El último día de mi vida. Nuccio Ordine "La incertidumbre hace que la vida sea aún más bella"

Ensayista, profesor de Literatura Italiana en la Universidad de Calabria, experto en el Renacimiento y en la vida y obra de Giordano Bruno, sostiene que lo inútil es muy útil. Nuccio Ordine (Diamante, Italia, 1958)  lo ha escrito en La utilidad de lo inútil (Acantilado), traducido a 20 idiomas. Lo más útil, dice, es entender que sólo las cosas que hoy se consideran inútiles porque no producen ganancias, como la filosofía, la literatura, la música o el arte, son las que más necesitamos para hacer la humanidad más humana. “La belleza, en general, nos ayuda a comprender la importancia de lo gratuito y la abnegación en nuestras vidas: hacer cosas no para ganar dinero, sino para cultivar el espíritu”, señala. 

–En Clásicos para la vida (Acantilado) subraya la importancia que estos tienen para comprender el mundo en que vivimos. ¿Cuáles son las principales enseñanzas que pueden extraerse de ellos?
–Una enciclopedia no sería suficiente para enumerar todos los grandes valores que los clásicos pueden enseñarnos. Hoy, por ejemplo, en una Europa enloquecida presa del racismo y la xenofobia, creo que es muy importante que los jóvenes lean una maravillosa reflexión de John Donne (1624): los seres humanos no son islas, sino que forman parte de un solo continente. Una crítica feroz de la egoísta visión insular de la humanidad, hoy apoyada por consignas extremadamente peligrosas que incitan a la violencia: “Primero los italianos”, “Francia primero” o incitar a la “reconquista” en Andalucía.

Sin la muerte, dice Ordine, la vida no tendría sentido. Nos acompaña a lo largo de nuestras vidas en una circularidad necesaria. Y recuerda que Lucrecio nos enseñó que si algo muere, en otro lugar al mismo tiempo nace otra vida. Sostiene que la mejor manera de no sentir la presencia de la muerte es vivir la vida con plenitud, y está convencido de que no hay nada más allá. “La promesa de una vida futura termina por devaluar la importancia de esta vida. Sólo tenemos una, que es única e irrepetible, y por eso es importante vivirla a fondo”, sentencia. 

–¿Qué libros recomendaría para vivir la vida y por qué?
–Habría muchos de ellos. Pero no creo que haya una receta válida para todas las vidas. Para mí, la lectura de Orlando furioso, de Ariosto, fue fundamental: la relatividad de los puntos de vista y, sobre todo, la idea de que el bien y el mal, el amor y el odio, la sabiduría y la locura son inseparables, caras de la misma moneda.

–¿Y para afrontar la muerte?
–También para esta pregunta se aplica la consideración anterior. Giordano Bruno ha escrito maravillosas páginas sobre este tema. Podemos estar muertos incluso en la vida y podemos seguir viviendo entre los muertos. Nuestra vida tiene sentido si nuestro pensamiento se convierte en una forma de vida, si nos realizamos al comprometernos en las cosas en las que creemos. Entonces la muerte siempre nos encontrará vivos.

¿Qué es la vida para Ordine y cómo vivirla? Difícil responder con una frase, dice, pero si ha de hacerlo diría: “Perseguir sus propias pasiones y sus propios amores”.

Y respirar, que es vivir.


1. Si supiera que mañana es el último día de su vida, ¿qué haría? ¿Cómo lo pasaría?
No pertenezco a ese grupo de seres humanos que necesitan (a toda costa) conocer su futuro. No me gustan los traficantes de horóscopos y “certezas”. Al contrario: la incertidumbre hace que la vida sea aún más bella. Pero si supiera que tendría que vivir el último día de mi vida, haría exactamente lo que hago todos los días: perseguir mis pasiones.

2. ¿Qué le hubiera gustado hacer y ya no podrá porque no tendrá tiempo?
Aprender más, porque lo que sabemos no es nada comparado con la infinidad de conocimiento. Amar más, porque en el amor no se resta sino que se suma.

3. ¿Qué aconsejaría a los que se quedan?
Recomendaría aprender a “disfrutar”: no es poseer (al contrario de lo que nuestra sociedad de consumo nos quiere hacer creer) lo que nos hace felices, sino nuestra capacidad para disfrutar de las cosas y las personas que amamos sin sentir la necesidad de reclamarlas como “propiedad”.

4. ¿Cómo diría que fue su vida?
Completa y gratificante: despertar cada mañana con la alegría de leer, estudiar, preparar clases, jugar con mi perro, cultivar mis afectos, viajar para descubrir lugares desconocidos.

5. ¿De qué está más orgulloso?
Ciertamente no de mis libros, ni de los modestos reconocimientos que recibí, sino de haber comprendido (como el coronel Buendía mientras fabricaba pececitos de oro en su laboratorio secreto en Macondo) que los auténticos placeres de la vida se encuentran en las cosas “simples” y gratuitas que hacemos por el mero placer de hacerlas, en las acciones más humildes de nuestra vida cotidiana y en ser conscientes de que (como dijo Albert Einstein) “sólo una vida para otros es una vida que merece ser ­vivida”.

6. ¿Se arrepiente de algo?
Hasta ahora no sabría de qué arrepentirme. Pero tengo muchas cosas que reprocharme: podría, por ejemplo, hacer más y mejor.

7. ¿El mejor recuerdo de su vida?
Hay muchos. Pero uno de los momentos más felices se refiere al día en que gané las oposiciones para ingresar en la universidad: después de luchar durante años, con uñas y dientes, finalmente pude hacer coincidir mi pasión con un trabajo que me permitiría ganar un salario.

8. ¿Cuál sería el menú de su última cena?
Un aperitivo de pescado crudo, una pasta con almejas y unos salmonetes asados con una buena copa de vino. Pero la mejor cena del mundo, sin compartirla con las personas que amas, no ofrecería ningún auténtico placer.

9. ¿Se iría a dormir?
Eso creo. Repito: haría las mismas cosas que hago todos los días.

10. ¿Cuál sería su epitafio?
[Ningún día sin una línea]: la imposibilidad de pensar en algo definitivo. En mi vida no es concebible poner un punto firme. Siempre hay algo que añadir, modificar, mejorar, aprender.