El fútbol (ahora) es así

La era del big data está revolucionando la trastienda del fútbol gracias a técnicos ávidos de controlar todo lo controlable en un deporte impredecible. A las puertas de la final de la Champions, ¿hasta qué punto los GPS, los cardiómetros y los programas de análisis ayudan al triunfo final en un juego en el que la suerte y el talento cuentan tanto?

Leo Messi se entrena con un chaleco GPS antes de la semifinal de Champions disputada entre el Barça y el Bayern

  GPS Permite seguir al jugador, determinar su posición tanto al aire libre como en el gimnasio.

  Acelerómetro Da datos sobre el poder de reacción en un cambio de ritmo y su duración.

  Giroscopio Marca cambios de dirección de un jugador, ayuda a prever jugadas y evitar lesiones.

  Cardiómetro Registra datos del ritmo del corazón en un entrenamiento.

  Medidor de oxígeno Da datos del nivel de oxígeno en el músculo.

  Medidor de impactos Detecta cambios en los músculos a partir de saltos

 

Pizarra y silbato. Durante décadas, los entrenadores se sirvieron de la tiza y de la disciplina física. Luego llegaron los tableros con fichas magnéticas para ensayar movimientos de ataque y defensa. No hace tanto, la grabación de los partidos en vídeo rompió moldes y, de paso, propició que miles de jugadores durmieran la siesta con la sala a oscuras. Hoy en día, el vídeo es sólo una de las muchas herramientas digitales en el taller de los clubs, poderosos y modestos, que se juegan la Champions o tratan de no bajar a Segunda.

En una década, la trastienda del entrenador se ha superpoblado. Junto a la ­figura solitaria del masajista con la toalla al cuello y el linimento, el vestuario se ha llenado de médicos, fisioterapeutas, nutricionistas, técnicos de vídeo, analistas de datos... Antes, los avances tecnológicos del fútbol se limitaban a que el balón estuviera bien cosido, que las camisetas fuesen de algodón bueno, que el césped presentase un aspecto decente (algo imposible en el área pequeña del portero) y que hubiese unos muñecos para ensayar faltas en solitario.

Hoy en día la tecnología ha conquistado el balompié dentro y fuera del campo. Las camisetas son de plástico reciclado, el césped es fruto de una ingeniería de primer orden, cada balón que aparece en el mercado (muy a menudo) es un canto geométrico a las matemáticas, cada flamante bota que se anuncia parece una nave espacial. Y eso, claro, es sólo la punta de un iceberg, de un sinfín de novedades que se esconden en las catacumbas de los estadios, en los despachos de técnicos y ayudantes, en los entrenamientos a puerta cerrada con sus dispositivos GPS, programas de software, aplicaciones, máquinas de potencia, medidores de oxígeno en sangre o del ácido láctico. La era del big data se ha colado en este mundo en muy poco tiempo, millones de datos revoloteando, porcentajes que hablan de la potencia de golpeo, la zancada, la aceleración o la resistencia de los Messi, Cristiano, Pirlo o Neuer. Datos que bien elegidos, entendidos y aplicados pueden contribuir a que un jugador supere sus límites y a que un equipo logre los éxitos que su técnico planificó al inicio de una temporada a la que sólo le queda la guinda. El próximo sábado se disputa la final de la Liga de Campeones. ¿Cómo han contribuido todas esas ayudas tecnológicas a clubs como el Barça o el Juventus, finalistas de la competición, o el Madrid y el Bayern, semifinalistas? ¿Qué han aportado los petos con GPS, las gafas Google, las cámaras, las plantillas inteligentes, los medidores de fuerza ideados en un inicio para la NASA, los pulsómetros? ¿Un ingrediente decisivo en la victoria? ¿Otro granito de arena? Algunas de las respuestas se hallan en Almería, Vitoria, Barcelona, Santander...

