El negocio de la marihuana legal

De droga prohibida, la marihuana podría convertirse en bien de consumo y en un negocio de alto potencial capaz de enganchar a muchos inversores. La paulatina legalización en algunos países ha cambiado las reglas del juego y la industria del cáñamo está que echa humo

Los derivados del cannabis son las drogas más consumidas del mundo. Estas sustancias están todavía incluidas en la lista de estupefacientes sujetos a la prohibición internacional, resultado de la última convención de la materia de 1961. Sin embargo, después de más de un siglo (cuando se aprobó en EE.UU. en 1914 la Harrison Narcotics Tax Act), se están abriendo las primeras grietas en la regulación: algunos países han abierto la veda para liberalizar el uso, consumo y distribución de  la marihuana.

Una decisión de fuerte trascendencia social, pero también económica. Hay varias estimaciones que asignan al mercado (legal) del cannabis una valoración de 45.000 millones de euros para el 2026, según la consultora Cowen&Co. El sector está viviendo unos brotes verdes prometedores. “Es la Apple del futuro”, afirma Steven Hawkins, del fondo especializado Horizons Marijuana Life Sciences. Curiosamente, los cambios más significativos están teniendo lugar en el país que más luchó en el siglo XX contra las drogas: Estados Unidos. En la actualidad hay 30 estados, además del distrito de Washington, que han legalizado el comercio de la marihuana con fines medicinales y diez de ellos también con fines meramente recreativos. Más de la mitad de los estadounidenses ahora puede aprovecharse de este nuevo marco jurídico.

El país vecino, Canadá, ha sido el último en sumarse en octubre del 2018 y es el primero del G-7 que liberaliza cualquier uso. El Parlamento canadiense argumentó la decisión con el objetivo de restringir el mercado ilegal, establecer medidas de control, calidad y seguridad y aliviar la carga para el sistema judicial y penitenciario.

Un estudio de Deloitte (Cannabis Report 2018) subraya el impacto en el ámbito terapéutico y cree que en ese país “el consumo de cannabis se convertirá en una actividad normal mucho más rápido que lo que había previsto la mayoría. Hay un fuerte deseo  de impulsar la innovación y el emprendimiento en el país y de demostrar al mundo que una industria bien regulada y profesionalizada puede representar una contribución positiva a la economía nacional”.

 Los autores del estudio también valoran en ese país la aparición de una nueva demanda en el uso recreativo: “La legalización prevé atraer más bien a un público conservador, de entre 35 y 54 años, con un título universitario, familia y otras responsabilidades. Se espera que consuman como mucho una vez al mes. La liberalización por sí sola no convencerá a los consumidores habituales para abandonar sus fuentes de aprovisionamiento. Pero la mezcla de calidad, precio y seguridad podría hacer que eso valga la pena”.

Los países que liberalizan pretenden  así restringir el mercado ilegal, aliviar el sistema judicial, controlar la calidad y recaudar tasas


Con anterioridad a los norteamericanos, el estado que dio el paso más decidido hacia la apertura fue Uruguay, que en el 2013 aprobó una ley que permitía, además del uso terapéutico, tres vías oficiales de adquisición de marihuana previa inscripción en un registro:  el cultivo doméstico, los clubes sociales y la compra en farmacias. En Holanda, desde 1976 existía una legalización de facto en los célebres coffee shops.

La lista va ahora camino de extenderse. El siguiente país en sumarse puede ser Luxemburgo en las próximas semanas. Un hecho que tendría repercusiones por estar en el corazón de Europa, que es uno de los mayores centros de demanda de marihuana del mundo. En cuanto a México, con un mercado interno de más de cien millones de personas, el nuevo presidente Manuel López Obrador también apunta en la misma dirección, apoyado por sentencias favorables de la Corte Suprema que avalan la medida desde un punto de vista legal. 

