Emojis, ¿el nuevo lenguaje emocional?

Hace unos años, enviábamos mensajes o correos electrónicos (incluso hay quien recuerda enviar cartas) y nos despedíamos con un “adiós”, “a ver cuando nos vemos” o “¡besos!”. Ahora no pasa un día sin que atiborremos nuestras conversaciones con los populares emojis y cerremos las conversaciones con ellos. ¿Un avance o una involución del lenguaje?

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Esta podría ser una versión tuneada con emoticonos o emojis de una de las cartas que Napoleón envió a su amada Josefina si, en lugar del género epistolar, hubiera podido optar por WhatsApp. ¿Una horterada? Puede… Pero el uso de estos dibujitos es el pan de cada día para millones de personas que conversan con novias, maridos, hijas, amigos, colegas de trabajo, amantes y lo que surja… haciendo uso de las múltiples aplicaciones de mensajería, Twitter y otras redes sociales.

Según datos del 2015 de la empresa Swyft Media, que se dedica a la creación de teclados virtuales, cada día se envían 6.000 millones de emojis. Teniendo en cuenta que se intercambian 45.000 millones de mensajes a diario, sale a uno en cada siete mensajes. Agnese Sampietro, doctora en Lingüística por la Universidad de Valencia y autora de una tesis sobre el uso, la difusión y el impacto de los emojis, en la que analizó mensajes de WhatsApp de 120 personas, señala que “el 8% de los datos de esos mensajes son emoticonos, y están presentes sobre todo en conversaciones de carácter informal”. Y si prefiere hacerse una idea del uso que hace usted de esos dibujitos de caras, animales o mujeres bailando sevillanas, eche un ojo a sus últimas conversaciones en esta aplicación, y vea cuántos pueblan sus charlas.

Si no le importa, vuelva a echar un ojo a sus conversaciones del móvil. Realmente, ¿los emojis sustituyen palabras y empobrecen el lenguaje (más allá de sustituir palabras como “adiós” o “besos”)? “No empobrecen, sino que permiten aportar información emocional”, comenta Eulàlia Hernàndez Encuentra, profesora de la Universitat Oberta de Catalunya y directora del grupo de investigación PSiNET (Psicología, Salud y Red). Cuando hablamos cara a cara, damos color emocional a nuestra conversación con gestos, miradas, cierto tono de voz… Factores que son fundamentales en la comunicación y que se pierden cuando conversamos enviando y recibiendo textos. El psicólogo estadounidense Albert Mehrabian, profesor emérito de la Universidad de California-Los Ángeles (UCLA), afirmó a mediados del siglo pasado, que, cuando conversamos con alguien o nos dirigimos a alguien, el 7% de la comunicación es verbal, el 38% es comunicación vocal (tono de voz, por ejemplo) y el 55% es no verbal (gestos).¿Hay que rasgarse las vestiduras y ponerse apocalípticos imaginando un futuro en que la humanidad no sabrá escribir dos frases seguidas por culpa de estos demoniacos dibujos? Para Agnese Sampietro es todo lo contrario: “Mucha gente ­opina que los emoticonos ­sustituyen el lenguaje y, por tanto, lo empo­bre­cen. Pero mis investiga­ciones dicen que nada de eso. No ­suelen sustituir términos, sino que se emplean para enriquecer la conversación verbal. Si yo escri­bo ‘gracias’ y pongo una carita sonriente, enriquezco ese ‘gracias’. Si escribo una afirmación irónica y pongo una carita que guiña un ojo, indico la ironía”.

Es evidente que las emociones son clave para que nuestras conversaciones funcionen. Incluso las cartas que envían los bancos o el ministerio de lo que sea, informándonos de nuestro saldo o de nuestras obligaciones como ciudadanos, empiezan y acaban con amables: “Apreciada, señora…” (por parte de un desconocido o un programa informático que nos avisa de que debemos un mes de hipoteca) o “Muy cordialmente” (la palabra “cordial” proviene del latín “cor”, “cordis”, es decir, “corazón”). Información y emoción van de la mano.

En realidad, no es la primera vez que en la comunicación escrita el ser humano se vale de dibujos. Los pictogramas (como los de hombres cazando animales) dieron lugar al nacimiento de la comunicación escrita durante el neolítico. Y también tenemos logogramas, que son símbolos que representan una palabra (como el símbolo % para “porcentaje”), e ideogramas, que según el Diccionario de la Lengua Española son una “imagen convencional o símbolo que representa un ser o una idea, pero no palabras o frases fijas que los signifiquen”, como el símbolo para representar al sexo femenino.La información sin emoción informa menos y, además, la emoción ayuda a suavizar la información. No es lo mismo decirle a un amigo: “Quedamos a las siete en el bar”, que “Hola!!! (emoji de saludo), nos vemos en el bar a las siete, ciaooo!!! (emoji de cerveza)”. Misma información, pero nos gusta más el contenido emocional. Por eso el locutor de radio no se limita a señalar que “Messi ha marcado otro gol” sino que se desgañita para transmitir toda la pasión que permite un micrófono de radio. Por eso los amantes no se limitan a escribirse “Nos vemos en el parque a las seis”, sino que se embriagan con “mi amor”, “qué ganas tengo de verte” y ahora también con emoticonos. Y es que, quizás, más que Homo sapiens, habría que decir que somos Homo emotionalis. El éxito de los emojis se debe a que permiten enviar besos sin darlos, decir te quiero sin decirlo, mostrar tristeza sin llorar. Tienen más potencia emocional que los textos y permiten salvar la distancia y la frialdad que podría tener la conversación mediante mensajes de texto.

