Corazón sano: la receta Fuster

Para el conocido cardiólogo Valentín Fuster, cuidar la salud y prevenir la enfermedad cardiovascular es un pilar de la medicina, y lo promueve desde su fundación. Los proyectos que impulsa son a la vez simples y ambiciosos, pues están al alcance de todos, pero proponen nuevas fórmulas para ser efectivos y poder extenderse a muchas personas.

Si mamá, papá o la abuela le han puesto bollería para desayunar en la escuela, el niño o la niña de preescolar mira a la maestra con cara compungida: “¡Yo les dije que quería fruta!”. Un día, la profesora vio a una alumna por la calle comiéndose una piruleta, que escondió como pillada en falta… Si se pregunta a la clase de P5 “¿cuándo se pueden comer chuches?”. “De vez en cuando”, se oye como respuesta. “¿Y salchichas?” “De vez en cuando”.

Está claro que las pautas de una alimentación sana calan entre los alumnos de preescolar, sean del colegio público Mare de Déu del Patrocini del municipio barcelonés de Cardona, de la escuela Bosque de Madrid o de los otros centros que aplican el programa de promoción de la salud de la Fundación SHE, creada por el cardiólogo Valentín Fuster. A través de su fundación, el médico quiere poner al alcance de todos su receta para una buena salud cardiovascular.

 

Cuidarse es básico

“Yo soy científico, y podemos descubrir nuevos fármacos, seguir investigando cómo tratar la enfermedad, pero si no cuida­mos la salud… Todo el mundo debe saber cómo mantenerse sano en lo posible”, explica Fuster, director médico del hospital Mount Sinai de Nueva York y director del Centro ­Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) de Madrid.

“Podemos descubrir nuevos fármacos, investigar cómo tratar la enfermedad cardiovascular, pero si no nos cuidamos...” dice apelando a una mayor prevención de la patología cardiovascular

El renombrado cardiólogo no encierra la medicina en una consulta; para él, se extiende al laboratorio y a la calle. Y tal idea se refleja en su Fundación SHE, nombre que responde a Science, Health, Education (ciencia, salud y educación).

Las enfermedades cardiovasculares (infarto cerebral, de miocardio...) son la primera causa mundial de mortalidad. Sus principales factores de riesgo son tensión arterial alta, colesterol elevado, fumar, no hacer ejercicio, diabetes, obesidad, una disponibilidad genética y es probable que influyan también otros, como la contaminación. Y recuerda Fuster que el 90% de los infartos se da por sufrir uno, dos, tres o todos esos facto­res y sólo un 30% de esos ­riesgos se trata bien. “Lo bueno es que esto es reversible”, afirma. Se puede prevenir la enfermedad. Debe hacerse, de hecho, pues al ser masiva, cada día resulta más insostenible tratarla.

Pero a la sociedad le cuesta reducir esos riesgos. “La conducta es el problema más importante que tenemos en la enfermedad cardiovascular”, reconoce Fuster. Por ello, desde la fundación que preside explora fórmulas para hacer que la gente se cuide más, empezando a intervenir en edades tempranas y probando a cambiar conductas, con acciones distintas según la edad.

 

Empezar en la niñez

El 60% de los adultos con sobre­peso empezaron a tener problemas con los kilos en su niñez. Un estudio de Fuster y el CNIC, con pacientes de Madrid y EE.UU., a los que analizaron con tecnología muy avanzada su corazón y arterias, constató que la enfermedad cardiovascular empieza, en muchos casos, en personas de 20 años (por cierto, los factores de riesgo y la obstrucción de arterias cerebrales también podrían relacionarse con la demencia senil).

Fuster alude asimismo a estudios (no suyos) que apuntan que en las edades tempranas es más fácil retener lo que se aprende. Esa puede ser “una oportunidad para cambiar conductas”, dice. El objetivo es inculcar a los niños pautas de vida saludable, antes ya de los 6 años, para intentar que las mantengan el resto de su vida.

