Finlandia sigue dando lecciones

El país nórdico tiene el mejor sistema escolar de Europa y uno de los mejores del mundo. Pero eso no parece ser suficiente. Este curso, da una vuelta a la tuerca, con una ambiciosa reforma para una mejor adaptación a las necesidades del siglo XXI. Magazine visitó una escuela en Helsinki a finales del pasado curso y habló con la comunidad educativa para conocer los cambios y qué lecciones se pueden extraer.

Los alumnos de 1.º y 2.º andan descalzos por clase. Ahora sentados, ahora de pie en grupos, van trabajando. La maestra Mari Peteri, de 34 años y con ocho de experiencia, está con unos, con otros; escucha más que habla. A la hora de la lectura todo el mundo se tira por el suelo, en pufs… La clase de al lado, de plástica, está toda revuelta. Unos de secundaria tienen clase de cocina; en otra aula el profesor enseña a programar un videojuego a media docena de alumnos. Son escenas de final del curso pasado en la escuela Kapyla de Helsinki, que ilustran una manera de enseñar y aprender que está cambiando y que este curso se generalizará en Finlandia.

Coste 0
para las familias de la escuela, el comedor, los libros y el transporte (se subvenciona si se vive a más de dos kilómetros) 

Este país del norte de Europa, que ha convertido la educación en uno de sus activos, incluso exportable –todo el mundo quiere visitar sus escuelas e invita a su comunidad educativa a explicar en congresos las claves de sus buenos resultados–, no se relaja en la autosatisfacción, y este curso –allí empezó hace tres semanas– aplica una ambiciosa reforma.

El objetivo, dicen sus impulsores, es que la formación se ajuste más a la sociedad del siglo XXI y a las nuevas demandas laborales. Se quiere cambiar la forma de enseñar, para reforzar el aprendizaje, que los niños aprendan de manera más autónoma y del mundo que les rodea.


Un día de escuela

Horario flexibLE Las clases empiezan a las 8 y acaban a las 12.30 h, las 13 h, las 14 h o las 15 h, según los días. La dirección da flexibilidad de entrada al docente que lo pida cuando se elabora el horario. Hay servicio de ludoteca pagado en parte por la familia (unos 100 € al mes) para alargar la salida hasta las 16 h (de 8 a 16 h es el horario convencional de oficinas). Las guarderías abren hasta las 17 h.

Recreo Los alumnos descansan 15 minutos entre clase y clase (se puede salir al patio). Pero este curso, en Kapyla, por ejemplo, las dos primeras clases de la mañana se harán seguidas. 

Comedor En la escuela y gratuito. Cada maestro come con su grupo, y en 7.º, 8.º y 9.º, lo hace al menos un profesor por curso. La comida es sobre las 11. Dura una hora y antes y después hay clase.

A casa Si se vive a más de dos kilómetros de la escuela, se puede pedir una subvención para el transporte. Sorprende que niños como Selma o Lucas, de 8 o 9 años, van y vienen solos (él en bici, ella en tranvía). No es raro aquí. 

Deberes Se hacen en muchos casos, aunque poca cantidad, y no suelen darse para el fin de semana. Una tarde, Lucas trae ejercicios de inglés y mates y Selma debe buscar en internet los monumentos de Helsinki. 

Extraescolares Son actividades similares a las de España (artísticas, deportivas) que pagan los padres. Al aire libre son limitadas en invierno (aun así salen con –10°C o –15°C).

Cena Como los niños cenan a las 17 h o 18 h, a veces tienen alguna extraescolar después. Los niños de primaria suelen acostarse en torno a las 20 o las 21 h. 


Finlandia destacó en el 2000 en los resultados del informe Pisa, la evaluación de competencias de los alumnos de 15 años de una treintena de países que hace la Organización para la Cooperación y Desarrollo (OCDE). Todos los países, desde España hasta EE.UU., han intentado copiar elementos del sistema educativo finlandés, que logra buenos resultados, destaca como igualitario y, de lo que presumen los finlandeses, no somete a los alumnos a presión como el de Corea del Sur u otros países del este asiático que en los últimos años superan a Finlandia en los rankings. 

9 cursos,
de los 7 a los 16 años, forman la educación obligatoria. A los 6 años se cursa preescolar

Copiar el modelo es imposible por las diferencias sociales y culturales. En ello coinciden desde Barcelona Ismael Palacín, director de la Fundació Jaume Bofill, entidad que trabaja para la mejora educativa, y en Helsinki Jorma Kauppinen, director del Consejo Nacional Finlandés de Educación, ente que desarrolla la reforma. Pero del modelo pueden extraerse lecciones para una mejor escuela.

