Napoleón nunca muere

El abogado Frank Samson ha encarnado a Napoleón Bonaparte en numerosas recreaciones históricas, que mueven cientos de miles de espectadores en Francia. Este verano, tras el bicentenario de la batalla de Waterloo, sus súbditos deberán buscarle un sucesor al emperador.

Un momento de la recreación, el pasado marzo, del desembarco de Napoleón en la Costa Azul tras su exilio en Elba, en 1815

La cita con Napoleón, mejor dicho, su sosia, no es en el acogedor château de Malmaison, última morada de Josefina, ni en la grandeza de Fontainebleau, donde se despidió de sus soldados, sino en un despacho de la parisina Avenue Kleber, cerca de la torre Eiffel. Frank Samson, que así se llama quien con más éxito ha encarnado al emperador los últimos diez años en todo tipo de reconstrucciones históricas y aniversarios, es un abogado de 48 años especialista en derecho viario.

En marzo escenificó el desem­barco en el golfo Juan de la Costa Azul, tras la huida de la isla de Elba. El reloj de los Cien Días, los últimos cien días napoleónicos, hasta el bicentenario de la batalla de Waterloo, que será su última representación ante unas 200.000 personas, lleva unas semanas en cuenta atrás. Samson se pasea por su despacho con el pinganillo de su móvil en la oreja, mientras trajina instrucciones entre su mesa de trabajo y el archivo.

Dice recibir a dos o tres periodistas por semana: “Los ingleses no me gustan mucho”, afirma con ironía. En este caso, el periodista hace valer su condición de nacido en el Departamento del Ter (Girona) –uno de los cuatro territorios catalanes que Napoleón incorporó a Francia como departamentos–, para ser acogido en calidad de antiguo súbdito en su despacho, lleno de figuritas de soldados decimonónicos en las vitrinas.

En marzo escenificó el desembarco de Napoleón en la Costa Azul tras huir de Elba, lo que fue el inicio de los últimos Cien Días napoleónicos hasta la batalla de Waterloo, a la que asistirán 200.000 personas

Además de abogado de renombre, consejero municipal en Bretaña, presidente de un centro de inmersión y sosia de Napoleón Bonaparte, a Frank Samson aún le queda tiempo para recrear en casa, en el château bretón de su mujer, una pequeña corte, el Imperio de la Basse-Chesnaie, en el que reina sobre 268 súbditos, incluidos amigos y familiares y un territorio de 1,1 hectáreas…

Es usted un hiperactivo…
Sí, descansaré cuando muera. Aquí abajo hay que menearse….

¿Cómo empezó todo esto?
Con mi pasión por la historia y las condecoraciones militares, ya desde pequeñito. Ello hizo que comenzara a hacer reproducciones de uniformes, pero a escala real en maniquíes, lo que despertó un interés por las telas, los materiales y por recoger mucha información histórica. Un día mi sastre me dijo que había que mostrar todos esos uniformes, yo ni sabía que existía eso de la recreación histórica. Resultó que se habían quedado sin emperador…

¿También un francés?
Sí, de origen corso. Se llamaba Armand Frascuratti y cuando llegué a la primera muestra, que fue en Bretaña, me pidieron que fuera el emperador…

La recreación histórica de acontecimientos y batallas es una afición lúdica que apasiona a decenas de miles de figurantes voluntarios en Francia y toda Europa. Esta búsqueda de revivir la historia atrae cada año a multitudes. La de este junio en los alrededores de Bruselas, con motivo del bicentenario de la batalla de Waterloo, en la que Napoleón fue derrotado, será, sin duda, una de las más sonadas, pero en absoluto la única. Frank Samson, que será protagonista en Waterloo, escenificó, por ejemplo, el año pasado, el 20 de abril, el histórico adiós de Napoleón a la guardia imperial en el palacio de Fontainebleau.

En Francia esta afición implica a varios centenares de asociaciones compuestas por voluntarios de toda edad y condición, que compiten por lograr una representación lo más plausible posible de vestimentas, armas y actitudes. Las escenas más representadas son las napoleónicas, la Segunda Guerra Mundial y la edad media.

La bella localidad de Provins, al sudeste de París, reproduce cada año las medievales ferias de Champagne en su incomparable entorno medieval. Y como Waterloo, otras grandes batallas napoleónicas como Austerlizt, cerca de Brno, en Chequia, o Borodino, en Rusia, se representan cada año, a veces con más de 100.000 asistentes.

En Polonia, en el 2010, se conmemoró el 600 aniversario de la batalla de Grunwald –que enfrentó a la orden teutónica con polacos y lituanos– con una escenificación ante 150.000 personas. En Inglaterra, cada año se recrean estampas de la batalla de Hastings de 1066 en Battle (Sussex).

Y fuera de Europa la recreación histórica despierta también grandes aficiones y pasiones. En Estados Unidos son famosas las representaciones de la guerra de Secesión; en Japón, una de las grandes fiestas nacionales, el Jidai Matsuri, incluye un popular desfile con trajes de diversas épocas en Kioto; o, en Perú, el Inti Rayme incaico se recrea cada año en la fortaleza de Saqsaywaman, cerca de Cuzco. En Francia, Frank Samson ha revivido muchos años a Napoleón Bonaparte.

