En busca de lo salvaje El cazador infalible

El reptil más grande de la Tierra, el cocodrilo marino, vive protegido en las costas de Australia, mientras va desapareciendo del resto de sus hábitats en el Pacífico de Asia y Oceanía. Asusta la merecida fama de agresivo de este animal, potente y que puede vivir más de cien años.

Un cocodrilo marino de más de seis metros y unos 90 años, en la desembocadura de un río, al norte de Queensland

La península de Cape York, rodeada por las aguas del Pacífico, destaca por los densos manglares que invaden los ríos, la exuberancia de sus bosques tropicales y la Gran Barrera de Coral. Situada en el extremo nordeste de Australia, es un lugar remoto y poco habitado, muy cerca de Nueva Guinea. En los días en que se realiza este reportaje, una de las noticias que salen en el periódico local habla sobre el ataque de un cocodrilo a un niño de 11 años en una isla vecina. El cocodrilo arrastró al agua con su cola al niño, que pescaba junto a sus padres, y se lo comió. No son raras noticias parecidas en territorio australiano. En Cooktown, la principal población de la zona, un campista desapareció cuando fue a lavar los enseres de cocina al río el pasado año. El cadáver nunca apareció, pero sí los rastros y las huellas del cazador. Se trataba de un cocodrilo de agua salada, el reptil más grande de la Tierra.

En Australia, el cocodrilo marino (Crocodylus porosus), también llamado cocodrilo poroso o de estuario, está protegido desde hace unas décadas y ha aumentado en número. Pero antes era perseguido y aniquilado sin descanso como ocurre en el resto del área donde habita (en las costas del océano Índico y del Pacífico), donde es cada vez más escaso. De hecho, está desapareciendo de muchas zonas de India, del Sudeste Asiático, Indonesia y de Nueva Guinea, donde se mata por la amenaza que supone para el ser humano.

Aunque en Australia está protegido, el cocodrilo marino va desapareciendo de las costas del Índico y el Pacífico donde habita en Asia y Oceanía. Lo cierto es que su fama de peligroso es merecida: es el más mortífero de los grandes depredadores

Sin embargo, la aniquilación de los grandes depredadores trae sus consecuencias. Varios estudios han demostrado recientemente y con datos el declive de los grandes depredadores desde los trópicos hasta el Ártico. La disminución de leones, leopardos, lobos, osos, pumas o linces está causando un gran impacto en sus correspondientes ecosistemas: se pierde el efecto regulador que ejercen los grandes depredadores en su hábitat natural. Sus presas habituales, sin la presión del depredador, aumentan y modifican también la vegetación del entorno. Lo mismo puede ocurrir con el cocodrilo marino.

Ahora bien, la fama que el cocodrilo marino tiene de peligroso no es gratuita. Las estadísticas son evidentes: los cocodrilos matan cada año a más de mil personas, casi el doble de víctimas que las causadas por el resto de los grandes animales juntos (hipopótamos, elefantes, leones, tiburones, lobos, hienas, etcétera). Y comparados con ellos, el cocodrilo marino es el más agresivo con mucha diferencia. No obstante, la mayoría de estas muertes son por exceso de confianza de la gente que vive en el entorno natural de estos animales salvajes y que a menudo se olvida de que está en el territorio de un superdepredador.

De hecho, el cocodrilo marino es de los pocos animales que cazan humanos con la clara intención de hacerlo, con el propósito de alimentarse o de proteger su territorio. Y a esta intencionalidad deben sumarse las características propias del animal: astucia, paciencia, adaptabilidad, espíritu de supervivencia, agilidad, rapidez y un cuerpo poderoso, que lo convierten en un arma de caza letal, que no hace distinciones de ninguna clase entre sus presas. El cocodrilo come de todo.

