Cómo ganarse la vida jugando

Para muchos es el ocio por excelencia del siglo XXI. Cientos de millones de jóvenes (y no tan jóvenes) pasan horas en sus casas ante la consola de videojuegos o el ordenador. Pero para unos pocos esa afición se ha convertido ni más ni menos que en una profesión. Concentraciones, coachs, entrenamientos, dietas, público masivo... Su vida guarda no pocas similitudes con la de las estrellas del deporte.

"He alcanzado mi sueño. Ya puedo vivir como jugador profesional de videojuegos”. Es Kevin Alpire y acaba de cumplir 20 años (el 1 de julio pasado). Inkos, su apodo desde que fichó hace pocos meses por el equipo G2 Esports (también conocido ahora por G2 Vodafone tras firmar el pasado febrero un acuerdo de patrocinio con Vodafone), vive su mejor momento jugando en la división de honor de League of Legends, uno de los videojuegos más populares (más de cien millones de jugadores en todo el mundo). La inmensa mayoría son aficionados, pero hay unos pocos –poquísimos– que se dedican a ello profesionalmente. Ambientado en un escenario druídico llamado técnicamente mapa, en este juego se desarrollan batallas entre dos equipos formados por cinco luchadores (denominados campeones) con poderes excepcionales con el objetivo de aniquilar el nexo (así se llama la base) del enemigo, en un entorno de hechizos, runas, escudos mágicos y dragones.

Inkos: “Trabajamos un mínimo de seis horas diarias. Lo habitual es entrenarse desde las 15 horas hasta las 22, con una hora de descanso por en medio”

Kevin Alpire tiene que entrenarse cada día horas y horas frente la pantalla de un ordenador. “He dejado los estudios y me he trasladado a vivir a la gaming house (así llaman la vivienda compartida de los videojugadores) en Madrid junto con todo el equipo del G2. Somos cinco jugadores y un coach viviendo todos juntos. Trabajamos un mínimo de seis horas. Lo habitual es entrenarse desde las 15 hasta las 22 horas, con una hora de descanso por en medio, aunque es fácil sobrepasar este horario. Eso todos los días, excepto viernes y sábado, que descansamos. Incluso tenemos cocinero, que intenta hacer una dieta lo más equilibrada posible. Y por las mañanas nos hemos apuntado a un gimnasio para hacer algo de ejercicio”.

Cuando empezó a jugar, hace cinco años, los padres de Kevin Alpire no estaban nada contentos. “Las broncas podían ser continuas. Me veían pasar demasiado tiempo sentado frente al ordenador de mi habitación jugando. Sobre todo a partir de los 16 años, cuando empecé a tomármelo más en serio. Ahora que empiezo a ganarme la vida me apoyan al ciento por ciento. Me dicen que si este es mi sueño, que adelante. Y eso que tras el fichaje a principios de año tuve que dejar de estudiar el grado medio de electrónica”. Conocido antes como Godlike se cambió el apodo en su nuevo rumbo profesional, a partir del cual le ha cambiado toda la vida. “Incluso ahora tengo novia. Ha coincidido con el fichaje”. No sabe cuánto tiempo le podrá durar su vida profesional. “Generalmente es hasta los 28 años, porque con la edad disminuyen los reflejos y la rapidez en la toma de decisiones”. Su equipo se encuentra entre los mejores en la división de honor de la LVP de League of Legends que se juega en España. Pero él aspira a debutar en la liga europea. La emoción es mayor, y los ingresos, ­también.

“En España hay 40 jugadores profesionales contratados por ocho equipos en la división de honor de League of Leyends que cobran entre 400 y 2.000 al mes, al margen de premios en torneos o contratos de imagen por patrocinadores”, detalla Sergi Mesonero, cofundador de la Liga de Videojuegos Profesional (LVP), donde se desarrollan todo este tipo de competiciones desde el año 2011. Estos sueldos pueden dispararse entre 50.000 y 100.000 euros anuales si consiguen entrar en las competiciones internacionales europeas, y el doble en Estados Unidos, aclara Mesonero. Corea del Sur es un mundo aparte. “Van diez años por delante. Son los primeros en convertir los eSports (como se conoce las competiciones de videojuegos) en deporte nacional. En el año 2000 ya realizaban las primeras transmisiones televisivas, y en España empezamos en el 2012 por Canal Plus. Por internet desde el 2011”.

 A las nóminas mencionadas hay que añadir los sobresueldos, que pueden ser importantes. En la final de un torneo se llega a ganar un plus de 4.000 euros por equipo en España. A escala internacional, uno de los pasteles más deseados es hacerse con la victoria de la final del campeonato mundial de League of Legends, premiado con un millón de dólares, que el año pasado se llevó, cómo no, un equipo coreano. Sin duda una prima muy interesante equiparable a jugadores profesionales de otros deportes, que se incrementa con el streaming (retransmisión de las partidas de juegos en tiempo real a través de internet), que también beneficia a los jugadores. “Si personalmente tienes un gran número de seguidores, es posible sacarte otros 500 euros por partido retransmitido”, según la experiencia de Carlos Rodríguez, conocido como Ocelote, el videojugador profesional que más éxitos ha cosechado en España, y que con 26 años (los cumplió el pasado 15 de junio) ya gestiona su propio equipo, el G2 Esports, mencionado al principio de este reportaje. Recuerda que hace cinco años había llegado a ingresar por este concepto 3.000 euros al mes. Y luego están todos los patrocinadores. Como Digibet, una empresa de apuestas por internet que patrocinó al propio Ocelote en el 2011, o Media Markt, también El Corte Inglés, Asus Intel o Drift en la LVP.