Y dos candidatos más acaban de subirse al carrro: Nueva Zelanda ha anunciado un referéndum para el 2020 y el estado de Nueva York, con 20 millones de habitantes, está a punto de romper la baraja: “¡Legalicemos la marihuana con fines recreativos para los adultos de una vez por todas!”, dijo hace unos días el gobernador Andrew Cuomo.

Este incipiente movimiento liberalizador refleja el cambio de percepción social sobre esta droga, que como tal puede tener efectos psicóticos, además de crear dependencia y adicción a partir de cierto consumo. Cuentan los académicos de la Universidad de Granada Arturo Álvarez-Roldán, Juan Gamela e Iván Parra, en un estudio que acaba de publicarse en la Revista española de drogodependencias, que, a partir de los años noventa, en plena expansión del sida, se desarrolló en California una ola social para facilitar el acceso a la marihuana a los enfermos para aliviar el dolor, reducir vómitos o estimular el apetito. Desde entonces la sustancia “pasó de ser percibida como un estupefaciente usado por personas desviadas a convertirse en una medicina compasiva. Esto produjo un cambio en la opinión pública”. Joan Bartomeu Castelló, del bufete Brotsanbert, cree que en estos procesos de legalización del cannabis “no se hace énfasis sólo en el aspecto de la libertad individual, sino de la necesidad social”, es decir la que deriva de su uso terapéutico.  

Es cierto que sigue habiendo muchos matices legales, algunas jurisdicciones aceptan la existencia de puntos legales de venta, otros autorizan el cultivo  y hay quién exige inscripciones y autorizaciones administrativas. También hay que recordar que hay diferencias entre los mismos componentes del cannabis. Por ejemplo, el tetrahidrocannabinol  (THC) presenta un efecto psicoactivo, algo que no tiene el CBD o cannabidiol. Un elemento que condiciona el mercado, porque los productos que contienen el segundo y bajos o nulos porcentaje del primero tienen una mayor salida comercial.

Pronto podría llegar un empujón relevante por la Organización Mundial de la Salud (OMS). En el primer trimestre de este año, las Naciones Unidas votarán sobre unas recomendaciones hechas por este organismo que sostiene que los productos y preparaciones que contienen sólo CBD deberían salir de la clasificación estricta de drogas, al no existir ningún potencial abuso o dependencia. Esto podría disparar el acceso a las patentes en la industria farmacéutica y cosmética.

Por ejemplo, GW Pharmaceuticals acaba de conseguir la aprobación de la agencia estadounidense del medicamento del Epidiolex, para tratar tipos severos de epilepsia. También son reconocidos los efectos calmantes de la marihuana, idóneos para curar patologías como el insomnio,  y los estimulantes del hambre, para combatir la anorexia. Otras investigaciones han demostrado que los derivados pueden  tener efectos positivos también en la artritis, la esclerosis o el Parkinson, las enfermedades de la vejez en auge en las sociedades occidentales. Stuart Titus, de Medical Marijuana, estima que los productos con cannabis pueden competir, en estas patologías, con hasta el 40% de los fármacos tradicionales actualmente comercializados. 

No es de extrañar que el nuevo contexto normativo haya despertado el apetito de los inversores. En bolsa, las compañías del BI Cannabis Index han duplicado en promedio su valor en un año. Es noticia del pasado diciembre que Altria, la empresa que posee los cigarrillos Marlboro, ha invertido 1.860 millones de dólares en una firma canadiense de cannabis. Para los analistas de Jefferies Securities, “la marihuana es un activo estratégico para las tabacaleras. Estas ya saben cómo cultivar, negociar con los reguladores”. En los años sesenta, el 42% de los adultos en EE.UU. fumaba. Hoy sólo lo hace el 13%. A su vez, Constellation Brands (titular de la marca de cerveza Corona) gastó en verano 3.371 millones de euros para hacerse con el 38% de otra empresa, Canopy Growth. Existe el temor de que se sustituya un consumo por otro (el alcohol y tabaco por la marihuana), aunque de momento no hay estudios que lo puedan asegurar con certeza.