¿Se identifica con el personaje?
Es que es muy fácil apasionarse con él. Lo conocen en todo el mundo. Hay dos personajes que todo el mundo conoce: Jesucristo y Napoleón Bonaparte. Y 200 años después continúa fascinando. Era un virtuoso político y social. Sabía hacerlo todo; era un genio militar, un genio civil… bueno, casi todo, porque no sabía bailar, no hablaba inglés y era malo en la cama –lo decía Josefina–, pero era alguien apasionante.

Tendría virtudes como modernizador, pero fue un imperialista y en su aventura murieron un millón de franceses, sobre una población de 28 millones, sin contar a otros europeos. Sembró la guerra por toda Europa…
¡En absoluto! Y le haré detener si dice eso. Es falso. Construyó Francia y los ingleses no dejaron de fastidiarlo. Cuando en 1802 firmó la paz en Amiens, fueron los ingleses quienes la rompieron: le atacan, y él se defiende, y, claro, como va ganando, su imperio se amplía, pero en 1815, cuando regresa para los Cien Días, no tiene intención de hacer la guerra, pero los ingleses se arman enseguida y vienen a guerrear, así que él se defiende…

Napoleón sabía hacerlo todo; era un genio militar, un genio civil... bueno, casi todo, porque no sabía bailar, no hablaba inglés y era malo en la cama

Aunque se admita que puso en marcha algo que provocó una reacción general contra él, todo eso de crear nuevos reinos y dinastías, instalando a su familia en ellos es un poco loco.
No me lo parece. Detesto la república democrática, es una estafa intelectual. Yo soy monócrata: el poder no reside en la masa, sino en el corazón del príncipe. Algo no es necesariamente bueno porque una mayoría de tontos diga que es bueno. ¿Qué pasa cuando los imbéciles son mayoría?; mire el Tercer Reich que eligió a Hitler. El grito de la masa es peligroso. Basta con que ocurra algo impactante y al día siguiente ya tenemos un 98% de partidarios de la pena de muerte, así que la democracia es muy peligrosa. Mientras que Napoleón… era un soberano ilustrado. ¿Que colocó a su familia? ¡Mejor! No hay nada peor que el sistema electivo. Y ustedes, tienen la suerte de tener un rey… Me encantaría tener un rey.

Entonces, ¿qué hay de criticable en Napoleón? Los chinos, por ejemplo, dicen de Mao que hizo un 70% de cosas correctas y un 30% de errores…
Para mí fue un buen dirigente al 100%. Él mismo dijo que para ninguno de sus actos faltaría un historiador que le defendiera. Se le reprocha, por ejemplo, la ejecución del duque de Enghien, no sé si fue un error. Fue un acto político.

¿Por qué tenía tanto éxito con las mujeres?
Es un mito. En realidad sólo amó a dos: Josefina y María Waleska. A María Luisa la apreciaba, pero fue un asunto de Estado. “Me he casado con un vientre”, dijo. Tuvo muchas queridas, pero eso era una cuestión de higiene física. No era un Casanova como pudo serlo el mariscal Lannes, un tipo bien plantado. Napoleón no era guapo, pero debía de desprender mucho carisma y encanto.

¿Cómo se aprende a ser Napoleón?
Hay que leer mucho sobre la época, biografías, memorias. De Napoleón se sabe todo; cómo vivía, sus enfermedades, lo que no se conoce es su peso, porque en su época uno no se pesaba. Está claro que a partir de 1809-1810 engordó mucho, no sabemos cuánto, pero cuando murió por lo menos debía de pesar 95 o 100 kilos…

¿Sus gestos? ¿Sus hábitos?
Los intento imitar porque hay que hacerse al personaje. Tenía tics, era un hombre muy nervioso. Se estiraba la manga constantemente, se golpeaba la bota con la fusta y hacía una mueca con la boca, son cosas que explica su criado de cámara. Tenía grandes ataques de ira, lo rompía todo, el reloj, el sombrero. Cuando actúo hago todo eso; cojo a un oficial y le doy una bronca tremenda, me encanta hacer eso…

¿Y esto…? (Meter la mano en el chaleco, dejando fuera el pulgar.)
Bueno… no lo hago mucho, porque no lo hacía, hay mucha leyenda, se ha dicho que estaba mal de la barriga, es falso. Tuvo una úlcera, pero fue hacia el final de su vida, cuando ya estaba en Santa Helena, seguramente. Tenía muchísimos problemas de salud y se conocen todos, así que si hubiera tenido problemas en la región abdominal lo sabríamos. Lo de la mano en el chaleco era una manera de estar. No hay bolsillos en esos uniformes, y tener los brazos colgando era de muy mala educación, así que hay multitud de retratos de gente de la época en esa posición, pero el inconsciente colectivo se ha quedado con que Napoleón era el único…

El americano Mark Schneiden, que también hizo de Napoleón, ¿tuvo competencia con él?
En absoluto¡ ¡todo un invento del Times! Publicaron un artículo, “Emperor’s Wars”, con una foto mía y otra de él, diciendo que era la pelea continua. Es un tipo muy simpático que representaba el periodo anterior a 1809, mientras que yo estoy más en el posterior a 1810. Y no nos parecemos. El Napoleón de los 20 años no tiene nada que ver con el de 40. No competimos en absoluto para Waterloo, es una leyenda de periodistas.

