El último día de mi vida. Sílvia Munt “Un día en el que no te puedas reír de algo es un día perdido”

De ella dijo Mercè Rodoreda, la autora de La plaça del diamant, que transmite el drama sin estridencias de manera perfecta, y así lo hizo interpretando a la Colometa, protagonista de la novela y de la película que la catapultó como actriz en 1981. Diez años después ganaba el Goya como mejor actriz por Alas de mariposa y, en 1999, el correspondiente al mejor cortometraje documental como directora por Lalia, la historia de una niña saharaui nacida en un campo de refugiados de Argelia. “Los ojos de ver están en el corazón”, espeta la niña en el documental. Sílvia Munt (Barcelona, 1957) siempre toma las decisiones más importantes con el corazón, “el órgano más inteligente que tenemos. La cabeza acumula datos y cosas más o menos importantes, pero es en el corazón donde las digiere; es tu pálpito”. Ese sentir que puedes escoger lo que tú sientes, ese pálpito le llegó hace 20 años, con Lalia. Y decidió dejar de ser actriz para ser directora. “Tuve que sentir que quería otras cosas, escuchar mi propia voz y ver que igual no era tan feliz como me creía, que me faltaba algo”. Se escuchó y tomó la decisión de empezar una nueva carrera. Costó que la aceptaran como directora por su condición de actriz y... mujer. Pero de eso hace 20 años. Ahora dirige Casa de nines segona part, que se estrena el 25 de junio, donde Nora Helmer vuelve a casa veinte años después de haberse marchado y dejar a su marido y sus hijos para comenzar una nueva vida.

–¿Lecciones? Es el debate eterno, de varios relatos, el de una mujer, un hombre, una hija que no ha tenido a su madre, y el relato de quien la ha cuidado. Para tener una elección en la vida tienes que ser libre, y para ser libre, tienes que desprenderte de las malas educaciones o los patrimonios culturales sellados a fuego... Cuando eres libre puedes elegir... Esa es la lección de esta obra. Parece mentira que tengamos que decir que aún no somos suficientemente libres. Ni hombres ni mujeres.

Tiene la vocación de ser feliz, pero considera que eso de la felicidad es una falacia, un término fugaz, y se pregunta cómo puede existir cuando se está rodeado de personas que sufren. No ha sentido la muerte, pero acaba de enterrar a su amiga del alma después de luchar cuatro años contra un cáncer. “Me enfado mucho con el sufrimiento para llegar a la muerte; no lo concibo y no concibo que nadie lo haya podido engendrar”, dice. Tuvo miedo a la muerte desde los 8 hasta los 14 o 15 años, cuando decidió sacarse ese mal rollo de encima. Cultiva su espiritualidad mirando a los ojos de los demás y le fascina el ser humano, su comportamiento, y trata de entenderlo. ¿Cómo es Sílvia Munt?

–Es la pregunta imposible. No lo sé. Creo que soy alguien muy tozudo, inquieto, responsable, con una capacidad para sobrevivir, afrontar la vida e intentar que tu actitud o tu manera de ser, tu relato,  ayuden un poco a hacer compañía a los demás.

Admira a muchas mujeres y cita a Yourcenar, Beauvoir, la Garbo... pero nunca se reencarnaría en ninguna de ellas.

“Mi vida es mi vida”, concluye.


1. Si supiera que mañana es el último día de su vida, ¿qué haría? ¿Cómo lo pasaría?
Preferiría no saberlo. Me parece mucho mejor quedarme dormida un buen día y punto.

2. ¿Qué le hubiera gustado hacer y ya no podrá porque no tendrá tiempo?
Muchísimas cosas. Me harían falta varias vidas para hacerlas. Me gustaría pasar una parte de mi vida en otro país, conocer más idiomas, ser acupunturera, me gusta mucho la historia, la antropología… Cosas de estas que nunca podré hacer, pero creo que he aprovechado bastante bien mi vida.

3. ¿Qué aconsejaría a los que se quedan?
Pues que se rían todo lo que puedan. Creo que un día en el que no te puedas reír de algo es un día perdido. Esta vida es angustiosa muchas veces. Tanto estrés, tanta competitividad, tanto escaparate; a veces, hasta tanta maldad. El único antídoto es poderte reír, tener sentido del humor y reírte de todo, incluso de ti mismo.

4. ¿Cómo diría que fue su vida?
Intensa. Apasionada. La he vivido sin mirar demasiado atrás, porque para mí existe el presente y un poquito de lo que viene pasado mañana. Puedo decir que está aprovechada. Habrá cosas mejor o peor, pero está aprove­chada.

5. ¿De qué está más orgullosa?
Estoy muy orgullosa de las tres hijas que tengo. Del trabajo, también, pero no lo pondría en primer lugar.

6. ¿Se arrepiente de algo?
No, no he hecho nada tan grave como para arrepentirme. Creo que las cosas importantes no las piensas, las sientes y casi siempre se acierta así.

7. ¿El mejor recuerdo de su vida?
Sin pensar, los nacimientos de mis hijas.

8. ¿Cuál sería el menú de su última cena?
Creo que no comería, tampoco dormiría, pero sí que me gustaría estar rodeada de la que gente que quiero.

9. ¿Se iría a dormir?
Nooo… yo no duermo nunca. Duermo muy poco, en general.

10. ¿Cuál sería su epitafio?
Creo que el epitafio nunca puede ponerlo uno mismo. Eres lo que has contagiado a los demás, eres una ilusión de los demás, y son los demás quienes han de decir quién eres.