Españoles en Berlín

En la capital alemana nace un 'spanishtown' con restaurantes, tiendas y otros negocios donde se habla español. Es la colonia española en el exterior más cualificada de la historia.

Ellos tienen Mallorca, nosotros tenemos Berlín”. Así reza el encabezado de Berlunes, uno de los blogs más populares entre el colectivo de españoles inmigrantes que colonizan los distritos de Kreuzberg y Neukölln, la zona de moda de la capital alemana. Y es que el país ha recibido la mayor oleada de españoles de la historia después de la que hubo en los pasados años sesenta. El desembarco no sólo se refleja en las estadísticas sino que se palpa en cada rincón del que se ha comenzando a llamar el spanishtown de Berlín.

Bares de tapas, tiendas donde comprar lentejas y jamón serrano, música en versión española y hasta churrerías han poblado el mapa cosmopolita del barrio denominado Kreuz­kölln –resultado de unir Kreuzberg y Neukölln–. Según un informe de la Organización para la Cooperación y Desarrollo (OCDE), los inmigrantes españoles que llegaron a Alemania en el primer semestre del 2012 eran un 53% más que un año antes. Según la seguridad social, en Berlín los españoles pasaron de 14.527 en el 2011 a 37.821 en el 2012. Teniendo en cuenta que la mayoría de los recién llegados no están registrados por tener miniempleos –no más de 40 horas mensuales y un salario máximo de 450 euros–, trabajan por cuenta propia o no tienen trabajo, se podría hablar de una cantidad de inmigrantes que triplique hoy este número.

“Esto es una colonia de españoles que cuenta con la generación mejor cualificada de la historia dispuesta a labrarse un futuro”, señala Juan, ingeniero aeronáutico en prácticas en una empresa

El castellano se escucha en cada esquina de Kreuzkölln. Se han abierto tantos bares españoles que ya están pensando en crear una ruta de tapas. También han nacido academias de alemán para españoles creadas por españoles, centros de abogados donde resolver (en castellano) los problemas legales e incluso asesorías financieras o médicos “en español”. Y no podían faltar los cafés librería, auténticas instituciones culturales donde debatir sobre la última obra de un autor nacional.

Las cifras de un 24,5% de paro en España –casi el 54% entre menores de 25 años– frente al 5,1% de desocupados en el panorama alemán han sido el ­reclamo.

Son las cuatro de la tarde de un viernes y en la hamburguesería de carne orgánica frente al metro de Schlesisches Tor en Kreuzberg sólo se escucha español. Un gran grupo de jóvenes de entre 25 y 30 años habla de certificados de idiomas, papeles del paro y nuevos contratos mientras engullen las populares hamburguesas. La mayoría son ingenieros, filólogos e informáticos que, hartos de la situación laboral en España, decidieron cambiar de aires y ahora son parte de este spanishtown.

En Berlín algunos se refieren a Kreuzkölln como casi un gueto de españoles, como en marzo publicó la revista de habla inglesa Exberliner, con una portada en la que se leía “¿Quién tiene miedo a los españoles?”. “Gueto es un término despectivo, gente que no quiere integrarse”, afirma Juan, ingeniero aeronáutico en prácticas en una empresa alemana. “Esto realmente es una colonia de españoles que cuenta con la generación mejor cualificada de la historia dispuesta a labrarse un futuro”, precisa.

Las estadísticas le dan la razón. El 43% de los inmigrantes que llegan a Alemania tiene una cualificación universitaria o titulación técnica superior. Muchos incluso han cursado dos carreras, másters y hablan varios idiomas. Por el contrario, sólo el 26% de los nacidos alemanes tiene semejantes cualificaciones, según un estudio que ha pu­blicado el diario Der Spiegel.

