El notario del cuerpo humano

Andreas Vesalio fue, en el siglo XVI, el padre de la anatomía humana moderna. El escritor Jordi Llobregat, director del festival Valencia Negra, publica una novela, 'El secreto de Vesalio', en que unos crímenes en la Barcelona de 1888 tiran de un hilo que conduce hasta este personaje, cuya fascinante historia cuenta en este reportaje.

Retrato de Vesalio por Jan Stephan van Calcar, de la colección del Hermitage de San Petersburgo

La luz de las velas es apenas suficiente para alumbrar la sala. Una sombra se desplaza alrededor de la mesa de mármol situada en el centro. El escalpelo deslizándose sobre la carne y el chasquido de los huesos provocan los murmullos de los asistentes sentados en bancos alrededor. Los braseros atiborrados de incienso intentan sin éxito disimular el olor a podredumbre. Un ayudante proporciona más luz, que difumina la oscuridad y muestra de pie, junto al cadáver, a un hombre de rostro sereno. Este, con delicadeza, apoya sus manos sobre el cuerpo y observa el pecho abierto bañado en sangre. Alza la vista. Todos los ojos que le rodean en el teatro anatómico observan fascinados.

Resucitando cadáveres

La primera disección pública registrada fue practicada por Mondino de’ Luzzi en Bolonia, en el año 1315. De modo gradual, aunque con lentitud, la práctica de estudiar cadáveres se extiende a ciudades como Montpellier, París o Padua. Pero no es hasta 1482 cuando el papa Sixto IV emite una bula que permite las disecciones siempre que los cuerpos pertenezcan a criminales condenados.

La autorización de la Iglesia impulsa los estudios y se multiplica la construcción de teatros anatómicos, por lo que pronto aparece un problema: los cadáveres disponibles no son suficientes. En la época es inimaginable donar el cuerpo a la ciencia, la misma disección está tan mal vista que forma parte de la pena que se impone a los malhechores ejecutados. La dificultad para conseguir cuerpos fomenta el soborno a jueces y verdugos, y surgen bandas de ladrones que se encargan de la resurrección o robo de cadáveres de los cementerios. Cuanto más fresco, más valioso es. Esta práctica se extenderá como un próspero negocio hasta principios del siglo XIX.

Las disecciones se llevan a cabo en invierno y de modo apresurado por la rápida descomposición de los cuerpos. No hay refrigeración ni fijadores para las piezas de mayor tamaño, y las más pequeñas se conservan en aguardiente. En algunos teatros anatómicos, pequeños y mal ventilados, las gradas son estrechas para evitar la caída de los asistentes cuando se desmayan.

Con todo ello, el estudio de los cadáveres avanza, aunque su finalidad, hasta la aparición de Andreas Vesalio, es comprender mejor la obra de Galeno, médico de la antigua Grecia al que jamás se cuestiona. El peso de la tradición es tan grande que cuando lo que se observa contradice los textos clásicos, se considera que los preparados anatómicos tienen defectos.

El estudio de cuerpos crece a partir de 1482, cuando una bula papal autoriza las disecciones de cadáveres de  criminales y se convierte en un próspero negocio

Un destino marcado en la sangre

Apenas faltan unas horas para finalizar 1514 cuando nace, en el seno de una familia acomodada de Bruselas, Andries van Wesel o, como es conocido en su forma latina, Andreas Vesalio. Su padre es boticario y ayuda de cámara del emperador Carlos V, su abuelo había sido médico, y su propio bisabuelo intervino de forma destacada en la creación de la escuela de medicina de la ciudad. No es extraño que, influido por la tradición familiar, se matricule en la Universidad de Lovaina. Lo hace con tan sólo 15 años, y esta precocidad será una constante en su vida. Estudia una licenciatura en Artes que le posibilita cursar luego el grado de Medicina y aprende latín, griego, árabe y hebreo.

