La decadencia del tabaco

¿Qué ha sido del tabaco 10 años después de la ley que restringía mucho su consumo? Se fuma menos en España: lo hace un 23% de los mayores de 15 años, cuando antes de la ley lo hacía más del 28%, y el humo es menos visible, aunque quienes siguen implicados en la lucha contra el tabaquismo dicen que la batalla todavía no está ganada.

Pepe fumaba más de una cajetilla de cigarrillos al día. Cuando se aprobó la ley antitabaco, en diciembre del 2005, que prohibió fumar en lugares de trabajo, empezó a reducir el consumo, a probar métodos para fumar menos, para no tener que salir cada dos por tres de su oficina a la calle. Hace año y medio, decidió cortar con el tabaco. Y así se mantiene. Pepe, de 45 años, podría representar a un elevado número de españoles que en estos años ha cambiado de estatus: de fumador a exfumador. Son en torno a un millón de personas, según diferentes cálculos.

El cambio social ha sido enorme. “No se ve fumar en todas partes, ni huele a tabaco en todas partes ni hay publicidad de tabaco (aunque aparece en películas y series televisivas)”, resume Joan Ramon Villalbí, veterano especialista en políticas antitabáquicas de la Agència de Salut Pública de Barcelona (ASPB) y presidente del consejo asesor del Departament de Salut catalán en esta materia. Lo que implica sobre todo este cambio, valora él, “es una menor presión a los adolescentes para iniciarse en el hábito tabáquico”.

Porque este hábito es nocivo, según han demostrado más de 70.000 investigaciones –le constan a la Organización Mundial de la Salud (OMS)– desde que hace 50 años empezaron a aparecer en EE.UU. relacionando el tabaco con distintos problemas de salud. Se considera que es la primera causa evitable de enfermedad y muerte (se lo relaciona con unos 147 fallecimientos diarios en España) ya que es el primer factor de riesgo cardiovascular –responsable del 20%-25% de esta patología, porque estrecha las arterias coronarias y favorece que se formen coágulos–. Y es el causante del 20% de las muertes por cáncer... Fumar figura como causa o agravante de una treintena de enfermedades, desde el cáncer de pulmón (el más mortífero, que causa 21.118 muertes anuales en España) o la obstrucción pulmonar hasta daños al feto si la fumadora está embarazada, degeneración macular, diabetes, disfunción eréctil...

La toxicidad es tanta que no hace falta ni fumar: respirar el humo ya daña la salud. Por descontado, aparte de la mortalidad y mala calidad de vida, supone enormes gastos sanitarios y sociales (de atención médica, horas de trabajo y años de vida perdidos). La Administración de EE.UU. los ha estimado en torno a 300.000 millones de dólares al año en ese país.

Por ello, se ha ido limitando el consumo de tabaco en muchos países. En España, la normativa vigente, de la categoría de las más ambiciosas, fue aprobada por el gobierno socialista en diciembre del 2005 y reformada en diciembre del 2010. Prohíbe fumar en espacios cerrados de trabajo y ocio, bares y restaurantes, transportes y demás lugares de uso público o colectivo (la reforma acabó con las salas de fumadores primero autorizadas). Veta además la publicidad del tabaco, invisibiliza sus marcas y restringe los puntos de venta.

Fue una limitación muy importante, que en su día causó mucho debate y que seguramente entonces muchos no pensaron que se fuera a cumplir en la medida en que se cumple. “La verdad es que nos hemos acostumbrado, no fue tan difícil”, afirma un fumador ante su edificio de oficinas.

Sí, nos hemos acostumbrado a ver a los fumadores en las puertas de las empresas y tiendas, a cómo el o la fumadora de la casa sale a su silla del balcón o a cómo un par de comensales se ausentan de la mesa del restaurante o de la conversación para salir a fumar a la terraza o al rinconcito junto a la puerta –que algunos locales han decorado incluso con estilo–. Hoy, lo que ya parece raro es que antes se pudiera estar con el cigarrillo en todas partes. Algunos recordarán a Carrillo, González y Suárez dando calada tras calada en el Congreso, ¿y cuándo se fumaba en las habitaciones de los hospitales o el médico estaba con el cigarrillo en su consulta? De los facultativos ingleses, que llegaron a fumar la mitad, sólo un 2% mantiene el hábito.