Aquí en Cooktown, James Cook, el célebre navegante, tuvo uno de los incidentes más significativos de sus viajes transoceánicos. Su barco, el Endeavour, embarrancó en el arrecife de la Gran Barrera de Coral, y tuvo que pasar varias semanas en tierra reparando su embarcación. Entró en contacto con los aborígenes guguu-yimithirr y aquí fue donde por primera vez los europeos vieron un canguro. Dicen que lo encontraron de camino a Grassy Hill, adonde Cook subía para planificar su salida con el barco una vez estuviera reparado. Y es que desde la cima de este monte se tiene una magnífica vista panorámica: en el norte, se encuentra con el océano Pacífico. Al este, se extiende el Pacífico y está la Gran Barrera de Coral. Hacia el sur, se adivinan las selvas tropicales que hay desde allí hasta Cairns, y hacia el oeste, se observan el río Endeavour y las montañas que hacen de frontera con el interminable outback australiano.

Linda Rowe se ha instalado en Cooktown después de haber recorrido durante muchos años sola o con su compañero las grandes extensiones inexploradas de la región, haciendo frente a gran cantidad de encuentros con serpientes, arañas y cocodrilos marinos. “La verdad es que hay algunos que parecen más dinosaurios que cocodrilos”, explica mientras muestra su libro Paradise Found. A Cape York Adventure

“He tenido muchos encuentros con cocodrilos, pero el que recuerdo más es cuando uno cazó a nuestro perro. Llevábamos unos diez minutos en un cenagal a las puertas de un lago bastante alejado del mar y sin ningún río que hiciera de conexión. Yo me sentía extraña sin saber por qué. El perro estaba también nervioso, pero seguimos paseando. En un instante, una bestia con cola saltó del agua muy rápido y atrapó al perro entres sus fauces. ¡Estaba sólo a un metro de mí! ¡Podría haber sido yo la cazada!”, rememora.Linda Rowe se ha instalado en Cooktown después de haber recorrido durante muchos años sola o con su compañero las grandes extensiones inexploradas de la región, haciendo frente a gran cantidad de encuentros con serpientes, arañas y cocodrilos marinos. “La verdad es que hay algunos que parecen más dinosaurios que cocodrilos”, explica mientras muestra su libro Paradise Found. A Cape York Adventure.

Una de las playas cercanas a Cooktown, donde desemboca un pequeño río, es zona de cocodrilos y lugar de paso de las tortugas marinas. Las señales alertan de la presencia del reptil y del peligro que supone. La manera como se comportan los locales confirma la necesidad de tomar en serio las advertencias a pie de playa. Nadie se baña allí –porque, además de cocodrilos, también hay tiburones y rayas marinas–, aunque algunos pasean por la playa desierta y dejan corretear a sus perros libremente por la arena.

En el puerto de Cooktown, Mark Privett prepara su embarcación. Hace tours para pescadores y es considerado uno de los mejores conocedores de los ríos y del mar en esta zona. Junto a los manglares de la boca del río Endeavour, Privett localiza un cocodrilo de mediana edad, de unos 40 años, que apenas tiene unos tres metros. Se le ven unos dientes perfectamente formados. En total son entre 64 y 68 y tienen forma de púa o de flecha. Los más grandes pueden llegar a medir hasta diez centímetros de largo. ¡Enormes!

A pesar de estar dotados de esa magnífica dentadura, los cocodrilos no mastican; se tragan a sus presas enteras, lo mismo que hacen las serpientes. Lo que sí suelen hacer es golpearlas una y otra vez hasta darles muerte o sumergirlas en las profundidades hasta ahogarlas, según el estado de ánimo del depredador de ese día o el tipo de presa de que se trate.

La lancha de Mark Privett se desliza suavemente por un mar transparente y en calma. Al fondo está el manglar donde estas semanas se han visto a los cocodrilos varias veces. No hay embarcación alguna a la vista y tampoco ningún rastro de construcciones en la costa en más de 50 kilómetros hacia el norte y hacia el sur. Al este, la barrera de coral y algunos islotes desiertos. Comienza el espectáculo. Las tortugas carey aparecen por todas partes. Australia es un paraíso para las tortugas marinas, y en sus costas viven y crían seis de las siete especies de este animal que existen en el mundo. También llegan hasta aquí los tiburones toro para cazar tortugas. Ver las aletas de un tiburón deslizándose sobre la superficie del mar en estas aguas tan claras y poco profundas de la barrera de coral es una maravilla. Los delfines no andan lejos siguiendo a los cardúmenes de sardinas y arenques del ­Pacífico.

