Madres; la ciencia avanza pero la conciliación no

La medicina facilita más que nunca tener hijos, pero se tienen cada vez menos y más tarde, en general, en España. La tendencia podría cambiar con políticas sociolaborales más favorables y si el nuevo feminismo integra la maternidad sin prejuicios

Quizás no pase mucho antes de que para la reproducción humana sólo se necesiten células madre pluripotenciales (del hombre, de la mujer) y el desarrollo del ser se haga en un laboratorio. Y sin clonación, que tras causar revuelo hace unos 20 años, quedó aparcada. Se han ensayado úteros artificiales (aunque no para acoger todo el desarrollo del feto) y probado células progenitoras de óvulos y espermatozoides y células madre transformadas en estos gametos. Buscando solución a la infertilidad, la medicina avanza; a veces incluso por terrenos que socialmente se consideran pantanosos.

La ciencia ha abierto la puerta a corregir genéticamente los embriones para que nazcan bebés más sanos; sin duda es algo que generará debate los próximos años

Las técnicas de reproducción actuales permiten seleccionar el sexo y el color de ojos –esto no se autoriza en España, pero sí en Estados Unidos– o a futuros bebés para que puedan curar a un hermano enfermo o nazcan sin diversas enfermedades genéticas o hereditarias. Se logra mediante la selección de los embriones (que ya se ensaya con inteligencia artificial), tras un diagnóstico genético y antes de implantarlos en el útero.

Hace unos meses, el investigador chino He Jiankui fue un paso más allá: modificó genéticamente embriones (mediante el método CRISPR) para hacer que dos niñas nacieran resistentes a enfermedades (en este caso, al virus del sida). El experimento generó polémica y el gobierno chino castigó al científico. Destacados biólogos pidieron en una carta a la revista Nature una moratoria de cinco años para tal práctica. Pero hay otros científicos investigando con ella. La ciencia abre la puerta a corregir genéticamente embriones para que nazcan bebés más sanos. ¿Se autorizará en ciertos casos y países? Seguramente originará un debate ético y social en los próximos años.

Por ahora, nadie plantea una maternidad artificial, fuera del vientre de una mujer, pero se multiplican los logros –los últimos son el trasplante de útero o que animales procreen con ovarios creados por impresión 3D– y trascienden casos que dan otra vuelta de tuerca a lo establecido. Por ejemplo, ha nacido un bebé con “tres progenitores genéticos”, técnica usada para evitar enfermedades de herencia por vía materna y llamada así porque se fertilizan con esperma del padre un óvulo de la madre y otro de donante y se unen partes de ambos o de los dos embriones.

Otro caso reciente: en Estados Unidos, una mujer, madre de tres hijos, dio a luz a los 61 años a una niña, tras la implantación en su útero de un óvulo fecundado con esperma de su hijo. Así, han podido ser padres su hijo y yerno, pareja gay. El óvulo lo donó la hermana de uno de los padres.

Desde el punto de vista científico, han aumentado las posibilidades de maternidad (y paternidad); otra cosa es la crianza, pues el marco socioeconómico no ayuda en muchos casos

Un caso así sería ilegal en España, donde no está autorizada la maternidad subrogada y la donación de gametos es anónima. Hace años que hay peticiones de que se autorice la subrogación, también llamada vientre de alquiler, a lo que se oponen sectores como los grupos feministas (entre otros), porque creen que mercantiliza a la mujer, ya que presta el útero para gestar al hijo de otra por necesidades económicas. Por contra, los defensores de esta opción dicen que tiene un componente altruista.

“La sociedad debe decidir cómo avanzar. Los ginecólogos no propiciamos los cambios, sólo les damos respuesta”, señala sobre tal debate Marisa López-Teijón, directora del Institut Marquès, una clínica barcelonesa de reputada trayectoria en la reproducción asistida. “Mi opinión personal es que no se pueden poner puertas al campo y si una técnica no se autoriza en un país, los interesados van a otro, pero entonces ya no es tan accesible”, apunta la ginecóloga. “Yo estoy por la libertad de elección de la mujer –añade–. Y si una mujer ya no necesita una pareja masculina para ser madre (va a una clínica y se hace una inseminación con esperma de donante o adopta un embrión, se le implanta uno sobrante de otra fecundación), el hombre tiene igual derecho a reivindicar la paternidad sin mujer”.