Con la ley, en menos de diez años, se redujo en España el porcentaje de quienes fuman a diario al 24% de los mayores de 15 años –el 27,9% en los varones y el 20,2% de las mujeres–. Si se añade a fumadores ocasionales, fumaba el 27,1% de los mayores de 15 años, según datos del Ministerio de Sanidad obtenidos de la Encuesta Nacional de Salud 2011-12. Ahora ya hay menos fumadores. La Encuesta Europea de Salud de 2014 –hecha por el Instituto Nacional de Estadística para la UE– apuntó que fuma diariamente el 22,98% de la población mayor de 15 años, con un descenso hasta el 18,6% en las mujeres (de los hombres fuma el 27,6%). Y el porcentaje de exfumadores ya supera al de fumadores diarios y ocasionales (25,7% frente a 25,3%), lo que ya ocurría en EE.UU., donde empezaron a dejar antes el hábito. Aun así, en países como Suecia, Australia o Brasil se fuma la mitad que en España.

En el 2003, fumaba a diario un 28,1% de los mayores de 15 años. En el 2001 era un 31,7%. A finales de los setenta, fumaba (diaria u ocasionalmente) ¡un 64,7%! de los varones. Entonces era lo normal. Para los adolescentes, un gesto de paso a la edad adulta, y para las mujeres, de igualdad, de liberación. De hecho, en esa época comenzó a declinar el consumo de tabaco entre los varones, pero aumentó entre las mujeres, de un 16% hasta alcanzar más de un 27% en la primera mitad de los noventa. En los 2000, ellas empezaron también a fumar menos.

El tabaco también se ha reducido entre los jóvenes: ambos géneros fuman menos que el porcentaje general: 21,4% de los chicos de 15 a 24 años y ¡15,4%! de las chicas, según la encuesta europea del 2014. En torno al 70% no ha fumado nunca. “Ha cambiado culturalmente la visión del tabaco, ya no se ve como un gesto normal de la edad adulta”, sostiene Joan Ramon Villalbí.

Los médicos son taxativos: lo mejor que puede hacer una persona fumadora por cuidar su salud es dejar el tabaco; además, se ha demostrado que el abandono comporta efectos instantáneos de una disminución del riesgo cardiovascular, por ejemplo. Así que la reducción del hábito debe reflejarse en el ámbito sanitario.

José R. Banegas, del departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), destaca una investigación del Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III que atribuye a la reducción del consumo de tabaco desde el 2005 un descenso del 15% en las hospitalizaciones por enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).

Igualmente, hay estudios que apuntan un descenso de ingresos hospitalarios por infarto del 11% y por asma infantil del 15%. Con todo, Banegas pide cautela: afirma que en muchas patologías no está clara la relación de menos hospitalizaciones o muertes con la reciente reducción del consumo de tabaco, cree que se necesitarían estudios más amplios y a largo plazo.

Un estudio de este profesor e investigador y su equipo relaciona con el tabaquismo 54.000 muertes anuales en España de mayores de 35 años (toda Europa cuenta 650.000, y EEUU, 480.000). “Supone –indica– un leve repunte de las muertes ocurridas en años precedentes, a base sobre todo del incremento ocurrido en mujeres, ya que en varones llevan muchos años disminuyendo” (porque empezaron a dejar de fumar años antes). Banegas cree que habría que evaluar globalmente los efectos de las leyes contra el tabaco e introducir medidas en los aspectos en que menos se ha intervenido.

El objetivo principal de la ley era proteger a los no fumadores, reduciendo el humo ambiental. Y se ha conseguido, pues la ley se cumple en torno a un 95%, según las inspecciones de las comunidades autónomas, y la exposición al humo de tabaco ha disminuido un 57%, estima el Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo (CNPT), plataforma de sociedades científicas y otras entidades que buscan reducir este consumo.

