En busca de lo salvaje Pingüinos, vida en la Antártida

En medio del impresionante paisaje dominado por el blanco del hielo y la nieve, puntean de oscuro las bahías de la Antártida los pingüinos papúa, una de las cinco variedades de esta ave que pueblan el continente blanco en amplias colonias.

Cinco grados bajo cero y comienza a nevar entre icebergs gigantescos. Hace menos de una hora que ha amanecido y la tormenta de nieve se intensifica. En uno de los iceberg más pequeños, un grupo de focas leopardo y lobos marinos antárticos levantan su cabeza mientras parecen estar disfrutando de la nieve. Entre el hielo flotante, unas ballenas jorobadas emergen para respirar. En pocos minutos, el mar comienza a agitarse y el viento se convierte en ventisca. Las condiciones son cada vez peores; la Antártida no es el lugar ideal cuando se dan estos fenómenos meteorológicos.

A pesar de la inclemencia del tiempo, la capa de nieve pinta un paisaje delicado que recuerda las pinturas zen japonesas, es como si un velo translúcido fuera creando un paisaje irreal con las montañas, los icebergs y los mamíferos marinos como protagonistas. La Antártida no decepciona. Cuesta llegar aquí, pero al ver las costas llenas de glaciares de la península Antártica se obtiene una de las más fantásticas visiones que hay en el mundo. Y más si se trata del primer viaje.

Tiene algo especial. Situada en el polo Sur, es la extensión de hielo más grande del planeta. Aquí se concentra el 80% del agua dulce de la Tierra. Pero todo este hielo descansa sobre una superficie sólida de suelo; por esta razón, al contrario que el Ártico, la Antártida (cuyo nombre significa precisamente “opuesto al Ártico”) se considera un continente.

Decenas de pingüinos salen cada día a pescar en todas direcciones; los papúa salen a buscar su comida a mar abierto y pueden estar semanas sin tocar tierra, por ello deben estar en sus mejores condiciones, no pueden hacerlo cuando cambian de plumaje

“En 20 años nunca había visto nevar en verano. Y eso es un problema para los pingüinos porque no encuentran un lugar donde poner sus huevos”, dice un biólogo marino

Los efectos del cambio climático en el continente afectan a los pingüinos papúa; su población se desplaza hacia el sur, lo que también modifica los hábitos de otras especies

La manera más habitual de llegar a la Antártida desde América del Sur es saliendo de Ushuaia, en la punta sur de la isla de Tierra del Fuego. Esta ciudad argentina ostenta el título de “la ciudad más austral del mundo” (aunque existen pequeñas poblaciones chilenas más septentrionales) y tiene una ubicación espectacular. Rodeada de montañas y pequeños glaciares colgantes, la ciudad mira al canal de Beagle. Este es un estrecho canal marino bautizado en honor al barco en el que Charles Darwin estuvo navegando durante su largo periplo por el mundo. Más allá, al sur del cabo de Hornos, está el famoso y temido paso de Drake. Por esta geografía bien conocida en la historia de la navegación, barcos como el MV Plancius emprenden su camino hacia la Antártida.

Esta nave es una embarcación veterana en estas aguas y se ha convertido en uno de los barcos principales de Oceanwide Expeditions, una empresa holandesa de viajes de aventura que lleva a expedicionarios de todas las condiciones a conocer el continente antártico. Durante tres décadas, el MV Plancius fue un barco oceanográfico de la Armada Real Holandesa dedicado a la investigación polar y, en el 2004, se reconvirtió en barco de pasajeros.

A pesar del temporal marino y las grandes olas, el Plancius se mueve como pez en el agua por estos mares australes. A bordo, las olas provocan los primeros mareos y que el agua entre a cubierta. El gran momento llega con las primeras luces del tercer día de navegación: tras más de dos días de trayecto y casi 1.000 kilómetros hacia el sur, aparece por fin la costa ­antártica.

Cada vez se dibuja más cerca la silueta de sus altas montañas, glaciares, icebergs y estrechos fiordos, que parecen salidos de un sueño o de una novela fantástica. Mientras el barco se acerca a la costa, se ve una familia de orcas y, más allá, pingüinos, focas y lobos marinos. ¡Impresionante!

El objetivo principal de este destino en el recorrido En busca de lo salvaje es entrar en contacto, documentar y fotografiar una de las cinco especies de pingüino antártico: el pingüino papúa (Pygoscelis papua), conocido también como pingüino juanito o de Vincha. Esta ave acuática vive y cría en el territorio antártico. Decenas de ejemplares salen a diario a pescar hacia todos los puntos cardinales. Estos pingüinos forman grandes colonias de cría en toda la costa antártica y en la islas próximas.

