Más que laboratorios de ideas

Anticipamos lo que puede venir, lo que puede suceder en el mundo”, asegura Jordi Bacaria, director del Centre for International Affairs (Cidob). Y con esa información de que disponen, quieren fomentar estados de opinión, añade. Hay decisiones políticas y estrategias de grandes empresas que han sido sugeridas por pequeños círculos de expertos, que hacen informes, estudios, investigaciones…“Nuestros interlocutores son los gobiernos y las empresas, y estamos en contacto con gran parte de los servicios de inteligencia”, explica Charles Powell, director del Real Instituto Elcano, con sede en Madrid." data-share-imageurl="http://www.magazinedigital.com/sites/default/files/field/image/470921304-1.gif">
Existen centros donde grupos de expertos analizan, piensan, debaten qué sucede en distintas áreas de la sociedad, con la voluntad de influir, advertir y aconsejar sobre las decisiones que han de tomar gobiernos y grandes empresas. Son los think tanks. Cada año se publica un ranking de los más influyentes entre los más de 6.000 que hay en el mundo. En España hay cinco que se cuentan entre los 150 primeros.

Anticipamos lo que puede venir, lo que puede suceder en el mundo”, asegura Jordi Bacaria, director del Centre for International Affairs (Cidob). Y con esa información de que disponen, quieren fomentar estados de opinión, añade. Hay decisiones políticas y estrategias de grandes empresas que han sido sugeridas por pequeños círculos de expertos, que hacen informes, estudios, investigaciones…“Nuestros interlocutores son los gobiernos y las empresas, y estamos en contacto con gran parte de los servicios de inteligencia”, explica Charles Powell, director del Real Instituto Elcano, con sede en Madrid. La vocación de estos círculos es influir, prevenir problemas, advertir, sugerir. Son los think tanks, que en ocasiones suelen estar rodeados de cierta aureola de secretismo y hasta oscurantismo.

“El nombre de think tank (literalmente, tanque o depósito donde se piensa) ya es confuso, al menos entre nosotros, en nuestra sociedad, y la alternativa de identificarnos como ‘laboratorio de ideas’ tampoco se entiende muy bien”, puntualiza Bacaria. Los orígenes tampoco ayudan mucho. Powell recuerda que este concepto nació durante la Segunda Guerra Mundial, cuando un grupo de científicos y militares intercambiaban sus ideas y consejos sobre la estrategia que seguir, reunidos en un búnker a prueba de bombas, a salvo de los enemigos. Era información secreta. De ahí el nombre de think tank. Es un lugar protegido, hermético, donde mentes pensantes deciden el curso de la historia que seguir; al menos así era hace más de 70 años. ¿Y ahora?

“Aunque competimos con otros centros al buscar recursos económicos, somos como un club. Estamos coordinados”, comenta Bacaria. Y Powell lo confirma: “Es verdad que nos vemos constantemente unos pocos, estamos todo el día juntos. Pero es que tampoco hay tanta gente a quien interese asistir a un seminario especializado sobre Ucrania, por ejemplo”.

El caso es que se reúnen, intercambian ideas, pero lo más complicado es influir realmente en las decisiones. “Nosotros queremos influir”, afirma Bacaria. Pero no siempre lo consiguen. “A veces nos ignoran”, lamenta Powell. De ahí la importancia del informe que publica cada año la Universidad de Pensilvania (EE.UU.) sobre el ranking de think tanks más influyentes, dirigido por James G. McGann, del Foreing Policy Research Institute –uno de estos laboratorios de ideas–. El último informe, del 2014, constata que la influencia de los centros que están en España mejora, lentamente, pero lo hace. Además, crecen en número y son más visibles, pero también desaparecen otros, algunos arrastrados o salpicados por los casos de corrupción política.