Pero ¿por qué los finlandeses cambian su exitosa fórmula? Hay quien ha apuntado a esa pérdida de brillo en los resultados Pisa, pero Kauppinen y la número dos del Ministerio de Educación y Cultura, la secretaria permanente Anita Lehikoinen, aseguran que están muy satisfechos con los buenos resultados y quieren mantenerlos, pero que la reforma no es por Pisa. En el país nórdico, cada diez años aproximadamente renuevan el sistema educativo y esta reforma, que se aprobó en el 2014 y cuya aplicación se ha preparado durante año y medio, busca adaptarse mejor a la sociedad actual. “El mundo ha cambiado mucho en los últimos diez años –explica Kauppinen–, sobre todo por la rápida expansión de la tecnología. Aunque no se trata sólo de usar tecnología. Pensando en el mundo actual y el futuro laboral, queremos dar a los alumnos más herramientas y competencias”.

Palacín cree que este espíritu es una de las claves del éxito finlandés, junto a las características sociales del país: “Entender que la escuela ha de girar en torno al alumno”, dice. Incluso el responsable del programa Pisa también abogaba este verano por que las escuelas vayan por ese camino y dejen de ser “como las de la pasada generación”.

“No es que los contenidos dejen de ser importantes –precisa Kauppinen–, pero queremos cambiar el cómo se enseña”. Y cita las competencias que se ambicionan para los alumnos: que sepan idiomas, que sepan expresarse, que tengan conocimientos básicos y culturales, que aprendan a ser autónomos, a desenvolverse en el mundo laboral y a emprender... 

En el país hay
593.000
alumnos de preescolar y educación obligatoria 

“Se trata de cambiar la cultura de las escuelas, porque es necesaria una mayor intervención de las tecnologías y del entorno y que la escuela no sólo provea a los niños de conocimientos sino que les ayude a desarrollar su carácter y les enseñe a desenvolverse”, subraya Anita Lehikoinen. ¿Cómo conseguirlo? Es una reforma profunda, anticipa.

Más tecnología
El mundo digital es una de las razones del cambio, y la reforma apuesta por un mayor uso de tecnologías, aunque en Finlandia hay diversidad y debate al respecto. Hay escuelas donde cada niño tiene una tableta o un portátil, en otras se usan poco. Helsinki ha prometido dotar a los centros de una pantalla para cada dos alumnos. Sin embargo, también recorta cada año el presupuesto escolar –los centros dependen de los municipios–, con lo que no hay dinero para todo en los colegios.

Entre los profesores, hay quien aboga por usar más tecnología y quien advierte que los niños ya pasan muchas horas delante de pantallas fuera de clase. No en vano en Finlandia nació Rovio, empresa creadora del videojuego Angry Birds.

El exceso de tecnología era el mayor recelo de muchas familias, reconoce Kauppinen. “No vamos a ir de un extremo a otro –asegura–, no quiere decir que se deje de escribir a mano. Queremos que los chicos aprendan a usar las tecnologías y que las usen, como en todo hoy, pero los docentes decidirán”. 

Clases flexibles
En la escuela Kapyla de Helsinki hay 850 alumnos repartidos en tres edificios (no nuevos, la verdad), 80 profesores y 10 asistentes. La maestra Mari Peteri tiene 22 niños de 1.º en clase. El grupo se divide en algunas asignaturas, como las horas que se imparten en español. Es una particularidad de esta escuela que hace que haya hijos de familias emigradas de Sudamérica y España o finlandesas que vivieron en esos países. Hay otras escuelas que dan varias horas a la semana en otra lengua que no sea el finés ni el sueco (este, oficial también, se enseña a todos los alumnos, con la reforma, a partir de 7.º).

“Es un lujo trabajar con 10 o 12 niños”, dice Mari Peteri (la media en el país son 20 alumnos por clase, 17 en los últimos cursos). La reforma facilitará aún más que las clases se puedan dividir o unir en grupos (incluso de niveles diferentes) con varios docentes. Dependerá de lo que se trabaje, de las preferencias de los maestros y de la plantilla del centro. Un efecto que se ha visto en las pruebas es que las clases se vuelven más bulliciosas, algo que rompe el silencio general que reina aquí y que quieren evitar.