Al dar solución a distintos casos de infertilidad de la mujer y el hombre (hasta se ha logrado que mujeres con menopausia prematura sean madres), a la vez, se ha ido dando respuesta a demandas de nuevos tipos de familia: hoy pueden tener hijos (con o sin óvulos o esperma o útero propios, aunque no en todos los países) la pareja heterosexual, la mujer o el hombre solos y las parejas lesbiana o gay. Eso, sin contar otra alternativa para la maternidad y paternidad como es la adopción de un niño.

Pero si la maternidad parece cada vez más abocada al laboratorio, López-Teijón afirma que, al contrario, en su clínica implantan iniciativas para humanizar la fecundación in vitro. “Y los retos de las clínicas, de todos modos, siguen siendo lograr una mayor tasa de  embarazos y tratar a más personas estériles –dice la ginecóloga–. Sólo el 50% de parejas estériles buscan ayuda y de ellas, sólo llega a tratarse el 22%, sea por falta de información, por razones económicas (los tratamientos en la sanidad pública son limitados)... Es una pena cuando España es uno de los países donde se hace más reproducción asistida porque la ley es tolerante y hay menos tabúes (vienen muchos pacientes de otros países)”.

Más del 8% de nacimientos son mediante reproducción asistida. Hay muchos casos de infertilidad, pero además, un tercio de pacientes que acuden a las clínicas son mujeres que quieren ser madres en solitario y buscan ayuda también muchas mujeres o parejas que llegan a la maternidad cuando la reserva ovárica va de baja (35 años o más), lo que dificulta el embarazo.

España es de los países europeos con una menor tasa de fecundidad (tendencia que se da en otros países, como EE.UU.) y donde más se pospone la maternidad (véanse los datos adjuntos). “Y la respuesta a tal situación no se debe buscar sólo en la reproducción asistida, sino en las políticas sociales”, dice la periodista y socióloga Esther Vivas, autora del libro Mama desobediente (Capitán Swing/Ara llibres).

Muchas empresas mantienen los prejuicios ante la trabajadora que tiene hijos y la realidad es que es complejo compaginar vida laboral y maternidad

“Desde el punto de vista científico, hay más posibilidades de maternidad que nunca. Se podría decir que la reproducción es más fácil, pero otra cosa es la crianza. Hay dos porcentajes aproximados de mujeres que deciden dedicarse sólo a la maternidad o que no quieren ser madres; para el resto, la maternidad depende de la clase social, su edad, su trabajo…”, señala Alicia Kaufmann, catedrática de sociología de la Universidad de Alcalá y coach ejecutiva.

“Se da una paradoja –opina Vivas–: la maternidad es hoy por elección, cuando antes era por imposición, si no tenía hijos la mujer estaba mal vista socialmente, pero las mujeres tienen más dificultades para quedarse embarazadas por factores ambientales (hay más infertilidad por sustancias tóxicas, por  el estilo de vida…) y por un contexto socioeconómico hostil (los jóvenes se emancipan muy tarde, cuesta acceder a una vivienda y tener estabilidad laboral, los sueldos son bajos...) Así que muchas mujeres no tienen hijos o los que querrían y no porque no quieran sino por que no pueden o cuando pueden ya es biológicamente más difícil”.

“La tendencia a tener menos hijos y más tarde es clara y no sé como evolucionará”, admite Kaufmann. La antropóloga María José Garrido, especialista en etnopediatría e investigadora del grupo de estudios sociales de la Universidad de Extremadura, apunta que “la tendencia seguirá así mientras no cambien políticas socioeconómicas que dificultan que la mujer sea madre”. Por ejemplo, señala que sería positivo el apoyo a las cada vez más numerosas familias monomarentales o un permiso maternal de seis meses  (lo ideal sería un año) que incluiría el periodo de lactancia.

