Hacia una moda sin sexos

Ahora que el sector de la moda masculina empezaba a despuntar y a tomar distancia de la femenina, nace un movimiento que aboga por el no género. Los diseñadores y firmas ya apuestan por no delimitar sexos en sus presentaciones y aplicar códigos indumentarios neutros a sus creaciones, borrando así cualquier diferencia y prejuicio para dar respuesta a esa nueva identidad.

Dos modelos de Loewe

Cada vez que presento una colección masculina pienso en cómo trasladar esas mismas propuestas a la línea femenina. Para mí es instintivo aplicar las mismas ideas y conceptos a ambos sexos: diseño pensando en individuos, no en sexos”. Así define una y otra vez Miuccia Prada la manera en que concibe sus colecciones.

Su visión de la moda nunca ha dejado de explorar y cuestionar la relación entre mujeres y hombres desde la ropa, y su última colección presentada en la Semana de la Moda Hombre de Milán otoño-invierno 2015-16 se acerca un poco más a la fusión de sexos. Tanto dicha cita milanesa como la equivalente en París fueron aprovechadas de manera generalizada por la mayoría de las marcas para subir a la pasarela propuestas de corte femenino en lo que podría considerarse formalmente como un desfile mixto.

Así, Miuccia Prada no es la única que ha cambiado la ya obligada presentación de entretiempo –tanto las llamadas resort como las pre-fall, las dos tiradas que más tiempo pasan a la venta en las tiendas y que se muestran y entregan en mayo/junio y diciembre/enero respectivamente– por un puñado de looks de mujer camuflados en sus colecciones masculinas.

Hoy por hoy, la mayoría de las primeras firmas ya refuerza y compagina sus colecciones de continuidad con la presencia de propuestas heterogéneas sobre la pasarela de caballero, encajada tradicionalmente en el calendario internacional a modo de preludio de las tendencias de mujer. Pero ahora que la industria masculina empieza a hacer sombra a la femenina e incluso la duplica en crecimiento en los últimos años, adquiere una nueva dimensión.

En los desfiles de hombre de Saint Laurent empezaron a colarse ‘looks’ femeninos; Chanel incorpora elementos masculinos a la moda de mujer o Givenchy saca modelos de los dos sexos en sus pasarelas

Según los últimos informes económicos, la moda de hombre no solamente ha incrementado sus beneficios en un 4,5% en lo que va del 2015, por lo que está creciendo a un ritmo superior a la de mujer, sino que es además el sector cuyo volumen de ventas en internet más ha aumentado en los últimos cinco años y más va a seguir haciéndolo a lo largo del siguiente lustro, por encima de macroindustrias como la alimentación, la tecnología y la cosmética.

Pero esta nueva dimensión no va exclusivamente de la mano de la oportunidad de negocio, sino a rebufo de un acercamiento físico cada vez más evidente entre mujeres y hombres –cada vez compartimos más rasgos; que si pelo largo, que si cejas pobladas, que si curvas menos marcadas y cuerpos más planos– y, sobre todo, viene al caso de una nueva era en términos de identidad de género.

Cuando Hedi Slimane empezó a colar looks femeninos en sus desfiles masculinos a raíz de su vuelta a la palestra al frente de Saint Laurent, la lógica hizo que se atribuyera esa maniobra ambigua a su anclaje creativo en la androginia. Slimane hace chupas, ponchos, pantalones y botines con tacón para chico que agotan las chicas cada vez que salen a la venta.

La ambigüedad es algo con lo que Karl Lagerfeld ha venido coqueteando de pasada en Chanel a modo de guiño y subyacente homenaje a mademoiselle Coco, precursora del vestir masculino para la mujer, infiltrando recurrentemente en sus desfiles a algunos de sus musos. Lagerfeld culminaba recientemente su empresa con un desfile, el de primavera-verano 2015, adherido al discurso feminista con un repaso por los elementos del armario masculino que se han incorporado al guardarropa femenino a lo largo de la historia.

Givenchy (y otros tantos, como Raf Simons, con su marca homónima al margen de Dior) se ha apuntado también a jugar al equívoco de un tiempo a esta parte. Riccardo Tisci, su director creativo, lleva varias temporadas colando a las tops del momento en sus desfiles masculinos, de la misma manera que los chicos empiezan a aparecer en sus partidas de ropa entre estaciones –y he aquí otro signo más del auge de la moda hombre: la rotación de tendencias empieza a coger el imparable ritmo de las líneas femeninas–. Tisci lo mismo se ha divertido convirtiendo a Isabeli Fontana e Irina ­Shayk en chicazos que peinando con trenzas y vistiendo con sayas a sus fornidos muchachos, sin ir más lejos, para el otoño-invierno que viene.

