Gran Norte, todos los matices del blanco

El Ártico de Norteamérica, el Gran Norte, es en invierno una sucesión de paisajes blancos, bajo pocas horas de luz solar, con temperaturas extremas y lagos helados. Un paraíso gélido que ahora amenaza el cambio climático.

Paisaje nevado junto a la frontera de Yukón, estado canadiense, y Alaska (EE.UU.)

La brújula marca el norte. Conduciendo en esa dirección por una carretera del Yukón canadiense, el bosque boreal va desa­pareciendo y da paso a la tundra. A estas alturas, a punto de atravesar el círculo polar Ártico, los árboles ya no pueden crecer. Aun así, se ve algún abedul solitario. Arbustos de diferentes especies, musgos y líquenes pegados a las rocas son la única vegetación que sobrevive aquí. En invierno, los ríos completamente helados ya no fluyen y, con el paso de los días, las cascadas también se van helando.

Desde finales de otoño hasta muy avanzada la primavera, el Gran Norte americano, desde el centro de Canadá hasta el extremo oeste de Alaska, está prácticamente congelado. Parece un paisaje detenido en el tiempo. Aunque también es cierto que con el cambio climático las cosas están variando: los dos últimos inviernos, sobre todo el del 2015, han sido mucho más cálidos de lo normal; de hecho, el anterior batió todos los récords históricos.

Las carreteras cubiertas de nieve y de hielo obligan a ir con mucho cuidado. Las temperaturas en los Territorios del Noroeste, Yukón y Alaska pueden llegar a ser muy extremas; en ocasiones, por debajo de –60ºC, las temperaturas más frías de toda Norteamérica. En invierno, los neumáticos de los vehículos llevan incorporados unos clavos para que puedan agarrarse mejor al hielo.

Los últimos inviernos, las temperaturas han sido más cálidas, por lo que los pasos helados por ríos y lagos se han vuelto más peligrosos por el menor grosor del hielo

El territorio de Yukón debe su denominación al río del mismo nombre, que nace en Canadá para después recorrer toda Alaska y llegar al Atlántico. Sólo hay una ciudad en Yukón: Whitehorse, la capital. El resto son pequeños núcleos que apenas alcanzan unos miles de habitantes. De hecho, en todo este estado, que cubre medio millón de hectáreas, viven menos de 40.000 personas.

Al sur y al oeste de la frontera entre Canadá y Alaska se encuentra una de las zonas más espectaculares del mundo. Son paisajes extremos y de difícil acceso. Destacan los parques nacionales de Kluane y de Wrangell-St. Elias. El monte Logan, el pico más alto de Canadá, que roza los 6.000 metros de altura, es uno de esos lugares casi inaccesibles. Las montañas ocupan todo el horizonte, con glaciares que brillan sobre sus laderas. Aquí se da la mayor concentración de glaciares de todo el hemisferio norte sin contar Groenlandia. Entre los más conocidos, los de Malaspina, Nabesna y Hubbard. Además, estas montañas son refugio de la mayor parte de la fauna del Gran Norte: desde lobos, osos y glotones hasta alces, caribúes y carneros de Dall.

Al atravesar la frontera, y dentro de la Alaska ártica, también hay auténticos tesoros naturales como la reserva nacional de Kobuk y el enorme parque nacional Gates of the Artic. Ambos han estado y están en peligro debido a las extracciones de petróleo y gas en el extremo norte del estado. Impresiona atravesar el puente del río Yukón y encontrarse con osos grizzly y caribúes junto a la carretera. Todavía más impactante es que, pocas horas más tarde, siguiendo el mismo camino hacia el norte, se puede ver osos polares en Barrow, en la misma costa del océano ­Ártico.

En torno al círculo polar Ártico las noches de invierno tienen una sorpresa, la aurora boreal. Atardece, y una luz verde aparece en el cielo moviéndose como una cascada de este a oeste. Las formas son cambiantes: un camino, una escalera, un arco, unas cortinas de luz. Esta zona del Ártico es de las mejores del planeta para observar auroras boreales. Además de encontrarse exactamente en el anillo de las auroras boreales, este enclave, al ser continental y estar alejado del mar, cuenta con muchas más noches despejadas que otros lugares como Islandia o Escandinavia.

En estas latitudes, cuando el cielo está despejado, prácticamente todas las noches puede verse la aurora boreal. A veces, es de una intensidad baja y se muestra con timidez sobre el horizonte. Otras noches, la luminosidad, los colores y el movimiento hacen que no parezca real. Verde, rojo, naranja, azul… Es como si alguien estuviera proyectando fuegos artificiales hacia las estrellas.

Aparte de osos o caribúes, aquí viven pueblos descendientes de las tribus nativas, que se vieron invadidas por los buscadores de oro y, después, de gas y petróleo

Durante siglos, las tribus nativas vivieron de la caza, la pesca y de la recolección de los frutos del bosque. Sus descendientes siguen viviendo aquí, buscando su lugar en los nuevos tiempos. Los pueblos kluane, ta’an, carmacks, kwach’an, tlingit, tagish, kwanlin dün y teslin, entre otros, se unen con grupos de otras zonas de Canadá con el objetivo de defender sus derechos y sus tierras que, con la llegada de los europeos, les fueron arrebatadas. En el siglo XIX, el comercio de pieles de animales y la fiebre del oro hicieron que aumentara la población blanca en estos parajes. En la frontera con Alaska, hay lugares como Chicken, Little Gold o Dawson City que tienen la fiebre del oro grabada en su historia. Gran parte de la cuenca alta del río Yukón fue el destino de los buscadores de oro durante décadas.

Los Territorios del Noroeste son el estado vecino del Yukón (antes, el Yukón formaba parte de ellos). Allí los pasos sobre el hielo son habituales durante dos o tres meses al año. Con el cambio climático, cada vez son menos días los que estas carreteras sobre el hielo son seguras, y el índice de accidentes ha aumentado mucho. Conducir un coche o aterrizar un avión en un lago con hielo inestable es una trampa mortal.

En el gran lago del Esclavo, al sur de Yellowknife, la nieve cubre las partes heladas de la superficie. Este lago es el más profundo de Norteamérica y también uno de los diez más grandes del mundo. Las bajas temperaturas hacen que sus aguas se congelen y que el hielo alcance varios metros de grosor. Sin embargo, los datos más recientes muestran que cada vez está congelado menos tiempo y que el agua tiene temperaturas más cálidas de lo habitual.

El termómetro marca –26 ºC en el lago en la tarde invernal. El hielo del lago y el cielo blanco se unen en las escasas cuatro horas de luz solar que hay en los meses de invierno. El día es extremadamente corto en estas latitudes del Ártico canadiense: en diciembre, el sol sale pasadas las 10 de la mañana y se pone sobre las 15 horas, siempre bajo y cercano al horizonte. Si está nublado, apenas hay un par de horas de luz solar. Eso sí, cuando el Sol se deja ver da una belleza especial al paisaje, al jugar con los reflejos entre los blancos de la nieve y del hielo.