En cuanto le es posible, se marcha a París a proseguir sus estudios. Allí, el médico Jacobo Silvio le emplea como ayudante de disección y comparte tareas con Miguel Servet. Vesalio es un muchacho taciturno y ansioso que se vuelca con fervor en el estudio. Incluso se rumorea que llega a sustraer cadáveres del cementerio de los Inocentes con sus propias manos.

Antes de que Vesalio pueda terminar sus estudios, estalla la guerra entre Francia y el Sacro Imperio Germánico, circunstancia que le obliga a abandonar París. De regreso a Lovaina, obtiene con rapidez el puesto de instructor en anatomía de la universidad y a finales de 1537, con 23 años, se doctora en la Universidad de Padua, una de las mejores escuelas de medicina de la época. Acepta el puesto de explicator chirurgiae y a partir de ese momento, enseña cirugía y anatomía.

Enfrentarse a lo establecido

Es un joven ambicioso. Algunos lo tildan de prepotente y egocéntrico, lo cual en parte es cierto, pero sobre todo es un hombre que ansía encontrar la verdad. Impulsado por ese afán, hace algo inaudito: rompe con el método pedagógico medieval seguido hasta entonces. Es el primer profesor de anatomía que realiza él mismo la disección del cadáver y que apoya sus lecciones con esquemas y dibujos para mostrar lo que es difícil de ver. Está convencido de que la observación y la comprobación de lo observado son los cimientos sobre los que debe asentarse el conocimiento médico, a tal punto que, cuando sus alumnos le preguntan si las arterias registran los movimientos del corazón, él responde: “No quiero dar mi opinión, tóquenlas con sus propias manos y confíen en ellas”.

Vesalio rompió con el seguimiento de las enseñanzas de Galeno; con las disecciones quería que sus alumnos vieran por sí mismos cómo funcionaba el cuerpo

Ante el éxito de su propuesta didáctica, publica sus dibujos junto con otros que encarga a un discípulo de Tiziano, Jan Stephan van Calcar. Es el origen de las Tabulae anatomicae Sex. Se trata de algo revolucionario pues, aunque parezca increíble hoy en día, los tratados de anatomía de la época no solían contener ningún tipo de ilustración.

La fama de Vesalio como anatomista crece, y es invitado a la Universidad de Bolonia para efectuar diversas disecciones. Allí expresa por primera vez en público su convicción de que la disección de cadáveres debe tener prioridad en el aprendizaje de la anatomía frente a los libros.

Poco a poco, Vesalio pone en duda lo establecido. Advierte que Galeno, la principal referencia del conocimiento anatómico en los últimos mil años, cometió numerosos errores porque sus observaciones se basaban en la disección animal y no en la humana. Decide, en un acto definitivo, romper con el dogma y prescindir de los trabajos del sabio griego en la enseñanza de la anatomía. Esto causa una primera conmoción en el entorno científico más cercano, preludio de lo que vendrá después. Vesalio está inmerso en la redacción de un nuevo tratado de anatomía. Él todavía no lo sabe, pero está a punto de convertirse en el padre de la anatomía moderna.

 

Aparece la Fabrica

La publicación, con tan sólo 28 años, en 1543 –el mismo año en que Copérnico publica su defensa del heliocentrismo–, del tratado anatómico De humani corporis fabrica es uno de los grandes hitos de la historia de la medicina. En el prólogo, Vesalio critica sin miramientos y con el arrojo de su juventud a los médicos que han descuidado el estudio de la anatomía, a los profesores que no practican disecciones en persona y a todos aquellos que se someten sin dudar a las enseñanzas de Galeno. Es decir, a la gran mayoría de sus colegas.

El título del tratado no es casual. Para Vesalio, el cuerpo humano es un edificio, una estructura arquitectónica con capacidad de movimiento local. Los huesos, a los que dedica el primer libro de los siete en que está dividido el manuscrito, son el armazón que alberga la vida, y los imagina como vigas y paredes del cuerpo. Los ligamentos y los músculos, a los que dedica el segundo libro, dan forma humana al andamio óseo y le permiten el movimiento. De igual modo, en los libros tres y cuatro describe las arterias, las venas y los nervios como sistemas conectores. Y por último, detalla los órganos de la nutrición y generación, el corazón y los pulmones, el sistema nervioso central y los órganos de los sentidos en los libros quinto, sexto y séptimo, como sistemas que impulsan la vida.

