Cómo iniciar una conversación con extraterrestres

Pues sí, hay científicos que quieren empezar una conversación interestelar con nuestros (si es que existen) vecinos de universo. Y ya han lanzado un mensaje al planeta GJ273b, uno de los dos que tiene la estrella de Luyten, a 12 años de luz de aquí.

Douglas Vakoch sonríe cuando el periodista pregunta medio en broma medio en serio si ya ha habido contactos con seres extraterrestres y los gobiernos del mundo lo esconden. “No que yo sepa, siento no poder darte una primicia”, responde. Douglas Vakoch es un hombre que se cansó de esperar. Hasta hace unos años fue director de Composición de Mensaje Interestelar del Instituto SETI (siglas que en inglés significan Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre), un proyecto que se inició a mediados de los años ochenta, con el respaldo de la Agencia Espacial Estadounidense (NASA), para rastrear señales de vida procedentes de otros planetas. Y ahora dirige el Instituto METI (Mensajes a Extraterrestres Inteligentes, también en inglés). Vakoch, con licenciaturas y másters en Religión, Psicología e Historia y Filosofía de la Ciencia, explica que “en el SETI no hay interés en enviar mensajes a posibles civilizaciones extraterrestres, sino que su objetivo es escuchar por si llega alguna señal alienígena. Por eso ­creamos el METI hace un par de años: para enviar un mensaje con la esperanza de obtener una respuesta”. 
Y así lo han hecho. Desde una antena situada en Noruega, los expertos del METI han enviado un mensaje con información sobre aritmética, geometría y trigonometría, así como una descripción de las ondas de radio que transportan el mensaje y una explicación sobre el funcionamiento de los relojes. El mensaje también incluye 33 canciones creadas por artistas afines al festival de música Sónar, que se celebra en Barcelona. El mensaje se transmitió los días 16, 17 y 18 de octubre, utilizando la antena de radio del European Incoherent Scatter Scientific Association (Eiscat), de 32 metros, en Tromsø.
Es un “hola, ¿qué tal?”, lanzado al planeta GJ273b, uno de los dos planetas de la estrella de Luyten, a 12 años de luz de aquí, y que se cree que podría disponer de agua, un elemento indispensable para la vida. En el diseño del mensaje ha colaborado, además, el Instituto de Estudios Espaciales de Catalunya. Este proyecto recibe el nombre de Sónar Calling GJ273b.
De este modo, en METI quieren probar la hipótesis de que “una señal con intención, rica en información y poderosa y enviada desde la Tierra, podría incitar una respuesta de alguna inteligencia extraterrestre”, indica la web de esta organización formada por científicos de múltiples campos, desde la física hasta la sociología, pasando por la historia o la astrobiología, que han trabajado para la NASA, la Agencia Espacial Francesa o diferentes universidades. 

Si se consiguiera iniciar una ‘charla’ interestelar, ¿quién debería ser el portavoz de la humanidad en una cuestión tan trascendental? El SETI ya tiene 
un protocolo por si llegara el caso

Desde hace décadas, la humanidad está enviando al espacio señales de radio y televisión. Si alguien ahí fuera tiene la capacidad para oírlos, quizá ya sabe de nuestra existencia. Pero en el METI han dado un paso más, y ya han enviado una señal mucho más potente para decir: “Estamos aquí y queremos charlar con vosotros”. Nada más y nada menos que iniciar una conversación interestelar, una empresa para la cual la parte tecnológica no es la más complicada. En el pasado, se han enviado cápsulas que contenían mensajes grabados en un disco de oro. “Y algunos científicos creen que sería adecuado emplear lásers –comenta Vakoch–. Pero creo que lo mejor es enviar mensajes de radio utilizando grandes radiotelescopios”. 
Y esto es lo que acaban de hacer. El verdadero reto, según este científico, “es que no tenemos ni idea de cómo pueden ser esos posibles extraterrestres y, por tanto, qué tipo de conversación podemos tener con ellos”. Y aquí la imaginación se dispara, es inevitable recordar a los bichos que han creado los guionistas de cine… y las posibilidades parecen casi infinitas.
Los científicos del METI trabajan a ciegas en este sentido. Nuestros vecinos de universo, ¿tendrán boca y ojos?, ¿se comunicarán telepáticamente?, ¿mediante señales químicas?, ¿podrán oír?, ¿sabrán qué es una pregunta?, ¿compartiremos emociones?, ¿serán muy individualistas o serán sumamente cooperativistas, como las hormigas?, ¿vivirán para la guerra, o el sentido último de su existencia será la belleza? Las preguntas se agolpan sobre la mesa de los expertos. En definitiva, ¿cómo iniciar una conversación con extraterrestres a los que no hemos sido presentados?
“Si reciben la radioseñal que les enviamos, es que compartimos cierta tecnología, y eso puede ser un inicio”, señala Vakoch. Algo común; sin eso, no habrá nada. Si son una civilización muy primitiva, no oirán nada, será como gritar en el desierto. Si pueden captar nuestras señales, tendríamos máquinas compatibles. Y si hemos producido máquinas similares, algo en común tendrá nuestra forma de pensar. Este es el razonamiento que siguen los científicos del METI. Por eso han estado meses dándole vueltas a cómo debe ser ese primer mensaje. “Está claro que no van a entender el inglés o el español, ni nuestros tuits, ni que ‘hola’ es ‘hola’”, comenta Vakoch. Por eso han empezado con un mensaje con matemáticas básicas. “Si entienden esos conceptos, querrá decir que compartimos algo de matemáticas y, por tanto, algo de nuestra forma de entender el universo”, añade. 
Vakoch pone el énfasis en la necesidad de la sencillez de ese primer mensaje para ir construyendo a partir de ahí una forma conjunta de comunicación. El éxito de ese primer mensaje, en opinión de este experto, sería algo tan básico pero tan extraordinario como que entiendan que “estamos aquí y queremos conversar”. Pero, tras ese primer “hola, ¿hay alguien ahí?”, en forma de matemáticas básicas, los retos siguen siendo de tamaño galáctico. “Habrá que emplear algún tutorial para enseñarles cómo funciona nuestra lengua”, indica. Y aquí el terreno es completamente desconocido. Hasta que tengamos cierta idea de cómo son, no podremos construir puentes de comunicación. 