Un 70% de los centros no desvela información sobre las fuentes de sus recursos económicos; sólo un 12% son totalmente transparentes

El Cidob, con sede en Barcelona, ha sido catalogado por la universidad estadounidense como uno de los mejores del mundo: está clasificado en el puesto 58. Y en el puesto 15 en cuanto a los mejores de Europa Occidental. El Cidob también está incluido en las listas de los mejores en materia de política internacional y de defensa y seguridad nacional. En el ranking mundial figuran igualmente otros organismos españoles, como la Foundation for International Relations and Foreign Affairs (Fride, en el puesto número 79), la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES, en el 83), el Real Instituto Elcano (94) y la Institución Futuro (137).

Para tener una idea del valor del puesto ocupado por estas instituciones españolas, se trata de una lista de 6.618 laboratorios de ideas que operan actualmente en todo el mundo, distribuidos en 182 países. No siempre los centros españoles han estado bien posicionados y todavía queda un largo camino por recorrer, comparado con las instituciones anglosajonas, como señala Marta Tello autora de la Guía de think tanks en España, editada por la Fundación Ciudadanía y Valores en colaboración con la Universidad a Distancia (UNED). Si bien es cierto que muchos centros de pensamiento “continúan siendo desconocidos para el ciudadano medio de nuestro país, en estos últimos años se aprecia no sólo un incremento en el número de estas instituciones, sino un uso cada vez mayor del término think tank para hacer referencia a instituciones donde sencillamente se mueven ideas”, señala la experta.

Hay una necesidad de influir y marcar la agenda en las grandes decisiones políticas, económicas y sociales que afectan a prácticamente todo el mundo. De ahí esa proliferación de centros. El problema es que algunos están marcados por intereses corporativistas o ideológicos, como recuerda Francesc Ponsa, director de la Oficina Española del Observatorio de Think Tanks. “No son absolutamente neutrales, ni siquiera el más importante del mundo, la Brookings Institution, de Estados Unidos. Sencillamente porque eso es imposible cuando se trata de cuestiones políticas. Siempre hay valores, principios ideológicos y presupuestos que dan forma a las metodologías y a los objetivos de los proyectos de investigación”, dice. Por si fuera poco, este experto señala que la entrada en escena “de los centros militantes o advocacy tanks –una tipología de think tank cuyo objetivo básico es influir directamente sobre el debate político para favorecer determinados posicionamientos ideológicos– ha acabado con esta imagen de pureza, imparcialidad e independencia que tradicionalmente han querido cultivar este tipo de instituciones”. Charles Powell indica que estos advocacy tanks actúan más como un lobby (grupo de presión) que sólo justifica sus intereses. Más objetivos o menos, el caso es que cada vez hay más.

En el ranking de laboratorios de ideas por países, España ocupa el puesto 19 con 55 centros reconocidos internacionalmente, aunque Marta Tello, en la segunda edición de su guía, llega a incorporar 60 frente a los 35 de la primera edición. Estados Unidos está en primer lugar, con 1.830, y le siguen China y el Reino Unido con 429 y 287 respectivamente. En España, se constata que incluso desde que empezó la crisis en el 2008, han continuado creándose nuevos think tanks como Fundación Ideas (constituido en el Congreso Federal del PSOE en el verano del 2008), Fundación Progreso y Democracia (en el 2009 y depende orgánicamente del partido Unión Progreso y Democracia), el Aspen Institute España (en el 2010) o la Fundació Col·labora (creada en el 2012 por Alicia Sánchez-Camacho, presidenta del Partido Popular de Catalunya).

Aunque, de la misma manera, también hay otras instituciones que han ido desapareciendo y algunas de las mencionadas de reciente aparición que han tenido una vida efímera. Es el caso de la Fundación Ideas, que estuvo viva apenas cinco años por los escándalos políticos, o el Centre d’Estudis Jordi Pujol, por circunstancias similares, o la Fundació Col·labora, por razones distintas. Su denominador común es que se trata de centros vinculados directamente a partidos políticos, organizaciones que generalmente justifican unas conclusiones a partir de una vertiente ideológica y partidista muy fuerte, tal como lo describe el director de la oficina española del Observatorio de Think Tanks.

