Literatura de nobel

El Museo Nobel de la Academia Sueca, en Estocolmo, acoge hasta finales de septiembre del 2018, la exposición Rebelión literaria, basada en las entrevistas a premios Nobel de Literatura que Magazine viene publicando desde el año 2005, realizadas por Xavi Ayén y Kim Manresa. De los 23 autores que han desfilado ante la cámara del fotógrafo en sus países de residencia, el museo destaca a doce, aquellos cuya obra ha servido para producir cambios políticos o sociales.

Grupos de estudiantes suecos visitan estos días la exposición Rebelión literaria, tomando notas en sus libretas –algunos, en sus tabletas–, pues el Museo Nobel de Estocolmo ha integrado la muestra en un programa educativo que permite aprender cuestiones no solamente literarias, sino también históricas (como la descolonización de África con las experiencias de escritores como Wole Soyinka o Doris Lessing o la esclavitud en Estados Unidos con Toni Morrison) e incluso éticas (tema de debate para clase: ¿qué opináis de Ensayo sobre la lucidez, de José Saramago, donde la mayoría de la población de un país decide un día votar en blanco). Las imponentes imágenes de Kim Manresa, en blanco y negro, componen un fresco que sintetiza en una veintena de paneles el trabajo del que han ido disfrutando, pieza a pieza, los lectores de Magazine durante años y que ha supuesto recorrer 19 países siguiendo la huella de las ficciones creadas por estos grandes nombres.

La exposición, que estará abierta diez meses, la recorrerán en los próximos días los Nobel de este año, en la gala de entrega de premios

La lista completa de los autores fotografiados que pueden verse es: Gabriel García Márquez (ganador del Nobel en 1982), Wole Soyinka (1986), Naguib Mahfuz (1988), Nadine Gordimer (1991), Derek Walcott (1992), Toni Morrison (1993), Kenzaburo Oé (1994), Wislawa Szymborska (1996), Dario Fo (1997), José Saramago (1998), Günter Grass (1999), Gao Xingjian (2000), V.S. Naipaul (2001), Imre Kertész (2002), J.M. Coetzee (2003), Orhan Pamuk (2006), Doris Lessing (2007), J.M.G. Le Clézio (2008), Herta Müller (2009), Mario Vargas Llosa (2010), Tomas Tranströmer (2011), Patrick Modiano (2014) y Svetlana Aleksiévich (2015). De los 23, sólo 12 podrían ver hoy la muestra, al haber fallecido los 11 restantes. Está previsto que, la semana que viene, durante los días previos a la cena de gala de la entrega de los Nobel 2017, los laureados en las diferentes disciplinas recorran la exposición.
El equipo de comisarios del museo ha transformado el Museo Nobel entero en un salón de lectura: junto a cada panel con las fotos y los textos hay mesitas, sofás y sillas donde los visitantes pueden detenerse a leer los libros (en inglés y sueco). Las imágenes hacen pensar en los viajes de Tintín: Orhan Pamuk comprando fruta en los puestos callejeros de Estambul, coloridos mercados africanos en pequeños pueblos de Nigeria junto a Wole Soyinka (con quien hubo que desplazarse con guardaespaldas, por los conflictos armados en la zona), el japonés Kenzaburo Oé viajando en el metro de Tokio, la norteamericana Toni Morrison impartiendo clase en el campus de Princeton, la sudafricana Nadine Gordimer haciendo de guía de las siniestras cárceles del apartheid en Johannesburgo, la acogedora cocina de Minsk en la que la bielorrusa Svetlana Aleksiévich prepara té mientras nieva al otro lado de la ventana, o Dario Fo actuando sobre un escenario en la Universidad de La Sapienza, en Roma con motivo de su 80.º cumpleaños. 
Para Kim Manresa, más conocido como fotógrafo de temas sociales, la experiencia con los Nobel ha supuesto un cambio en su trayectoria. Puso como condición a los escritores, para ser fiel a su estilo, “que no hicieran posados, sino que se limitaran a pasear, ver a amigos, hacer lo que hacen en su vida cotidiana o en sus ambientes más íntimos”. 
La idea que vertebra la exposición es la de la literatura como instrumento para cambiar conciencias e influir en la sociedad, por lo que hay doce de los escritores que son destacados especialmente, como Herta Müller, que refleja la podredumbre moral de la vida bajo la dictadura rumana de Ceausescu, o Svetlana Aleksiévich, que da voz a las víctimas de Chernóbil o de la guerra de Afganistán. Si los libros de todos ellos son excelentes desde un punto de vista literario, algunos, además, han resultado básicos para oponerse a situaciones de opresión. Son los de los escritores que han usado su obra como un medio de cuestionar las cosas y ofrecer resistencia. A veces, de un modo indirecto, como en la poesía de Szymborska, que liberaba las mentes de sus lectores. Muchos de los libros expuestos fueron –o aún están– censurados o prohibidos. Y sus autores, amenazados, perseguidos e incluso encarcelados.