En busca de aire puro

Respirar aire limpio es vital para la salud. Pero cada vez son más las zonas de España donde los niveles de polución superan las recomendaciones de las autoridades sanitarias y más las personas que se plantean cómo minimizar la contaminación y dónde conseguir aire puro.

A principios de enero, la persistencia de un anticiclón de gran intensidad sobre la península Ibérica obligó a activar las alertas por contaminación atmosférica en Barcelona y las consiguientes medidas restrictivas para el tráfico y algunas industrias. Por las mismas fechas, Madrid superaba el nivel rojo (el peor) de contaminación por óxidos de nitrógeno. Y no son hechos aislados ni se circunscriben a las dos grandes urbes. Según el informe anual de calidad del aire de Ecologistas en Acción, en el 2013 –último año del que han analizado datos–, el 95% de la población estuvo expuesta a niveles de contaminación que superan las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Si la referencia son los valores límite fijados por la Unión Europea (UE), la población que respira aire contaminado en España es el 36%, 16,8 millones de personas. De hecho, Ecologistas en Acción calcula que cada año se producen en España 19.940 muertes prematuras por afecciones derivadas de la contaminación del aire, lo que significa que mueren 17 veces más personas por la mala calidad del aire que por accidente de tráfico.

¿Exageraciones de ecologistas? Las estadísticas y los análisis de la OMS y de la UE van en la misma línea, y en el 2009 la Comisión Europea (CE) inició un procedimiento de infracción contra España por el incumplimiento de la normativa sobre la calidad del aire. Según la CE, cada año mueren cerca de 430.000 personas en los países de la UE por problemas relacionados con la calidad del aire que respiran, y el gasto anual derivado de la contaminación del aire supone entre el 3% y el 9% del PIB.

 

Impacto en la salud

Por su parte, la directora de Salud Pública y Medio Ambiente de la OMS, María Neira, sitúa la polución como el segundo factor de riesgo para la salud después de la malnutrición infantil y como causa de casi siete millones de muertes prematuras en todo el mundo. Respirar es clave para todas las funciones del organismo. Se calcula que de media lo hacemos unas 16 veces por minuto y absorbemos en torno a medio litro de aire en cada respiración, así que al cabo del día pasan por nuestro cuerpo más de 11.500 litros de aire, cuya calidad y composición resultan vitales para la salud.

“Dentro de unos años será normal que te pregunten si dispones de aire potable en casa”, comenta el neumólogo Josep Morera

“La contaminación atmosférica no sólo está implicada en patologías respiratorias como el asma bronquial; está igualmente establecida su asociación con una mayor prevalencia de enfermedades cardiovasculares, neurológicas y hematológicas”, explica Francisco Feo Brito, presidente del comité de aerobiología de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (Seaic). Y subraya que, además, los contaminantes provocan estrés y una respuesta defensiva de las plantas en forma de pólenes con más cantidad de proteínas alergénicas, de modo que la contaminación provoca más alergias y mayor agresividad en los síntomas de quienes las padecen.

El neumólogo Josep Morera asegura que hay evidencias de que los días de más contaminación aumentan los ataques de asma, hay más ingresos hospitalarios de enfermos con enfisema o bronquitis crónica y se producen más accidentes coronarios e ictus. “La contaminación también daña los vasos y las arterias porque las partículas extrafinas que entran por vía aérea pasan a la sangre –el alveolo pulmonar no retiene las inferiores a dos micras, así que llegan a la circulación sanguínea– y producen un aumento de la coagulación”, detalla. De hecho, algunos estudios han constatado más prevalencia de enfermedades coronarias en grupos de personas que viven cerca de las autopistas que en población similar que vive en zonas sin contaminación.

 

Contaminación interior

Pero el doctor Morera enfatiza que hoy el problema no es vivir cerca o lejos de una autopista o en una zona con más o menos tráfico. “Hasta ahora, cuando se hablaba de contaminación y problemas de salud se pensaba en la contaminación atmosférica, pero las cosas están cambiando porque cada vez se pasa más tiempo en espacios cerrados, se trabaja desde casa, y en muchos países el problema es la mala calidad del aire que se respira dentro de los edificios, la contaminación interior”, dice.