La manera como se comporta la población autóctona en Cooktown es reveladora: nadie se baña en la playa donde está presente el reptil, aunque sí se pasea por la arena

Un día después aparece una tortuga carey muerta en la playa con marcas de mordiscos. Estas tortugas llevan unos cien millones de años nadando por los océanos. Más o menos lo mismo que los cocodrilos. Lo más curioso es que la tortuga de la playa tiene el caparazón reventado y con sangre. Hace unos días, unos pescadores del pueblo vieron a un cocodrilo intentado cazar a las tortugas desde una bahía cercana. Con estos datos, la hipótesis más probable es que haya sido atacada por un cocodrilo marino. Pocos animales pueden estrujar de un mordisco el caparazón de estos enormes reptiles.

Al sur de Cooktown, también cercanos a la costa, están los bosques húmedos de Daintree. En estas junglas húmedas se encuentran extrañas plantas de hace unos 120 millones de años, de comienzos del cretácico, cuando empezaron a separarse los continentes. Son las selvas más antiguas que existen en la Tierra, y los ríos y las costas marinas de esta área son un hábitat especialmente favorable para el cocodrilo marino.

Bajo la tormenta, en la superficie del río Daintree, se ven unas protuberancias puntiagudas que se mueven como una serpiente. Pertenecen a la cola de un cocodrilo más largo que la lancha y, por lo tanto, cercano a los seis metros. Es difícil hacerse a la idea de lo enormes que pueden ser estos animales sin tener una referencia. Y, en cuanto al peso, un cocodrilo adulto puede llegar a las dos toneladas.

La cola del cocodrilo es gruesa y potente. La utiliza para propulsarse al salir del agua y también para nadar, bucear y, en ocasiones, atacar a sus presas (las noquea de un coletazo).

Los cocodrilos son extraordinariamente rápidos en el sprint, tanto en tierra como en el agua. Pueden nadar a más de 30 kilómetros por hora, unas tres o cuatro veces más rápido que los humanos. Es sorprendente verles nadar y remontar un río contracorriente a gran velocidad, sin que para ellos suponga un gran esfuerzo.

Este ejemplar más oscuro de lo habitual se acerca a los cien años de vida, y los vecinos más ancianos del lugar dicen que lo recuerdan “desde siempre”. Es el cocodrilo más grande, fuerte y viejo que hay por aquí, Y, por lo que se ve, todavía controla este territorio.

Como buenos reptiles, los cocodrilos tienen una vida larga y, en algunos casos, llegan a cumplir más de un siglo. Como decía Linda Rowe, el aspecto de estos viejos cocodrilos hace pensar en la era de los dinosaurios y en sus antecesores, los arcosaurios, de los cuales proceden.

Desde la seguridad de la lancha, llaman la atención la intensidad de su mirada y sus dientes gigantescos, que asoman en el centro de la boca. Al cabo de un rato, se diría que los ojos amarillo verdosos del cocodrilo siguen el movimiento de la lancha y de sus pasajeros. Inquietante.

LA VUELTA AL MUNDO EN SIETE ANIMALES
El proyecto En busca de lo salvaje ( Looking for the Wild ), que realiza el fotógrafo Andoni Canela junto con su familia, es un recorrido por el mundo en busca de los animales más representativos de cada continente, para reflejar el estado de la naturaleza más salvaje, las amenazas que sufre y los esfuerzos para conservarla. Después del lobo ibérico (1), el bisonte americano (2), el puma (3), el pingüino papúa (4) y ahora el cocodrilo de agua salada (5), las siguientes etapas previstas son el cálao bicorne (6) y el elefante africano (7).