La exposición al humo del tabaco, ser fumador pasivo, se relacionaba con al menos 1.200 muertes al año en España. Un estudio ha constatado un descenso del 16,3% de esta mortalidad, apunta M.ª José López, de la Agència de Salut Pública de Barcelona, una de las investigadoras que han analizado mucho el humo ambiental. Señala que en mediciones de nicotina y partículas contaminantes en lugares de trabajo y hostelería, antes y después de la ley, se observaron reducciones de hasta un 90% de tales contaminantes (más en empresas que en algunos bares y restaurantes). Su grupo participará ahora en una investigación europea para medir esos contaminantes en terrazas y espacios privados como coches y casas.

Un estudio de la Universidad de Granada apuntaba que si se ha reducido un 90% la concentración de nicotina en adultos no fumadores, al disminuir la exposición al humo, no tendría la ley un efecto tan evidente en los niños: analizaron 118 y el 50,8% eran fumadores pasivos, lo que los investigadores atribuyen a que se fuma más en casa, aunque el estudio ha sido cuestionado.

En algunas mediciones en casa (aquí y en EE.UU.) se ha visto que, aunque se fume en la terraza, hay nicotina y otros contaminantes del humo en el interior (aunque menos que si se fuma dentro, claro, pero inclu­so se hallaron trazas en casas de no fumadores). Y lo mismo en los bares donde se fuma en la entrada o terraza, dice López.

Está en el punto de mira de los expertos cómo reducir el consumo de tabaco en los hogares –donde en torno al 18% de las personas están expuestas al humo–, pero se antoja de difícil regulación.

Un análisis de la organización de consumidores OCU del pasado verano –estudió 400 instalaciones en 12 ciudades– advertía igualmente que la ley se suele cumplir en espacios interiores, pero menos en aquellos como patios de hospitales, universidades e institutos y terrazas de restauración semicerradas.

Manuel Franco, profesor y epidemiólogo de la Universidad de Alcalá y de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins (EE.UU.), que trabaja en un proyecto europeo para evaluar la salud cardiovascular, analiza en barrios de Madrid cómo se cumple la ley antitabaco, cuántos estancos hay, etcétera. Y su equipo ha constatado lo mismo que la OCU e incluso un incumplimiento de la ley en algunos espacios cerrados, especialmente nocturnos, como salas de conciertos. También ven diferencias entre barrios según el nivel de renta (se fuma más en barrios de menor renta).

Franco ya estudió la evolución del consumo de tabaco desde los años sesenta y cómo había ido cambiando el perfil de fumadores o cómo en los años ochenta la publicidad se dirigía a las mujeres, entonces clientela al alza. El investigador advierte que se debe tener en cuenta en el tabaquismo el género, nivel educativo, de renta y la edad de los consumidores porque varía el consumo según estos parámetros. Fuman más los desempleados (el 35,2%) o quien tiene menor nivel de estudios.

El CNPT reclama una nueva ofensiva político-sanitaria. “El problema del tabaquismo ha mejorado mucho, pero aún queda mucho por hacer. El tabaco sigue siendo un problema de salud muy importante. La ley ha sido un gran avance, ha propiciado un cambio en la percepción social del tabaco, cuyo uso se ha desnormalizado, pero en los últimos cinco años no se ha hecho casi nada más”, opina Regina Dalmau, la cardióloga madrileña que preside el CNPT. Para Franco, ni se puede hablar de desnormalización del tabaco todavía en algunos grupos de edad y sociales. “No creo que la batalla esté ganada”, asegura.

El CNPT se ha puesto como objetivo que en el 2040 en España se fume menos del 5%. Lo considera posible. Para ello aboga por medidas como nuevas campañas concienciadoras y acciones educativas, reforzar los programas de deshabituación y reimplantar las ayudas para dejar de fumar –muchas de estas actuaciones en la sanidad pública han quedado mermadas durante la crisis– y actuar en grupos donde hay mayor prevalencia del tabaco, como son los reclusos, los pacientes de centros psiquiátricos o algunas minorías inmigrantes.

