Descartes de calidad

Si elegir la mejor fotografía de una serie nunca ha sido fácil, cuando se trata de los mejores fotógrafos es casi imposible. La galería Foam deja al descubierto los entresijos de cómo trabajan los fotógrafos y los editores de la prestigiosa agencia Magnum exponiendo las hojas de contactos donde no sólo están el antes y el después, sino también la prueba de cómo una fotografía se convierte en icono.

En 1981, Margaret Thatcher era primera ministra, primera y hasta ahora única mujer del Reino Unido que ha ocupado el puesto. La llegada al poder de esta controvertida figura fue, para bien o para mal, un momento de gran cambio en el país. Marlow era un joven fotógrafo de la agencia Sygma, para Newsweek.

 

 

Hacer bien una foto es difícil. Elegir una buena fotografía de una serie lo es aún más. La capacidad de crear y elegir la mejor es lo que ha definido y distinguido durante más de medio siglo a la agencia de fotógrafos Magnum, fundada en 1847 por Henri Cartier-Bresson y Robert Capa, entre otros grandes de la fotografía. La exposición Magnum Contact Sheets, que puede verse en la galería Foam de Amsterdam hasta el 9 de diciembre, destapa el gran secreto de esos reporteros infalibles al indagar y descubrir el momento decisivo en la selección de la instantánea adecuada.

La agencia Magnum, que en toda su historia sólo ha contado con una fotógrafa española en su cartera, Cristina García Rodero, ha sido testigo de todos los cambios políticos y las revoluciones sociales desde 1930 al 2010. La exposición es un gran resumen de la historia moderna, desde la Segunda Guerra Mundial hasta el conflicto árabe-israelí pasando por la primavera de 1968 o el ataque a las Torres Gemelas en Nueva York. Pero la propuesta de Foam, en la que se pueden ver 60 hojas de contacto diferentes, plantea también la intrahistoria de cada momento y de cada personaje clave. Muestra el recorrido que hizo el fotógrafo para conseguir la imagen y crear un icono, como en los retratos de Ernesto Che Guevara, Martin Luther King o Malcolm X.

Con la información que hay en esas hojas de contacto, en los disparos de los fotógrafos, los famosos pero también los inéditos, se llega a conocer mejor aquella actualidad con una mirada íntima a su proceso de trabajo. Se han revelado como un gran documento de fotoperiodismo para entender el porqué y, sobre todo, el cómo muchas de esas fotografías de Capa, Cartier-Bresson, Chim Seymour, Werner Bischof, George Rodger, Elliott Erwitt o Martin Parr se han convertido en icónicas en el siglo XX gracias a su divulgación y su publicación en los medios de comunicación.

Las hojas de contacto tienen el tamaño de un folio, poco más de un palmo, y nunca se pensaron para ser vistas ni expuestas. Eran páginas de consumo personal de un fotógrafo, un paso más en el proceso de creación, unas láminas ante las que dudaba y evaluaba su trabajo. En ellas puede haber crítica o aprobación, satisfacción o lamento. Por eso, no están limpias. En ellas se tomaban notas. Porque ante ellas uno mismo se daba cuenta de si había triunfado o fracasado. Y viéndolas en soledad, llegaba la hora de la verdad, el momento en que debía apostar por una o varias imágenes que dieran la talla. Así se ha elevado el nivel de Magnum hasta la categoría de referencia. Porque en ese detalle radica el acierto o el error.

La exposición, al hacer público ese momento íntimo, permite al espectador ser partícipe del trabajo del artista e invita incluso a discutir la decisión final del fotógrafo. Al mismo tiempo, la muestra también pretende ser un homenaje a una forma de trabajar analógica. Las hojas de contacto han quedado en desuso con la digitalización de la fotografía. Pero con el paso del tiempo, esas pruebas se han convertido en pequeñas joyas que recuerdan la chispa que surge entre el autor y la obra en el momento decisivo, en la hora de la verdad.