Tiene su interés tirar del hilo y saber quién y por qué creó los emojis. Su invención se atribuye a Scott Fahlman, quien en 1982, siendo investigador de informática en la Universidad Carnegie Mellon (EE.UU.), decidió que tenía que hacer algo en lo referente a los mensajes que profesores y estudiantes se enviaban en el boletín on line de la universidad. Como cuenta Fahlman en su página personal de la web de este centro, muchos de los mensajes que se posteaban en el boletín eran serios, pero otros eran de cachondeo. Pero, claro, no es lo mismo decirle a un amigo, sonriendo, guiñando un ojo y con una palmadita, “pero mira que eres idiota”, que escribir un texto tal cual. Algo así pasaba en el boletín de la comunidad de ciencias informáticas de la Carnegie Mellon, pues la gente se liaba a responder en serio mensajes que eran irónicos. Así que Fahlman sugirió que, cuando alguien tuviera la intención de que un texto se tomara en broma, se pusiera :-) al final del mismo. Y que cuando hubiera que tomárselo en serio, se optara por :-( Un pequeño paso para Fahlman, y un gran paso para el lenguaje de los emojis. “Ayudan a evitar malentendidos”, señala Hernàndez.

El éxito de estos dibujitos es que aportan matices emocionales; enriquecen las conversaciones vía mensaje, aseguran los expertos

Fahlman y sus colegas tenían que tomarse la molestia de teclear tres veces para crear esos signos. Y, por otro lado, no disponían de un menú muy variado. Hoy, las aplicaciones de mensajería nos ponen los emojis al alcance de un solo clic. “Conversamos mucho más que antes y en muchos sitios”, comenta Hernàndez. Muchas de nuestras conversaciones por estos medios las tenemos caminando por la calle, mientras trabajamos, en el metro, parados en el semáforo dentro del coche, mientras vemos el partido… y es mucho más sencillo introducir un emoji con un clic que escribir “gracias”, “de acuerdo” o “te envío muchos besos”. Otra de las claves del éxito de estos dibujitos.

Aparte de que los emojis ayudan a colorear emocionalmente las conversaciones, otro de los factores que explican su éxito es que, en general, son fácilmente reconocibles. Una carita que envía besos es eso, una carita que envía besos. “Como el pulgar hacia arriba, que es tan convencional que nos permite ahorrarnos la parte escrita –señala Sampietro–. Aunque son aislados los casos en los que el emoji sustituye palabras, porque en general se emplean para añadir información emocional”.

Aunque, como señala Eulàlia Hernàndez, no estamos exentos de confusiones. Los emojis son un invento relativamente nuevo, y su uso aún se está ­ajustando a las convenciones. “Su significado tiene que ver mucho con el contexto y con la personas que los intercambian”, dice esta experta. El emoji que guiña un ojo y saca la lengua podría significar ironía entre dos amigos o tener un componente erótico-festivo entre una pareja.

Por eso, los investigadores Francesco Barbieri, Horacio Saggion y Francesco Ronzano, de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) de Barcelona, y German Kruszewski, de la Universidad de Trento, realizaron un estudio para evaluar el grado de cosmopolitismo de estos dibujitos. Es decir, para analizar hasta qué punto, si yo le envío el emoticono de una mujer bailando a un amigo de Madrid, este va a entender lo mismo que si se lo envío a uno de Nueva York. En concreto, analizaron 34 millones de tuits emitidos en el 2015 en Estados Unidos, Reino Unido, Italia y España. Y, como explica Barbieri, hay diferencias.

“La mujer que baila es simplemente una mujer que baila en Estados Unidos, Reino Unido e Italia, mientras que en España está más relacionada con la fiesta, con irse de fiesta –comenta–. La mano que saluda se emplea en el Reino Unido para decir adiós, pero sobre todo en contextos en los que uno se va de vacaciones. Asimismo, el emoji del trébol de cuatro hojas en España está más relacionado con mensajes de amor, mientras que en Reino Unido se emplea sobre todo como símbolo de la buena suerte”.

 “Aún se está convencionalizando su significado. Y la creatividad no tiene freno, así que aparecerán más”, comenta Eulàlia Hernàndez. Los nietos instruyen a los abuelos sobre su uso, habrá quien se queje de que su pareja no le envía suficientes caritas con besos y corazones, quizás aparezca otro sistema que haga caer en el olvido estos dibujitos… Pero no van a sustituir el lenguaje escrito, porque con ellos no se puede explicar el pasado, ni explicar ideas e historias tan complejas como con palabras. Napoleón no ­hubiera podido explicar sus planes de conquista de Europa con emojis, pero sí podría haber conquistado a Josefina enviándole caritas sonrientes y corazones.

 

Cada lugar, sus emojis

 Los expertos han visto algunas diferencias en el uso de los emojis entre tuits enviados en Barcelona y tuits enviados en Madrid. “Por ejemplo, el emoji de la cámara de fotos se asocia mucho más con la cara de odio en Barcelona que en Madrid, quizás porque la gente está más enfadada con los turistas”, comenta Horacio Saggion. Y la comida muy calórica (como una hamburguesa o un postre) aparece, en muchos mensajes barceloneses, asociada a una pistola. “Quizás como forma de decir que no es muy saludable”, añade Saggion.

 

Los más usados

Estos son los tres emojis más usados en WhatsApp en España, según la empresa Tiny Books, dedicada a convertir en libros las conversaciones en esta aplicación de mensajería.

 

¿De dónde salen los emojis?

Los puede diseñar quien quiera, pero la institución que estandariza su uso es Unicode. Actualmente tiene avalados 1.800 emojis.