Matahari, una historia paralela

Bailarina, cortesana, espía... La leyenda de la holandesa Margarethe Zelle contrasta con su vida familiar. Ahora que se cumple un siglo de su fusilamiento por espía, una muestra en su Leeuwarden natal y la reciente apertura de los archivos militares franceses ofrecen un retrato alternativo.

Se llamaba Margaretha Geertruida Zelle. Fue hija, madre, esposa y amante además de bailarina voluptuosa venida de Oriente, sensación cultural en París o peligrosa espía al servicio de Alemania. Era holandesa, había nacido en 1876 en Leeuwarden, en el norte del país, en la casa de una familia bien establecida y afortunada con las inversiones. Acudió a buenos colegios y tenía todo el mundo por delante y en su favor, pero tras unos cuantos tropiezos con el destino acabó ante el pelotón de fusilamiento un 15 de octubre de 1917 en Vincennes, cerca de París. Antes, durante los últimos diez años de vida, deslumbró al mundo bailando semidesnuda, codeándose con la realeza y los militares y alimentando una leyenda que ha ensombrecido buena parte de una vida que sigue pareciendo del todo exagerada.

Justo cuando se cumple un siglo de su ejecución, la figura de Mata Hari toma una nueva dimensión, más íntima y familiar, ajena a la historia oficial que destaca sus artes de femme fatale y gran agente internacional. Una detallada exposición en su ciudad natal, que explica su vida a partir de 100 objetos y documentos (algunos iné­ditos), y la apertura de los archivos militares franceses un siglo después de su muerte, dibujan otro perfil más humano.

“No era una espía al uso, era naif, fue más engañada de lo que engañó”, afirma Hans Groeneweg, comisario de la muestra dedicada a la vida Mata Hari en Leeuwarden

“Los documentos sobre su proceso militar han estado bajo llave en los últimos cien años, pero ahora que los hemos podido observar con detenimiento, hemos descubierto más cosas sobre ella, que no era una espía al uso, que tal vez fue más engañada de lo que ella engañó”, explica en conversación telefónica Hans Groeneweg, comisario de la exposición Mata Hari, mito y doncella, que acaba de abrir sus puertas en el Fries Museum de Leeuwarden. “La muestra –apunta Groeneweg– es una historia completa de su vida. Nos interesaba más su vida como niña, sobre su matrimonio, sus dos hijos... Algunos familiares, descendientes de sus hermanos, han colaborado con nosotros a la hora de recabar información o de cedernos objetos de la familia, otros –admite– no han querido ayudarnos”. Cabe recordar que, tras ser fusilada, nadie reclamó su cuerpo, que acabó sirviendo para la investigación médica.

La exposición de Leeuwarden muestra objetos de la bailarina, juguetes de sus dos hijos, fruto de su matrimonio con un militar holandés de origen escocés, Rupert McLeod, y documentos personales, como los álbumes de recortes de diarios que dan noticia de su fulgurante ascenso como bailarina y su vertiginosa caída como supuesta espía. Entre las piezas de la colección, que aumentan año tras año, el Museo de Frisia ha logrado la cesión de objetos de otros centros artísticos. Algunos decoraban la sala del Museo Guimet de París, especializado en arte de Asia, la noche del 13 de marzo de 1905 en las que Margarethe, ya con el nom de guerre de Mata Hari (que en malayo significa sol u ojo del día), bailó por primera vez y con gran éxito.

La vocación de la joven era ser maestra de infancia, pero el acoso de su superior la impulsó a responder a un anuncio en la prensa en la que un militar, McLeod, solicitaba matrimonio. Así Margarethe no sólo se caso sino que viajó a las Indias Orientales Holandesas (la actual Indonesia), donde estaba destinado su marido, con quien tuvo dos hijos, Non y Norman, y del que acabaría divorciándose. Fue allí donde aprendió a bailar danzas orientales. Eso la llevaría a la gloria y a su caída. Al ser ciudadana holandesa, país neutral en la Gran Guerra, Mata Hari podía moverse con libertad con su espectáculo por toda Europa (España, Reino Unido...) Los alemanes le pagaron para espiar a los franceses, pero sus dotes de agente no eran nada del otro mundo, y la información que lograba solía ser peccata minuta. La dejaron al descubierto, y las autoridades francesas la detuvieron. El documento de la sentencia en la que es condenada a Mort se puede ver en la muestra. “Por los documentos (seguimientos, interrogatorios, el telegrama enviado desde Madrid que la descubre) se ve que pese a tener contactos con los alemanes, lo que en la época era razón suficiente para una condena –esgrime Hans Groeneweg–, hay muchas contradicciones. Ella actúa de manera muy naif. Creando su propio mito”. En eso, Mata Hari, acertó de pleno. 

Mata Hari, mito y doncella. Leeuwarden (Holanda). Friesmuseum.nl