“El traje de la coronación no me va bien, hay que rehacerlo. El asunto me va a salir por 20.000 €. Todo esto me lo pago yo”

Hablando de leyendas, hay una catalana, algo vulgar, sobre el Tambor del Bruc, un joven que puso en fuga al ejército francés redoblando su tambor en un desfiladero, lo que habría dado la sensación de que se les venía encima un gran ejército… A partir de esa leyenda, se ha dicho con sorna, que “si en lugar del tambor aquel chico se hubiera tocado la entrepierna, ahora Catalunya sería ­francesa…”. ¿Qué le parece?
¡Ja, ja, ja! Muy bonito. De todas formas, recuerde que lo que luego se llamó la campaña de España no fue una guerra de invasión. Solo quería atravesar el país para ir a Portugal a luchar contra los ingleses…

…de paso dejó de rey a su hermano José...
Eso no estaba previsto. Teníamos relaciones muy íntimas entre Francia y España, porque el rey venía de Francia, era un Borbón descendiente de Luis XIV, pero cuando Napoleón entra, el ­problema es que hay un rey que no quiere ejercer, que delega en su valido, luego en su hijo. Napoleón se inmiscuye en los asuntos de España a petición del rey, lo que pasa es que en vez de poner orden en la familia, al final dice: “¿Necesitáis un rey? Pues aquí tenéis a mi hermano”…

En el Arco de Triunfo se lee “Bailén” en la lista de batallas ganadas por Napoleón. Pensar que los españoles creían haberla ganado ellos…
Bueno, es como Borodinó: para los rusos es una victoria rusa, para nosotros, nuestra. Muchas veces no está nada claro quién ha ganado una batalla. Ahí está la batalla de Eylau, una tremenda carnicería por ambos lados que los franceses consideran ganada…

Usted también quiere abdicar después del aniversario de Waterloo en junio, ¿por qué?
Soy un detallista. Me pasa con los uniformes: el traje de mi coronación, por ejemplo, no me va bien, hay que rehacerlo. El asunto me va a salir por 20.000 euros, porque todo esto me lo pago yo… ¿Por qué me voy a retirar el 12 de julio de 2015?: porque será el bicentenario de la salida del emperador desde la isla de Aix hacia Santa Helena. Así estará todo conforme; lo dejo, abdico. No me quiero ver dentro de 10 o 15 años, como el viejo emperador. ¡Para nada!

Hay que saber terminar…
Sí, cuando se está en la cumbre de la gloria, igual que Napoleón. Bueno, y luego está la emperatriz, que ya está un poco cabreada con todo esto. Está harta de que cada fin de semana haya actividades, tiene ganas de viajar…

¿Y qué hará con su Imperio de la Basse-Chesnaie, la corte y todo eso?
¡Ah, no! Eso es diferente y no tiene nada que ver con el papel. Es un juego. Como no me gusta la república democrática, seguiré con mi estado independiente, con sus 17 ministros…

Del 19 al 21 de junio se recreará la batalla de Waterloo en su enclave original y con Samson como Bonaparte; unas semanas después asegura que dejará de representar el papel

¿O sea, lo mantendrá…?
Claro que sí. ¿Conoce el Principado de Groland (inventado en 1992 para diversos programas de humor), o la Sildavia de Hergé? Pues aquí está la Basse-Chesnaie. Mi hijo es el archicanciller. Es una huevonada para divertirse y ver a todo el mundo en una comida anual imperial…

¿Quién será su sucesor en el papel en las recreaciones?
Alguien saldrá, puede que sea el belga Jean Gérard d’Arcins. Le conozco, tiene un buen físico. Aunque no tiene hoyuelo en el mentón…

¿Qué crítica han hecho a su físico napoleónico con más frecuencia?
¡A quien me critica, lo hago detener inmediatamente! Muchas veces por ignorancia dicen que Napoleón tenía los ojos azules y que yo no los tengo. El hecho es que el emperador los tenía grises, como yo. Es verdad que yo soy un poco más alto: mido 1,72, mientras que Napoleón hacía 1,70. También dicen que soy demasiado sonriente, y eso es verdad, porque Napoleón sonreía poco y no solía estar de buen humor.

¿Qué va a pasar en Waterloo el próximo 18 de junio?
Llegaré el viernes anterior para montar mi tienda, que es inmensa, con mi cama y un montón de objetos y material de época. Son tres vehículos y un remolque, todo a mi cuenta. Me ayudan algunos voluntarios. Habrá mucha actividad, la batalla, comidas, me pasearán por todos lados. Estaré a disposición de todo el mundo. Se esperan 200.000 personas.