Jonas Jonasson “Cuando menos se lo esperen, la decencia humana volverá”

Allan Karlsson, El abuelo que saltó por la ventana hace diez años, vuelve. Jonas Jonasson (Växjö, Suecia, 1961) rescata al excéntrico personaje para protagonizar, a sus 101 años, El abuelo que volvió para salvar elmundo (Salamandra).

–Había prometido que no volvería. ¿Por qué regresa?
–Con El abuelo quise poner de relieve los defectos del siglo, y Allan nació para ser mi guía. Unos años más tarde sentí que lo necesitaba para denunciar el presente, como hice una vez con el siglo XX. Allan estaba retirado y empecé con otro personaje, pero no funcionó. Probé sustituyéndolo por Allan y acerté. O más bien él acertó.
Jonasson fue periodista, fundó su propia productora de televisión, trabajaba 16 horas al día, carecía de vida privada, la facturación de su empresa se disparaba año tras año... Un día tuvo un susto (padeció síndrome de agotamiento laboral) y se dio cuenta de que no era feliz. Vendió su empresa por 12 millones de euros, se casó, tuvo un hijo y escribió la novela sobre el abuelo porque no le gustaba decir que vivía de las rentas. Dice que leer alarga la vida de la gente, que al leer aprendemos y nos damos cuenta de lo mucho que hay que aprender; “eso nos hace curiosos, y la curiosidad nos mantiene vivos”. Para Jonasson, en cambio, “vivir nuestra vida a través de Twitter, Facebook e Instagram nos hace más estúpidos”. 
Tenía 18 años cuando estuvo a punto de chocar con un alce americano yendo en moto. “Podría haber acabado muerto y bien muerto si no lo hubiera esquivado por un pelo”, recuerda. Al llegar a casa aparcó la moto y no volvió a coger­la. Dice que no le tiene miedo a la muerte pero confía en que no le llegue hasta que su hijo sea “mayor del todo; lo contrario sería injusto para él”. “Creer en una vida después de la muerte es orgullo. ¿Por qué yo, de entre todas las personas, animales, insectos, flores y árboles iba a tener otra vida esperándome? O un cielo, ya puestos. ¿Cómo estaría de lleno”, se pregun­ta. Si pudiera se reencarnaría en Donald Trump, se divertiría y crearía confusión mundial. Primera medida: el control de armas, “pero tendría que darme prisa antes de que alguien me disparase”. Jonasson cree que la vida es comportarse y sentirse bien, aunque no sabe si lo ha conseguido. Y también que se puede estar muerto en vida.
–Sí, hay un riesgo evidente de ser un muerto viviente si no se salta por la ventana una o dos veces durante la vida de uno. Si no creen que haya una vida después de esta, ¡empiecen a saltar!
Ya saben, se lo recomienda El abuelo, que sigue cumpliendo años.

1. Si supiera que mañana es el último día de su vida, ¿qué haría? ¿Cómo lo pa­saría?
Si mañana fuese a ser el último día de mi vida y yo lo supiera, eso me llenaría de inspiración para escribir. No sé exactamente lo que escribiría, pero ¡sería estupendo! Hay por ahí uno o dos líderes mundiales que necesitan oír un par de cosas. Entregaría el texto justo antes de la hora límite, para asegurarme de que eran mis últimas palabras. ¿Qué les diría? ¡Eh, que no me voy a morir todavía, tendrán que esperar! Pero probablemente algo sobre su falta de humor y de perspectiva. Y sobre su empatía. Aunque en esto no están solos. “Empatía” debe de ser una las palabras más usadas hoy en día.

2. ¿Qué le hubiera gustado hacer y ya no podrá porque no tendrá tiempo?
¿Perder peso? Y, poco o mucho, cambiar las cosas. A veces creo que mi escritura puede hacerlo, pero la mayor parte del tiempo no lo creo así. Ayudaría un poco si el actual presidente de Estados Unidos hubiese leído un libro alguna vez.

3. Qué les aconsejaría a los que se quedan?
¿Mejor suerte la próxima vez? No, esa no es mi respuesta, es la que darían los populistas. En realidad, no lo sé. ¿Manténganse al día? ¿No se rindan? ¡No se escondan! ¡Voten! Cuando menos se lo esperen, la decencia humana volverá. Siempre ha vuelto y lo hará de nuevo.

4. ¿Cómo diría que fue su vida?
¿Cómo resumiría mi vida? En ocasiones me sorprende que vaya a cumplir 58 años, por lo que mucho me temo que no tengo ninguna razón para resumir nada de lo que para mí justo acaba de empezar. Como Bachman-Turner Overdrive dijo en una canción, “¡Aún no has visto nada!”. O eso espero.

5. ¿De qué está más orgulloso?
Tengo que estarlo de los 16 millones de ejemplares de mis libros vendidos en todo el mundo. Mi padre estaba tan orgulloso de mí que se negó a morir hasta tres años más tarde de lo que se suponía que tenía que hacerlo. Tuvo por lo menos 50 médicos en sus últimos años. Todos ellos tenían un ejemplar de El abuelo en su casa, debidamente firmado por el padre del autor.

6. ¿Se arrepiente de algo?
No, porque todo está relacionado con todo. Cada estupidez es también una semilla de algo que un día florecerá en todo su esplendor.

7. El mejor recuerdo de su vida?
No podría decirlo. Y me pregunto por qué. Quizá debería decir el nacimiento de mi hijo, pero lo que recuerdo de ese día es más bien una especie de solemne responsabilidad. Estoy muy orgulloso de él, tiene doce años y es muy inteligente. Todo él es mi recuerdo favorito, los doce años que han pasado y los que vendrán.

8. ¿Cuál sería el menú de su última cena?
Si supiera que iba a tener una última cena no tendría tiempo de comérmela. Estaría demasiado ocupado escribiendo. Pero si me sirvieran espárragos frescos con parmesano y prosciutto, quizá hiciese una pausa de cinco minutos.

9. ¿Se iría a dormir?
¡Si supiera que el sueño eterno me espera en breve, entonces pasaría mis últimas horas durmiendo sin parar! En mi juventud, siendo reportero del periódico Expressen, escribí una historia con el titular: “El hombre que dejó de dormir”. Tenía una idea de lo que todos podríamos lograr en la vida si durmiéramos un tercio menos de lo que una persona media duerme durante toda su vida. Después de 71 horas mi fotógrafo estaba cansado de esperar a que me quedara dormido, me pidió que me acostara en la cama y que lo fingiera para poder tener una foto y volver a casa. Hice lo que me pidió, y caí inmediatamente en un sueño profundo. Me desperté al cabo de 16 horas.

10. ¿Cuál sería su epitafio?
Aquí yace un hombre que planeó hacerlo todo, hasta que un día, de repente, fue demasiado tarde.