Las mujeres de la Liga

Presidentas, consejeras, doctoras, utilleras, nutricionistas, fisioterapeutas, psicólogas y hasta árbitras asistentes. En pocos años, un creciente número de profesionales ha roto esquemas, se han afianzado en Primera y Segunda División y han empezado a cambiarle la cara a un deporte que siempre fue de, por y para los hombres.

El Athletic de Bilbao es un club único. Sus equipos están integrados sólo por jugadores de la tierra, el femenino, que juega en la Liga Iberdrola (División de Honor), es capaz de llenar su estadio y en la directiva del club figuran hasta seis mujeres entre los 16 integrantes. Una cifra récord en Primera (Liga Santander), Segunda (Liga 123) y en cualquiera gran torneo masculino europeo. Ni en la Premier inglesa, ni en la Bundesliga alemana ni en la Ligue 1 francesa hay apenas rastro de consejeras y menos de presidentas. Sin embargo, y sólo en los 20 equipos de Primera, en la última temporada ha habido hasta tres: Layhoon Chan, que acaba de dejar el Valencia, María Victoria Pavón, del Leganés, y Amaia Gorostiza, del Eibar. Tres presidentas en 20 clubs es cifra modesta, pero da una idea de la incipiente, constante, a veces invisible y casi siempre silenciosa incorporación de la mujer a las estructuras de un deporte que siempre fue de, por y para hombres. 

En la pasada Liga hubo tres clubs con presidenta, en la que empieza habrá dos. En Inglaterra, Alemania o Francia no hay ni una

En poco tiempo, las plantillas de los clubs se han ido jaspeando de traumatólogas, radiólogas, psicólogas, nutricionistas, fisioterapeutas, utilleras, abogadas… Ya asoman las colegiadas (este año habrá dos en Segunda pitando a los hombres, en su día hubo una en Primera que no llegó a debutar) y algún día aparecerán las entrenadoras, aunque tal vez ese momento aún esté detrás del horizonte. La  “mejor Liga del mundo” levantará el telón de la nueva temporada 2017-18 el próximo fin de semana. ¿Es el campeonato español aún más valioso si cabe por este aporte femenino. ¿Apunta hacia la igualdad o es sólo una presencia anecdótica? ¿Quiénes son esas mujeres? ¿Cuáles son sus historias?

La doctora Ana de la Torre es desde el 2005 responsable de los servicios médicos del Getafe, equipo de regreso a Primera. “En 12 temporadas el mundo del fútbol ha cambiado bastante. Cuando empecé, que yo fuera el médico sorprendía. A los futbolistas les llamaba la atención. Recuerdo la temporada que jugamos en Europa e iba a acompañar a los futbolistas a las pruebas antidopaje. A los doctores de los rivales les parecía curioso, pero ahora eso ya no es así”, cuenta. Cuando De la Torre llegó al club madrileño, no había otras mujeres en su puesto. “Hace un tiempo tuve que coger la baja por maternidad, el presidente, Ángel Torres, me comentó que había que buscar ‘otro doctor… o doctora’”, cuenta. La opción femenina ya no era extraordinaria. Durante su permiso fue la doctora María Dolores Pérez quien se hizo cargo de la salud de los azulones. 

Hasta hace dos temporadas, Ostaizka Egia fue doctora del Eibar y hasta hace unos días Luisa Ibáñez lo ha sido del Lugo. Empezó hace ocho temporadas, pero en mayo decidió que no seguiría para concentrarse en su trabajo en los quirófanos del hospital Polusa de la ciudad gallega. “Sí, claro que voy a echar de menos trabajar en el club, aunque no los viajes de vuelta en autobús después de los partidos”, dice sonriendo. “Al principio creían que era la enfermera –comenta– pero nunca he tenido un problema. Los jugadores, por ejemplo, no distinguen entre doctor o doctora, sólo quieren que les soluciones su problema. En un club así, llegas, te cambias con ellos en el vestuario… En los desplazamientos les das confianza, ahí tienes más contacto con los futbolistas que en los entrenamientos… en el club no tenemos psicólogo”. 