“Si se combinan unas pocas variables como preparación física, alimentación y análisis táctico, se puede aumentar el rendimiento de un equipo en un 20%”, apunta el experto Jesús de Pablos

“No hay que glorificar lo caro: 
el ingenio es más importante que 
el dinero”, asegura Josep M. Padullés (Inefc), pionero 
de la fabricación de medidores deportivos en España 

“Si se combinan unas pocas variables como preparación física y alimentación, se puede aumentar el rendimiento hasta un 20%. Ahora, en fútbol, el cerebro es el músculo más importante”, afirma Jesús de Pablos, director de la agencia 1d3a, creadora del programa Er1c, un software que, a partir de vídeos, interpreta, analiza, resume y destaca errores y aciertos de jugadores o de un equipo, compara jugadas similares en fútbol y en otros 27 deportes. Datos y más datos que guardados convenientemente suponen una base de trabajo ideal para entrenadores amantes de rizar el rizo y tener controlado todo lo controlable. Saques de banda, de esquina, penaltis, faltas... Pedro Pablo Simeone, Luis Enrique o Pep Guardiola entrarían en este club. No en vano, el técnico del Bayern fue quien asistió a una sesión de presentación del Er1c en el CAR de Sant Cugat y se prometió que si era técnico del Barça lo incorporaría.

También el malogrado Luis Aragonés entraría en esta categoría de técnicos que no dejan nada a la improvisación. Del Sabio se recordará su pasión desabrida, su estilo directo y su curioso poder psicológico: “Usted va y va y va y va”, le decía al jugador, que salía al campo hipermotivado. Pero su amor por el detalle pasó más inadvertido. De hecho, en parte, Aragonés inspiró el Er1c, programa que ahora utilizan el Barça (incluidas todas su secciones), las categorías inferiores del Real Madrid, el Espanyol, el Alcorcón o la Federación Internacional de Baloncesto, entre otros clubs y academias… “Él fue de los primeros que se planteó cómo podía mejorar el análisis de los vídeos, que fuera más allá de la edición de unas cuantas jugadas y de la escritura a mano de observaciones y conclusiones”, recuerda De Pablos. El programa, un inmenso archivo de jugadas, carreras, disparos o paradas, une los conceptos de observación y análisis. Hay versiones que se pueden adquirir en un abanico que va de los 12 euros a los 9.000.

“La revolución tecnológica no sólo ­consiste en disponer de millones de datos que proporciona el dispositivo que lleva cada jugador, sino la inmediatez con la que esa información se transmite y que te ­permite actuar en consecuencia en la siguiente sesión. Con los datos se puede saber si un jugador o el equipo no han llegado a su tope físico, si se han pasado, si alguien corre riesgo de lesionarse...”, explica Julen Castellano, asesor de la UD Alavés y profesor de la Universidad del País Vasco en Leioa. También fue delantero del equipo vitoriano en los años noventa y compaginó su etapa de jugador con la de preparador físico. “Pero en esa faceta –recuerda– ­me aburrí porque probaba cosas con el equipo, pero no podía medirlas, no sabía si lo hacía bien, así que me fui a la universidad para aprender a cuantificarlas”, recuerda.

Castellano ha creado escuela, y uno de sus alumnos aventajados, David Casamichana, hoy en día también profesor en la Universidad del Atlántico (UEA) en Santander, ha profundizado en los últimos años en las posibilidades del GPS para el seguimiento del rendimiento físico del jugador. Una tecnología que hasta hace poco se utilizaba de manera esporádica, más al inicio de la temporada, y que ahora se emplea en cada entrenamiento: un dispositivo instalado en un peto que emite señales y datos a toda velocidad gracias a los múltiples sensores de que dispone. “El boom
–calcula Casamitjana– llegó hace unos cinco años. En España, todos o casi todos los clubs usan esta tecnología. Lo que distingue a unos de otros no es disponer de millones de datos, sino saber cómo cruzarlos e interpretarlos. Antes entrenabas y no sabías qué pasaba”. “Antes –completa De Pablos– jugabas dos horas y veías lo que había pasado, hoy en día el foco también está puesto en los entrenamientos”.