Para Kameeh es importante poder conciliar su dedicación al juego con los estudios de Ingeniería de Telecomunicación 

Los patrocinadores son conscientes que tras los videojugadores profesionales hay un mercado potencial que tiene como base los millones de personas que se pasan algunas horas a la semana en partidas on line por simple afición a juegos como Call of Duty, FIFA, Hearthstone o el ya mencionado League of Legends, entre otros. La comunidad de jugadores aficionados en todo el mundo ya superaba los 1.900 millones el año pasado. En España son 14 millones, de los que el 45% son mujeres.

A escala profesional prevalecen los chicos. “El más joven en la LVP tiene 16 años. Es la excepción, porque generalmente son mayores de edad. Y el mayor tiene 28 años”, aclara Sergi Mesonero. Tienen sus sueldos y sus equipos con sus técnicos. Y sus entrenadores personales, que velan por el equilibrio emocional ante la tensión y el estrés de las batallas virtuales, así como la nutrición y ejercicio físico para compensar tantas horas frente a la pantalla. Y algunos equipos hacen que sus jugadores convivan las 24 horas del día en una misma vivienda donde duermen, comen, se entrenan y los preparan psicológicamente.

En España, antes del G2 Vodafone, sólo otro equipo y sus jugadores vivían en una gaming house. Es el Baskonia eSports, que ha estado liderando (al escribir estas líneas) la división de honor de League of Legends esta temporada (ha terminado el último fin de semana de junio). El Baskonia eSports nació de la fusión entre el club de baloncesto Saski Baskonia y el club de eSports Baskonia Atlantis en julio del 2015. Tras un exitoso año, Baskonia ha integrado la división de eSports en su estructura y el equipo, que pasa ya a denominarse Baskonia eSports. Baskonia redobló así su apuesta por la profesionalización y liderazgo en este nuevo mundo competitivo de los videojuegos, con el apoyo económico de Mars Gaming, su patrocinador principal.

Otros equipos no alcanzan este nivel de profesionalización ni el de sus jugadores. Es el caso de Roberto Abreu, apodado Glaäix. Ha terminado los estudios de auxiliar de enfermería, pero no encuentra trabajo. Su intención es poder combinar las competiciones de videojuegos con un trabajo porque hoy por hoy gana muy poco con su pasión. “Me gustaría vivir profesionalmente del juego”. Tiene 19 años y empezó a competir hace cinco años. Ahora juega desde hace un año en el equipo Pain Gaming, con el que compiten en la división de honor de la LVP de CoD (Call of Duty), en la que se enfrentan con otros nueve equipos.

En España hay 40 videojugadores profesionales contratados por ocho equipos en la división de honor de ‘League of Legends’ con sueldos y patrocinadores

En este videojuego prevalecen los escenarios bélicos y las ráfagas o disparos de ametralladoras ligeras o fusiles de asalto y lanzagranadas. “Nosotros somos cuatro jugadores, un entrenador y un analista, que escudriña a los demás equipos para descubrir sus puntos fuertes y débiles para comunicárselo al entrenador”, explica Abreu. Entrena con su equipo prácticamente cada día entre dos y tres horas a partir de las 16, cada uno desde su casa. “Yo vivo con mi madre y mi hermano. Cuanto termino el entreno sigo jugando con otras personas. Le dedico unas cinco horas diarias”. También admite que en ocasiones ha llegado a estar diez horas jugando. “En alguna ocasión mi madre se ha levantado a las 6 de la madrugada y si todavía jugaba se enfadaba conmigo. Me amenazaba con cortar internet”. También comenta que cuando él se ha autorregulado y ha llevado algún dinerillo a casa jugando, su madre ya no ha pensado que pierda tanto el tiempo.

Otro jugador, Alberto Jiménez, apodado Kameeh, este del equipo PAM en la liga de la división de honor también de Call of Duty, con 20 años recién cumplidos (el 1 de junio), tiene unas expectativas distintas. “Todavía no sé si el año que viene, cuando empiece el tercer curso de telecos (ingeniería de telecomunicaciones), dejaré de jugar. La carrera me exige mucho, y quiero dedicar tiempo a sacar adelante los estudios”. Mientras tanto en este curso lo ha estado combinando. Entrena tres horas al día desde las 20, pero desde casa de sus padres en Madrid, donde convive con otros dos hermanos, uno de 26 y otro de 13. “En este equipo estoy desde diciembre. Somos cuatro titulares más dos suplentes y un coach. Nos juntamos virtualmente porque cada uno está en su casa, y los fines de semana no suelo jugar. Prefiero tener momentos para salir con mis amigos”. Confiesa que le gustaría vivir de esto. “Es un mundo atractivo, y me gusta cuando otros chicos me felicitan en las competiciones finales, donde miles de personas se reúnen para presenciarlas en directo. Pero en España todavía es bastante difícil ganarse la vida de esta manera”. Para Alberto Jiménez lo importante es saber organizarse, tener mucha paciencia y compañerismo. “En los momentos de máxima tensión y estrés durante la competición es importante no perder la calma”.

