Lince ibérico, cómo salvar una especie

El acuerdo con los propietarios y cazadores y la mejora de los hábitats para el conejo, su alimento, son algunas claves del buen resultado del proyecto de recuperación del lince ibérico. Pero la batalla de la conservación no está ganada. La escasez de conejos, las enfermedades, atropellos y trampas aún impiden cantar victoria.

Hermes y Camarina, dos linces adultos macho y hembra, corretean y juegan a un lado y otro de la gran valla metálica que separa sus recintos en el centro de cría en cautividad de La Olivilla (Santa Elena, Jaén) donde están alojados. Hace un sol de justicia en Sierra Morena, pero ambos corren sin parar, con energía inquieta y felina. Sorprende el enorme espacio en este centro de cría en cautividad de lince, una de las cuatro instalaciones en la Península que sirven para proveer cachorros para ser reintroducidos en libertad.

Cada lince dispone aquí de 1.250 m2 para moverse a sus anchas en un recinto variado en el que se combina un gran solar descubierto (1.000 m2 de terreno, con pinos, puntos elevados de observación…) y dos habitaciones tapadas donde las hembras tienen un cajón para que puedan parir, entre otros usos.

La población de linces en libertad se ha triplicado desde los 94 ejemplares en el 2002 de la sierra de Andújar y Doñana a 327 en cuatro áreas, además de 151 en centros de cría en cautividad

En La Olivilla hay 35 linces adultos y 10 cachorros, perfectamente atendidos, con laboratorio, clínica veterinaria y un centro de control lleno de pantallas que permite hacer el seguimiento continuo de los movimientos de los animales.

Las carreras de Hermes y Camarina simbolizan la recobrada vitalidad de las poblaciones de lince ibérico. El felino más amenazado ha salido de la UCI. Las acciones de conservación están dando sus frutos. Así lo indica la última valoración de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Y si el lince se recupera es gracias a los tres proyectos Life (de cofinanciación europea) capitaneados por la Junta de Andalucía y una veintena de instituciones. Es la mayor movilización de recursos para salvar una especie en Europa. En total, 62,8 millones de euros presupuestados desde que se inició esta aventura.

La situación inicial del lince era penosa. Cuando se activó el primer plan, en el 2001, sólo quedaban 94 ejemplares en libertad, todos en Andalucía –53 en la sierra de Andújar y 41 en Doñana–. Únicamente sobrevivían 27 hembras adultas. En tan exiguo número de ejemplares descansaban las esperanzas de recuperación de la especie.

El objetivo inicial (Life 2001-2006) era modesto. Se perseguía sólo estabilizar las poblaciones existentes, evitar que continuara su retroceso e iniciar un programa de cría en cautividad en un primer centro (El Acebuche, Doñana), concebido casi como un arca de Noé encargada de dar refugio a los últimos ejemplares ante el riesgo de que quedaran extintos en libertad. Pero las actuaciones llevadas a cabo permitieron dar un gran salto. La población casi se duplicó. Se pasó de esos 94 ejemplares en el 2001 a 177 cinco años después. Y en el 2014 el censo ya se triplicó: 327 ejemplares en libertad, aparte de los 151 animales en cuatro centros de cría en cautividad. Sin embargo, el ritmo de crecimiento de las poblaciones se ha ralentizado en los últimos años. Han surgido nuevas y graves amenazas. Nadie puede cantar victoria.

¿Qué explica ese éxito inicial? La colaboración de propietarios –que cedieron sus fincas donde estaban los linces– y las acciones de mejora sobre el terreno son algunas de las razones del buen resultado. Los 180 convenios de colaboración (afectan a 160.000 hectáreas) han garantizado la participación de los afectados y la implicación de las sociedades de cazadores. Estos se han convertido en aliados de la causa de la preservación del lince.