Y no es el único en advertirlo. La OMS atribuye a esta contaminación interior 3,5 millones de muertes prematuras, la mitad de las relacionadas con la polución, y relaciona la mala calidad del aire en los edificios con enfermedades cardiovasculares, cáncer y afecciones crónicas pulmonares. La UE estima que la baja calidad del aire afecta a más del 30% de los edificios, y quienes se encargan de realizar análisis sobre esta cuestión aseguran que, de algunos contaminantes, encuentran entre dos y cinco veces valores más altos en el interior que en el exterior.

Los expertos aconsejan no llevar a los niños a jugar a parques rodeados de tráfico intenso y evitar el deporte al aire libre
en zonas contaminadas

“En el 90% de los espacios que analizamos la cosa está peor dentro que fuera del edificio porque a la contaminación exterior que entra por las ventanas (óxidos de nitrógeno, monóxido de carbono, partículas en suspensión de los tubos de escape de los coches) se suman hongos, bacterias, volátiles de pintura, del mobiliario, de moquetas, de productos de limpieza, etcétera”, indica el presidente de la Federación de Empresas de Calidad Ambiental en Interiores (Fedecai) y director de la firma Ambisalud, Paulino Pastor.

Y como en entornos urbanos las personas pasan más del 85% del tiempo en espacios cerrados, tanto Morera como Pastor están convencidos de que en un futuro no muy lejano las viviendas habrán de construirse con instalaciones que suministren aire potable. “Igual que hubo un momento en que se planteó la necesidad de llevar agua potable a las casas, dentro de unos años será normal que te pregunten si tú tienes aire potable en casa, porque respirar aire más puro es una idea de progreso”, opina el neumólogo.

El presidente de Fedecai cree que si en su día se decidió instalar calefacción en las casas para evitar las variaciones de temperatura que se producían en la calle, pronto se instalarán sistemas que garanticen que el aire de casa no está a merced de la contaminación exterior o interior. “De hecho, el reglamento de instalaciones térmicas de los edificios ya exige que antes de construir un bloque de oficinas, un hospital o centros comerciales, el arquitecto o ingeniero haga un proyecto que determine la calidad del aire en el lugar donde se va a levantar y, en función de ello, se instalen en el nuevo edificio sistemas de depuración del aire más o menos sofisticados”, explica Pastor. Y añade que en los países nórdicos, donde las casas son muy herméticas para combatir el frío exterior, las viviendas ya se construyen con filtros y purificadores de aire porque necesitan sistemas de ventilación mecánica para no tener que abrir las ventanas para renovar el aire en invierno.

 

El tabaco

De todos modos, el doctor Morera recuerda que el principal contaminante, tanto interior como exterior, es el tabaco, una polución evitable si se deja de fumar. “Es absurdo preocuparte por la polución si estás fumando; en nuestro medio se ha calculado que una persona pierde entre 20 y 25 centímetros cúbicos de capacidad espiratoria (vems) al año a medida que envejece, y si está expuesta a mucha contaminación perdería unos 5 más, pero nunca tanto como con el tabaco”, señala. En su opinión, la generalización de sistemas de aire potable, sin contaminantes, podría reducir a la mitad la pérdida anual de capacidad espiratoria, con lo que los pulmones mantendrían un correcto funcionamiento más tiempo, algo fundamental si la esperanza de vida continúa creciendo.

También Soledad Román, directora general de la Fundación Roger Torné –centrada en la protección de la salud infantil ante la influencia del medio ambiente–, enfatiza que el primer contaminante al que están expuestas las personas más vulnerables (embarazadas y niños menores de cuatro años, con sus pulmones en formación) es el tabaco. “En el 22% de los hogares hay algún fumador, y casi la mitad de las mujeres embarazadas conviven con una pareja que fuma, y eso equivale a darle a los niños entre 60 y 150 cigarrillos al año, desde que están en el útero de su madre”, dice.