“En el vestuario no te ven como hombre o mujer, sino como profesional. Eres una más en el equipo”, asegura Patricia Ramírez Loeffler, psicóloga en el RCD Mallorca y en el Betis 

Son precisamente las psicólogas deportivas las que con su trabajo han dejado una huella profunda en la Liga. María Ruiz de Oña ha trabajado 20 años en el Athletic Club y Patricia Ramírez Loeffler ha popularizado esta labor en sus seis temporadas en el RCD Mallorca y, sobre todo, en sus dos años en el Real Betis Balompié, donde se convirtió en una celebridad. Su imagen a pie de campo, con vestido y zapatos de tacón, siendo abrazada por los jugadores tras un gol es muy recordada. Una imagen chocante, no por el hecho de ser, sino porque su profesión suele regirse por la discreción. “En Mallorca no enseñé mi trabajo, en Sevilla fue más mediático porque me lo pidió el club, querían que se viera qué tipo de tarea desarrolla una psicóloga deportiva”, cuenta Ramírez, “en el vestuario no te ven como hombre o mujer, sino como profesional. Yo era una más, conocía a sus mujeres e hijos…” 

Es un hecho: la alta competición deportiva quema y si es fútbol de élite, más. ¿El psicólogo de un equipo que enseña el control de las emociones y de la tensión necesita ir a terapia? “Yo nunca he sentido ansiedad y al estar rodeada de colegas, hablas con ellos… pero sí recuerdo que perdimos un partido en el Benito Villamarín y me pasé los 240 kilómetros entre Sevilla y Granada, donde vivía, llorando por una derrota que no nos merecíamos”, dice. 

Tal vez quien más sepa de victorias y derrotas en todo este reportaje sea Beatriz Manchón, con cuatro olimpiadas a sus espaldas (empezó en Atlanta’96) y seis veces campeona del mundo de piragüismo. Hoy en día ejerce de especialista en nutrición deportiva en el Sporting de Gijón. “Con tantos años de competición, aprendes a cuidarte y la relevancia de comer bien”, ilustra. En todos los clubs, el nutricionista suele ser el hombre del saco, el que prohíbe beber cola, restringe las paellas aceitosas o elimina el queso graso de los macarrones al horno… ¿Y si se trata de la mujer del saco? “Venía de otros deportes –rememora Manchón– y me preguntaba si me daría miedo tratar con futbolistas, pero me han aceptado muy bien”.

La excampeona sevillana explica que en su trabajo no suele chocar con los jugadores, pero llegado el caso no será diplomática: “No lo soy si me viene un figurín reclamando. La mayoría son respetuosos, a otros les cuesta comprender, por ejemplo, que después de un partido no pueden comer pizza, contiene grasas inflamatorias, que conllevan riesgo de lesión. Cuando hablo con ellos –resume– siempre cuenta a mi favor que yo fui deportista”.  

“Cuando empecé hace 12 temporadas los futbolistas se sorprendían de que yo fuera ‘el’ médico, ya no”, cuenta Ana de la Torre, doctora jefa del Getafe

Hay mujeres en el fútbol español más anónimas que Manchón o Ramírez Loeffler. Trabajan en el vestuario, en los despachos, no se les ve, pero ahí están. “Prefiero que no se me vea mucho, además, soy muy vergonzosa”, reconoce María César, responsable de material de la UD Almería. El Leganés, por ejemplo, cuenta con Jara Cuenca. María César es utillera desde… “no me acuerdo, la verdad, creo que este año cumpliré 24 en el club”. “Al principio, cuando me veían, la gente se sorprendía mucho, ya no”, afirma. Llegó al club de la mano de su marido: “Siempre hemos trabajado juntos. Empecé a ayudarle lavando la ropa o cosiendo. Y luego ya me quedé”.

María es una figura muy querida en el club… en parte porque prepara un buen café a los futbolistas antes de los entrenamientos y les soluciona un sinfín de problemillas. “Me dicen: ‘¡Mari, hoy me tienes que hacer de mamá!’, lo que significa que les tengo que coser algo o hacer algún arreglo…”, ríe. 

