Alabado sea el rugby

Bestias y rugby son una pareja formal en España. Ustedes perdonen pero no es lo que están pensando. Si los animales tienen tanto que ver con la llegada de este deporte a nuestro país es gracias a Baldiri Aleu, el veterinario que fundó hace cien años el club decano, la UE Santboiana.

Winston Churchill dijo que el rugby es un juego para patanes que practican unos caballeros, y no como el fútbol, que es para caballeros y lo practican unos patanes. La frase se ha quedado anticuada porque las mujeres han irrumpido con fuerza en este mundo. Olviden los tópicos. Ni violento ni sólo para hombres.

Baldiri Aleu fue el fundador y primer presidente de la Federación Española de Rugby. Antes lo fue de la Federación Catalana, la primera que nació en España. Se enamoró de este deporte mientras estudiaba veterinaria en Toulouse. Desde unos años antes, Francia y,  sobre todo, Gran Bretaña –su verdadera cuna– eran las capitales del “fútbol rugby”, su primer nombre. El veterinario Aleu y unos amigos de su ciudad, Sant Boi de Llobregat, en la comarca barcelonesa del Baix Llobregat, recibieron el último empujón que necesitaban en 1921.

Escenas insólitas en otros deportes son aquí habituales: dos rivales expulsados a la vez se marchan abrazados o los jugadores locales sacan en camilla a un adversario lesionado

Para entonces ya se habían celebrado muchos partidos en España, principalmente entre ingleses y franceses recién llegados o afincados aquí, como los trabajadores británicos de las minas de Ríotinto, en Huelva. Pocos encuentros fueron tan decisivos como uno del 23 de mayo de aquel año. Ese día se enfrentaron en el campo del RCD Espanyol “la Unión Sportiva Perpignan y el Racing Club Narbona”, según la peculiar grafía que empleó el semanario Madrid-Sport en la crónica publicada un día después.

Se impusieron los de Perpiñán por 9-3. El corresponsal, que firmaba como “¡¡Off-side!!”, destacaba que “el match fue presenciado por un enorme público, que despidió a los jugadores con flores y una gran ovación”. El periodista no lo sabía, pero había sido testigo de un momento histórico: un grupo de jóvenes de Sant Boi salió del estadio con las manos enrojecidas de tanto aplaudir y  una idea rondando en la cabeza.

El 4 de julio de 1921, bajo la presidencia de Baldiri Aleu, como no podía ser menos, nacía la Unió Esportiva Santboiana. Luego verían la luz la Federación Catalana de Rugby, en 1922, y la española, un año después. La próxima temporada, la del 2020-2021, el club celebrará su primer siglo. Antes hubo otros equipos, como la sección de rugby del Espanyol o los de las minas de Huelva, pero o ya no existen o se fundaron oficialmente en fechas posteriores. Nunca nadie le podrá arrebatar a la Santboiana el título de decano.

Durante muchos años, el municipio de Sant Boi, a menos de 19 kilómetros de Barcelona, fue conocido por sus huertos de manzanas, su manicomio y su club señero. Los enormes manzanales ya forman parte del pasado, como la concepción inicial del manicomio, que ha dado lugar a centros pioneros en salud mental. La ciudad no reniega de su pasado y ha convertido el Locos por Sant Boi en uno de sus lemas. Únicamente la centenaria UE Santboiana sigue exactamente la misma senda que se trazó en 1921: “La práctica y difusión del deporte aficionado, en especial el rugby”.

Esta pasión no mueve entre nosotros ni el dinero ni las multitudes del fútbol, pero tiene una mística especial, única. Hasta una pared puede devolver una pelota de fútbol, pero sólo un compañero puede pasar en condiciones un balón oval. Escenas insólitas en otros deportes son frecuentes aquí, como que dos rivales expulsados a la vez abandonen el campo abrazados. O que los anfitriones saquen en camilla a un jugador lesionado del conjunto visitante. Los partidos pueden ser duros, pero las asperezas siempre se liman en el tercer tiempo, el equivalente al hoyo 19 del golf. Los contrincantes olvidan lo que haya pasado en el campo y comparten manteles en el local social del club anfitrión.

¿Recuerdan el sainete del fútbol sobre si un equipo ha de hacer el pasillo a otro? ¿Y los técnicos y jugadores que se tapan la boca para ‘encriptar’ sus palabras?

¿Recuerdan aquel exabrupto del Loco Bielsa? “Al enemigo, ni agua”. Eso es impensable en el  rugby. Los partidos duran 80 minutos. En un encuentro reciente, Ricardo Martinena, Maño, el entrenador de la UE Santboiana, sólo protestó airadamente en una ocasión. ¡Y fue para defender a los rivales!  El Maño, consciente de la potencia de su equipo, con jugadores como el neozelandés Faavae Sila, de 137 kilos, le afeó al árbitro que colocase la melé sólo unos metros por delante de la portería contraria. Le preocupaba que algún jugador visitante se golpease contra un poste al verse obligado a retroceder.

Las comparaciones son odiosas. En el fútbol, entrenadores y jugadores se tapan la boca para que nadie lea sus labios. El Maño, un técnico de leyenda, analiza los errores y aciertos de  sus hombres, nada más terminar un partido de la División de Honor. También le escuchan niñas y niños del club, que están allí como uno más, aunque abultan menos que un brazo del hispanosamoano Afa Tauli (miembro de la selección española, casado con una santboiana y padre de un santboià, Niko, de un añito).

