Mosquito, de simple molestia a amenaza global

Son la primera amenaza a escala mundial como transmisores de enfermedades, y en Europa, impulsados por la globalización y el cambio climático, ya suponen un problema para la salud pública. La ciencia trabaja para controlarlos y para acabar con el peligro que pueden suponer sus picaduras. Son los mosquitos.

Cuatro casos de dengue autóctono –contraído por personas que no había viajado a zonas donde la enfermedad es endémica y que habrían sufrido picaduras de mosquito tigre– en Murcia y Barcelona. La presencia del virus de la fiebre del Nilo Occidental en aves, équidos y mosquitos comunes (Culex pipiens) en diversas zonas de Andalucía y Catalunya. La detección en Fuerteventura de una colonia de mosquitos de la especie Aedes aegypti, principal transmisor del dengue y la fiebre amarilla. La detección en Asturias de otra especie invasora, el Aedes japonicus, otro posible transmisor del virus de la fiebre del Nilo Occidental, el dengue o el chicunguña. Y la confirmación de la presencia, por ahora ocasional, de ejemplares de mosquito tigre (Aedes albopictus) en Madrid y Extremadura. El balance de la campaña del 2018 en relación a la incidencia de los arbovirus –los virus que transmiten de mosquitos– hace que la irrupción y establecimiento de nuevas especies de estos insectos se haya convertido en España en una cuestión de salud pública. Una amenaza reforzada por la aparición hace unos días de los primeros tres casos de chicunguña autóctonos, los de tres turistas islandeses que se habrían contagiado en Alicante. La situación dista de ser alarmante, especialmente en comparación con la de otros países europeos –por no hablar de otros continentes–, pero las administraciones ya han tomado cartas en el asunto

Los mosquitos han sido históricamente el principal enemigo de nuestra especie. Los cálculos de la OMS sitúan en 800.000 las muertes anuales que se producen en todo el mundo como consecuencia directa de sus picaduras. Principalmente por el contagio de los parásitos que provocan la malaria, una enfermedad erradicada oficialmente en España en 1964 tras la desaparición de su principal transmisor, el Anopheles, tras el uso intensivo del DDT, hoy prohibido, y la desaparición de sus vías de entrada, principalmente en las sentinas de los grandes veleros. El mosquito tigre le ha tomado el relevo, también favorecido por el transporte marítimo y por un cambio climático que favorece su establecimiento en el sur de Europa.

“El año pasado se produjo un alarmante incremento de los casos de fiebre del Nilo Occidental en Europa, con más de 1.100 afectados y 85 fallecidos, cuando los afectados rara vez eran más de 200”

“El año pasado se produjo un incremento alarmante de los casos de fiebre del Nilo Occidental en Europa, con más de 1.100 afectados y 85 fallecidos, cuando la cifra de afectados rara vez había superado los 200. En Italia se dieron más de 200 casos de chicunguña y tanto en Francia como en Italia también son ya habituales los brotes de dengue autóctono. Nosotros nos estamos salvando porque las poblaciones de mosquitos transmisores no coinciden con las zonas de mayor presencia de los virus o con espacios densamente poblados, pero debemos estar preparados”. La reflexión es de Fernando de la Calle, especialista de la unidad de medicina tropical y del viajero del hospital Carlos III de Madrid, centro de referencia de este tipo de enfermedades que hasta ahora se consideraban en España exóticas o ya erradicadas.

De ahí que cada vez sea más importante tanto la concienciación ciudadana sobre el peligro que pueden llevar a traer estos insectos, cuya picadura puede ser algo más que molesta, como de las autoridades públicas. En España ya existen protocolos específicos sobre la actuación ante la aparición de casos de estas enfermedades elaborados por el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, como planes operativos en diversas comunidades autónomas y ayuntamientos. Sin embargo, el reto está ahora en el control de estos insectos.

“Llama la atención que conozcamos el riesgo potencial de los mosquitos, en particular de algunas especias, y no luchemos con determinación contra ellos hasta que se declara una enfermedad”, señala Frederic Bartomeus, director del proyecto Mosquito Alert, una iniciativa que gracias a una aplicación móvil y la iniciativa ciudadana desinteresada impulsa la creación de un mapa sobre la presencia de las distintas especies de mosquitos residentes en España. Gracias a ello –y a la imagen captada por un ciudadano con su teléfono móvil– se pudo determinar la presencia del Aedes japonicus en los concejos asturianos de Noreña y Siero en junio del año pasado.