Las expertas critican que se acaba de ampliar el permiso de paternidad a ocho semanas, pero el de maternidad (16 semanas) no se ha tocado en 30 años. Ni la administración ni los políticos lo plantean –hay grupos de mujeres, sociedades científicas que lo reinvindican–. El paternal se prevé duplicar para 2021. Y ello, cuando se ha demostrado en estudios que el apego en los primeros meses y años de vida es fundamental. Con el padre también, pero sobre todo, por razones biológicas, con la madre, subraya Garrido.

“Igualmente, hay estudios que muestran que cuánto más rápida es la incorporación laboral tras la maternidad menos hijos se tienen y hay más depresión postparto, que en España ya es del 23% durante el primer año de vida del bebé. Hay que cambiar las políticas para que si una mujer quiere volver a trabajar rápido lo haga, pero la que quiera quedarse más tiempo con el hijo, pueda y tenga una salvaguarda económica”, indica la antropóloga.

El feminismo ha rechazado la maternidad, tradicionalmente, al ligarla a la esclavitud de la mujer, pero eso parece cambiar con la nueva ola feminista 

“Faltan políticas empresariales que no demonicen la maternidad. No puede ser siempre un sacrificio para la madre”, remata. Kaufmann corrobora que “la mayoría de empresas siguen apostando por empleos presenciales y mantienen el prejuicio que la mujer con hijos se dedica menos al trabajo. Muchas pierden el empleo si no con el primer hijo, con el segundo, y se les sigue preguntando en las entrevistas laborales si piensan tener hijos”. “Los empresarios deberían saber, por el contrario, que se ha visto en  investigaciones que la maternidad nos cambia para mejor, tiene impacto en la faceta creativa o la capacidad de decisión”, dice Garrido.

La realidad, en la mayoría de casos, es que compaginar la maternidad y una vida laboral, una carrera profesional, es complejo. “Las ayudas son insuficientes; cada vez más gente se tiene que desplazar por motivos laborales con lo que pierde la red de ayuda familiar, los sueldos son bajos, los empleos precarios… Y dejar de trabajar un tiempo es mala solución porque la reinserción laboral posterior es difícil”, precisa Kaufmann.

“No es cierto –recalca esta socióloga– que a las mujeres no les interese ascender en su trabajo o hacer carrera, pero quieren hacerlo en unas condiciones que no las penalicen en su vida, por ejemplo, a la hora de compaginarlo con la maternidad. Así que, al final, todo depende de la cultura de su empresa, de si apuesta por integrar a mujeres, si tiene un liderazgo más autoritario o más flexible…”

Aunque, no todo se reduce a lo laboral. Kaufmann también apunta a “la incertidumbre, la ansiedad” en que viven hoy los jóvenes –“hace no tanto, la mayoría de la gente tenía claro dónde viviría, qué haría en la edad adulta, hoy no”–. Y a  que “la sociedad promueve el individualismo, el disfrute, la búsqueda de la felicidad y muchos ven tener hijos como un sacrificio. La idea de familia en que dos trabajan, comparten la crianza, las labores domésticas... no se da de forma mayoritaria en la realidad”.

La socióloga, que hace coaching, sobre todo a ejecutivos, afirma que todavía ve muchos casos de hombres de entre 38 y 58 años “que su preocupación fundamental es su trabajo o su ocio, es un prototipo infantilizado, que no asume las responsabilidades del hogar, más allá del papel de proveedor material; aunque su mujer también trabaje. Entre los más jóvenes, creo que este modelo sí cambia”.