En League of Legends de la LVP es donde se respira más la tensión. “Es trepidante”, asegura Sergi Mesonero. Sus grandes torneos finales son durante tres horas un acontecimiento espectacular donde el público reunido en un recinto ovaciona en directo a sus jugadores preferidos, mientras se desarrollan los combates. “No tiene nada que envidiar al clima excitante de la NBA. Los jugadores, encima de un escenario ante miles de espectadores, concentrados, en un gran pabellón donde se transmite la partida visualizada en una gran pantalla”.

También hay comentaristas que caldean el ambiente para que no decaiga el ritmo de la emoción. No es tan fácil ser un profesional de la retransmisión. No puede serlo cualquiera. Requiere un gran conocimiento técnico en el desarrollo de los juegos porque a los comentarios se van añadiendo análisis de las estrategias de los dos equipos enfrentados. Generalmente son exjugadores profesionales, como Ulises Prieto, de 26 años y actualmente comentarista de la LVP. “Tener la oportunidad de ser narrador de competiciones de videojuegos es un sueño. Poder transmitir a los seguidores de la liga la pasión que yo tengo por el juego es impagable”, confesaba hace poco más de un año ante las cámaras de televisión del Canal 4. Se ha hecho popular entre los aficionados que lo reconocen a veces cuando pasea por la calles, según explica él mismo. Quiere seguir viviendo de esto. “Aunque soy informático, me gusta lo que hago y quiero continuar mi carrera como narrador de deportes electrónicos (es como llaman a los videojuegos). Es un sector en auge que no para de crecer, y cada vez aumenta más el número de jugadores y espectadores. No tardaremos en ver crecer los eSports hasta unos niveles que nadie imagina en España”.

Cuando Glaäix jugaba hasta las 6 de la madrugada, su madre le amenazaba con cortar internet. Ahora se autorregula

En la misma medida que crece esta afición, también aumenta el recelo o temor ante el posible enganche ante las pantallas donde las horas corren y el tiempo parece que se diluye ante las excitantes partidas que se van sucediendo. José Antonio Molina, psicólogo experto en adicciones y autor entre otros libros de SOS… tengo una adicción, comenta que precisamente el descontrol o los cambios de humores formarían parte de las señales de alarma que tener presentes para no caer en la dependencia. Por lo demás, “los videojuegos pueden ser una herramienta interesante siempre que se establezcan unos límites y no interfieran en otros aspectos de la vida”.

Que el sector mueve dinero y cada vez más lo certifican tanto la Asociación Española de Videojuegos (AEVI) como el Libro Blanco del Desarrollo Español de Videojuegos (DEV). En el año 2015 en España se facturaron 1.083 millones de euros frente a los 996 del 2014. Mientras que en todo el mundo la industria de videojuegos movió en el 2015 casi 80.000 millones de euros. España ocupa el noveno lugar a escala mundial y el cuarto en Europa por detrás de Alemania, Reino Unido y Francia, mientras que por número de empresas (cuatrocientas) alcanza el primer puesto en Europa.

Sin duda los videojuegos se han convertido en un deporte muy atractivo. Una de las últimas transmisiones en directo en España de una final de la LVP fue el primer fin de semana de diciembre del año pasado en Ifema, la feria de Madrid. “Vinieron 29.000 personas durante los tres días que duró la competición, y por internet se conectaron 300.000 espectadores”, asegura Sergi Mesonero. Las temporadas son semestrales. Así que cada año se celebran dos finales en un pabellón de más de 16.000 metros cuadrados. Les llaman encuentros Gamergy, donde los mejores jugadores de videojuegos en España se disputan la victoria en ocho especialidades diferentes tras haber celebrado durante la temporada un total de más de cien mil partidas.

“En el caso de la División de Honor, la temporada está formada por ocho equipos que juegan durante 14 jornadas. Al finalizar la liga regular los ocho equipos juegan presencialmente en la Final Cup”, aclara ­Sergi Mesonero. Todo está regulado: los equipos tienen sus plantillas con sus alineaciones, los sistemas de clasificación de las ligas, las temporadas de los fichajes y los videojugadores suplentes. Las finales se retransmiten en directo a través de internet con cuatro señales simultáneas y cuentan con los mejores comentaristas con una puesta en escena que hace las delicias de los aficionados. “La Final Cup de League of Legends es el mayor espectáculo del deporte electrónico español”, añade. El último Gamergy, que incluye esta Final Cup, ha tenido lugar el último fin de semana de junio en la Feria de Madrid. Sin tener todavía las cifras concretas al cierre de este número, todo apunta que el número de espectadores ha superado a la de la final de diciembre. Y el entusiasmo, también.