La escasez de conejos silvestres y una nueva cepa de un virus han reducido un 20% la población del lince en sólo tres años en la sierra de Andújar, la principal reserva

Avalados por este pacto, los técnicos entraron en las fincas e introdujeron mejoras en los hábitats, para recuperar la población de conejo, la piedra angular del proyecto, pues es el principal alimento del lince. Se hicieron repoblaciones de conejo; se crearon e incrementaron los refugios (vivares) para albergarlos; se dispusieron puntos de agua y mejoraron los pastos...

Se vio, en suma, que era posible levantar el lince de la lona. Por eso, se planteó un segundo programa de acción (Life 2006-2011) con objetivos más ambiciosos. Ya no se trataba de defender los últimos reductos del felino (en Doñana y Andújar), sino de pasar a la ofensiva. “Ahora vamos a atacar nosotros”, fue la consigna, dice Miguel Ángel Simón, director del Proyecto Life IberLince, que capitanea la Junta de Andalucía, dando cuenta de aquel espíritu optimista.

La nueva meta era producir cachorros con la mayor variabilidad genética posible para ser reintroducidos en libertad y hacer una selección de dos nuevas áreas de Andalucía en Sierra Morena que iban a ser recolonizadas. Las zonas aptas para la reintroducción fueron las de mayor abundancia de conejos: el valle del Guadalmellato (Córdoba) y Guarrizas (Jaén). Y en el 2010, se dejaron en libertad los primeros linces en el Guadalmellato –hacia donde se llevaron ejemplares capturados en la sierra de Andújar– mientras que en Guarrizas se soltaron los primeros linces criados en cautividad.

Resultado: el censo del 2011 se saldó con 312 ejemplares en libertad (76 hembras adultas), repartidos en estas cuatro áreas. “Ni cobramos nada ni hubiera aceptado cobrar. Sí mejoraron los hábitats para el conejo en nuestras fincas”, explica José Barasona, propietario de El Cotillo (valle del Guadalmellato), que conoce todas las vicisitudes de los linces de su finca.

“Al tener menos comida, los linces tienen que explorar más territorio y se expanden, hasta que entran en zonas conflictivas”, dice Miguel Ángel Simón, director del proyecto Life IberLince

Todo el plan pivota sobre una rigurosa estrategia para sortear los riesgos de la consanguinidad (endogamia) y un enfoque destinado a promover la biodiversidad genética. Hay que tener en cuenta, por ejemplo, que los animales en Doñana tenían poca lejanía de parentesco y se tuvieron que cruzar con ellos ejemplares de la sierra de Andújar.

“La consanguinidad comporta tasas de enfermedades generalmente altas, los individuos se reproducen menos y, en general, hay menos posibilidades de que sobrevivan”, recuerda José Antonio Godoy, investigador del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Por eso, la tarea en los centros de cría en cautividad se basa en reforzar la diversidad genética, para que los animales puedan afrontar en mejores condiciones los retos de futuro cuando salgan al campo (el cambio climático, los nuevos patógenos…). “Los programas de reintroducción se han basado en individuos nacidos en cautividad, con lo cual estos ya tienen poca consanguinidad”, dice Godoy.

El manejo en cautividad permite hacer los cruces adecuados, seleccionar los ejemplares para ser llevados a su lugar de destino y repartirlos según criterios genéticos. Los linces de los cuatro centros, alejados de las zonas linceras, son los de El Acebuche, La Olivilla, Granadilla (Cáceres) y Silves, en Portugal.

Así, se ha podido empezar a interconectar los núcleos de linces reintroducidos en Guadalmellato, Guarrizas y Sierra Morena Oriental (Ciudad Real). “Lo ideal es que todas estas zonas sean un único territorio de linces”, dice Miguel Ángel Simón.

Con el empuje de estos precedentes, se abordó una tercera ofensiva para reintroducir el lince en los territorios en los que históricamente había constancia de su presencia. Así, seleccionaron cuatro nuevas zonas, ahora ya fuera de Andalucía: en el Valle del Guadiana en Portugal, el Valle del Matache-Hornachos (Badajoz), Montes de Toledo (Toledo) y Sierra Morena oriental, donde se ha soltado a 46 ejemplares en el 2014.