Cuando los entomólogos acudieron a la zona los lugareños aseguraron que venían viendo ese mosquito desde hacía un par de años, pero que no le habían dado importancia. Las bañeras esparcidas a campo abierto para que abreve el ganado resultaron el lugar ideal de puesta para las hembras. La especie sólo había sido detectada hasta entonces en Suiza, Bélgica, Alemania y las zonas fronterizas con Francia, a más de 1.500 kilómetros, aunque los especialistas sospechan que ya pueda haberse instalado en todo el Cantábrico.

El japonicus, que como vector de contagio es menos competente que el mosquito tigre, viajó al norte de España como lo hizo esta última especie cuando se detectó en el 2004 en Sant Cugat del Vallès: en transporte de mercancías o incluso en coche. Es así como se ha expandido por todo el Levante y la costa oriental de Andalucía y como parece haber llegado también en los últimos veranos a la Comunidad de Madrid y a Extremadura antes de hacerlo a otros puntos intermedios de la Península. Un estudio realizado a lo largo del verano del 2015 por investigadores vinculados a diversas instituciones catalanas sobre vehículos en varias estaciones de ITV del Baix Llobregat, en el área metropolitana de Barcelona, determinó que en uno de cada 200 vehículos viajaba una hembra de mosquito tigre, la que puede picar y poner hasta 200 huevos. Extrapolando la cifra, el estudio apunta que cada día, durante una temporada que empieza en mayo y se alarga hasta octubre, pueden estar viajando por carretera hasta 71.500 hembras de esta especie.

Un estudio en el área metropolitana de Barcelona determinó que en uno de cada 200 coches viajaba una hembra de mosquito tigre, lo que significa hasta 71.500 desplazamientos diarios

Datos de las administraciones de Tráfico en mano, el trabajo reseña la importancia de los trayectos, en orden de volumen, entre las áreas metropolitanas de Barcelona y Tarragona, Alicante y Murcia, València y Alicante, Barcelona y Madrid y Barcelona y Girona. La mayor supervivencia del mosquito en los trayectos cortos explicaría su rápido establecimiento a lo largo de toda la cuenca mediterránea y su viaje más tardío, pero exitoso, a Madrid o Extremadura. En mercancías y en estado larvario o antes de eclosionar el huevo, otros estudios internacionales han demostrado que el mosquito ha viajado en barco, principalmente en cargamentos de neumáticos o plantas. Así es cómo llegó a la Península y, desde ahí, a Baleares.

“Que las administraciones locales sean las que tienen que luchar contra esta invasión, sin conocimientos, recursos ni generalmente conciencia se ha demostrado insuficiente”, señala Roger Eritja, responsable de área urbana del Servicio de Control de Mosquitos del Baix Llobregat, un centro pionero en Catalunya constituido en 1983 y paradójicamente impulsado por la candidatura olímpica de Barcelona. Sus protocolos de control de mosquitos son un referente en toda España, aunque la falta de presupuesto y la delegación en la mayoría de municipios valencianos y murcianos del servicio en empresas privadas hace que la lucha contra los mosquitos acabe resultando insuficiente. “En el 2004 se llegó a plantear la erradicación del mosquito tigre, pero ya llegamos tarde y ahora es imposible, acabará extendiéndose por toda la Península salvo en zonas de montaña”, vaticina este experto. Con la lección aprendida y la suerte de haber localizado pronto el primer foco, las autoridades canarias sí consiguieron hacer desaparecer al aegypti de Lanzarote.

Aunque el problema no son sólo estas especies invasoras. “El Culex pipiens, al que llamamos mosquito común porque es el que tenemos más presente, es el transmisor más competente del virus de la fiebre del Nilo Occidental, y no sólo tenemos documentados dos casos de personas infectadas en Huelva en el 2010, sino que además desde el 2017 estamos encontrado aves, caballos y mosquitos portadores del linaje más peligroso del virus”, añade Carles Aranda, responsable de área rural y natural de este servicio.

La lucha, por lo tanto, debe abordar varios flancos: el control de los insectos y su expansión, pero también la concienciación ciudadana y de los propios profesionales de la medicina. “Aún no tenemos conciencia de que estas enfermedades importadas cada vez serán más habituales ni de que cada vez se darán más casos autóctonos. Los médicos deberían pensar primero en uno de estos contagios y no pensar en ello como última opción. Pero para ello deberían cambiar los protocolos de atención en todas las comunidades”, señala De la Calle.