No van a entender el inglés o el español. Se ha empezado por las matemáticas. “Si entienden el mensaje, querrá decir que compartimos algo y, por tanto, algo de nuestra forma de entender el universo”, dice Douglas Vakoch, director del METI

Que es precisamente lo que ocurre en la película La llegada, estrenada el año pasado, en la que una lingüista se encargaba de comunicarse con los aliens que visitaban nuestro planeta. “Creo que es la primera vez que una lingüista protagoniza una película de ciencia ficción”, comenta Jessica Coon, profesora en el departamento de Lingüística de la Universidad McGill, en Montreal, y asesora en el citado filme. En él, Amy Adams, la actriz que interpreta a la lingüista, debe aprender a comunicarse con los visitantes. “Me reuní varias veces con Amy para asesorarla, explicarle cómo se enfrenta un lingüista a una lengua muy alejada de la suya”, agrega Coon, experta en lenguas indígenas de América Central. 
Quizás vale la pena echar mano de los libros de historia. En el pasado ya ha habido encuentros entre culturas y lenguas muy alejadas. ¿Podría extraerse alguna lección? “Es cierto que cuando los europeos llegaron a América, se encontraron con culturas y lenguas que no conocían. Pero todas las lenguas de la humanidad comparten ciertos aspectos básicos. Cualquier bebé humano puede aprender cualquier lengua. Incluso cuando un adulto se enfrenta a una lengua nueva y lejana, puede realizar ciertas suposiciones”. Puede suponer, por ejemplo, que la otra persona tiene un nombre. 
Pero ¿tendrán nombres los aliens? Por eso Coon explica que, hasta que sepamos cómo son esos posibles seres extraterrestres, “no tiene sentido trabajar en un lenguaje para comunicarnos con ellos. En todo caso, la clave sería encontrar patrones comunes entre nuestro lenguaje y el de ellos”. En la película, los malentendidos tienen un papel fundamental. Algo que ocurre incluso entre seres humanos que comparten idioma. “En el caso de que podamos conversar con aliens, este será un aspecto crucial, sentar las bases para evitar malentendidos, entre formas de comunicarse que serán muy pero muy diferentes”, añade Coon. 
Vale, y si desde el METI consiguen iniciar una charla interes­telar, ¿qué? ¿Será un científico suyo quien represente a la humanidad en una conversación que sacudirá profundamente nuestra existencia? ¿A quién habría que llamar si los aliens piden que les pongamos al teléfono con nuestro líder? En el 2010, corrió el bulo de que la ONU iba a designar a la directora de su Oficina de las Naciones Unidas para Asuntos del Espacio Exterior (Unoosa) embajadora para posibles contactos con alienígenas. La ONU lo desmintió. Parece razonable llamar a alguien de la Unoosa en caso de contacto, pero este organismo está enfocado a aspectos legales de la exploración espacial y a estudiar amenazas como meteoritos, no a posibles encuentros en la tercera fase. 

