Mujeres para el cine

Corregir el desequilibrio de género que se da en la industria cinematográfica no era el objetivo inicial del equipo que ha sacado adelante la película Rastros de sándalo, pero, al final, esta historia sobre adopciones en India se convirtió en un ambicioso proyecto de mujeres.

No puede decirse que el cine no sea cosa de mujeres, a la luz de lo guapas que pueden lucir las estrellas en la gran pantalla. Otra cosa es analizar la participación de directoras, productoras, guionistas, directoras de fotografía, sonidistas (encargadas de sonido) o autoras de bandas sonoras en el proceso de elaboración de los filmes.

Sólo unos datos que sirven como referencia: en el 2013, únicamente dos mujeres dirigieron alguna de las 100 películas de gran presupuesto rodadas en Hollywood, según la revista Variety. El año anterior no había sido más igualitario. De acuerdo con un análisis del Centro para el Estudio de las Mujeres en la Televisión y en el Cine de la Universidad Estatal de San Diego
(EE.UU.), sólo el 9% de las 250 películas más caras estrenadas en aquel año por la industria no tenían a un hombre al frente del proyecto.

Pero se da un hecho aún más llamativo: únicamente el 10% de las películas estrenadas el año pasado en todo el mundo tenían como protagonista a una mujer. Es decir, el gran cine no sirve ni siquiera como proveedor de referentes para las niñas y adolescentes de hoy. A no ser que queramos que se conviertan todas en barbies y en obedientes consortes.

Corregir esos desequilibrios no estaba en principio en la mente de la escritora y agente literaria Anna Soler-Pont cuando puso en marcha el proyecto de la película Rastros de sándalo. Ella se proponía contar una historia de mujeres. Esta se inspiraba en su libro del mismo título, coescrito junto a Asha Miró y editado por Planeta en el 2007. Pero sobre la marcha fue configurando una idea que, a día de hoy, puede resultar hasta revolucionaria.

“En mi trabajo –cuenta esta joven profesional barcelonesa– siempre he dado prioridad a currículos de mujeres frente a los de hombres cuando se daban condiciones de igualdad. Para mí es una cuestión de conciencia. Soy feminista convencida y militante. Y por una vez que desde Pontas Films podíamos contratar a muchas profesionales de la industria cultural, no lo dudé”.

“Por una vez que desde Pontas Films podíamos contratar a muchas profesionales de la industria cultural, no lo dudé”, dice la agente literaria, escritora y productora Anna Soler-Pont

La consecuencia de esa reflexión es espectacular: el cien por cien de las jefas de equipo técnico de Rastros de sándalo son mujeres. No sólo la película está escrita y protagonizada por ellas, sino que son mujeres la directora (Maria Ripoll), la directora de fotografía (Raquel Fernández Nuñez), la directora de sonido (Eva Valiño), la directora de arte (Anna Pujol Tauler), la editora (Irene Blecua), la compositora Zeltia Montes (junto a Simon Smith) y participa la cantautora Sílvia Pérez Cruz.

También en el reparto hay una abrumadora mayoría femenina, empezando por la protagonista, Aina Clotet. Su hermana en la película es Nandita Das, actriz consolidada en India. Y Rosa Novell hace el papel de madre del personaje interpretado por Aina Clotet. La propia Anna Soler-Pont figura en los títulos de crédito como guionista y productora.

“Si partimos de la realidad de que sólo el 25% de las películas están producidas por mujeres, al final, la contratación acaba siendo realizada mayoritariamente por hombres que ni se fijan en la cuestión del género”, apunta Soler-Pont. “Pero qué vamos a hacer, si sólo cuatro mujeres han sido nominadas como candidatas a mejor dirección en toda la historia de los Oscar, de nada menos que 85 años, y sólo una lo ha ganado. Fue Kathryn Bigelow, con una historia de soldados (En tierra hostil)”.

A Anna Soler-Pont siempre le preguntan el porqué “de esa manía”. Y ella, indignada, responde que “el sufragio universal se lo debemos a las neozelandesas que, tras mucho esfuerzo, lo consiguieron en 1893, algo que en España no logramos hasta 1933”. “De eso hace cuatro días –concluye– y eso nos da una proporción de dónde estamos”.

Rastros de sándalo, que en septiembre obtuvo el premio del público en el Festival de Cine de Montreal, es la historia de una niña india que es separada a la fuerza de su hermana mayor tras morir su madre y entregada en adopción a una pareja de Barcelona. Treinta años después, su hermana, convertida en una famosa actriz de Bollywood y que no ha dejado nunca de buscarla, logra dar con ella tras viajar expresamente a España. La pequeña se llama ahora Paula, es bióloga y no tiene ningún recuerdo sobre su pasado en Asia.

A partir de aquí, Paula empieza a intersarse sobre su recién descubierta hermana. Lo hace alquilando sus películas en un videoclub del barrio barcelonés del Raval, donde conoce a otro personaje que tendrá un papel importante en su viaje en busca de su auténtica identidad.

La película, que se estrenará el próximo viernes, se cuestiona las normas que regían las primeras adopciones, cuando se consideraba que no revelar a las criaturas su verdadero origen iba a redundar en su propio beneficio. No juzga ni a las monjas misioneras de India ni a los padres adoptivos, aunque de algún modo cuestiona el conjunto del sistema.

Rastros de sándalo tiene como escenarios las ciudades de Barcelona y Bombay. El 54% del filme se ha rodado en catalán, el 42% en inglés (lo que permite que tenga proyección en el mercado internacional) y el 4% restante en hindi.