Asimismo, el CNPT propone otra subida de los impuestos sobre el tabaco, como medida disuasoria de consumo –avalada por la OMS–, y abordar medidas en la línea de las lanzadas en países como Gran Bretaña y Australia, como prohibir fumar en coches donde viajan niños y en los parques, prohibir el uso del cigarrillo electrónico en todos los sitios donde lo está el convencional o implantar los paquetes de cigarrillos neutros (un envoltorio sin diseño ni marcas, sólo con la advertencia de lo perjudicial que es fumar), para reducir su atractivo. Una directiva europea que se debe aplicar en mayo ya prevé aumentar en los paquetes el tamaño del aviso de que perjudica, entre otras medidas restrictivas.

De los fumadores –donde más hay es en la franja de varones de 25 a 34 años y de 45 a 54–, la mayoría (37%) fuma entre 10 y 19 cigarrillos al día, y el 30,7% fuma 20 o más. El 69% dice no haber intentado dejar el tabaco en el último año. Con todo, un 33% aseguraba en el 2011 que fumaba menos que dos años antes.

Sí parece que fumen menos si se tiene en cuenta que entre el 2004 y el 2014 disminuyó un 50% la venta de cajetillas de tabaco en España (de 4.663 millones a 2.340), según datos de la Asociación Empresarial del Tabaco, aunque habría que matizar muchos aspectos (aumentó el consumo de tabaco de liar y de cigarritos, hubo el boom del cigarrillo electrónico, la industria denuncia que hay comercio ilícito...). Según la industria, el año pasado se estabilizó la venta de cigarrillos (2.325 millones de cajetillas, por valor de 10.312 millones de euros, así que sigue siendo un mercado potente).

Semanas atrás se anunció que la tabaquera Altadis cerrará una fábrica y sólo le quedará un centro, cuando tuvo 12. Regina Dalmau advierte: “No podemos sucumbir al debate de la pérdida de puestos de trabajo y de si hay que fomentar esta industria, que se rige por los mismos parámetros de deslocalización que otras”.

La restricción del tabaco siempre suscita debate social, pero el CNPT se escuda en que por ejemplo la hostelería se quejó mucho de la ley del 2005, “y no ha tenido consecuencias dramáticas para el sector”. Así, esgrime datos del INE para señalar que “entre el 2010 y el 2012 cerraron un 2,7% de los bares, igual que de pequeños comercios”, lo que atribuye a la crisis económica.

 

Tendencia global

La plataforma internacional contra el consumo de tabaco Ash estima que hay 1.100 millones de fumadores –el 80% en países de renta media y baja– y recuerda que el tabaco acaba matando en torno al 50% de sus usuarios. Mata a casi cinco millones de personas al año, estima la OMS. En el 2030 podrían ser ocho millones. En las últimas dos décadas, con la OMS como punta de lanza e incluso plantándose ante las poderosas tabaqueras, ha habido una concienciación de los riesgos del tabaquismo y las políticas para reducirlo. En muchos países el panorama ha cambiado radicalmente: en EE.UU. o el Reino Unido se ha reducido el porcentaje de fumadores al 14% y el 20%, según una estadística de la OCDE. La última ofensiva de la OMS ha sido, hace unas semanas, pedir menos tabaco en el cine, que se cataloguen no aptas para menores las películas en que salga tabaco o alguien fumando, que ha visto que son un 36% de los filmes “para todos los públicos”. Ver fumar en la pantalla se considera un factor de normalización que se ha de combatir, pues influye mucho en los adolescentes. La atención de la OMS también se focaliza en China y otros países del este de Asia, con gran prevalencia de fumadores, muy poblados y donde las tabaqueras concentraron sus estrategias al aumentar las restricciones en Europa y EE.UU. China ha aumentado las tasas sobre el tabaco, y el año pasado Pekín aprobó una ley que prohíbe fumar en sitios públicos, como la española.