La primera gran colonia de papúa se observa desde un kilómetro de distancia. Se ven unos puntos negros que se dirigen hacia el mar en medio del paisaje dominado por el blanco del hielo y la nieve, un terreno que seguramente permanecerá así durante los siguientes ocho o nueve meses. Al descender del barco, el espectáculo se supera. Miles de aves cubren las playas y las laderas de la montaña. Hay pingüinos adultos y pollos en diferentes estados de crecimiento y con plumajes muy variados.

La colonia está situada en una bahía preciosa, rodeada de icebergs. Al caminar por la playa cubierta de nieve pueden verse también los skúas (un ave marina), que buscan su oportunidad con las crías de pingüino o algún ejemplar adulto que esté enfermo o indefenso.

El pasaje del Plancius tiene ganas de poner el pie en tierra firme. Ana Bru forma parte de esta expedición. Viaja con la intención de vivir la experiencia en primera persona para poder explicarla a los clientes de su agencia de viajes Bru&Bru Barcelona, especializada en viajes personalizados. “Este crucero –dice– te permite hacer actividades que no puedes de ninguna otra manera. Puedes bucear hasta las profundidades, hacer trekking, escalada en roca y hielo, excursiones con raquetas, salidas en kayak y, por la noche, puedes dormir acampando en el continente Antártico”.

Y la verdad es que la actividad diaria del Plancius es frenética, empezando por los buceadores, que son los primeros que se preparan, y siguiendo con los escaladores, los kayaquistas y los pasajeros de las zodiacs.

Durante el verano austral, los pingüinos realizan la muda completa de su plumaje. Es un periodo delicado en el que están más de un mes sin comer ni poder entrar en el mar. Es también el tiempo de nacimiento y cría de los pollos. De los huevos depositados en nidos hechos con piedras nacen los pollos, que van aumentando de tamaño hasta adquirir el plumaje que les protegerá para salir a mar abierto unos meses después.

Un pingüino papúa con su pico de color rojo intenso despliega sus alas mostrando el plumaje recién mudado y en perfecto estado para pasar varios meses en el agua. Desde lo alto de un promontorio rocoso, parece que esté haciendo una exhibición para los visitantes. Los pingüinos papúa salen en busca de comida a mar abierto y permanecen semanas sin tocar tierra firme. Se alimentan principalmente de krill, un crustáceo del plancton marino con forma de gamba que es la base de la cadena trófica en la Antártida. Pero en sus viajes en busca de comida también pueden convertirse en el bocado de otros animales: las focas leopardo se esconden entre los icebergs para sorprender a los pingüinos, y las orcas y los lobos marinos también los cazan si pueden.

Brendt Houston es un biólogo marino estadounidense que lleva años trabajando en la Antártida. Ha participado en investigaciones sobre los pingüinos papúa, adelia y barbijo en las bases científicas que su país tiene en el continente helado. Los estudios se centraban en aspectos de la vida de estos pingüinos: las distancias que recorren para alimentarse y las migraciones hacia al sur, los estadios de su plumaje, las relaciones de pareja y con el resto del grupo...

Houston, que trabaja ahora en el Plancius, explica los cambios que ha observado: “En 20 años nunca había visto nevar en verano. Y eso es un problema para los pingüinos porque no encuentran un lugar libre de nieve para depositar sus huevos. El comienzo de la cría es el momento más delicado e importante para la especie. Además, en el caso de los papúa, ese periodo coincide con la muda del plumaje. Y,es justo entonces, cuando se sufren más las consecuencias del cambio climático en la Antártida”.

Aquí, las evidencias del calentamiento global aparecen continuamente, ya sea en relación con los animales, con la temperatura o con los datos meteorológicos. Afectan a la extensión del hielo, a la salinidad del mar y producen cambios en los movimientos y en la distribución de los pingüinos. La población de papúas está moviéndose hacia el sur, desplazando a los pingüinos adelia, que pierden sus zonas de cría. La capa de hielo más delgada y las temperaturas más altas influyen también en la vida de los pingüinos emperador y barbijo, que forman parte de las cinco especies de pingüinos antárticos.

 Las bases científicas albergan la escasa población que habita en la Antártida. Varios países tienen bases en las que estudian diferentes aspectos de la geografía y la biología de este lugar. Si en 1959, 12 países firmaron el tratado Antártico, en el que se comprometían a preservar este ecosistema y no buscar intereses militares o estratégicos ni explotar sus recursos naturales, actualmente lo suscriben 29. Durante años, a pesar de las diferentes presiones que sufre, la Antártida ha continuado siendo el territorio mejor preservado del planeta.