¿Y los sainetes del fútbol a propósito de si tal o cual equipo debe hacerle el pasillo a tal otro? Todos los partidos de rugby acaban con los locales tributando este honor a los visitantes, que acto seguido hacen lo propio con sus anfitriones. El túnel de los vestuarios no tiene valla de separación. No hace falta.

En cuatro años, del 2014 al 2018, la Federación Española de Rugby ha abierto casi 10.000 nuevas licencias: de 25.892 a 35.621 (30.489 masculinas y 5.132 femeninas). El crecimiento es lento, pero imparable. Varios factores lo explican. El principal de todos es que la camaradería y el buen rollo del campo se contagia a las gradas.

Todos los aficionados de España esperan el duelo de los dos equipos de Valladolid: el VRAC Quesos Entrepinares y el SilverStorm El Salvador, que se han repartido 17 ligas en 21 años (nueve para el primero y ocho para el segundo desde 1998). Fernando de la Calle, el histórico capitán del VRAC, ya retirado, se rompió una vez el tobillo en un derbi. El estadio Pepe Rojo coreó su nombre al unísono. También los seguidores del SilverStorm. El lema del VRAC lo dice todo: “AbracadaVRAC, descubre la magia del rugby”.

En las competiciones inferiores, es habitual que un club ayude a completar la plantilla de otro en caso de lesiones. Los torneos infantiles no tienen un primero, un segundo y un tercero, sino tres primeros. O tres oros, tres platas y tres bronces, si compiten nueve. Chicos y chicas juegan juntos hasta la categoría sub-16. A edades tempranas, todos son titulares. Todos juegan, incluso los menos dotados técnica y físicamente.

En el rugby todo acaba con los dos equipos haciéndose el pasillo, y técnicos de leyenda como el Maño dejan que hasta los niños presencien sus charlas

La preparación, sin embargo, es cada vez más precoz y efectiva. David Fernández, Maki, empresario de climatización y director de la escuela de rugby de la UE Santboiana en su tiempo libre, empezó a los 12 años. Su hijo, Bernie, a los cuatro. Y no es el único. También se inició a esa edad una centella llamada Leire que ya ha deslumbrado en el torneo infantil Melé, organizado por el Cau Valencia, El Salvador de Valladolid, el Liceo Francés de Madrid y la propia Santboiana. Si nada se tuerce, esta veterana de 11 años llegará algún día a las Leonas XV, la selección femenina absoluta. Seguirá así los pasos de otras perlas de la cantera de Sant Boi como la extraordinaria Anna Puig, clave para que las españolas renovasen en marzo su título de campeonas de Europa.

La selección masculina es el XV del León. El XV del Cardo es Escocia. El XV de la Rosa, Inglaterra. El XV del Trébol, Irlanda… Hay otras modalidades con trece, diez y siete jugadores (España es una potencia en esta variante). El hecho de que el número de integrantes del rugby clásico, el XV, se indique con cifras romanas es un homenaje a los orígenes y al harpastum, un duro juego que servía para entrenar a los legionarios de la ciudad de los césares.

La violencia del harpastum se conserva en el calcio storico (cuya épica refleja un documental maravilloso de David Airob y David Ramos en Vimeo), pero no en el rugby. Cuando se enseña y se aprende como es debido, este deporte –como las artes marciales– proporciona un gran autodominio. Las escuelas de rugby son academias de danza para los más pequeños, que cultivan y desarrollan sus capacidades motrices. Esas habilidades (y aprender a caer bien, otra asignatura troncal) ayudarán a prevenir lesiones. Aquí hallan un oasis las familias que han sacado a sus hijas e hijos de equipos infantiles de otras disciplinas, hastiados de los padres de la escuela Bielsa: “¡Eres un paquete!”, “¡éntrale más duro!”, “¡hazle falta!”.

No todos los niños que se enamoran del balón oval mantienen el idilio de adultos. Pero lo que aprendieron una vez les servirá toda su vida. Estas son algunas de las consignas de la UE Santboiana: “Disfruta del juego”, “gana con dignidad, pierde con elegancia” y “respeta a los rivales, a los árbitros y a todo el mundo”. Entérate de una vez, Churchill, el rugby no es juego para patanes que practican unos caballeros. Es un deporte para caballeros (y damas) que practican unos caballeros (y damas).

Esta elegancia atrae a multinacionales, incluso en un país donde el balón oval es para “la minoría, siempre”, como diría el poeta Juan Ramón Jiménez. La Federación Española acaba de renovar un acuerdo con Generali Seguros. Grandes marcas e instituciones están pendientes de los clubs: Autovivo, Hyundai Linkmotor, Estrella Damm, La Caixa, BigMat, Beko, Veri... Empresas como Sanitarios Roca van a clase al estadio de la UE Santboiana porque el rugby y su club decano tienen muchos valores que enseñar. En los seminarios se aprenden cosas apasionantes, como la que le dijo Baldiri Aleu a un entrenador muy triste por una derrota:  “Hemos perdido, sí, pero tenemos 120 jugadores entre todas las categorías. Más vale eso que ganarlo todo y tener sólo un equipo. ¡Esa es nuestra mejor victoria!”.  La UE Santboiana, que hoy preside Miquel Martínez, tiene en la actualidad casi 400 jugadores. Y jugadoras.