Este sector al alza ofrece tantas posibilidades de negocio que incluso la multinacional de gestión SAP ha apostado por el Hana, un software que comparte elementos Er1c. “El programa –detalla Kamila Laures, portavoz de SAP– no se ha presentado de manera definitiva. En los últimos tres años lo ha estado probando el Hoffenheim y más recientemente el Bayern de Munich y la selección alemana”. Precisamente el equipo germano usó el sistema antes del Mundial de Brasil. Es difícil saber cuánto influyó este programa (o cualquier otro aspecto) en la victoria final o en la paliza a los anfitriones por 7-1 en las semifinales. Pero seguro que el efecto no fue negativo.

David Casamichana indica que una de las grandes aportaciones de la tecnología que mide el rendimiento individual y colectivo es “la prevención de lesiones a partir de los límites de cada uno. Si se sobrepasan los límites, el riesgo aumenta”. A la vez, las mediciones que aportan los dispositivos GPS (velocidad, aceleración, giros, saltos, impactos, ritmo cardiaco…) también contribuyen a establecer cuándo debe reaparecer un jugador que está en la enfermería. Siempre ha sucedido que algunos lesionados han recaído al poco de reaparecer a veces por ganas excesivas, a veces, por no saber exactamente si su condición era óptima para el regreso. “Antes la medicina entraba en el fútbol cuando estabas averiado, ahora ya no”, apunta De Pablos.

En un inicio, Australia era uno de los países punteros en software para la mejora del rendimiento. Ahora lo es España, aprecia Casamichana. Para sus mediciones médicas y de rendimiento, el profesor de la UEA ha utilizado un dispositivo llamado Wimu, ideado y desarrollado por la empresa Realtrack Systems, radicada en Almería. “A mucha gente le sorprende que aquí haya surgido algo así, pues en Almería la tecnología se relaciona mucho con la agricultura o el mármol”, explica al teléfono Isabel Pérez, directora ejecutiva de una firma formada por una licenciada en Empresariales (ella misma), un ingeniero industrial (su hermano Juan Antonio Pérez), un informático (Carlos Padilla) y un doctor en Ciencias del Deporte (Pepe Pino).

Empezaron hace doce años, poco a poco, como asociados externos a Nokia, estudiando las posibilidades de monitorizar los movimientos de los jugadores en una época en que “no había nada en el mercado”, cuenta Isabel Pérez. El dispositivo que comercializan no sólo emite una señal GPS sino que es “un compendio de multisensores”, ilustra. Entre los medidores se incluyen los que detectan el nivel de oxígeno del músculo en tiempo real, “algo que antes sólo se podía hacer en el gimnasio”.

Isabel Pérez cuenta que su idea de producto (cuesta entre 1.500 y 2.000 euros) es que sea compatible con otros medidores que salgan al mercado. En la Liga española sus dispositivos los utilizan el Almería y el Getafe, aunque donde han tenido un gran impacto ha sido en Rusia. Paulino Granero, preparador físico del CSKA de Moscú, lo aplicó al equipo con grandes resultados deportivos. “Enseguida otros equipos rusos lo incorporaron”, recuerda. El Barça ha incorporado unos dispositivos parecidos de la empresa irlandesa Statsports.

Pese a su precio, algunas empresas los regalan a clubs de élite, lo que supone un verdadero trampolín para venderlas a otros equipos. ¿Existe en este sentido dopaje tecnológico? Todas las fuentes consultadas lo niegan, en tanto que los clubs más modestos también tienen acceso a programas asequibles o de software de libre acceso.