La ‘Fabrica’, que da inicio a la anatomía moderna, se publicó en 1543 y Vesalio recibió por su obra tantos elogios como desprecios

Las consecuencias no se hacen esperar, y Vesalio recibe tanto elogios encendidos como los mayores desprecios de toda Europa. Uno de sus más enconados críticos es su maestro parisino Jacobo Silvio, quien, como escribe el médico valenciano Luis Collado, le acusa de “arrogante, desvergonzado, ignorante, impío, insolente, obstructor de la verdad y de la naturaleza, el más maldiciente, calumniador y finalmente malvado”. Ni más ni menos.

Arte y belleza al servicio de la ciencia

De humani corporis fabrica no sería tan importante sin sus ilustraciones, atribuidas durante bastante tiempo a su colaborador Calcar. La tesis más consensuada mantiene que los dibujos proceden del estudio de Tiziano, pero se desconoce el nombre de los autores. Es otro de los muchos misterios que rodean a Vesalio.

Trescientas cuarenta planchas de madera grabadas fueron transportadas en mula hasta Basilea a través de los Alpes hasta el taller de Juan Oporino, un importante impresor de la época. Algunos de los grabados se consideran las más perfectas xilografías jamás elaboradas. Resultan tan bellas y ajustadas a la anatomía humana que el uso del manuscrito no sólo deviene médico, sino que se convierte en la principal obra de consulta para los artistas de la época. Esta gran conjunción de conocimiento y arte cambiará la historia del pensamiento científico de la época: la Fabrica es el primer tratado moderno de anatomía humana y acabará siendo uno de los más influyentes libros científicos de todos los tiempos.

Sí, mi emperador

De nuevo, siguiendo la tradición familiar, Vesalio es requerido por Carlos V para formar parte de su servicio médico. Se encuentra con el emperador en Bruselas y allí contrae matrimonio, ejerce la medicina y escribe. Mientras prepara la segunda edición de la Fabrica, que se publicará en 1551, acompaña al monarca en sus viajes. Cinco años más tarde, Carlos V abdica y Vesalio pasa al servicio de Felipe II. Entonces se traslada a Madrid. No es una época fácil, pues mantiene malas relaciones con el resto de los médicos de la casa real, y la disección de cadáveres sigue estando mal vista por el Santo Oficio, lo que le impide practicar tanto como él quisiera.

Final con leyenda

En 1561, Vesalio es juzgado en Madrid por un tribunal de la Inquisición y condenado a morir en la hoguera por haber diseccionado a un hombre vivo. Al parecer, el anatomista abrió el pecho de un joven noble cuyo corazón todavía latía. Existen otras versiones que aseguran que se trataba de una muchacha de alta alcurnia. Felipe II, como recompensa por los servicios prestados, logra que le sea conmutada la pena por una peregrinación a Jerusalén.

Han tenido que pasar más de 400 años para que esta historia sea desmentida. Al parecer, Hubert Languet, médico que también había servido a Carlos V, y que luego atendió al príncipe de Orange, divulgó por envidia este rumor con el fin de dañar el prestigio de Vesalio. Es cierto que realiza esa peregrinación, aunque los motivos no están claros. Durante el viaje de regreso, su barco naufraga cerca de la isla griega de Zante, adonde le arrastran las aguas. Allí, enferma y muere el 15 de octubre de 1564, con apenas 50 años. Como siempre había hecho en su vida, de forma prematura.

Hoy en día, no todo el mundo está de acuerdo en reconocer el papel de Vesalio en el desarrollo del conocimiento médico. No obstante, es indiscutible que su valor al poner en duda lo establecido, su curiosidad y afán por ir más allá tuvieron una consecuencia trascendental en la medicina moderna y en el saber científico. Ese empeño en desvelar la verdad es el espíritu que hace evolucionar a la humanidad y la más importante lección de Vesalio.