Puerto Lockroy es una antigua base de investigación británica que estuvo en funcionamiento desde finales de la Segunda Guerra Mundial hasta la década de los sesenta. Fue una de las primeras y se usó como puerto para los balleneros. Ahora alberga un museo y es uno de los destinos preferidos por los cruceros turísticos porque se encuentra en una zona bastante accesible. Los antiguos edificios todavía están en pie, ahora tomados por cientos de pingüinos papúa. La mitad de la isla se puede visitar mientras que la otra mitad está reservada para uso exclusivo de los pingüinos, que también crían allí.

En Puerto Paraíso se encuentra la base argentina Brown (Almirante Brown). Cae una fina nevada, y las nubes oscuras cubren los picos en torno a una bahía preciosa que hace honor al nombre del lugar. Allí continúa la actividad de investigación y se desarrollan varios proyectos. Al final del verano austral, varias personas trabajan preparando la base para el invierno, antes de que el mar comience a helarse.

Al día siguiente toca de nuevo navegar hacia el sur. Un frente atlántico con fuertes vientos del oeste embravece el mar. Aun así, es evidente que a la fauna no le afecta el cambio de tiempo e incluso parece que ballenas, pingüinos, focas, lobos marinos, charranes antárticos y árticos, albatros y skúas se dejan ver con mayor frecuencia. En la Antártida, la vida está ligada al mar. La biodiversidad en el agua es excepcional, mientras que la variedad de especies en tierra firme (cubierta por el hielo y la nieve) es limitada.

A pesar de su aislamiento, la fragilidad del medio marino se hace especialmente evidente en estas aguas. No sólo por el calentamiento del agua, que pone en peligro su equilibrio, sino también por la contaminación con pesticidas y otras sustancias que se acumulan en los organismos de algunas especies (como las que forman el krill) y que luego se transmiten por toda la cadena trófica hasta llegar a las ballenas y a otros depredadores marinos que acumulan esos contaminantes y metales (incluido el mercurio, excepcionalmente dañino) a través de las presas que consumen. En la ballena azul o rorcual común, que también se alimenta de krill, se han encontrado grandes concentraciones de contaminantes y pesticidas.

Pasan los días y el barco avanza entre el hielo por uno de los lugares más bellos de la Antártida, el canal de Lamaire. Picos puntiagudos nevados y un estrecho fiordo encajonado entre las montañas. Stephen, un estadounidense de Chicago que ha visto osos polares y morsas en las costas de Alaska, sentencia: “No hay ningún paisaje que se parezca a este. Es lo más bello que he visto en mi vida”. Cuando el sol brilla y el mar se muestra más tranquilo, el color blanco y el azul rivalizan a partes iguales. Icebergs y hielo se mueven al vaivén de las olas y reflejan el cielo libre de nubes.

Navegar en kayak por este paisaje, entre los témpanos de hielo con los glaciares de color azul intenso de fondo, es una experiencia intensa, no exenta de cierto riesgo si el estado del mar no acompaña. Se puede observar pingüinos nadando a pocos metros de la canoa, focas de Wedell y hasta ballenas. Esta vida salvaje provoca una emoción embriagadora, pero hay que mantener los sentidos alerta para permanecer estable en la pequeña embarcación y no caer al agua helada. Esta es una de las mejores maneras de acercarse hasta la orilla donde crían los pingüinos papúa, que miran con curiosidad las canoas. El Plancius es uno de los últimos barcos que han hecho la travesía en la temporada de verano antártico. En pocos días ya no será posible navegar por estas aguas.

Después de navegar hacia el sur, es hora de buscar un lugar en la costa para pasar la noche. Se monta la tienda de campaña sobre una acumulación de un metro de nieve y, por si esto fuera poco, un rato después comienza a nevar ligeramente. ¿Cómo estará la tienda de campaña por la mañana? No se ven las estrellas, pero el paisaje rodeado de glaciares y montañas enormes es impresionante. Al amanecer, se da uno de los mejores momentos del viaje: un pingüino solitario viene desde el mar hasta la orilla. Caminando sobre las rocas negras pintadas de blanco, parece que venga a dar los buenos días.

La vuelta al mundo en siete animales

El proyecto 'En busca de lo salvaje' (Looking for the Wild), que realiza el fotógrafo Andoni Canela junto con su familia, es un recorrido por el mundo en busca de los animales más representativos de cada continente, para reflejar el estado de la naturaleza más salvaje, las amenazas que sufre y los esfuerzos para conservarla. Después del lobo ibérico (1), el bisonte americano (2), el puma (3) y ahora el pingüino papúa (4), las siguientes etapas previstas son el cocodrilo de agua salada (5), el cálao bicorne (6) y el elefante africano (7).