Si hay un club con mujeres en casi todos sus puestos clave ese es el Eibar. Cuenta con presidenta, Amaia Gorostiza, consejeras (Leire Barriuso y Virginia Arakistain), directora general, Patricia Rodríguez y nutricionista, Aurora Cid. Gorostiza podría presumir y mucho de la presencia femenina en el club, pero no. “No hay un plan de tener mujeres en esos puestos, aquí no hay ni cupos ni cuotas, si están es por que están preparadas. Creo que contratar por cuotas –asegura firme– sería una irresponsabilidad”. A su juicio, la creciente presencia femenina en el fútbol español se explica “porque ha habido campos profesionales que tradicionalmente han estado más cerrados y ahora se van abriendo a las mujeres”.

“No he creído en cuotas, ni en la política ni en el fútbol. Sobre fútbol no tengo valía, pero puedo aportar otra perspectiva y un poco de frescura”, explica M.ª Victoria Hernández, exdiputada y directiva del Numancia de Soria desde el 2016

Debe de ser una casualidad, pero de las casi 30 directivas del fútbol profesional español (hay 297 hombres), al menos tres tienen nombre triunfante. María Victoria Pavón,  del Leganés; María Victoria Hernández Candeal, primera directiva del Numancia en 20 años, y María Victoria López Sánchez, la tercera consejera en los 110 años de historia del Betis, que en su primer equipo también cuenta con la recuperadora física Raquel Urbano. López lleva dos años como responsable del área social del club, tiene apenas 35 años y proviene del mundo de las peñas, que da otra perspectiva. “En las primeras reuniones había gente que creía que era la secretaria o que había un jefe por encima de mí tomando decisiones, yo les explicaba que no… se sorprendían. De hecho, si entrando en la junta no me hubieran dejado trabajar, me habría ido”, reconoce.

La directiva bética está orgullosa del peso de las mujeres en su club, pero no de las de los despachos, sino las de las gradas, donde en realidad la mujer está ganando cada vez más peso en la Liga. Es una revolución paralela. “En el Betis, de un total de 43.000 socios, hay 7.800 socias. En España, las mujeres han pasado de no ir al fútbol a ser una presencia muy visible en la grada: hay que darles tiempo para que, con el tiempo, ocupen puestos de responsabilidad”, analiza López.

María Victoria Pavón ya lleva nueve temporadas al frente del club pepinero en tres categorías: Segunda B, Segunda y Primera. “Ahora ya nadie me ve como una novedad”, dice con una risa. “Este año vino el Valencia con su presidenta y (los medios) no nos hicieron ni caso”, ríe. “Creo que tú puedes innovar con tu visión de mujer, pero yo destaco a los profesionales más jóvenes, que aportan mucho”.

El Leganés se ha hecho un nombre esta temporada pasada, combinando creatividad, amabilidad y recordando que la esencia del fútbol no radica en los millones y la épica, sino en que los partidos son eso, encuentros. “En Segunda B sufres económicamente, y en Segunda A sufres en lo deportivo. Cuando subimos a Primera me dije: ‘Me niego a sufrir, pase lo que pase no vamos a sufrir…’ y así hemos disfrutado”, confiesa. 

La tercera María Victoria de esta historia es Mariví Hernández, exconcejal en Soria y exdiputada autonómica. “No he creído nunca en cuotas, ni en la política ni en el fútbol. Y creo que respecto a las ideas de fútbol no tengo valía, pero sí otras sensaciones y una perspectiva nueva de las cosas que te ayudan a hacer propuestas. Aportas un poco de frescura, de renovación”, dice con orgullo. Pese a la pujanza de la mujer en el fútbol español, Hernández Candeal admite que en la pasada temporada no coincidió ni una vez con consejeras de otros equipos. Normal. En la categoría de plata apenas había cuatro directivas más: Paz Bergantiños y Olga Rouco (del Lugo) y Conxita Esteve e Irene Mallol (del Nàstic de Tarragona). Esta temporada se incorpora Maria Teixidor, como representante del Barça B.

La mujer gana terreno en el mundo arbitral, tanto en la Liga femenina, en la que este año sólo pitarán colegiadas, como en la Segunda masculina, que tendrá dos asistentes: Judith Romano y Guadalupe Porras

En la Liga Santander hay 18 directivas. ¿Muchas? ¿Pocas? Son las que son. “Este es un mundo que está cambiando, es muy masculino, pero no lo definiría como machista. No me ha pasado nunca que te hagan sentir como chica florero, pero tengo que decir que sí nos cuesta un poco más entrar en este mundo, tienes que demostrar más”, constata Esteve, consejera del Nàstic desde hace cinco temporadas. 

