La fábrica del béisbol

Cientos de jóvenes dominicanos forman la cantera más prolífica de las ligas de EE.UU., donde la gloria y el dinero esperan en una cima a la que muy pocos acaban llegando

La ráfaga de pelotas va cayendo al suelo y una nube de polvo se levanta a su alrededor. El campo de juego está reseco y el césped no se riega más que lo que ofrece el cielo, pero hoy el sol abrasa y los jugadores ni siquiera se molestan en buscar una sombra. Aquí no hay árboles, y aunque los hubiera no podrían buscar ese refugio porque tienen cuatro horas de entrenamiento por delante.

El 2 de julio es el día en que los candidatos a jugar en EE.UU. saben si les han fichado, qué equipo y si es en una liga mayor o menor

Moreno Tejeda da un grito y se acerca Steven Mejías, un chico de 14 años y 1,85 metros, al que empieza a elogiar. Dice que tiene una gran pegada y que él predijo que, con 13 años, iba a ser el mejor jugador de su edad. Algo después, cuando el muchacho ya ha destripado sus sueños (jugar en Grandes Ligas, que le aplaudan, ser el mejor), la duda es si no es peligroso descargar sobre un muchacho tantos elogios:

–Por eso, lo último que he dicho ha sido cuando él ya se había ido. Tiene que amar el juego, no pensar en el dinero.

Lo que Moreno había afirmado era que Steven va a romper todos los récords en República Dominicana a la hora de firmar, a los 16 años, con un equipo americano. Un antecedente cercano –pertenecía a esta escuela– es el de Dermis García, que firmó por 3,6 millones de dólares como joven promesa (prospecto en el argot beisbolero) en el año 2014 con los Yankees de Nueva York.

La Academia de Moreno es una de las fábricas más prolíficas de jugadores con las que el país caribeño surte a las ligas estadounidenses. En este secarral a las afueras de San Pedro de Macorís no invierten en regadío, ni en sombras, ni en deslumbrantes infraestructuras. Únicamente en talento.

En el estadio del equipo Las Estrellas Orientales, en San Pedro de Macorís, un altavoz va anunciando el nombre de los jugadores que van actuando en el partido que la Major League Baseball (MLB) ha organizado: quedan unos meses para que llegue la firma con los equipos norteamericanos, el día más importante de cientos de jugadores de 16 años que sueñan con brillar en Estados Unidos. Y en esta exhibición tienen una de las últimas oportunidades de descollar.

Los números son poco piadosos: de 100 chicos que firmarán su ‘sueño americano’, sólo cinco llegarán a la élite, y de estos, apenas tres se consolidarán, el resto irá a las ligas menores o intermedias

En Julio Dos, como se conoce al segundo día de julio, decenas de jugadores firmarán un contrato con uno de los 30 grandes equipos de las Grandes Ligas de Estados Unidos, el país que más jugadores aporta al sistema del béisbol. No es extraño que los equipos de la MLB hayan hecho de este país la mayor fábrica de jugadores fuera de su territorio: la temporada pasada, la República Dominicana era el país que más jugadores aportó: 83. El segundo fue Venezuela con 65.

Emilio de los Santos, ojeador de los Seattle Mariners observa desde unas gradas que, durante la corta temporada dominicana –de octubre a diciembre–, están repletas con 8.000 aficionados. Pero fuera de temporada, en los asientos sólo hay algún entrenador, ojeadores que emborronan cuadernos y Emilio, un tipo grandullón, que explica que los dos jugadores a los que su equipo quiere fichar lo harán por 1,2 millones y por 525.000 euros. No se sabrá quienes son hasta el 2 de julio.

A partir de ese día, los equipos tendrán permitido firmar a los elegibles, chicos de más de 16 años y que los clubes norteamericanos sólo pueden fichar a partir de esa edad: los mejores serán vendidos al mejor postor.

Pero en realidad, la firma, los millones y las alegrías de cada 2 de julio son solo el principio de una escalera cuya cima es la MLB. Las estadísticas son poco piadosas: de 100 jugadores que firman, sólo cinco acabarán jugando en la soñada liga. Emilio de los Santos lo resume: “Son 30 equipos y de una posición hay 30 plazas. Y hay 10.000 personas detrás de un puesto”.

En la Academia de Moreno entrenan más de 25 jóvenes a los que este scout ha traído de todos los rincones del país. Su talento, ante todo, es intuir el talento de los demás: y parece acertado porque de este campo han salido jugadores como Miguel Ángel Sanó.

Su tío, un hombre que rondaba el metro sesenta de estatura, le dijo a Moreno que tenía un sobrino con un físico portentoso. Él no le prestó mucha atención, pero aquel hombre confiaba en el joven de 13 años y siguió insistiendo, hasta que el chico llegó a la academia. Allí le dijeron que no recibían a jugadores de esa edad. Moreno llegó a las instalaciones y repitió lo que ya había escuchado, pero finalmente le dijo: “Prepárate que te voy a ver”.