Que desaparezcan no significa que los partidos políticos se queden sin think tanks con los que intentar influir en la sociedad. En el caso del PP, aunque la Fundació Col·labora se haya diluido en la nada, sigue adelante Institut Catalunya Futur, la filial catalana de FAES creada en la etapa de Josep Piqué como presidente del partido en Catalunya. Y FAES, presidida por José María Aznar, está muy presente, no en vano figura entre los centros más influyentes.

Los ‘think tanks’ estadounidenses más influyentes recibieron casi mil millones de euros durante 20 años para neutralizar la corriente pacifista de los años setenta

Las izquierdas no se quedan atrás en cuanto al intento de incidir en políticas y decisiones, aunque muy ramificadas, tanto que su capacidad de influencia parece que es menor. “Yo creo que el PSOE tiene un problema de diseminación de sus laboratorios de ideas. Tiene la histórica Fundación Pablo Iglesias –creada en 1926, es una las instituciones de este tipo más antiguas de España– y otros institutos de formación que se intentaron unificar bajo el paraguas de la Fundación Ideas, pero por culpa de casos de malversación y de mala gestión se decidió cerrarla”, explica Francesc Ponsa. En cualquier caso, sean más de derechas o de izquierdas, se trata de organizaciones que se dedican a justificar ideologías y no a crear políticas.

La instrumentalización de los laboratorios de ideas no sólo ocurre en España. En el resto de Europa existen las macrofundaciones de los partidos políticos europeos, cuya trayectoria es bastante curiosa, según destaca Ponsa. Explica que con el fracaso de la Constitución Europea del 2005, que fue rechazada en referéndum en Francia y Holanda, la Unión Europea quiso cambiar la mala visión de la opinión pública hacia las instituciones comunitarias y favorecer la creación de estas macrofundaciones por los partidos políticos con la misión de acercar Europa a la ciudadanía. Ya antes, en los años ochenta, habían recibido un impulso importante por la que fue primera ministra británica Margaret Thatcher. “Amiga y ­admiradora de Reagan, defensora de las ideas neoliberales y conservadoras de la época, logró que se produjera la eclosión de esta moda en el Reino Unido y, por contagio, en el resto de Europa”, dice Ponsa.

Precisamente Ronald Reagan lideró la contraofensiva de los conservadores para neutralizar la corriente liberal y pacifista que predominaba durante y después de la guerra de Vietnam entre los jóvenes estadounidenses de los años sesenta y setenta. Para ello, la Heritage Foundation, el American Enterprise Institute o el Cato Institute, catalogados entre los think tanks más influyentes del mundo, recibieron el equivalente a casi 1.000 millones de euros durante 20 años con el objetivo de difundir las ideas de los neoconservadores. En Europa se ha ido consolidando el liberalismo económico entre los laboratorios de ideas más importante como el Adam Smith Institute. Quien paga manda. Tal vez por eso la transparencia no es el plato fuerte de gran parte de este tipo de organizaciones.

A veces, demasiadas, su financiación es un misterio. Según el último informe de transparencia financiera liderado por Hans Guthrod, director ejecutivo de Transparify –una iniciativa financiada por Open Society Foundations, una organización creada por el magnate George Soros–, sólo el 12% de los think tanks más influyentes del mundo son totalmente transparentes, mientras que alrededor del 70% no proporciona ningún tipo de información sobre las fuentes de sus recursos económicos (en el informe del año pasado, este porcentaje alcanzaba al 80% de los 169 centros más importantes del mundo, distribuidos en 47 países).