A poco pasos de la estación de metro está Eli Bravo, de 34 años que, con su melena azul y su cuerpo tatuado, podría confundirse con una berlinesa. Está quitando el candado a su bicicleta de color rosa para irse a trabajar mientras habla en catalán con un amigo asomado a la ventana: “¡Ya he encontrado habitación para la chica que te dije y a buen precio, un milagro!”. Apaga su cigarrillo de liar y se dispone a cumplir sus seis horas diarias en un curso donde realiza prácticas profesionales trabajando con niños problemáticos mientras aprende alemán. “Es un curso gratuito llamado ESF-BAMF de seis meses y el último mes haces prácticas del lenguaje enfocado a tu profesión; en mi caso, trabajo social”, señala. “Si buscas trabajo estable y bien remunerado, necesitas tener un nivel alto de alemán; mucha gente viene pensando que con el inglés basta, pero no es así”, agrega.

“La mayoría de los españoles tienen claro que quieren trabajar y los alemanes te exigen mucho; los que persisten lo consiguen, pero hay otros que no”, dice Alberto, dueño de un bar tienda

Esta leridana de ojos intensos y don de gentes no se marchó por la crisis, simplemente decidió cambiar de aires en el 2010 y acertó de pleno. “Al poco tiempo de llegar, mis amigos en España comenzaron a decirme que se estaban quedando sin trabajo y que todo estaba fatal”, explica. Ahora, mientras se forma, cobra la ayuda del Estado llamada Harz V, que en su caso son 370 euros más una ayuda para la vivienda de 270. Para completar sus ingresos tiene un miniempleo como camarera en un bar hawaiano en Kreuzberg.

De miniempleos sabe un rato David, dueño, junto a su socio Guido, de la tienda gastronómica Azafrán y de la vinoteca Galatea Wine & Music. “Yo me vine aquí –dice– porque en España no me adaptaba, llegué a Madrid después de trabajar en el Icex en Oriente Medio (una entidad pública de promoción internacional de las empresas) y la crisis ya había comenzado”.

David añade que no pudo soportar el aire opresivo que se cernía ya sobre la sociedad española y decidió mudarse a Berlín. “Tuve que empezar con trabajos de teleoperador y cosas así. Aquí te hacen dar los pasos uno a uno. Eso sí, cuando ven que quieres trabajar, te prestan toda la ayuda posible”, señala.

Hoy, junto con su socio, tienen una tienda gourmet donde encontrar todos esos caprichos que se añoran de la tierra y además sirven a numerosos restaurantes españoles. También han montado Galatea, un local donde escuchar música en vivo, incluyendo a grupos españoles. Pero David no se quiere parar aquí. Tiene visión a largo plazo de la marca España en Alemania y, viendo la gran comunidad de jóvenes españoles con buenos proyectos que hay, ha decidido poner manos a la obra. Entre todos están creando una asociación que sirva de fuerza común, un sello que venda buen producto y exporte cultura.

Sirviendo las mesas del Galatea está Belén. Gallega de 24 años, lleva un año y medio en la ciudad huyendo de un futuro precario tras terminar Veterinaria. “Estoy haciendo un máster y estudiando alemán, y para ir tirando hago horas cuando me necesitan”, dice. No quiere ni oír hablar de volver a España: “Mis amigos me cuentan las condiciones de trabajo que tienen y me parece terrible, yo he apostado por otro camino”.

Pero el futuro en Alemania no se mide igual en todas las profesiones, como dice Gabriela. Esta psicóloga de Bilbao llevaba 12 años trabajando en la Universidad de Columbia, en Nueva York, cuando decidió volver a Europa; pensó que Berlín sería un sitio perfecto y que gracias a su cualificación, su alto nivel de inglés y su buen alemán, no tendría problema en encontrar trabajo. No ha sido así. “Hay ciertas profesiones con dificultades para encontrar empleo, y debe de ser que la mía es aquí una de ellas. Ahora estoy en la tienda Azafrán; menos mal que me han cogido para hacer unas horas mientras decido qué hacer con mi vida”, cuenta.

Alemania necesita de aquí al 2025 a 5,4 millones de trabajadores cualificados para mantener su Estado del bienestar

Unas calles más arriba está el Wowsville, un local de copas y tienda de discos. Sus paredes en rojo están adornadas con carátulas de vinilos antiguos y pósters de los años sesenta. Alberto, su dueño, tuvo una tienda de discos en Nueva York y parte de la decoración pertenece a esa etapa. Su célebre local acaba de cumplir cuatro años. “Lo inauguramos durante el Mundial del 2010 y esto se llenó de españoles. Hoy lo vamos a celebrar igual, paella incluida, aunque ahora debe de haber en Berlín más del doble de españoles que antes”, indica.