Así creó el programa Salud Integral (SI!), que ya ensayó hace unos años en Colombia –con la ayuda de los muñecos de Barrio Sésamo, entre los que Fuster tiene uno propio, el Doctor Ruster, que da consejos saludables–. Entre los niños colombianos, las pautas funcionaron –ahora se estudiará a esos chicos siete años después–. En España, el programa se amplió y, curso tras curso desde el 2010, se extiende. Se trabaja en 134 escuelas (llega a 25.000 niños) de Madrid, Catalunya y Galicia. Y se espera sumar más centros que se interesen por la iniciativa.

El programa se evaluó con 2.062 escolares de 3-5 años de Madrid entre el 2011 y el 2014, y se constató que los niños participantes mejoran hábitos, sobre todo, aumentan el ejercicio diario –a estas edades es tan simple como merendar en el parque o jugar con la pelota o la bici–. O se vio que las familias incluían más fruta y verdura en los menús, señala Gloria Santos Beneit, del equipo científico de la Fundación SHE e investigadora que coordinó el proyecto. Incluso se comprobó una mejora en mediciones de parámetros de sobrepeso (perímetro de cintura, pliegues de grasa subcutánea), aunque la intervención no va dirigida a tratar el sobrepeso, sino a prevenirlo.

Stella Estrada, coordinadora del programa escolar en ­Ourense (donde se empezó a aplicar con respaldo municipal en el 2012 y participan 15 escuelas públicas y concertadas), señala: “Creo en el programa, y tiene un éxito rotundo: los niños asumen tanto las enseñanzas que hay padres que han dejado de fumar por su influencia; lo mismo algunos profesores”. Un grupo de padres y madres de Cardona confirma el pressing de los hijos.

 

Perseverar

A diferencia de otras iniciativas más parciales o aisladas, el programa SI! se integra en el currículo escolar para hacer actividades a lo largo del curso; se forma a profesores, y en algunas acciones participan las familias, explica Mingu Haro, coordinador pedagógico de SHE.

El reto, subraya Fuster, es seguir aplicando el programa a medida que los alumnos crecen para intentar que sigan manteniendo las pautas saludables al llegar a la adolescencia (ya hay un ensayo piloto en seis institutos) y después, de adultos. “El funcionamiento de la sociedad de consumo no facilita a los adolescentes llevar una vida sana, por eso es importante que las pautas cuajen antes y que tengan buenos modelos, como algunos deportistas”, apunta.

 

Fruta y verdura

El programa escolar incide en aspectos que se conocen pero muchas veces no se aplican, como la alimentación. “Hay que hacer ejercicio y comer muchas frutas y verduras cada día y hamburguesa de vez en cuando. Y pasteles, de vez en cuando. A vosotros, ¿que os gustan más, los tomates o las hamburguesas?”, pregunta Fuster a la clase de P5 de la escuela Bosque. La alimentación es clave. Los niños aprenden la pirámide alimentaria, que deben comer variado (“alimentos de muchos colores”), de qué no se debe abusar... Y lo transmiten a su familia.

 

Ejercicio diario

Otra área es conocer el cuerpo, para aprender a cuidarlo. El programa tiene como mascota a un muñeco con forma de corazón, Cardio. Sea en Cardona o en Ourense, el día de la semana de la salud que Cardio visita la escuela hace las delicias de los pequeños. “A mi padre le suena el Cardio todos los días, ¿a usted le suena?”, le pregunta un niño a Fuster. “Mi Cardio se pone contento cuando hago deporte”, añade otro.

El ejercicio físico es la otra baza diaria para cuidar la salud cardiovascular. A cualquier edad. Porque vista la buena marcha del programa escolar, SHE extendió su acción a los adultos con los proyectos Fifty-Fifty (para personas de 25-50 años), Fifty Plus (para mayores de 50 años) y Healthy Communities (comunidades saludables).