Y subraya que el hecho de no fumar delante de los niños no es suficiente, porque la contaminación del tabaco persiste durante dos o tres días en el ambiente de la casa. “Las partículas del humo quedan en suspensión y después se acumulan en el suelo, en las alfombras, los sofás, lo que facilita un contacto más estrecho con los niños, que reptan, chupan, tocan…, y ese tabaco, que algunos investigadores denominan de tercera mano, es más cancerígeno que el fumado”, explican Román y Feo.

 

Dominguear

Además de dejar de fumar, hay otras medidas que pueden adoptarse para respirar aire más puro. La idea más recurrente es lo que algunos denominan dominguear, es decir, salir de la ciudad a disfrutar de la naturaleza cada fin semana o siempre que se pueda. En realidad, dicen los expertos que salir de vez en cuando al campo en busca de aire puro no sirve para limpiar los pulmones ni compensa la polución inhalada, aunque sí reduce la exposición y los litros de aire contaminado que uno acaba respirando. “El aparato respiratorio es muy sofisticado y elimina muchas cosas, pero los pulmones movilizan un volumen de aire equivalente al agua de una piscina, y eso no se limpia con unas horas de aire puro; lo importante es acumular el máximo de horas y días respirando aire puro o sin exposición a grandes niveles de contaminación”, relata Morera.

Pero ¡ojo con dónde se dominguea! No siempre el ámbito rural es sinónimo de aire puro. Hay zonas que por su orografía o por las industrias instaladas en los alrededores acumulan contaminantes. El informe de Ecologistas en Acción indica, por ejemplo, que en el 2013 se registraron valores de benzopireno –un contaminante muy peligroso para la salud– por encima de los límites legales en la zona de la Plana de Vic. Y las partículas que desprenden las estufas de leña y la hoguera de una chimenea tampoco son saludables. La coordinadora del área de enfermedades de origen medioambiental de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ), Carmen Diego, considera que las medidas preventivas individuales son poco efectivas para paliar la exposición a la contaminación. A su juicio, la clave es promover cambios desde el ámbito político para evitar la emisión de gases y sustancias tóxicas. Y para ello el primer paso es tomar conciencia del aire que se respira e informarse de los niveles de contaminación y polen de la ciudad o barrio donde cada uno vive y trabaja. En la medida de lo posible se debe evitar residir en zonas muy contaminadas y, si no se puede, al menos reducir la exposición adaptando las rutinas cotidianas.

 

Adaptar rutinas

“En zonas o fechas de elevada concentración de contaminantes o pólenes se debe reducir las estancias y la práctica de deportes al aire libre, porque una actividad física intensa aumenta la cantidad de aire inhalado”, indica Feo. La doctora Diego, por su parte, apunta que si uno vive en una zona con mucho tráfico, debe evitar el deporte en las horas centrales del día, que es cuando se acumula más condensación, y sólo abrir las ventanas para ventilar la casa en las horas de menos tráfico. En el caso de los alérgicos, los médicos explican que son las horas centrales del día las más adecuadas para ventilar, porque la emisión de pólenes se produce entre las cinco y las diez de la mañana, luego el polen pasa a capas altas de la atmósfera y vuelve a bajar entre las cinco y las ocho de la tarde.

La presidenta de la Fundación Roger Torné asegura que las familias con niños deberían tener presentes las zonas de más polución de su ciudad para evitarlas. “No es bueno salir a pasear con niños por calles con tráfico rodado intenso, ni llevarlos a jugar a plazas o parques rodeados de tráfico, porque lo único que respirarán y tragarán será contaminación”, enfatiza.