El debate social sobre el uso recreativo del cannabis ha dejado en un segundo plano las repercusiones que tendrá en el negocio del sector farmacéutico y médico


 La fiebre (económica) por la marihuana se está contagiando también en España. Entidades como BBVA, la Caixa y Bankinter tienen participaciones muy residuales en las empresas del sector. Han invertido de forma conjunta tres millones de euros. La entidad vasca tiene presencia, por ejemplo, en Canopy Growth, Aurora Cannabis y Aphria. Por su parte, el inversor Juan Abelló ha entrado en el cannabis medicinal, al firmar una alianza estratégica con Canopy para desarrollar el cultivo.

Otro indicador que confirma perspectivas lucrativas de este negocio reside en el mercado laboral. De acuerdo con la consultora Vangst, las ofertas de puestos de trabajo en este sector en los primeros ocho meses del 2018, se incrementaron un 690%. En un año, los salarios han aumentado un 16%. Un director de cultivo de cannabis con experiencia puede cobrar unos 220.000 euros anuales. El rotativo Marijuana Business Daily estima que ya hay entre 125.000 y 160.000 personas que trabajan de forma legal en el sector del cannabis. Una encuesta de New Frontier Data señala que esta industria creará para el 2020 unos 300.000 nuevos empleos.

No obstante, conviene mantener los pies en el suelo y no dejarse llevar por la euforia. “Estamos a la puerta de un cambio histórico pero esto no significa que no se vayan a crear problemas”, precisa el académico Juan Gamella. Las estadísticas sobre los experimentos de liberalización no son aún concluyentes. Todo indica que los precios no han dejado de bajar. A medida que se introduzcan economías de escala bajarán todavía más. Y esto podría hacer que los ingresos fiscales de los estados sean menores de lo esperado. Tampoco queda demostrado que con la liberalización se vaya a generar un aumento disparado del consumo. Es más: en el caso de Uruguay, por ejemplo, los datos indican que se han mantenido constante.

 

Cuando se produce la legalización, los precios bajan, lo que podría reducir los ingresos fiscales esperados, y no está claro que se dispare el consumo: en Uruguay no lo hizo

Cabe recordar que la situación de partida es la existencia de un mercado ilegal, consolidado durante décadas con un gran negocio detrás. Así que durante algún tiempo los dos mercados tendrán que coexistir. “Si la industria crea nuevos productos y nuevas necesidades entre los consumidores, el negocio podría crecer. De lo contrario, simplemente se produciría una sustitución. Lo más probable es que aumente la competencia y bajen los precios. Esto puede incrementar algo el consumo, pero también sacará del mercado a muchos pequeños y medianos cultivadores y distribuidores, como está sucediendo en Estados Unidos”, comenta el investigador de la Universidad de Granada Arturo Álvarez-Roldán. 

“Los consumidores regulares han ido envejeciendo. Muchos baby boomers, por ejemplo, tienen experiencia con el cannabis al haberlo usado en su juventud, ahora disponen de recursos económicos y tienen que afrontar una jubilación con achaques y enfermedades para los que el cannabis puede ser un paliativo atractivo”, sostiene. 

Según Álvarez-Roldán, “hasta ahora el cannabis había sido una droga de jóvenes, un colectivo que está en decrecimiento en países como el nuestro. Por ahí la industria no va a encontrar posibilidades de expansión de su negocio. En cambio, personas adultas que antes no consumían, incluyendo al sector femenino que puede haber usado menos estas sustancias, son mejores potenciales targets para la industria del cannabis”. La marihuana ha entrado en su madurez.

Las mayores operaciones 

Altria, que posee la marca Marlboro, ha desembolsado más de 1.500 millones de euros para hacerse con el 45% de Cronos Group. Constellation Brands, que tiene en su cartera la cerveza Coronita, invirtió en verano unos 3.500 millones en la canadiense Canopy Growth. Las tabacaleras y las empresas de espirituosos consideran el cannabis como un competidor y diversifican.

