Explosión de vida en el Oceanogràfic

Treinta mil ejemplares de 650 especies. El Oceanogràfic de Valencia, la mayor instalación de estas características de Europa, ha reabierto sus puertas después de tres meses de reformas, para reforzar su carácter de referencia en la recuperación y conservación de los animales marinos.

Una espectacular beluga construida con la técnica de vareta por el artista fallero Manolo García da la bienvenida a los visitantes

"No queremos animales imitando actitudes humanas”, comenta Juan José Torres, director general del Oceanogràfic de Valencia. “Nuestro esfuerzo es para lograr el mejor ecosistema posible para ellos”, añade sobre las mejoras que han transformado el parque, que abrió a principios de marzo, tras tres meses de reformas.

El visitante puede verificar la explosión de vida que hay en el centro. En total, 30.000 ejemplares de 650 especies; todas vinculadas al medio marino de uno u otro modo. El parque crece. A la oferta de contemplar el oceanográfico más grande de Europa –110.000 metros cuadrados y 42 millones de litros de agua– se suma el haberse consolidado como un centro de referencia mundial para la conservación del medio marino y su gran biodiversidad, aspecto en el que ahora presenta notables mejoras. Dispone de un departamento de investigación, el ARCA de Mar, para la recuperación y conservación de animales marinos; un área de educación y equipos de veterinarios, biólogos y cuidadores, entre otros. La reforma ha profundizado en la labor de todos los departamentos. Se trata, además, de unas mejoras impulsadas por el nuevo gestor, la sociedad Avanqua, resultado de la unión de Aguas de Valencia, Vancouver Aquarium y Ket. Su presidenta, Celia Calabuig, lo subraya: “El Oceanogràfic de Valencia es el mayor acuario de Europa, ahora queremos ser, además, el mejor”.

El Oceanogràfic es, tal vez, el único espacio de referencia creado con el Partido Popular en el gobierno de la Generalitat Valenciana que no ha sufrido la erosión, por mala gestión económica o directamente por la corrupción, que sí ha dañado otras infraestructuras como la Ciudad de la Luz de Alicante, ahora en proceso de venta; o el Aeropuerto de Castellón. Ubicado en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, el acuario es el único contenedor del recinto que no fue diseñado por Santiago Calatrava. Fue obra del arquitecto Félix Candela y, desde su inauguración, en diciembre del 2002, su éxito fue inmediato. Con el tiempo ha logrado establecer una estrecha complicidad con la ciudad. Una clave: está a dos pasos del Mediterráneo y de la Albufera de Valencia, uno de los ecosistemas más ricos del sur de Europa.

El centro acogerá investigación para aprender de los animales del recinto y que esos conocimientos puedan ayudar a las poblaciones salvajes

El fondo de inversión Parque Reunidos ya ha disuelto su sociedad en Valencia que gestionó el Oceanogràfic hasta la primavera pasada, en la que Avanqua ganó el concurso ofertado por la Generalitat Valenciana. Es una obra pública gestionada por actores privados; lo que curiosamente ha determinado, en gran parte, la buena marcha de un proyecto que ahora incrementa sus capacidades. Sólo en este año, Avanqua invertirá más de nueve millones de euros, y sumará más de 25 hasta el 2031, en los 15 años de duración del contrato.

Calabuig muestra sus cartas: “La nueva filosofía de trabajo que llevamos a cabo, en coordinación con el Acuario de Vancouver, plantea una gestión enfocada al bienestar animal y a la conservación a través de la investigación”. El equipo de investigación ha sido totalmente renovado. Juan José Torres matiza que en este se trazan líneas “sobre las especies que tenemos en la instalación y cuyos resultados se puedan aplicar en el futuro para el beneficio de esas mismas especies en el mar”. Una de las actividades de los biólogos es realizar estudios en el mar, con la colaboración de expertos de todo el mundo. “El Acuario de Vancouver no es sólo nuestro socio, también es un aliado científico”, añade Calabuig.

Pero lo importante del parque es, al fin, sus animales. La variedad es espectacular. Desde invertebrados como medusas, estrellas de mar, erizos, corales o pulpos, hasta peces como tiburones, meros, caballitos de mar, morenas; además de reptiles, tortugas, aves como el pingüino Juanito, flamencos o pelícanos y mamíferos como belugas, morsas, leones marinos californianos... Al Oceanogràfic llegarán este año cocodrilos sudafricanos, pingüinos rey (más grandes de lo habitual), leones de steller o tiburones martillo. También podrá verse un espectáculo de gran intensidad en la zona del Ártico: la aurora boreal proyectada en una inmensa cúpula. El universo escénico incluye ecosistemas como los mares templados y tropicales, polares como el Ártico y el Antártico, el mar Mediterráneo, el océano Atlántico o los humedales. Algunas especies incluso han logrado reproducirse. En el 2015 nacieron un delfín (Tursiops truncatus), una foca Vitulina, un león marino patagónico (Otaria flavescens), una raya mosaico (Raja undulata), un tiburón pintarroja (Scyliorhinus canicula) y un caballito de mar (hippocampus reidi).

Una de las áreas potenciadas es el ARCA de Mar. Se recogen animales marinos que hayan sufrido algún problema, por ejemplo una tortuga que se haya tragado una bolsa de plástico o un delfín varado en la costa por enfermedad, para recuperarlos y devolverlos a su medio si es posible. En este equipo de rescate participan la Generalitat y la Universidad de Valencia.

Una de las claves de la nueva gestión es que desde Avanqua se refuerza la faceta investigadora, con 30 proyectos en colaboración con instituciones científicas y universidades, nacionales e internacionales. Calabuig ha anunciado la creación de la Fundación Oceanogràfic, que ya cuenta con un plan maestro de investigación para aprender de los animales del recinto, “y obtener conocimientos que puedan ayudar a las poblaciones salvajes”, señala.

El equipo veterinario consta de cinco especialistas y una clínica dentro de las instalaciones (muchos acuarios no tienen veterinario propio). Y destaca también el equipo de cuidadores de mamíferos marinos, que llevan a cabo a diario una serie de ejercicios con los animales conocidos como “entrenamientos médicos”. En estos, se enseña al animal a que aprenda a adoptar ciertas posturas que ayudan a los veterinarios a examinarlos. Estos ejercicios son un estímulo beneficioso para los mamíferos.

La historia de Lindsay Rubincam resume la filosofía del parque: licenciada en Psicología, esta mujer es toda una referencia tras 25 años especializada en el entrenamiento de los mamíferos marinos. Narra que desde su infancia “tuve el sueño de conectar con los animales que viven bajo el agua”. Admiradora de las expediciones de Jacques Cousteau, recuerda que en una visita familiar al Seaworld en San Antonio, EE.UU. “tuve claro que quería trabajar con esos animales”. Además de ser entrenadora de orcas, se inició como activista, y su vocación ha sido “educar al público, inspirar a los jóvenes”. “Mi mayor aspiración ahora –dice– es asegurarme de que otras personas sigan mi ejemplo, que asuman el papel de ser embajadoras de los animales, y que aumenten los estándares en el cuidado y la exhibición en todo el mundo”.