Educa global, actúa local

¿Aprender a trabajar en grupo? ¿Gestionar emociones? ¿Idiomas? ¿Saber cómo funciona el mundo? El debate educativo trata de definir qué nuevas competencias son necesarias para el siglo XXI. Qué habilidades –más allá de las académicas– deberían aprenderse en la escuela. Y la primera de ellas es entender que el mundo ahora es global.

¿Qué es la educación de calidad? Alrededor de esta pregunta debaten organismos internacionales, ministerios, think-tanks, fundaciones, escuelas, universidades, maestros, pedagogos, padres y madres, estudiantes... La respuesta puede tener distintos matices, pero sirva esta definición de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación (Unesco) como base: “La educación de calidad favorece la creatividad y el conocimiento y asegura la adquisición de las competencias básicas de alfabetización y numéricas, así como las competencias analíticas, de resolución de problemas y otras cognitivas, interpersonales y sociales”.

La siguiente pregunta sería cuáles son las nuevas competencias, las habilidades que se necesitan para el futuro en un presente en que internet ha transformado el acceso a la información. Es una realidad sin vuelta atrás y es una de las causas por las que la Unesco ha publicado el informe Replantear la educación. ¿Hacia un bien común mundial?, donde insta a revisar esta disciplina, a partir de la consideración de que es patrimonio de todos.

Parte del debate busca determinar qué habilidades van a ser necesarias para el futuro. Un futuro caracterizado por sociedades más conectadas que nunca y con un acceso a la información cada vez más extendido, pero, también, con desigualdades cada vez más agudas –a las cuales, denuncia el informe, contribuyen los sistemas educativos, ignorando las necesidades de los desfavorecidos–. Sin olvidar la brutal hipoteca medioambiental del planeta, que ya es una realidad en el cambio climático, y el desfase que existe entre la educación formal y la realidad laboral.

José Antonio Marina cree que ya se hace un esfuerzo para eliminar la brecha entre lo que se aprende y las herramientas para aplicarlo fuera de la escuela, en la vida

Por ello, Irina Bokova, directora general de la Unesco, cree necesaria una educación que enseñe a “aprender a vivir en un mundo bajo presión”. Bokova reivindica una visión humanista de esta disciplina que apueste por “un alfabetismo cultural”, basado en el respeto y la dignidad para todos. En su opinión, el conocimiento de otras culturas y formas de vida es la única forma de conseguir el desarrollo sostenible.

Asimismo, la escolarización y la educación formales son esenciales: “Pero hemos de ampliar el ángulo, promover el aprendizaje a lo largo de la vida”, escribe en el prólogo del informe. Y para ello son imprescindibles las habilidades, tanto conocidas como nuevas. Las primeras: el dominio de asignaturas clave (se citan el lenguaje, los idiomas, el arte, las matemáticas, la ciencia, la geografía, la historia y el civismo). Las escuelas deben contextualizarlas con otros aspectos que para la Unesco son también básicos de la formación: la ya citada perspectiva global del mundo; conocimientos financieros, económicos y de emprendimiento; conocimientos cívicos y de salud y, por supuesto, medioambientales.

En otro informe educativo reciente, El libro blanco sobre la profesión docente, elaborado en España y redactado por un equipo liderado por el filósofo José Antonio Marina, se desgranan otras de las habilidades que el alumno debería aprender en la escuela: “Controlar su propio aprendizaje, planificar, tomar decisiones y alcanzar así la autonomía personal”. Destrezas necesarias para conseguir lo que los autores del informe llaman “éxito escolar”, que va más allá de la pura adquisición de conocimientos. El éxito escolar implica una preparación para la vida fuera de la escuela. Es decir, no bastan nociones de las materias, sino adquirir herramientas para utilizarlas.

Marina y su equipo creen que ya se está realizando un esfuerzo para eliminar la brecha entre lo que se aprende en la escuela y las herramientas necesarias para aplicar lo aprendido. “Muchos grupos de investigación están intentando precisar las ‘destrezas del siglo XXI’”, escriben. Citan a Robert Sternberg, uno de los grandes psicólogos actuales, quien ha hablado de “inteligencia exitosa”: un cóctel que integra la inteligencia analítica, la creativa y la práctica. Por otro lado, Tony Wagner, investigador de la facultad de Educación de Harvard (EE.UU.), señala como destrezas clave el pensamiento crítico, la solución de problemas, la colaboración y el liderazgo. Sin olvidar dos habilidades que en tiempos más frenéticos que nunca han caído algo en desuso: la curiosidad y la imaginación.