 

Mascarillas

El uso de mascarillas es otra de las pautas que adoptan algunas personas para minimizar los efectos de la contaminación. Los expertos advierten que los estudios sobre su efectividad arrojan resultados contradictorios. Carmen Diego apunta que la mascarilla filtra algunas partículas pero no evita todas ni las más pequeñas, que son las más peligrosas para la salud porque tampoco se depositan en las vías aéreas superiores y pasan a la circulación sanguínea. Y el doctor Feo alerta de que el efecto de las mascarillas varía en función de las condiciones meteorológicas y disminuye, por ejemplo, en los días ventosos.

 

Limpieza

En el caso de la contaminación interior, los dos aspectos básicos para reducirla son la ventilación y la limpieza. La ventilación es fundamental para renovar el aire, pero reponerlo abriendo las ventanas no siempre es una buena idea si se vive en calles de mucho tráfico o con altos niveles de contaminación (o polen, si se es alérgico). “Si metes la polución dentro de casa, de nada te sirve ventilar; por eso cada vez es más importante establecer sistemas de purificación que filtren el aire que entra y devuelvan las partículas y el aire cargado al exterior”, dice Morera.

El director de Ambisalud, Paulino Pastor, comenta que esto es muy fácil de hacer en edificios donde los sistemas de ventilación son mecánicos, porque se instalan filtros en las canalizaciones por las que entra el aire del exterior y se garantiza que llegue al interior sin partículas. La dificultad surge cuando la ventilación se hace a través de las ventanas. “En esos casos, lo que se instalan son equipos que recirculan el aire y lo filtran; visualmente son parecidos a una torre de PC y se colocan en cada habituación que se quiera depurar, salvo que se disponga de sistema de aire acondicionado centralizado”, explica. Y detalla que en el mercado hay aparatos que llevan filtros mecánicos para evitar las partículas contaminantes, otros que también incorporan filtros químicos para eliminar los gases contaminantes, y algunos que además llevan lámparas ultravioleta que desinfectan y desactivan microorganismos. También hay empresas que en los últimos meses han comenzado a comercializar un sistema de purificación del aire a través de partículas de oro que se instalan en los aparatos de aire acondicionado.

En cuanto a la limpieza, el neumólogo Josep Morera asegura que es importante evitar el polvo, los hongos y las bacterias, pero utilizando el mínimo de productos químicos, ambientadores o nebulizadores. Otros consejos de los expertos son poner fundas antiácaros, no utilizar aerosoles, usar extractores en la cocina, limpiar o reemplazar a menudo la cortina del baño, revisar periódicamente la calefacción y los sistemas de refrigeración y lavar a menudo alfombras y cortinas para eliminar las partículas que acumulan. Recuerdan que buena parte de los contaminantes que vician el aire doméstico procede de los productos de limpieza, los plásticos, las fibras sintéticas, los aditivos añadidos a los materiales de construcción, las maderas de aglomerado, las pinturas de las paredes…

Algunos también recomiendan decorar con materiales naturales e incorporar plantas de interior que con su respiración contribuyan a retirar tóxicos del ambiente y a regular la humedad, aunque es importante controlar el riego para evitar mohos.

Las ciudades españolas con el aire más limpio... 

 Benidorm (10 µg/m³)
 Marbella
 Palma de Mallorca
 Cáceres
 Santiago de Compostela
 Elda
 Badajoz
• San Sebastián
• Ciudad Real
• Logroño (21 µg/m³)

Con menores niveles de partículas contaminantes de hasta 10 microgramos, según el informe de la OMS 2014 sobre calidad del aire en las ciudades, que incluye datos referidos al año 2011 de 46 urbes españolas.


...y las más contaminadas 

 La Línea de la Concepción (33 µg/m³)
 Málaga
 Albacete
 Bilbao
Granada
 Jaén
 Sevilla
 Torrejón de Ardoz
 Gijón
 Cartagena (26 µg/m³)

Con mayores niveles de partículas contaminantes de hasta 10 microgramos.

 

BARCELONA, con 25 µg/m³ de partículas contaminantes de hasta 10 microgramos, y MADRID, con 22 µg/m³, no figuran entre las diez ciudades más contaminadas pero superan la media anual de partículas contaminantes que la OMS considera razonable: 20 µg/m³.