Asignaturas y proyectos
Las autoridades educativas y los docentes subrayan que la reforma no elimina las asignaturas. Pero sí se enseñan diferente, para que los niños aprendan más con la práctica, en grupo y de distintas fuentes. Se incorpora lo que llaman phenomena o “módulos multidisciplinares de aprendizaje”, lo que en España son los proyectos (una manera de trabajar que no es nueva), que consisten en elegir un tema y dentro de él estudiar contenidos de distintas materias y de forma vivencial. En España, cada vez más escuelas se apuntan a los proyectos, y crece una demanda social de estas experiencias, pero son iniciativas de los centros, no es general.

Finlandia dedica
el 6% del PIB
a educación

La reforma finlandesa establece que todas las escuelas, en todos los niveles, deberán trabajar al menos un proyecto por curso. Y las clases restantes deberán impartirse de manera distinta. Ya hace tiempo que hay profesores que abogan por recortar los currículos (no más exigentes que los españoles) e introducir más dinamismo. “La reforma –dice Mari Peteri– acaba con el modelo del maestro de pie explicando algo del libro a toda la clase y los alumnos haciendo ejercicios después. Los niños pasan a asumir el protagonismo del aprendizaje: proponen, buscan… Si estudiamos las plantas, plantaremos una. El otro día en el comedor unos niños dijeron palabrotas y empezó un debate sobre si debían ser castigados, cómo... Eso también es aprender”. El énfasis pasa del enseñar al aprender, pero comporta nuevas obligaciones para el maestro, admite Peteri: “Te obliga a estar más atento a las ideas que surjan, a ayudar a los chicos a canalizarlas. Es más trabajo, aunque si ellos son más activos, el impacto educativo será mayor”. Es el perfil de maestro que Ismael Palacín define como “socrático”, el que guía al alumno para que aprenda por sí solo.

Apenas libros de texto
Con la manera de enseñar, cambia el uso de los libros de texto. No quiere decir que no se utilicen, pero el curso no consistirá en seguir uno. “Puede que algún maestro se niegue y diga que quiere libro –apunta Peteri–, porque no se obliga a los profesores, se recomienda”. Pero la idea es diversificar las fuentes de conocimiento. “¿Por qué enseñar ciencias naturales en clase con un libro? Se puede hacer en el bosque. O arte, en un museo”, dice Kauppinen. 

Pocos exámenes
El capítulo de exámenes aún se debe desarrollar, pero se prevé hacer muy pocos (en Finlandia ya había menos que en España) y se evaluará no sólo conocimientos, sino cómo se adquieren, cómo se trabaja, y habrá autoevaluación de los alumnos. Hasta ahora, hasta 4.º no se solía dar notas con puntuación numérica (sí una valoración de si el alumno va bien o mal) y como mucho se hacía una vez al año. 

En la escuela Kapyla, la dirección trató el tema con estudiantes. Estos hicieron muchas aportaciones, dice el director, Jukka Tolvanen. Básicamente, son partidarios de que no se hagan exámenes, corroboran alumnos como Oliver y Satya de 7.º, que se muestran convencidos de que la reforma “no supondrá que debamos trabajar más, sino diferente”. Ahí igual se equivocan. Silyan y Eelis, de 5.º, creen que deberán trabajar más en casa, preparando información, leyendo... “aunque ahora ya leemos mucho”, dicen. Deberes tienen pocos.

El sistema finlandés no excluye repetir curso, pero es raro que ocurra –el director de Kapyla dice que en 10 años habrá visto cuatro o cinco repetidores–. Si se ve que un alumno va mal, se le pone refuerzo. “Puedes aprender mucho, un poco, la mitad... y la manera de evaluar debe adaptarse a cada caso. Si sabes algo, ya sabes más que nada”, señala el director.

No más profesores
En estos años en que todos los países han analizado el sistema educativo de Finlandia, se ha repetido que es muy exigente con la formación de sus docentes (cuesta acceder a la titulación universitaria); que no se les paga mal –un poco más que en España– y que se les sabe motivar. “No somos unos genios, aquí también hay maestros más o menos comprometidos y hay quien sufre burnout”, rebajan las expectativas Mari Peteri y un colega. Ella hace unas 25 horas semanales. En Finlandia, no hay inspección educativa, función que se suple con informes que hacen los centros y los profesores. “Si quieres trabajar bien, debes dedicar varias horas al día a planificar, a preparar las clases, a hacer informes. Te llevas trabajo a casa. Y la reforma nos exigirá más”, dice Peteri. 