Este valenciano ha sido testigo de este boom. “La mayoría de los españoles tiene claro que quiere trabajar y los alemanes te exigen mucho; los que persisten lo consiguen, pero hay otros que simplemente vienen a esperar a que pase el temporal en España”, agrega. Mientras Alberto termina la lista de los ingredientes que le faltan para la paella, llega Marcos Coll, un reconocido harmonicista. “Berlín es el mejor sitio del mundo para ser artista –comenta–; aquí el Gobierno te respeta, los impuestos se adaptan a tus ingresos y sobre todo estás en un lugar que vibra, que se mueve”. Marcos vino hace años siguiendo su camino en la música y ha visto cómo en los últimos tiempos el barrio se llenaba de españoles. “Es lógico que se forme una colonia aquí. Es el barrio de moda, es muy dinámico y, además, barato”, apunta. Alberto y Marcos destacan que el ambiente es muy agradable, “como un pequeño pueblo, los españoles se echan una mano unos a otros y esto ayuda mucho a los que acaban de llegar”.

Pepa llega caminando de la mano de su padre, Alberto Camarasa, camarero del Wowsville. “Yo me vine aquí por amor”, dice mientras señala a su niña de tres años, “mi mujer es alemana”. “Todos los españoles –afirma– quieren venir a Berlín, pero a veces se les olvida que precisamente este es el lugar con más paro de Alemania, con una tasa del 14%. Este no es el país de Peter Pan, como mucha gente cree. Aquí hay que currarse mucho las cosas y a veces no siempre salen bien. El otro día me encontré un hombre de 60 años que vino de España y trabajaba en la construcción, estaba durmiendo en la calle porque no conseguía encontrar nada y había gastado ya sus ahorros. No sabía alemán ni inglés”.

Esta noche, Amanda y Blanca han quedado para cenar en casa de su amiga Sara en Neukölln. Ambas estudiaron Filología Hispánica y están aquí con la beca Leonardo. Antes vivían en el barrio, pero se han tenido que mudar debido al elevado precio de los pisos. “No podemos permitirnos vivir en el spanishtown –se queja Blanca–, ahora muchos españoles nos hemos mudado al norte, a Wedding”. Con el aumento de inmigrantes y de turistas, los precios se han vuelto prohibitivos.

Sobre el mantel, jamón, tortilla de patatas, gazpacho y croquetas. “Hacemos estas cenas de vez en cuanto por aquello de sentirte cerca de casa”, dice Sara, que ya lleva en Berlín cinco años y trabaja dando clases de español en el Instituto Cervantes y otros colegios. “Estoy como autónoma y pago mucho de impuestos, aquí la seguridad social es muy cara, pero me encanta esta ciudad”, asegura.

Blanca celebra hoy que por fin ha empezado a trabajar dando dos horas semanales de clase también en el Cervantes. Muchos españoles llegan a Berlín con becas y viendo la tasa de paro que hay en España deciden quedarse. “¿Para qué volver viendo cómo está el panorama?”, pregunta Amelia, que lleva 10 meses aquí.

Elisabeth, psicóloga que trabaja en un colegio alemán, vivía en Valencia y lo vio claro: “Mi novio es alemán y me decía que en España no había futuro, y yo me resistía, pero al final tomé la decisión y ya estoy trabajando de lo mío. Ya no hay vuelta atrás”.

Los artistas españoles que viven en Kreuzkölln dicen que esto es el paraíso. “Estar aquí te hace sentirte vivo”, afirma Violeta Lópiz, ilustradora que cuenta con su propio sello, Lelo Books, y un estudio en Kreuzberg. “Vine hace tiempo porque necesitaba un cambio, y no sabía ni inglés, ni alemán, ni montar en bicicleta”, se ríe. Ahora tiene su local a pie de calle por 300 euros al mes, domina ambos idiomas y va en bicicleta a todas partes. Carme está de acuerdo. Esta mallorquina de 33 años ha creado una marca de joyas, Cirer, cuya última colección está inspirada en el mar, que afirma que es lo que más echa de menos de España. Los locales baratos fueron un reclamo para muchos artistas, entre ellos españoles. “Aquí se han juntado fotógrafos, escritores, diseñadores, gente de publicidad o pintores –comenta Carme– que no sólo huyen de la crisis económica sino también de una crisis de creatividad que está envenenando España”.