Más allá de los clubs, la presencia de la mujer en el fútbol español va ganando terreno en el mundo arbitral. De los 15.000 colegiados que hay en España, unos 500 son mujeres. Por un lado y por primera vez, la Liga Iberdrola (la División de Honor femenina) estará integrada sólo por colegiadas. Por otro, dos de ellas, la asturiana Judith Romano y la extremeña Guadalupe Porras, participarán como asistentes en la Segunda División masculina. Romano ya había debutado en la categoría de plata y Porras se estrena. “En Segunda tengo todos mis esfuerzos y pensamientos puestos, aunque es cierto que la ilusión de todo árbitro o asistente es llegar a Primera”, comentó hace unos días en la web de la Federación. 

Una colegiada en Primera. ¿Se imaginan la foto? En realidad, podría haber pasado ya, pero un contratiempo… Marisa Villa, coordinadora de arbitraje en la Federación y observadora de la UEFA, se retiró en el 2013. Fue asistente en Segunda y logró el ascenso a Primera… pero nunca saltó al campo banderín en mano. Le faltaron unas centésimas para superar las pruebas físicas que tienen que pasar todos los aspirantes, unas marcas que son las mismas para hombres y mujeres. “Las que tienes que superar para el fútbol femenino son más fáciles, pero las de Primera masculina… Logré el ascenso, pero…”, dice.

¿Es justo exigir igual a hombres y mujeres? “Tienes que estar muy bien preparada y superarlas, creo que tiene que ser así –justifica Villa–, no importa que seas mujer, porque al final, si señalas mal un fuera de juego en un partido de hombres porque no has corrido lo suficiente… cualquiera tendría la excusa perfecta para decir que no estás preparada”. La excolegiada actuó en Segunda y, como linier, arbitró, por ejemplo, en el partido inaugural y en la final del torneo femenino de fútbol en los Juegos de Pekín’08. “Tal vez tardemos un poco en llegar a Primera o no, pero ahí está Bibiana Stenhaus, que se ha convertido en la primera árbitra de la Bundesliga”, avanza. 

“En el Betis somos 7.800 socias de 43.000. De no ir al al fútbol, la mujer ha pasado a ser visible”, constata la directiva María Victoria López

En el fútbol de élite, donde a veces afloran el racismo y el machismo más furibundos, ¿insultan a una colegiada más por su tarea o por ser mujer? “No te insultan más por ser mujer, no es algo personal”, opina Marisa Villa. “Al inicio de estar en el Betis –tercia la psicóloga Patricia Ramírez Loeffler– y cuando hubo un momento que las cosas no iban bien, veía algún mensaje tipo: ‘¿Pero que está haciendo está puta?’ A lo que muchos béticos respondían: ‘No te metas con nuestra psicóloga’”. Ana de la Torre, doctora del Getafe, echa la vista atrás y recuerda que el trato con los entrenadores “a veces es difícil”, pero sobre todo tilda de “muy triste” que, en ocasiones, las profesionales del fútbol sean valoradas por su aspecto como sucedió con la médico del Chelsea, Eva Carneiro, a la que algunos diarios llamaban “doctora sexy”. “A mí me decían: ‘Quítate la camiseta’”, recuerda. Su colega en el Lugo, Luisa Ibáñez, reconoce que en los clubs hay directivos más puestos al día y otros “de los de copa y puro”, es decir, chapados a la antigua.

La directiva María Victoria López cree que a veces la fórmula mágica para ir cambiando cosas es “no callarte lo que piensas”. “Yo he aprendido –aporta la presidenta del Leganés, María Victoria Pavón– que la diversidad enriquece y que hay muchos más directivos aparte de los tajantes y de perfil muy duro”. “Es positivo –completa la técnica en nutrición Beatriz Manchón que salgan plazas y se considere a las mujeres. Con inquietud, las cosas irán cambiando”. La presidenta Amaia Gorostiza habla de “innovar”. Y Conxita Esteve de “ir rompiendo esquemas”. Ellas, entre todas, han empezado a romper su particular fuera de juego y se han convertido en las estrellas indiscutibles del otro álbum de cromos del fútbol español.