No se prevé un aumento de presupuesto ni de profesorado para la renovación, se considera que no se necesita, afirma la secretaria permanente de Educación. El director de Kapyla no quiere quejarse, pero admite que algún profesor más no les iría mal. El país no tiene un presupuesto educativo muy superior a la media, y también ha habido recortes los últimos años, por lo que los centros hacen cálculos: por ejemplo, si el ahorro en libros dará para contratar a otro maestro... Piden más recursos.

Hay profesores a quienes preocupan las nuevas exigencias (el uso de tecnologías, manejar de manera distinta la clase...). Durante año y medio se han realizado sesiones formativas, guías... Hoy en día, en Finlandia el profesorado también ha perdido autoridad social, y las familias son más críticas con la escuela que años atrás, aunque en general sigue siendo una profesión bien valorada.

Lo cierto es que el cambio educativo dependerá en buena medida de los docentes. “Honestamente, creo que el cambio será mayor en unos lugares que otros, porque el país está muy descentralizado educativamente –las regiones y los municipios y cada centro y sus docentes deciden cómo y qué se enseña–. No será una mejora repentina sino que progresivamente irá cambiando la manera de enseñar en el país”, indica Jorma Kauppinen.

Aceptación familiar
Para elaborar la reforma se consultó a entidades sociales y culturales, empresas... para que hicieran aportaciones sobre qué deben aprender los niños de hoy, para implicarlas más en la educación. Igualmente, pudieron opinar las familias. 

“Finlandia es un país pequeño y no tenemos mucho que vender, así que estoy orgulloso de que sea la educación. Lo mejor es que puedes elegir cualquier escuela y no hay grandes diferencias, todas tienen buen nivel”, opina Akseli Koskela, empleado del Ministerio de Economía y padre de Aila (5 años) y Selma (8 años), alumna de 2.º en el colegio Kapyla.

Marc Cerdà, maestro barcelonés que lleva nueve años en Helsinki (se ha casado con una finlandesa y tienen dos hijos) y da clases en Kapyla, cuenta que cuando en una escuela se detectan problemas, se vuelcan esfuerzos e inversiones para diluirlos y que el centro no tenga mala fama, no haya familias que saquen a sus hijos o para que no se convierta en un ­gueto. 

“Creo que tenemos un buen nivel de educación y estoy orgulloso de que obtengamos buenos resultados sin machacar a los niños como en Corea, aunque en el bachillerato sí hay más presión”, opina Riku Korosuo, padre de Lucas (9 años), alumno de 3.º de Kapyla. Korosuo, licenciado en Administración de Empresas y que vivió cinco años en España, trabaja en la exportación de la educación, en la organización de congresos. “Pero –matiza– tampoco es todo idílico como transmitía Michael Moore en su documental ¿Qué invadimos ahora?”. Hay debate sobre si debe usarse más tecnología o no, o sobre si existe una titulitis y se minusvalora la experiencia laboral”.


El país en cuatro trazos
Finlandia tiene 5,5 millones de ­habitantes y, hasta crear su industria, carecía de grandes recursos más allá de los bosques y la pesca. Hasta 1917 dependió de Rusia, y antes, de Suecia.


Educación pública igualitaria
En los años setenta se diseñó el sistema educativo moderno (antes no destacaba en nada) y se optó por que todos los niveles y centros fueran públicos (hay alguno concertado) para que fuera más igualitario, explica la secretaria permanente de Educación, Anita Lehikoinen. Cada 10 años revisan el modelo con bastante consenso político. 


Homogeneidad
La sociedad finlandesa es menos desigual que la española. Su tasa de paro, ahora considerada alta allí, es del 9,3%. Ha tenido poca inmigración hasta ahora, apenas el 3% de la población, pero hay escuelas de las áreas urbanas en que la mitad de los alumnos ya son de familias inmigrantes. El abandono de la escuela a los 16 años es bajo, 3.000 o 4.000 alumnos al año.


Estado del bienestar
El país ocupa el puesto 24 en el índice de desarrollo de la ONU. Tiene muchos servicios sociales, y ahora se debate si se implanta una prestación mínima para cada ciudadano de 800 euros mensuales, para reducir la burocracia de la gestión de diferentes ayudas (a la vivienda, a la maternidad...). 


Nueva economía
Finlandia no escapó a la crisis. Su industria forestal y papelera menguó e intenta reinventarse. Su emblema moderno, Nokia, pasó un bache. El país apuesta por la tecnología y el diseño, pero estas empresas generan menos empleos que las convencionales, admite Anita Lehikoinen, razón por la que dice: “Debemos educar a nuestros jóvenes para generar su propio empleo”.