La situación en España es similar, aunque comparada con el informe del año anterior, hay una leve mejoría. El baile de influencias a golpe de talonario sigue imperando. El 6 de septiembre del año pasado, The New York Times desveló que 64 países, sobre todo de Europa, Oriente Medio y Asia, habían pagado decenas de millones de euros desde el 2011 a 28 think tanks para influir en las decisiones de la Administración estadounidense. Y los laboratorios de ideas no revelan los términos de los acuerdos que han alcanzado con los gobiernos extranjeros ni desvelan su identidad. Como resultado de ello, los responsables políticos que se dejan aconsejar por esos centros de pensamiento desconocen el papel de los gobiernos extranjeros en la financiación de determinadas investigaciones y las conclusiones a las que se llega. La neutralidad académica y la objetividad de estos centros están traspasando una peligrosa línea de credibilidad.

Los acuerdos millonarios implican a los think tanks más prestigiosos e influyentes de Washington, como Atlantic Council, Brookings Institution o Center for Strategic and International Studies (CSIS), según el mencionado reportaje de The New York Times. Estas donaciones garantizan que se promuevan los intereses de los gobiernos por las instituciones norteamericanas. “Es difícil para un país pequeño tener acceso en Washington a políticos poderosos, funcionarios y expertos. Financiar think tanks influyentes es una forma de tener este acceso, y algunas de estas fábricas de ideas señalan abiertamente que sólo pueden servir a aquellos gobiernos extranjeros que dan fondos”, según un informe interno del Ministerio de Asuntos Exteriores noruego.

España también aparece citada como una de los países que aportan donaciones a los laboratorios de ideas estadounidenses como el Inter-American Dialogue y la German Marshall Fund of the United States. El primero concentra gran parte de su investigación en América Latina y ha sido un firme defensor de los acuerdos de libre comercio con Estados Unidos. La segunda fundación se creó a partir de las donaciones que el Gobierno alemán concedió con motivo de la conmemoración del 25.º aniversario del plan Marshall. Actualmente, este think tank se dedica a promover las relaciones entre Estados Unidos y Europa. El problema que plantea esta práctica no es el hecho de que determinados gobiernos financien laboratorios de ideas para emprender investigaciones, sino que unos y otros acepten las donaciones como moneda de cambio para promocionar intereses y orientar investigaciones. “Corremos el riesgo de que los informes de los think tanks cambien el sello de la calidad que les ha caracterizado por la huella borrosa de quien paga. Y esto no es un buen síntoma”, señala Francesc Ponsa. Puede alimentarse así la sensación de que un pequeño grupo elitista rige las decisiones políticas.

Ante esta perspectiva, Jordi Bacaria comenta que los think tanks más serios se han puesto las pilas para fomentar la transparencia total de su financiación. Y en ese marco de búsqueda de transparencia, Catalunya quiere ser pionera en España en la creación de un registro de lobbies y grupos de interés. Entre otras cosas, en el registro se exigirá conocer las personas y las instituciones que están detrás de estos grupos de interés, así como sus fuentes de financiación y si reciben subvenciones de alguna administración pública.

Hay más iniciativas para mantener o recuperar esa credibilidad, como las recogidas en su blog por Enrique Mendizábal, fundador y director de On Think Tanks. Desde los informes de Transparify mencionados en este reportaje, hasta la escuela de Thinktankers, ideada para inspirar a jóvenes que quieran liderar y fomentar los grupos de reflexión. Aunque, de momento, será difícil que eso tenga influencia en el encuentro del mes que viene de los líderes de los países más ricos, que se reunirán en el castillo de Elmau, un centro turístico en los Alpes bávaros muy cerca de la frontera entre Alemania y Austria. Walter Laqueur, exconsejero del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos de Washington, opinaba a principios de año en La Vanguardia que en este lugar privilegiado, “frente a las montañas majestuosas, el bosque romántico y las seductoras piscinas, es fácil olvidar, durante las discusiones, las incertidumbres, desgracias y desastres del mundo contemporáneo”.