Aunque, por si acaso, ya se han elaborado protocolos. Seth Shostak, astrónomo en el Instituto SETI, fue durante diez años el presidente del comité encargado de gestionar esa primera conversación. “El protocolo es muy simple –explica–. Si encuentras una señal, primero asegúrate de que no es de origen humano, ya que en el pasado se han captado señales que parecían extraterrestres y finalmente resultaron ser terrestres. Segundo, en el caso de que la señal sea extraterrestre, hay que decírselo a todo el mundo. Y tercero, no respondas sin realizar previamente una consulta internacional”.
Mmmm… pero ¿decírselo a todo el mundo no generaría un pánico y un caos absoluto en Twitter y en las calles? “No tendría sentido intentar esconder algo así, porque las personas implicadas enviarían e-mails o mensajes a amigos o familiares y se acabaría sabiendo”, se muestra convencido Shostak.
Cabe preguntarse si no será muy arriesgado llamar a la puerta de una casa a la que no hemos sido invitados. Echando la vista atrás, abundan los ejemplos de encuentros entre civilizaciones que han acabado como el rosario de la aurora. Al físico Stephen Hawking no le hace gracia esto del chateo interestelar. “Si los aliens nos visitan, pasaría algo similar a lo sucedido cuando Cristóbal Colón llegó a América”, declaró en el 2010. Pero Shostak insiste en tranquilizarnos, de una curiosa manera: “Si los aliens estuvieran interesados en los recursos de nuestro planeta y contaran con la tecnología para venir a por ellos, su decisión no dependería de que les enviemos un mensaje de radio”, asegura. 
Tampoco Vakoch cree que contactar con aliens vaya a iniciar la primera guerra de las galaxias. “Llevamos décadas emitiendo señales de radio y televisión al espacio. Y si los aliens quieren venir y tienen la tecnología para lograrlo, no hay mucho que podamos hacer para defendernos –comenta–. Así que creo que es preferible convencerles de que somos mejores para conversar y para aportarnos beneficios los unos a los otros que para otras cosas”, añade. 
Pero, sólo por si acaso, en esos primeros mensajes, ¿no sería necesario decir algo así como “llamamos en son de paz”? No en vano, cuando nos presentan a un desconocido, sonreímos, intentamos ser amables, damos un apretón de manos, una vieja costumbre que, antiguamente, servía para demostrar al otro que no se portaba un arma. Si recibimos una señal de una inteligencia extraterrestre, ¿no nos tranquilizaría que nos dijeran que son pacíficos? “Todos queremos causar una buena impresión en una primera cita –cuenta Vakoch–. Pero tampoco podemos pasarnos y mentir. No podemos decir que somos pacíficos y altruistas. Si la conversación avanza, podríamos decir que tenemos problemillas en algunos aspectos, pero que estamos trabajando en ello”.
Aunque es posible que este científico multidisciplinar tenga éxito con el mensaje a GJ273b, sabe que, en caso de posible respuesta, él no podrá replicar. “Pasarán muchos años antes de que alguien pueda recibir el mensaje y otros muchos antes de recibir repuesta”, señala. Entonces, ¿por qué tanto esfuerzo? “Alguien tiene que empezar –dice–. Encontrarnos con seres que serán tan diferentes de nosotros sería una oportunidad para que aprendamos los unos de los otros. Y esa civilización incluso nos podría proporcionar herramientas para resolver algunos de nuestros problemas. Un encuentro así sería un espejo muy interesante para conocernos mejor”.

Otros mensajes en una botella

En el pasado ya se han lanzado otros mensajes interestelares con la intención de decir que somos los habitantes del planeta Tierra. En 1972, la sonda Pioneer 10, de la NASA, transportaba una placa grabada en la que estaban representados un hombre y una mujer desnudos, nuestro sistema solar y su posición. Recientemente, se han cumplido 14 años desde la última señal recibida desde esta sonda. En 1977, la NASA envió las sondas Voyager 1 y 2, que incluían “118 fotografías, 90 minutos de música, saludos en 55 idiomas humanos y un lenguaje de ballenas, un ensayo con soporte de audio que contenía desde pozos de lodo burbujeantes hasta perros ladrando y el estruendoso despegue de un cohete Saturno V, un extraordinariamente poético saludo del secretario general de las Naciones Unidas y las ondas cerebrales de una joven mujer enamorada”, como se indica en la web oficial de la Agencia Espacial Estadounidense. El científico encargado de decidir los mensajes de las Voyager fue Carl Sagan, el famoso astrónomo, astrofísico y divulgador. En su libro Murmullos de la Tierra, cuenta, por ejemplo, que los Beatles querían que se incluyera su canción Here Comes the Sun, pero no tenían el copyright, y finalmente no se incluyó. Con respecto a los saludos en 55 idiomas, se empezó con el sumerio (una de las lenguas más antiguas de la Tierra) y se finalizó con un “hola de parte de los niños de la Tierra” pronunciado por un niño estadounidense de 5 años. Ann Druyan, la mujer enamorada que prestó sus ondas cerebrales, formaba parte del equipo científico encargado de decidir los mensajes de la sonda. Y, precisamente, estaba enamorada de Sagan, con el que se casaría y conviviría hasta la muerte de este. Muchísima y variadísima información, pero quizá no haya nadie al otro lado de la galaxia capaz de entender qué es el amor o la música o un secretario general.