“No hay que glorificar la tecnología cara: el ingenio es más importante que el dinero”, sentencia Josep Maria Padullés, responsable del único máster especializado en tecnología del deporte en España, que se imparte en Barcelona y en el que colaboran varias universidades. Padullés, cuya formación combina ingeniería y deporte, es uno de los pioneros en la fabricación de pequeños dispositivos mecánicos o electrónicos que han utilizado atletas, clubs de fútbol y hasta los astronautas de la Estación Espacial Internacional.

En su laboratorio, lleno de trastos de todas las épocas, destaca una impresora 3D, fabricada por su equipo, que va acumulando capas y formando una rueda que servirá para hacer mediciones. Al mando de la impresora está Marta Miró, ingeniera y plusmarquista española en 100 metros vallas. Padullés aboga “por hacer aparatos asequibles para todo el mundo”, por buscar alternativas baratas (cámaras de alta precisión de 300 euros en vez de pagar 12.000) y por elegir métodos tan válidos como, en apariencia, ridículos. Padullés y su equipo han estudiado el comportamiento del deportista “en situaciones inestables. Una vez –rememora– hicimos un campeonato de tenis en la Wii en la que los participantes jugaban sobre una especie de bola flexible de goma”. Uno de los participantes fue Dani Comas, el 10 veces campeón del mundo de biketrial.

El modesto laboratorio de Padullés en el Inefc de Barcelona ha sido frecuentado por preparadores físicos de talla mundial. Tal vez el nombre de Julio Tous no les diga mucho, pero es el preparador de fuerza que lanzó al Barça de Rijkaard y Ronaldinho al estrellato y que, ahora, en Italia, ha obrado milagros en la Juve de Turín, el equipo que ha encadenado cuatro scudettos y que la semana que viene aspira a levantar la Champions ante el Barça.

¿Acaso este sector, en continua evolución desde el 2007, ha crecido esquivando la crisis? “No –aclara De Pablos–. Sin crisis hubiésemos ido más rápido. A veces ha habido clubs que nos han querido pagar con palcos”. En todo caso, el mercado se está diversificando con productos de todos los precios, para equipos o individualizados para un chico que comienza y que quiere medir sus progresos.

Como el dinero en la vida, la tecnología no da la felicidad en el fútbol, pero ayuda. Y el talento, aún más, sin olvidarse de una pizca de suerte. Pese a todos los estudios, cálculos y previsiones, el Bayern de Munich ha llegado a final de temporada con algunos de sus mejores jugadores lesionados. Pese a toda la disciplina defensiva durante casi 80 minutos en la ida de las semifinales, sucumbieron ante el talento de Messi. Tres chispas, un incendio.

“Una de las claves para el futuro es entender el comportamiento colectivo, aplicar una coreografía táctica que ayude a la victoria”, apunta Julen Castellano. “Podrás medir y calcular, pero en el fútbol siempre va a haber muchos elementos impredecibles”, recuerda David Casamichana. Al final, la motivación puede pesar más que todo lo estudiado en la pizarra o en la pantalla: “Aragonés decía que si a un jugador le convences, corre un 5% más rápido”, recuerda De Pablos. Al final, pese a todas las mejoras tecnológicas, el fútbol continúa siendo fútbol, un misterio a voces.

 

Pizarras sin tiza

En paralelo a todos los programas de mejora física y prevención de lesiones, los grandes equipos (y también los modestos) se han dotado de programas de análisis de datos cada vez más sofisticados y útiles para que los entrenadores visualicen lo que ha pasado en el partido, hagan el seguimiento de un jugador concreto o comparen jugadas similares en otros encuentros, sea de defensa o de ataque. Er1c, creado por la empresa 1d3a (en la imagen), es uno de los más utilizados por los equipos de la élite española (el Barça entre ellos), por las categorías inferiores del Real Madrid o por la Federación Internacional de Baloncesto (FIBA). Otros programas, aún en fase de laboratorio, como el Hana, impulsado por la multinacional de gestión de datos SAP, han sido probados por el Hoffenheim, el Bayern y la selección alemana, campeona del mundo.