Sin embargo, la reintroducción comporta nuevos retos y peligros. Falta ver la adaptación. “Encontrar áreas de reintroducción perfectas es imposible. Y cuanto más queramos expandir la población del lince, más debemos renunciar o rebajar el nivel de exquisitez de esos espacios seleccionados”, dice Simón.

Los expertos reclaman un plan para salvar al conejo silvestre, de lo contrario los esfuerzos y la gran inversión se pueden ir al traste

La principal amenaza para el lince está siendo la falta de conejos silvestres (el 90% de su alimento), que perecen víctimas de enfermedades. El conejo ya sufrió los embates de la mixomatosis y de la neumonía hemorrágica vírica (NHV), que diezmó sus poblaciones en décadas precedentes. La situación ahora se ha agravado con una nueva cepa de NHV, que ha provocado una preocupante disminución de poblaciones en la sierra de Andújar, en Doñana y en las nuevas zonas de reintroducción. En Andújar (la principal reserva), el número de linces ha pasado de 202 ejemplares en 2011 a 161 en 2014, lo que ha encendido las alarmas. Al tener menos comida, las hembras tienen menos gazapos y si los tienen a veces los pierden al no poder alimentarlos.

A ello se superponen los atropellos en carretera. “Al tener menos comida, los linces tienen que explorar más territorios y se expanden, hasta que entran en zonas conflictivas”, dice Simón. Eso explica los repetidos atropellos en la A-4 en Jaén y otros puntos. En el entorno de Doñana, el problema se debe a que los felinos han colonizado zonas cercanas a áreas residenciales (Aznalcázar), no lejos de Sevilla.

La inflexión se ve reflejada en datos estadísticos: los atropellos fueron 14 en el 2013; y un año después, 21 (14 en Sierra Morena y siete en Doñana). Arreglar las vallas junto a las carreteras, mejorar la señalización para los conductores, habilitar nuevos pasos subterráneos o acondicionar y naturalizar los existentes por donde pasan rieras son algunas de las soluciones que reclama Ramón Pérez de Ayala, responsable del proyecto IberLince en WWF España.

Por si todo esto fuera poco, muy dañinos están siendo los lazos y trampas, usados a veces ilegalmente en Castilla-La Mancha para cazar zorros (entre otros predadores de la perdiz, perseguidos por los cazadores).

“La situación ha mejorado gracias a la cría en cautividad, pero no se ha preparado debidamente las zonas de reintroducción”, dice Theo Oberhuber, de Ecologistas en Acción

“La situación del lince ha mejorado gracias a la cría en cautividad, pero no se han tomado las debidas medidas para preparar el terreno y facilitar la conservación en las zonas de reintroducción”, sentencia Theo Oberhuber, de Ecologistas en Acción, quien critica el uso de métodos de control de predadores no selectivos en Castilla-La Mancha. Miguel Ángel Simón apunta que esas autorizaciones excepcionales dadas en dicha comunidad no están basadas en censos rigurosos que demuestren el pretendido exceso de predadores. Otras voces críticas reclaman recuperar la alimentación suplementaria en la sierra de Andújar, mientras Simón reclama al Ministerio de Agricutura y Medio Ambiente un plan de emergencia para salvar el conejo silvestre.

En La Olivilla, ejemplares como Hermes y Camarina, siguen un meticuloso programa para completar su preparación antes de ser reintroducidos en el campo. “La clave es que estén a gusto para que se pueda dar la reproducción”, dice María José Pérez, directora del centro de cría en cautividad.

Aquí, aprenden las conductas exploratorias y a cazar conejos, siempre bajo la tutela invisible de sus cuidadores con los que no puede mantener contacto para no vincularse a ellos. Y además se refuerza su conducta huidiza: de vez en cuando entra el cuidador y les da un gran susto; para espantarlos; y ese día no comen. Cuando salgan al exterior no se fiarán de la figura humana. Es el precio que deben pagar por aprender a sobrevivir en libertad. El hombre les puso contra las cuerdas como especie y ahora quiere quitarles las cadenas. ¿Se podrá? Ilusiona pensar que sí.