Los programas usan de manera innovadora la terapia de grupo para reforzar la adopción de hábitos, y un estudio demostró que funciona: el 67% de los participantes mejora de los principales riesgos cardiovasculares

Un campo de pruebas ha sido Cardona, donde Fuster tiene una casa. El municipio se extiende por una colina y, pese a no ser grande (unos 5.000 habitantes), es usual tirar de coche. Pero quienes se apuntaron a los programas de Fuster están cambiando de hábitos. Como Josep Boixadera (fotógrafo), Josep Badia (carnicero) y Aurora Freixas (ama de casa), que siguieron el programa Fifty Plus el año pasado y le han cogido gusto a las caminatas diarias. El primero ha dejado el tabaco, y los otros dos han perdido bastante peso. “A mí me daba pereza salir a caminar y después de comer solía echar una siesta, ahora doy un paseo y si un día no lo hago, lo echo de menos”, comenta Badia. Los tres coinciden en que la clave es “autoconvencerte de cuidarte y convertirlo en hábito”.

Lo mismo dice la maestra Rosa M. Torrico, participante en el programa escolar y el Fifty-Fifty. A ella la ayudaron los consejos alimentarios: “Antes desayunaba un café con leche o nada, tenía hambre a media mañana y nada en la comida. Ahora, me he acostumbrado a un horario más regular”. También hace ejercicio. “He asumido que o te cuidas o vienen los problemas”, dice.

Para facilitar la adopción de hábitos más saludables, se formaron en Cardona 40 dinamizadores de actividades y promotores de la salud, que dedican parte de su tiempo a hacer de consultores y animadores de sus vencinos. Son gente diversa: un policía, un informático, el director del centro excursionista, la de la asociación de mujeres... En el municipio, con ayuda de administraciones y entidades, se han señalizado cuatro rutas para caminar, se organizan caminatas populares y un mercado saludable mensual, se han instalado dos parques con aparatos de gimnasia, se construye un campo de deportes y hasta un auditorio para hacer actos de difusión de la salud. Cardona quiere ser un municipio saludable.

 

Concienciación

Fuster ya hizo otro ensayo para crear una cultura de cuidarse, en ese caso, en un área donde predominara un factor de riesgo cardiovascular: en una zona de Kenia donde se come mucho en salazón se repartieron aparatos para medir la tensión y teléfonos para registrarlo, y se ha logrado que los vecinos hablen de la hipertensión y se preocupen de vigilarla, explica el cardiólogo.

 

Terapia de grupo

Otra experiencia es incluir la gestión emocional, ligada a la conducta que tanto preocupa a Fuster. Su Doctor Ruster transmite mensajes como “exprésate” o “tú puedes hacerlo” a los niños, que trabajan, además, las emociones. Y los programas de adultos incluyen –junto a sesiones y talleres con diferentes expertos– terapias de grupo, como contra las adicciones, para favorecer la motivación, ayudar a controlar el estrés o a dejar de fumar, compartir dudas...

La terapia refuerza el cambio de hábitos, según constató un estudio con medio millar de personas de siete municipios españoles (hecho con el Ministerio de Sanidad). Un 67% de los participantes mejoró el control de los factores de riesgo. Casi la mitad aumentó su actividad física y uno de cada cuatro fumadores dejó el tabaco.

 

Modelos exportables

En el barrio de Harlem neoyorquino, vecino al hospital Mount Sinai, se ensaya con 600 familias el programa escolar y los de adultos. A los padres de los alumnos se les mira las arterias, por ejemplo, para detectar si hay signos tempranos de enfermedad, darles pautas de prevención...

En Cardona ya se hizo un diagnóstico de salud de 700 participantes que se reevaluará en el 2017 y el 2020. La idea de Fuster es probar modelos de prevención en entornos distintos y ver si funcionan para que las administraciones los puedan adoptar y generalizar. El objetivo: extender los hábitos saludables.