“Los médicos deberían pensar primero en un contagio de una enfermedad importada que dejarlo como hipótesis final, aunque para ello deberían cambiar todos los protocolos”

Iniciativas como las de Mosquito Alert se han demostrado efectivas y estos días el Instituto de Salud Global de Barcelona y la Agència de Salut Pública de Catalunya han lanzado la web Arbocat.cat, donde se evalúa el riesgo de contagio en todos los municipios catalanes teniendo en cuenta diversos factores. Aunque la última frontera en la lucha contra los mosquitos como transmisores de enfermedades letales se libra en África y Sudamérica con métodos de manipulación genética. La OMS calcula que sólo en el 2017 casi 220 millones de personas se contagiaron de malaria y 435.000 murieron sin que las medidas de prevención ni los insecticidas se hayan demostrado eficaces. Con la financiación de la Fundación Bill y Melinda Gates se ha desarrollado mediante ingeniería genética una variante del hongo metarhizium que ha conseguido acabar con el 75% de la población del Anopheles gambiae, el principal vector de la malaria, en Mali. También se ha experimentado con una modificación genética en la especie Anopheles stephensi, también transmisora de la malaria y muy común en Asia, que evita el contagio. El 99,5% de la descendencia de las hembras modificadas presenta esa misma modificación que la hace no transmisora. Asimismo, se ha demostrado en laboratorio que la infección con la bacteria wolbachia en todo el género anopheles hace que esos individuos no puedan transmitir enfermedades como el dengue, el zika o la malaria, aunque también puede esterilizarlos. En este punto se abre un debate sobre los límites de la intervención humana en la evolución o incluso la ­erradicación de una especie.

No sin polémica entre la comunidad científica, Burkina Faso ya ha aprobado una intervención para liberar mosquitos con una mutación que esteriliza a los machos. Ya se han realizado ensayos similares en las Islas Caimán, Brasil y Panamá. Otro estudio asegura el bloqueo de la capacidad reproductiva –y por tanto su supervivencia– del Anopheles gambiae en una decena de generaciones mediante genética dirigida que altera el desarrollo de las hembras. “No se puede plantear con simplismo que el fin de la malaria está en la erradicación de una especie, porque entonces empezaremos a erradicar varias de ellas. La lucha contra una enfermedad así debe partir de varios frentes y contar con el aval de las instituciones internacionales”, señala Bartumeus.

Las más de 3.500 especies conocidas tienen su nicho ecológico, forman parte de la cadena trófica e incluso tienen un papel en la polinización. De hecho, hasta la transmisión de enfermedades formaría parte de su rol natural. “Igual que hemos demostrado ser capaces de poder destruir una especie debemos serlo de ­erradicar una enfermedad sin llegar a este extremo”, concluye Aranda.

Cómo combatirlos

NO DARLES ACOGIDA
Los platos o recipientes que recogen el exceso de riego de las plantas, los pequeños recipientes al aire libre y cualquier vaso, cubo o elemento cerámico o plástico donde se acumula agua de riego o lluvia y los canalones sin un correcto desagüe puede convertirse en el mejor espacio de cría para las diferentes especies de mosquitos. Los huevos pueden incluso resistir de un verano a otro y eclosionar cuando el agua alcanza la temperatura adecuada. Vaciar estos elementos de agua al menos cada cinco días –el margen mínimo de desarrollo del mosquito– es la medida más eficaz para acabar con el riesgo. Sin la prevención ciudadana, las campañas públicas son totalmente insuficientes. De ahí que concienciar a amigos, conocidos y vecinos resulte también fundamental.


REPELENTES E INSECTICIDAS
El uso de todo tipo de repelente o insecticidas puede ser una buena medida –aunque no totalmente eficaz– para evitar las picaduras. En cuanto a los replentes cutáneos hay que evitar su aplicación en heridas, pieles irritadas y mucosas y su contacto con los ojos y tener en cuenta su permanencia, normalmente de cuatro a ocho horas. Las pulseras con una pastilla repelente suelen tener un radio de protección muy limitado. El vinagre o plantas como el romero, el geranio mosquitero, la citronela, los eucaliptos, el tomillo o la albahaca también pueden funcionar como repelentes, aunque no de gran eficacia. Hay que evitar la estancia en ambientes muy cargados de insecticida y tener en cuenta que si bien la incidencia del mosquito común es nocturna, el tigre actúa también de día. 


MOSQUITERAS Y ROPA CLARA
Las mosquiteras en ventanas y puertas son una buena forma de impedir que los mosquitos entren en casa. Asimismo, vestir ropa clara y de manga larga reduce también el riesgo de sufrir picaduras sin ser tampoco una medida definitiva.