En Boston (Massachusetts), el grupo de investigación P21 (Partnership for 21st Century Learning) ha recopilado sus recetas para una educación en la nueva sociedad global. Muy en línea con la Unesco, el P21 –un think-tank que lleva trabajando en este tema desde el 2002– aboga por que los alumnos tengan conocimiento de lo que pasa en el mundo, así como nociones de economía, civismo, salud y medio ambiente. La creatividad y, de nuevo, el pensamiento crítico son otras habilidades fundamentales que aprender en las aulas de este siglo. Sin olvidar la capacidad de discernir entre buena y mala información.

Muchos expertos reivindican la importancia de destrezas que son de toda la vida, y otros subrayan que no deben ser sólo prácticas, también emocionales

Magazine ha preguntado sobre las nuevas destrezas a otros expertos. Raúl Santiago Campión, doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Navarra, subraya que es fundamental que los alumnos de hoy desarrollen lo que él llama “una conciencia global” y aprendan a trabajar en colaboración con individuos que representan diversas culturas, religiones y estilos de vida. Para Campión, el aprendizaje en el siglo XXI debería suponer asimismo el manejo con soltura de la producción, síntesis, evaluación e información de distintos temas y fuentes, utilizando para ello las nuevas herramientas que, por otro lado, están en constante transformación.

La resolución de problemas es otra habilidad fundamental. La reivindica Pere Vilaseca, responsable del área de proyecto educativo de la Escola Pia de Catalunya. “Los jóvenes, al acabar la escuela, viven en un mundo complejo, muy diferente al que nos encontramos nosotros”, señala. Por ello, cada vez más, tanto en el colegio como en la universidad, “hay que trabajar la capacidad de pensar y de resolver problemas, aplicándolos a situaciones nuevas y reales. Unas habilidades que tienen mucho que ver con la creatividad y la imaginación”, dice. Asimismo, añade, “hay que aprender a traducir los paradigmas de la ciencia, la historia, la lengua, etcétera, aplicándolos en diferentes campos de la vida”. Y es que para Vilaseca, el conocer, hoy, “ya no es sinónimo de memorizar, y mucho menos de memorizar pasivamente: aprender tiene que ver con pensar, relacionar y cooperar. No se puede desligar de las emociones y la motivación”.

Sin olvidar la ya mencionada autonomía, otra destreza esencial para Cristina Gutiérrez Lestón, directora de La Granja, un centro educativo del Montseny catalán por el que pasan 10.000 niños al año (en estancias cortas). De la autonomía, señala, “deriva la responsabilidad”, que es otra habilidad clave. Sin embargo, la tendencia actual de sobreproteger a los hijos es uno de los obstáculos para desarrollarlas. Por ello, insiste Gutiérrez Lestón, hay que dejar de hacer las cosas en lugar de los hijos y confiar en que son capaces de solucionar sus pequeñas dificultades del día a día.

Esta educadora es asimismo de la opinión de que las destrezas que aprender han de ser tanto prácticas como emocionales. Ser consciente de lo que uno siente es la base para casi todas las habilidades: “Se llama alfabetización emocional y sirve para entrenar la consciencia emocional en los niños”, explica. Y es que a partir de la conciencia de uno mismo, habilidades como la autorregulación y la empatía resultan mucho más sencillas de adquirir. “Una vez sé qué siento, puedo hacer el segundo paso, que es regularlo: es decir, si siento rabia, salgo al patio a correr en vez de insultar a un amigo”, ejemplifica.

La responsabilidad es una habilidad fundamental para Alberto Royo, maestro y autor del recién publicado Contra la nueva educación (editorial Plataforma). Es de la opinión que la escuela debe cultivar unas habilidades que no considera que sean tan diferentes de las de otras épocas. Enumera “la atención, la disciplina, la tenacidad, la aceptación del fracaso y su valoración como un estímulo para la superación”, y cree que “precisamente ­porque existen las nuevas tecnologías”, ejercitar la concentración y la memoria es fundamental.