El domingo por la mañana, Rosa va a hacer churros en su local de tapas La Cazuela, en el mercado Markthalle Neun. Almudena y su marido David han traído a su pequeño Max para que los pruebe. “Cuando David me ha dicho que había churros hemos venido corriendo”, explica ella. Él es informático y tiene trabajo fijo en una empresa alemana. “No hablo alemán –dice–, lo hago todo en inglés; para mí es un lujo porque el alemán me parece muy difícil”. La pareja ya no vive en el barrio español, se ha mudado a Prenz­lauer Berg, más barato y lleno de familias jóvenes. “Hemos venido a tener a nuestro hijo aquí y nos hemos comprado una casa, pero es difícil salir del gueto, al final todos nuestros amigos son españoles”, cuentan.

Marta acaba de comenzar su horario de clases. Esta madrileña de 35 años ha creado una academia, Mar Sprachschule, donde enseña alemán a españoles. Hace tres años vio que era el momento y decidió abrir su negocio, que comparte espacio con una librería que ya es toda un institución en el barrio: La Rayuela, desde la que Margarita lleva años acercando la cultura hispana a los alemanes y manteniendo en contacto a todos los hispanohablantes con sus reuniones para hablar de autores y sus talleres de escritura en español. “Esto es un constante ir y venir de españoles, cada día hay más y los que se espera que sigan llegando, porque aquí todo el mundo tiene un primo, amigo o conocido que viene”, comenta Marta.

Mage acaba de abrir los puestos del mercadillo de segunda mano que organiza frente al Wowsville. “Hay que integrarse”, dice esta interiorista de 37 años, mientras termina de colgar sus vestidos. “Esta costumbre es muy típica en Alemania, y nosotros hemos decidido hacerlo, pero con un toque español”, y señala a varios españoles que tienen un puesto aquí.

Sale el sol y Berlín se vuelca a la calle, y Kreuzkölln no es menos. En Azafrán, organizan el Spanish Weekend, “un mercadillo en la puerta del local donde servimos gazpacho, salmorejo y paella”, explica David, espátula en mano, y que, acompañado de Juan Chacón, arquitecto, son los chefs de la jornada. Cuando el olor comienza a extenderse por el barrio, aparecen numerosos españoles y se instalan en torno a las suculentas viandas. Hoy no existen los problemas, no hay miniempleos ni futuros inquietantes. Los habitantes del spanishtown sacan lo mejor de sí mismos, “su alegría de vivir”, dice Jorge, un publicista que busca trabajo. “Los alemanes nos necesitan porque les damos esa espontaneidad”, comenta divertida una amiga de Belén, que imparte clases gratuitas de flamenco para integrar a alemanes y españoles en el barrio.

El mismo camino que hicieron los abuelos de estos jóvenes hace 50 años está siendo recorrido de nuevo, pero la generación que España exporta ahora es la más preparada de todos los tiempos. Esta nueva ola no llenará las cadenas de montaje de las fábricas sino que se instala en los laboratorios universitarios o en los proyectos de investigación. Muchos lamentan que el Gobierno español “esté dejando marchar lo que tiene en casa sin pestañear, cuando aquí nos reciben con los brazos abiertos” , como dice Fernando, arquitecto.

Alemania necesita de aquí al año 2025 a 5,4 millones de trabajadores cualificados para mantener su Estado del bienestar. Las “políticas de bienvenida a los inmigrantes” llenan las agendas de los ayuntamientos alemanes mientras España dilapida la inversión que hizo en formar a estos profesionales.

En el Parlamento Europeo se dice que las nuevas generaciones de los llamados emigrantes económicos están cambiando el concepto de la Vieja Europa, ahora será “más Europa, más multicultural y más abierta”. Lástima que el precio que paga España en esta evolución tenga que ser el de perder a su mejor generación hasta ahora.