"Vivir es un misterio formidable"

Doctor en Farmacia, catedrático de Bioquímica, rector de la Universidad de Granada, ministro de Educación con Leopoldo Calvo Sotelo, diputado, eurodiputado, director general de la Unesco (1987-1999), creador de la Fundación Cultura de Paz... La ciencia le ha proporcionado a Federico Mayor Zaragoza (Barcelona, 1934) el rigor, el conocimiento profundo de la realidad en un momento dado, la posibilidad de prevenir y de actuar.

Ilustración: Oriol Malet

–El enfoque científico es extraordinariamente útil para hacer frente debidamente a los grandes desafíos globales, teniendo siempre en cuenta la igual dignidad de todos los seres humanos, dotados de  unas facultades distintivas –reflexionar, imaginar, anticiparse, innovar, ¡crear!– que son el fundamento de nuestra esperanza colectiva. “Seres humanos libres y responsables”, según la excelente definición de los “educados” que da la Unesco. La libertad es el gran don. El multilateralismo democrático la mejor garantía de la gobernanza mundial.

Prevenir y actuar. Quizá por eso, cuando Craig Venter, biólogo, empresario y fundador de Celera Genomics, le comunicó en los años noventa que el genoma humano podía considerarse ya descifrado, puso en marcha la redacción y adopción por la Conferencia General de la Unesco y la Asamblea General de las Naciones Unidas de la Declaración sobre el Genoma Humano, en la que se prohíbe la clonación humana con  efectos reproductivos. Estaba presente el recuerdo de Josef Mengele, el antropólogo y médico de las SS que realizó experimentos genéticos  con prisioneros de Auschwitz... “Hay que recordar que no todo lo factible –como matar o abusar del menesteroso– es éticamente admisible”, sostiene Mayor Zaragoza. Mejorar la calidad de vida sí, evitar situaciones patológicas extremadamente graves e irreversibles, sí. Pero, rotundamente no a “exponerse a diseños humanos sin todos los controles y supervisiones que son exigibles. ¡Las lecciones del pasado no deben de olvidarse!”. Reitera una y otra vez que los pueblos han de unirse para hacer frente a los graves desafíos que acechan a la madre Tierra, como el cambio climático, que hay que proclamar la verdad e iniciar  la transición de la fuerza a la palabra. En ella, vaticina, el papel de la mujer será crucial, porque, “como me dijo el presidente Nelson Mandela, la mujer sólo excepcionalmente utiliza la fuerza, y el hombre sólo excepcionalmente no la utiliza”.

Ha dejado dicho que si la vida es inverosímil por qué no ha de serlo también la muerte. No la ha sentido de cerca, pero recuerda Camboya o el genocidio de Ruanda, del que se cumplen 25 años, como experiencia de muerte. 
–¿Le tiene miedo?
–Es tan vistosa, tan cotidiana... que es posible sobreponerse... y desear que no apresure el paso.
Federico Mayor Zaragoza es creyente porque “no tengo ninguna respuesta a las preguntas esenciales”.
–¿Cree que hay algo más allá?
Sólo la especie humana es consciente del cosmos, sólo los humanos “ojos del universo”. La especie humana es capaz, al justo filo de las certezas y de las incertidumbres, de decidir qué sí… o qué no… o qué… No cabe duda de que no aceptar imposiciones ni amenazas de fuegos eternos, ni declaraciones solemnes en favor o en contra es fundamental. Insisto: la libertad es el supremo don de los seres humanos. 

Considera que, metafísicamente, se puede estar muerto en vida. “¡Qué dispendio!”, juzga. 
–¿Qué es la vida para usted? ¿Cómo hay que vivirla?
–He escrito mucho –poemas incluidos– sobre esto. Es, lo repito, un fantástico misterio. Quizás un milagro. Por eso hay que vivir plenamente cada instante.
Y hacerlo echando mano del famoso refrán marinero que dice: “Nunca hay buen tiempo para quien no sabe adónde va”.

 

1. Si supiera que mañana es el último día de su vida, ¿qué haría? ¿Cómo lo pasaría?
La respuesta la anticipó Martin Luther King: “Plantaría un árbol”. Es decir, haría cuanto pudiera todavía en favor del otro mundo posible que anhelamos.

2. ¿Qué le hubiera gustado hacer y ya no podrá porque no tendrá tiempo?
Otro llamamiento a las comunidades académica, científica, artística, intelectual en suma, para que lideren las apremiantes acciones que son indispensables para asegurar la calidad de la habitabilidad de la Tierra.

3. ¿Qué aconsejaría a los que se quedan?
Que vivir es un misterio formidable y que no hay que desperdiciar ni un instante.

4. ¿Cómo diría que fue su vida?
Muy activa. Según el consejo de mi madre: “Ja descansarem quan mos morirem”.

5. ¿De qué está más orgulloso?
 De haber caminado siempre, como preconizaba Miguel Hernández, “con el amor a cuestas”.

6. ¿Se arrepiente de algo?
De muchas cosas. Pero procuré rectificar. 

7. ¿El mejor recuerdo de su vida?
Por fortuna, ¡tengo tantos “mejores recuerdos”! Pero, puestos a elegir, el beso que acaba de darme mi bisnieta Martina.

8. ¿Cuál sería el menú de su última cena?
No malgastaría. Me limitaría a un vasito de vino tinto.

9. ¿Se iría a dormir?
Sí: hay que aprovechar el último sueño en la ribera conocida.

10. ¿Cuál sería su epitafio?
Logró no rendirse nunca.