La maternidad paga parte del coste de la incorporación de la mujer al mundo laboral porque, en el fondo, muchos siguen viéndola cosa de mujeres. Erróneamente. “Yo estudio cómo se cría en distintas culturas y como se cría y educa influye en los niños y en toda la sociedad; invertir en maternidad y en infancia evita una serie de problemas a una sociedad. Por algo sería que había culturas antiguas que separaban a los niños pequeños de las madres para hacerlos guerreros implacables. En la cultura occidental actual, las mujeres estamos muy solas ante la maternidad, cuando si no hay madres, no hay hijos ni futuro. Dar poca relevancia a esto, es un poco suicidarse como sociedad”, afirma Garrido.

“La mujer en nuestra sociedad, además –continúa la antropóloga–, se ve obligada a ser la mejor madre, la mejor pareja sexual, a meterse en la talla 40. Siempre somos criticadas: si pares porque pares, si no lo haces porque no lo haces, si das el pecho porque lo das… Es fruto del sistema de patriarcado que ha usado la maternidad como una manera más de someter a la mujer”. En este contexto, se entienden movimientos de los últimos años como las “malas madres” o “madres arrepentidas”, rebeldes ante los estereotipos sociales.

Pero incluso el feminismo ha tenido, tradicionalmente, una relación difícil con la maternidad. “Es por el sistema patriarcal contra el que se rebelaron las mujeres en los años 60 y 70 del siglo XX; entonces triunfó un discurso antimaternidad y antirreproducción que aún pervive en algunos sectores”, explica Vivas. “El feminismo rechazaba la maternidad porque ha estado vinculada a la esclavitud de la mujer. También nos vendieron que la productividad nos liberaría e igualaría a los hombres y tampoco ha sido así”, corrobora Garrido.

 “El reto del nuevo feminismo es incorporar la maternidad entre sus demandas –dice Vivas–. Porque criar en soledad o con las dificultades del mercado laboral, lo que se asocia a maternidad como una carga para la mujer, no es un problema de la maternidad sino del carácter que le dio el sistema social. El feminismo ha de reivindicar la maternidad pues no puede despreciar una tarea en que la mujer tiene un papel fundamental y es básica para la humanidad”.

“Era una asignatura pendiente incluir la maternidad como elección y este nuevo feminismo, más amplio y diverso, creo que hace el intento”, concluye Garrido, “hay que conseguir que ser madre no acabe siendo un lujo al alcance de pocas”.

España
Pocos hijos
y tarde

• Hubo 393.181 nacimientos (190.703 niñas y 202.478 niños) en 2017, un 4,2% menos que el año anterior (5,8% menos en datos del primer semestre de 2018), según el Instituto Nacional de Estadística (INE). En 2008 repuntó la natalidad (519.779), pero va a la baja desde 1976 (677.456).

• Es el país con menor fecundidad de la Unión Europea (1,3 hijos por mujer). Las españolas de 45 a 49 años con estudios superiores han tenido en promedio 1,5 hijos; las que sólo cursaron primaria, 1,6. Eso, pese a que casi 3 de cada 4 mujeres de 18 a 55 años dice que querría tener 2 o más hijos. En el 1900, la tasa era 3,5 hijos por mujer.

• La edad media de la maternidad es 32 años. La del primer hijo es 31,4 para las madres nacidas en España y 27,7 para las inmigradas. Desde 1980 (eran 28 años) no para de crecer esa edad, especialmente desde 2008. El pico de nacimientos se da en madres de 34 y 35 años. Y hay más madres a los 40 años que a los 25; es el segundo país europeo tras Italia con más madres primerizas de 40 o más años.

• La encuesta de fecundidad de 2018 del INE indica que el 79% de mujeres de 25 a 29 años y el 52% de las de 30 a 34 aún no han tenido hijos. El 42% de mujeres de 18 a 55 años dice que ha tenido hijos más tarde de lo deseado: la maternidad se retrasa unos 5 años.

• Los motivos alegados para tal retraso son no tener una relación sentimental estable (lo alegan menos las menores de 30 años) y para el 21-23%, a partir de los 30 años, problemas laborales y de conciliación de la vida laboral y personal. A esta no  conciliación, sobre todo, se culpa de haber tenido menos hijos de los deseados.