Posibles nuevos actores

Coca Cola, Pepsi, Anheuser-Busch y Diageo (Guiness) no han formalmente dado el paso pero en repetidas ocasiones han admitido que están vigilando la evolución del mercado. El objetivo es comercializar bebidas con extractos de marihuana. 

Un pastel apetitoso 

Según varias fuentes, para el 2027 el mercado mundial legal del cannabis puede superar los 50.000 millones de euros. Sólo en EE.UU., significa multiplicar por cinco en diez años el tamaño actual. 

Mapa legal

Después de Uruguay, Canadá es el segundo país del mundo donde se ha legalizado el uso recreativo de la marihuana, además de su distribución y venta con fines médicos. En EE.UU. el cannabis es formalmente ilegal a nivel federal, pero en diez estados ya es legal el uso recreativo y en 31 estados está admitido el uso médico. Luxemburgo y México están a punto de autorizarlo

Salidas a bolsa

El pasado verano Tirlay fue la primera empresa del sector en salir a bolsa en el parquet estadounidense y captó unos 150 millones de euros. Su precio llegó a multiplicarse por diez en pocas semanas. Calpers Pension Fund, el fondo de pensiones de los empleados públicos en California, también ha tomado posiciones en esta compañía. En la bolsa de Toronto ya cotizan las empresas Canopy, Aurora y Cronos.

Un efecto disruptivo

La legalización del cannabis, a raíz de lo que ha ocurrido en Uruguay, EE.UU. y Canadá, afectará a una multitud de sectores económicos. La consultora CB Insights ha recogido cuáles pueden ser los mayores efectos diruptivos:
El sector de la medicina y de la sanidad pública va a vivir una auténtica revolución. Las investigaciones han demostrado que el cannabinol es eficaz para el tratamiento del dolor crónico, incluso más que otros opiáceos. En lo que se refiere al sector  farmacéutico, la Universidad de Georgia (EE.UU.) considera que puede representar un mercado de 3.500 millones de euros anuales. Ansiedad, insomnio y anorexia son las patologías que entran entre las que pueden tratarse. En la belleza y el cuidado personal el aceite a base de cannabinol se utilizará para el acné, inflamaciones musculares y cuidado de la piel. El cáñamo, que es una variedad del cannabis, también puede usarse como base para producir cierto tipo de tejidos y competir así con el algodón y además requiere, en comparación, la mitad de la superficie de cultivo. Esta planta tiene números también para ser usada para producir biocombustibles. Si se mira la alimentación, la marihuana tiene mucho potencial de expansión: desde infusiones, hasta bebidas o incluirla  en chocolate, zumos…En California el mercado ya representa un pastel de 160 millones de dólares.

Situación nebulosa en España

El marco legal del cannabis en España se presta a confusión. Prueba es que, según fuentes judiciales, el país, en la práctica, funciona como centro de distribución a la UE del hachís producido en Marruecos, a lo que hay que añadir el creciente desarrollo de los cultivos ilegales en toda la costa mediterránea. “El marco legal actual es ambiguo, ni ha detenido la oferta ni el consumo. Si se quita algo al narcotráfico por lo menos se habrá ganado algo”, opina el abogado Joan Bartomeu Castelló, del bufete Brotsanbert. Para complicar más la situación, según fuentes jurídicas consultadas, la Agencia Española del Medicamento no considera que las plantas con concentraciones por debajo del 0,2% de THC (el elemento psicótico) sean estupefacientes, aunque sí que se ha concedido, en casos concretos, el permiso para el cultivo con porcentaje incluso superiores para fines investigadores. Oriol Casals, del bufete Casa Paraula, destaca algunas contradicciones. Como que el cultivo privado no tiene que ser visible y el consumo en la vía pública sí está sancionado, pero el autocultivo y el autoconsumo están tolerados, así como la presencia de clubes de asociados. “Mi opinión es que la clasificación actual de esta droga  es errónea. En caso de liberalización, todo el debate está asociado al elemento recreativo, más que el terapéutico. No creo que vaya a haber una epidemia de consumo, ni una crisis social”, dice.