Por otro lado, Boris Mir, de la Fundació Jaume Bofill, centrada en la transformación de la educación, considera que “las habilidades o competencias son un instrumento, no una finalidad, que irá cambiado en función del proyecto vital de cada persona”. Por ello, a priori, no cree “que haya unas más importantes o permanentes que otras”, aunque tiene clarísimo que la escuela del futuro “debe poner al mismo nivel la formación cognitiva, la emocional y la ética”. Exdirector de un instituto e impulsor del proyecto educativo del Institut-Escola Les Vinyes, Mir considera que “la educación es un bien común y, por tanto, hay que garantizar que todos alcancen las competencias necesarias para la vida”.

Porque si hay algo que puede transformar el mundo, ese algo es la educación. No hay una fuerza de cambio más potente que ella y –aunque no guste a algunos–, una educación pública y de calidad es un derecho, no un privilegio. Además de un indicador del bienestar de un país y de la capacidad de sus líderes en ponerse de acuerdo. Una habilidad que, visto lo visto, parece que aquí todavía no se ha aprendido.
 

Diez habilidades más necesarias que nunca

Los expertos detectan una brecha entre lo que la mayoría de los estudiantes aprende en la escuela y lo que estos chicos necesitan para salir airosos en sus entornos, tanto comunitarios como laborales. Para reducir esta diferencia, estas son algunas de las destrezas básicas:

1. VISIÓN GLOBAL. En una sociedad hiperconectada, cada vez más mixta, es fundamental tener una visión completa del mundo, más allá del contexto local. Hay que enterrar la idea tradicional de la educación como herramienta para crear una conciencia nacional y apostar por la conciencia global.

2. ECOLOGÍA. En la situación actual de emergencia ecológica, las oportunidades para el desarrollo sostenible son enormes. La escuela debe apostar por la educación medioambiental. No sólo a través de la ética (con asignaturas como la suprimida Educación para la Ciudadanía), sino también desde la ciencia.

3. IDIOMAS. La sociedad globalizada, con intercambios de todo tipo y gran movilidad, hace necesaria una comprensión de otras culturas y un vehículo de comunicación, una lingua franca, que en este momento es el inglés. 

4. ANÁLISIS DE LA INFORMACIÓN. Nunca se tuvieron tantos datos tan al alcance. Por ello, el reto es convertirlos en información útil: además de la comprensión lectora, hay que conocer las partes de un mensaje, identificar las fuentes fiables y saber qué puntos de vista son incluidos o excluidos. 

5. EL PENSAMIENTO CRÍTICO. Muy ligado al anterior. Según la Unesco, la capacidad para procesar críticamente la información, aprender a aprender, nunca había sido tan importante. El reto es cómo evaluar la fiabilidad de lo que se lee, cuestionar su autenticidad y precisión y conectar este nuevo conocimiento con lo aprendido.

6. DISCIPLINA. El psicólogo Howard Gardner, en la última formulación de su teoría, habla de “las cinco mentes del futuro”, una de las cuales es la mente disciplinada. Es una vía para otra importante habilidad, la autonomía: aprender las cosas sin depender de los otros. 

7. RESOLUCIÓN DE PROBLEMAS. La adaptabilidad y la resiliencia son competencias sociales y emocionales muy útiles en ambientes de vida y de trabajo cambiantes. La imaginación y la creatividad son también habilidades básicas a la hora de resolver problemas. 

8. COMUNICACIÓN. Hoy existen múltiples plataformas para expresarse, pero sigue existiendo un vehículo básico: el lenguaje, con sus distintas facetas (visual, verbal, escrito, de programación…), una herramienta sin la cual no se puede ni pensar ni comunicar. 

9. COLABORACIÓN. Aprender a trabajar en grupo es fundamental. Pero no sólo con el grupito cercano y conocido, sino con individuos que representan diversas culturas, religiones y estilos de vida, en un espíritu de respeto mutuo.

10. CURIOSIDAD. Es una habilidad que sirve de catalizador para muchas cosas, tanto para aprender como para emprender. Sin embargo, en tiempos frenéticos, de niños y padres sin tiempo, se está perdiendo a marchas forzadas.