El hombre se ha convertido en un ávido consumidor de moda, y las grandes firmas de lujo apuestan por él

Y es que detrás del divertimiento asoma la perfecta oportunidad de vender las mismas camisetas, chaquetas y tejanos –algunas de las prendas más lucrativas de las colecciones– tanto a ellas como a ellos. Históricamente, la moda ha tenido siempre una relación intermitente con la androginia y un matrimonio formal con la masculinización. Así, las mujeres han adoptado siempre los códigos masculinos con total naturalidad –desde Colette hasta Diane Keaton, pasando por Marlene Dietrich y el tomboy de nuestros días–, mientras que los hombres, si han tomado prestadas referencias femeninas, ha sido de manera mucho menos explícita. Así, en cuanto a la feminización del hombre a la hora de vestir, se siguen buscando alternativas que no pasen por el improbable recurso de la falda y los zapatos de tacón – en el desfile otoño-invierno 2015 de Alessandro Michele para Gucci, ellos lucieron melena y vistieron con ­camisas de lazos y encaje– a propósito de una inmersión estética menos ligada a la erótica.

Y, por lo que respecta a la feminización del hombre a la hora de consumir moda, este se ha convertido en un ávido comprador de ropa, accesorios y productos de belleza, de vuelta casi a la época napoleónica y sin limitarse además a su terreno –es decir, comprando también productos destinados a la mujer– como viene pasando últimamente con ellas, clientas inesperadas del renovado menswear.

Si hace unos años eran las firmas masculinas las que se atrevían a abrir una división femenina, ahora son las firmas eminentemente femeninas, de lujo y de gran consumo, las que se lanzan al mercado de la nueva moda hombre. ¿Cómo? Aquellos con visión de futuro, o bien parten de un planteamiento transversal, con propuestas de hombre que prácticamente se solapan con las de mujer –desde J. W. Anderson, director creativo de Loewe, que suele partir de una misma silueta y presentar colecciones de hombre y mujer calcadas, hasta Valentino y Fendi, por ejemplo, que suelen trabajar sobre una misma inspiración compartiendo elementos decorativos como estampados o imágenes–. O bien buscan funcionar tanto en la anatomía del hombre como en la de la mujer, alentados por el boom de la tendencia funcional y deportiva, neutra en cuestión de corte y forma (algo que ya pusieron de moda los creadores de las escuelas belga y japonesa en los años ochenta).

Por otra parte, son cada vez más las marcas que nacen con una vocación indeterminada y cuyo repertorio está compuesto por prendas totalmente polivalentes, si bien siempre con ciertos matices. Y eso por no hablar de que cada vez son más habituales los fichajes de diseñadores de moda hombre para firmas de mujer y viceversa.

Detrás del divertimiento en las presentaciones, se ve la oportunidad de venderles las mismas camisetas, chaquetas y tejanos a ellos y a ellas

El siguiente paso en este proceso parece pasar inevitablemente por una moda apegada a la indefinición. Ni “uni”, ni “trans”, ni “inter”, sino sin género (agender). Un movimiento que, sobre el terreno, ya ha empezado a dar sus primeros pasos. En Suecia acaba de aprobarse la incorporación al diccionario de la lengua de un nuevo pronombre personal, hen, a medio camino entre él (han) y ella (hon), para designar a las personas que no se identifican con ningún género. El término ya ha empezado a utilizarse en las escuelas, como parte de un programa educativo que apuesta por una enseñanza que propicie que los niños y las niñas crezcan sin sentir diferencias o desigualdades y no sufran discriminación por cuestión de sexo.

Igualmente, Facebook permite desde el año pasado que sus usuarios no solamente se definan como hombres o mujeres sino, entre otras categorías, como “no binarios” o “sin género”. No se trata tanto de seguir el camino abierto sobre la pasarela por modelos que puedan ejercer indistintamente de hombre o mujer, como Andrej Pejic, como de plantear un nuevo no género acorde a una situación mucho más profunda y compleja que la mera necesidad de provocar y transgredir para vender más: sería la evolución social y cultural abocada a que los individuos construyan su identidad, y su fondo de armario, al margen de su condición sexual.