la población una medicina pública de calidad y luego si alguien lo quiere complementar con la privada, pues vale. 

Hay quien defiende que la gestión público-privada es más barata.
En España, experiencias de gestión privada las ha habido siempre pero sobre todo desde hace 20 años. Si de verdad se hubiera demostrado que esas experiencias de gestión son más baratas las habrían publicitado por todos los sitios. Ya no es un problema ideológico –que también–, sino de sentido común. Puede ser más barato en determinados aspectos pero al final ni se presta el mismo servicio ni otras cosas… Para cualquier gestor, el sistema público tiene una supremacía tremenda.

¿Los ciudadanos valoran el sistema sanitario español?
Los españoles han querido la sanidad y la han apreciado cuando la han visto en riesgo. En general se le muestra poco afecto, pero cuando la han visto en riesgo, las muestras de afecto han sido espectaculares.

¿Habrá más recortes?
No lo creo. El sistema sanitario lo ha pasado mal y lo está pasando mal. Hay menos presupuesto, menos camas, menos médicos, menos enfermeras… pero se ha mantenido. Con mucho más estrés, pero ha aguantado. Se puede decir que la sanidad está tocada pero no hundida. Espero que esta crisis se acabe de una vez y despegue de nuevo porque cuando hay recortes en este sector, se paga en listas de esperas. Ese es el copago de la población. Y seguir exprimiendo a la población sería indecente.