La llegada a Bombay de un equipo liderado exclusivamente por mujeres causó un pequeño revuelo. Ninguno de los hombres que iban a colaborar en la película había tenido nunca una jefa de fotografía o de sonido.

Algunas diferencias culturales contribuyeron a hacer más particular el rodaje. Por ejemplo, en los días en que se rodó la película, estaba prohibido que las mujeres maquillaran a los actores y actrices. Podían encargarse de su cabello, pero no de su cutis. El rostro se considera algo tan sagrado en el país que retocarlo no está al alcance de seres tan imperfectos como las mujeres… Curiosamente, esta normativa ha sido derogada hace un par de semanas.

El equipo también se tuvo que adaptar a las peculiares reglas que rigen el vestuario en la industria del cine india. En ningún sitio está escrito que no pueda dirigirlo una mujer, pero los sastres y quienes toman las medidas han de ser hombres.

La directora de fotografía, Raquel Fernández Nuñez, relativiza el factor cultural. De hecho, desde sus años en la escuela de cine, ha tenido que lidiar con el recelo y el paternalismo que inspiran su condición femenina: “Ni siquiera mis profesores entendían por qué había escogido esta especialidad. Me sugerían que me dedicara a la edición, o al laboratorio, pero no a la dirección de fotografía.”

“Desde el principio –añade– sabía que el mío iba a ser un camino bastante duro. Por mi género. En mi experiencia vital, cuando inicio un proyecto que conllevará semanas de rodaje, la primera la dedico exclusivamente a que todo el set confíe en que mi posición me la he ganado yo misma, y que no soy ni la amante del director, ni del productor ni de nadie. Porque muchas veces se presupone que si estás ahí no es por tu calidad como profesional, sino por algún tipo de vínculo…”

Sumarse al rodaje de Rastros de sándalo ha supuesto un antes y un después. “Por primera vez alguien me llamaba por ser directora mujer en un proyecto liderado íntegramente por mujeres. En esta película nadie tenía que demostrar a nadie quién era ni por qué estaba allí”, señala Raquel Fernández Nuñez. “Al contrario, desde el primer día sabes que todo el mundo está tranquilo contigo”, dice esta profesional, que en esta película ha tenido que cargar con la cámara al hombro durante el 80% del rodaje.

En cuanto a la directora, Maria Ripoll, cuando se le pregunta qué sensación le causó que el hecho de que ser mujer jugara a su favor a la hora de ser contratada para dirigir esta película, responde: “Es que se trata de una historia de mujeres y me parece muy bien que nos den la oportunidad de plasmar y transmitir la sensibilidad femenina. Pero eso no es obstáculo para que yo pueda aportar mi visión como mujer en historias de hombres”.

A Ripoll le interesó que se tratara de una historia que es totalmente de mujeres en un sector, el del cine, en el que la audiencia está integrada mayoritariamente por mujeres pero con argumentos generalmente enfocados con un discurso muy masculino.

La actriz Aina Clotet vivió su particular experiencia intercultural. Cuando Maria Ripoll contactó con ella para ofrecerle el papel de la joven india que es entregada en adopción, Clotet estaba haciendo teatro en Los Ángeles con el cabello teñido de rubio.

“Me dieron 12 horas –cuenta esta intérprete catalana– para que enviara una foto con el aspecto más indio posible. A mí me parecía algo imposible, pero la pareja de americanos con la que convivía me consiguió un maquillador y unas peluqueras que al final lograron la transformación esperada”.

Clotet, acostumbrada a trabajar con equipos en los que dominan los hombres, está muy agradecida por el “gran ejercicio” de Anna Soler-Pont. En su opinión, son muy loables “esos toques de denuncia, porque la paridad no es de momento algo natural”. “En Bollywood –señala–, que es hoy la primera industria cinematográfica del mundo, se quedaron alucinados ante el equipo de mujeres jefas de la película”.

La condición de bióloga de su personaje de ficción no es fortuita. Cuenta Anna Soler-Pont que con esta decisión quiso rendir homenaje “a todas las mujeres científicas, empezando por Anna Veiga, una profesional cuyas horas de microscopio permiten avanzar a la ciencia”. Veiga, que dirige el Banco de Líneas Celulares del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona, hizo un cameo en la película y permitió que las cámaras entraran en su laboratorio.

Las expectativas antes del estreno son altas gracias al premio obtenido en Canadá. También invita al optimismo la reacción entusiasta del público que visionó la película en la inauguración del Festival de Cine Indio de La Haya.

Soler-Pont, que como agente representa a novelistas tan destacados como el sueco Jonas Jonasson o la vasca Dolores Redondo, se plantea a sí misma un reto muy particular. Obviamente, desea que la aventura cinematográfica acabe en un éxito de taquilla. Pero se siente también en la obligación moral de llevar a la gran pantalla referentes de igualdad que sean interesantes para las niñas y adolescentes de hoy. Entre ellas, su propia hija de 18 años.

 

Las mujeres
del proyecto


MARIA RIPOLL
Directora de la película


AINA CLOTET
Actriz protagonista, encarna
a Paula


RAQUEL FERNÁNDEZ
Directora de fotografía


ANNA SOLER-PONT
Guionista y productora


LUCI LENOX
Directora de casting


MARTA PÉREZ-PURRO 
Jefa de producción 


ANNA GÜELL
Responsable de vestuario
en el rodaje de Barcelona


ANNA PUJOL TAULER
Directora de arte


 MARIETA TORRENT
Script y reponsable de continuidad