70 años de Magnum

Magnum, la agencia de fotografía más célebre del mundo, cumple 70 años. Con este motivo se han revisado sus archivos para publicar Magnum/Manifiesto, libro que recoge algunas de sus imágenes más significativas y otras menos conocidas. Es un recorrido por la historia de esta cooperativa de grandes fotógrafos que intuyó la globalización antes que nadie y que, no sin altibajos, ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos.

Magnum es un mito y, como los buenos mitos, sus orígenes son difusos. Las historias sitúan su fundación en una comida en el restaurante del MoMA de Nueva York, en la primavera de 1947. Allí, cinco fotógrafos, el húngaro Robert Capa, el inglés George Rodger, el polaco David Seymour Chim, el estadounidense Bill Vandivert y el francés Henri Cartier-Bresson, establecieron supuestamente las bases de aquella andadura, cuyo nombre estaba inspirado en las botellas mágnum de champán, la bebida favorita de Capa.

“La realidad, sin embargo, es que no ha quedado ningún registro de esa reunión”, escribe el experto en fotografía Clément Chéroux. “Por ello, nadie conoce la fecha, ni quién estaba presente, ni si tuvo lugar allí. Así es como se crean los mitos”, añade.

Chéroux es el editor, junto a la historiadora Clara Bouveresse, del libro Magnum/Manifiesto, que acaba de publicar en español la editorial Blume. Para su creación, explica, decidieron confiar en el primer documento oficial conocido: el certificado, del 22 de mayo de 1947, en el que se registra en Nueva York la agencia Magnum Photos, Inc. El documento fue presentado por un abogado, ya que los cinco miembros fundadores estaban trabajando y, para un fotógrafo de Magnum, trabajar significa estar a bastantes kilómetros de casa o de la oficina. A la sazón, Cartier-Bresson recorría la Costa Oeste de Estados Unidos, mientras que David Seymour y George Rodger fotografiaban las secuelas de la guerra en las playas de Normandía y el norte de África, respectivamente. Capa, por su parte, estaba ultimando el libro Ligeramente desen­focado, donde narró su experiencia como fotógrafo en primera línea en el día D.

En 1947, tras la brutal sacudida que supuso la Segunda Guerra Mundial, el mundo estaba en reconstrucción, y Magnum quiso formar parte de aquel laborioso proceso. Su objetivo era también defender los derechos de autor y la libertad creativa: los fotógrafos dejaban de trabajar por encargo y podían vender sus imágenes a varios medios, siempre en beneficio suyo. Asimismo, tenían derecho a controlar el cropping (recorte) de sus imágenes. La idea era “librarse del poder de los editores gráficos que en aquella época dominaban el mundo de las revistas”, escribe Clara Bouveresse.

Pero las cosas no eran tan sencillas. La libertad absoluta no existía. Para sobrevivir, Magnum tenía que adaptarse a los gustos de sus clientes y hacer trabajos más lucrativos. Por otro lado, como señala Chéroux: “La agencia es también un hervidero de egos. Todos sus fotógrafos han desarrollado su carácter recio, un estilo original y una resistencia a la crítica que en algunos casos puede llegar a ser muy vehemente”. En las asambleas anuales, las discusiones entre los partidarios de las tendencias “documentales” y las “artísticas”, siguen siendo recurrentes. Con sedes en Nueva York y París (en origen, dirigidas por las dos mujeres fundadoras, Maria Eisner y Rita Vandibert), las fricciones entre el método de gestión europeo y el estadounidense también han existido.

Pero, pese a ello, Magnum Photos continúa siendo sinónimo de independencia periodística, calidad y compromiso social. Las imágenes que ilustran este nuevo libro son la mejor muestra de ello. También continúa presente el champán, que se guarda para el bautizo de los nuevos miembros. Entrar en la agencia es un proceso largo y exigente, que supone la consagración profesional del que es aceptado. Entonces, se descorcha el mágnum, y el nuevo integrante bebe directamente de la botella.

MAGNUM/MANIFIESTO
Editado por Clément Chéroux y Clara Bouveresse.
Editorial Blume.
www.blume.es