“Cuando llevaba 15 minutos viéndolo, dije: este es el mejor pelotero que ha pisado este play”, recuerda Moreno. Sanó, un jugador de casi dos metros de altura y envuelto en músculos, firmó con los Twins de Minnessota (campeones mundiales en 1991) por 3,15 millones de dólares en el año 2009. Después de una travesía por cuatro ligas –las ligas menores, rockies, liga A, doble A– Sanó es ahora parte de ese 5% de estrellas que llega a lo más alto.

San Pedro de Macorís es la exposición perfecta de jugadores que triunfaron y regresaron a su país, ya bañados en millones de dólares. “Vienen de familias muy humildes, muy pobres, y es una oportunidad para que éstas dejen de pasar hambre –justifica Moreno– así que al firmar por una importante cantidad, les traen un plato de comida o un techo seguro”.

Jerry es uno de los jugadores con más proyección de esta escuela y no es extraño que no vea obstáculos para firmar con el equipo de sus héroes, San Francisco Giants. Ahora tiene 13 años y un futuro prometedor, no sólo para su propio beneficio sino que, como admite Moreno, “si ellos no firman, nosotros no ganamos ni un centavo”. Al acercarse a la edad en que pueden firmar, empiezan a presentarlos a los diferentes ojeadores.

¿Qué misterio esconde un país de apenas 10 millones de habitantes capaz de dar a luz a algunos de los genios de este deporte? Moreno no le da importancia: “Al final no es el talento, es la disciplina, porque talento hay mucho. Es la querencia, el amor, la pasión por el juego”.

Kelvin Belós, un scout que recorre varios países grabando a las promesas y que la MLB distribuye a todos los equipos para que puedan ojearlos a distancia, está filmando a varios jugadores en el estadio de Las Estrellas Orientales y cree que existe genio... y obstáculos. “El 50% no llega debido a la educación en este país”, señalando que la mitad de los que firman alcanzan la liga Doble A, penúltimo peldaño (el último es Triple A) antes de llegar a las Grandes Ligas. “Ahí ya se pone difícil la cosa”, concluye.

Pero quienes superan esa última barrera verán cumplidos todas las exageraciones que las cabezas de estos jóvenes imaginan: fama, aplausos, reconocimiento y dinero. Hay ejemplos que confirman el exceso: Alex Rodríguez, de origen dominicano, firmó un contrato de diez años en el 2008 con los New York Yankees a cambio de 275 millones de dólares.

Mientras que en Venezuela sólo cinco equipos de la MLB tienen instalaciones propias, en la República Dominicana las tienen los 30. Desde 1985, los chicos de los equipos americanos juegan la Liga Dominicana de Verano, donde comienzan a enfrentarse absorbiendo la cultura estadounidense en primera persona. La liga nació para enfrentar a los jóvenes de sus respectivas canteras dominicanas ya que no todos los chicos lograban el visado para vivir en Estados Unidos; un termómetro para comenzar a subir a los jugadores de nivel y enviarlos a los clubs que los han fichado.

“Producimos 600 peloteros al año”, explica Franco Frías, scout de la Major League Scouting Bureau, ataviado con una gorra, un cuaderno y un medidor de la velocidad. Además de los buscones que tienen todos los equipos repartidos por las canchas del país, la propia MLB destinan cinco personas a buscar talento en la República Dominicana. Después de formarse en Phoenix, la MLB fichó a Frías como ojeador de la organización que husmea a las futuras estrellas que, después de la firma, pasarán una temporada en su país de origen.

Hoy está escribiendo informes sobre varios chicos que viene siguiendo en los últimos meses y que la MLB pone a disposición de todos los equipos. Frías, que ha viajado en busca de jugadores en países como Panamá, México y Venezuela, explica que de los cinco que llegan a lo más alto “sólo se consolidan dos o tres”.

En el marco del multimillonario negocio del béisbol, Estados Unidos quiso crear una extensa red que garantizara oxígeno para un deporte que mueve 6.000 millones de dólares anuales, con los New York Yankees como el equipo del mundo, de entre todos los deportes, mejor valorado.

Y es en esa ampliación del negocio donde en los años ochenta señalaron al país caribeño como un aliado. Esa hermandad se reforzó a partir del 2000, cuando únicamente había tres academias: las consecuencias son, además de un surtidor seguro de jugadores para las Grandes Ligas, un importante reguero de millones en el país: un informe de la oficina de la MLB en la República Dominicana en el año 2013 elevó a 182 millones de dólares la inversión que la organización habían generado en el país.

La tarde se consume pero el sol no da tregua. A la cima sólo llegarán algunos, pero nadie piensa que él no será el elegido. “La palabra difícil está omitida para mí”, dice convencido Jerry Martínez antes de seguir con el entrenamiento.°